Capítulo 3
Pedro volvió a Milán, ya que debía estar al pendiente de su hermana y sus demás negocios. Sin embargo no podía apartar de su mente aquella joven el solo recordar su mirada hacia que le ardiera la sangre.
—Hermano has vuelto!— dijo Paris
—Claro y te traje todo lo que me encargaste. ¿Todo bien?.— Preguntó Pedro
—Si hermano todo estuvo bien. Y tú te ves diferente. ¿Todo bien?—respondió Paris
—Si, todo estuvo como siempre.—respondió Pedro
—La que no dejó de buscarte es Florencia, de todo tu Harem es la más aferrada a ti.—dijo Paris
—Ya le he dicho que no tiene que llamar a esta casa. Hablaré con ella.—respondió Pedro
En realidad él no quería compartir lo que estaba abrumando sus pensamientos, esa joven se estaba volviendo una obsesión. Se cuestionaba cómo sería su cabello y la forma de su boca, el color de toda su piel o la forma de su cuerpo. Tenía que luchar contra la tormenta que había llegado a su cabeza.
Pasaron los días, Pedro fue a buscar a Florencia. Como siempre ella totalmente disponible para él.
—Amor te extrañe tanto, me tienes muy abandonada.— dijo Florencia mientras se colgaba de su cuello.
—Cuantas veces te he dicho que no llames a mi casa, ahí vive mi hermana tienes prohibido llamar o visitar mi casa. Por respeto a mi hermana.— dijo Pedro molesto.
—Perdóname es que no sabía nada de ti, y no resistí buscarte. Además tu hermana se portó demasiado pedante.— respondió Florencia
—Cuida tus palabras, no permitiré que te expreses así de mi hermana.—dijo Pedro
—Está bien, lo siento. No quiero que discutamos, me alegra que ya estés aquí. Deja que te llene de mi.— dijo Florencia mientras besaba apasionadamente a Pedro.
Para Pedro era un escape a sus pensamientos y deseos. Pero no dejaba de pensar en la joven musulmana.
Pasaban los meses y Mahtob se convertía en la alumna más destacada de la facultad, disfrutaba mucho de la carrera que había elegido. Antes no había tenido amigas tan cercanas, hasta que conoció a Khadijah la hija de Farid, el mismo comerciante donde Pedro hacía sus negocios cuando llegaba al Cairo.
—Khadijah tengo rato llamándote y no contestas, ¿que te tiene tan distraída?.—pregunto Mahtob
—Mahtob mi padre acaba de decirme que debo dejar la facultad porque debo casarme. Ya hay un arreglo matrimonial con un hombre que se dedica a hacer zapatos, al parecer su hermana me conoció en el cumpleaños de la Doctora Haqq. Vinieron hacer la propuesta y mi padre aceptó.— respondió Khadijah entre lágrimas.
—No llores, dile a tu padre que te deje terminar la escuela y que buscaras matrimonio como la religión lo manda.—dijo Mahtob
—No entiendes, no todos tenemos un padre como el tuyo. Mi padre dijo que si mi esposo lo permite volveré a la facultad.—respondió Khadijah
—Si tu esposo lo permite, eso no es justo.—dijo Mahtob
—Recuerda que cuando nosotras nos casamos ya no pertenecemos a nuestra familia, pertenecemos a la familia de nuestro esposo.—respondió Khadijah
Mahtob se sentía llena de coraje porque no podía ayudar a su amiga.
—Haré oración por ti, para que Allah te ayude con el destino que te espera.—dijo Mahtob mientras abrazaba a Khadijah
Mahtob se sentía bendecida de que su padre había decidido apoyarla a que estudiara y no obligarla a casarse. Sabía que en su religión era difícil ser una mujer, el matrimonio se considera un negocio, una obligación ya que se estipula que al padre de la novia se les da una cantidad de dinero por su hija. Pero si también se resistía al casamiento podría ser castigada o encerrada para siempre en su casa. La mujer no tenía voz, eran esclavas de las leyes del Corán. Más tarde en su casa Mahtob se acercó a su padre.
—¿Que sucede luz de mi vida? ¿Que te tiene tan triste?.—preguntó Mohamed
—Su bendición padre, papá si surgiera un pretendiente en lo que terminó la facultad ¿usted me obligaría a casarme?.— preguntó Mahtob
—Propuestas así he recibido muchas, pero no te preocupes mientras yo esté aquí no aceptaré ninguna. Dejare que tú me digas cuando te sientas lista entonces ahí es cuando te buscaré un esposo.— dijo Mohamed
—Shukran papá.— dijo Mahtob mientras abrazaba a su padre.
Mohamed sabía que su hija era una buena mujer, y que siempre habia sido seguidora de las leyes del Corán. No haría nada en contra de él o de la religión.
Mahtob se sentía tranquila de haber hablado con su padre, Mohamed era muy respetado en su comunidad. Él era un hombre muy religioso, pero aún así sabia usar su inteligencia. Llegado el momento el elegiría a su esposo y Mahtob sabía que encontraría el adecuado en base a la sabiduría de su padre.
Aún así no evitaba sentirse afligida por su amiga, ahora se volvería a quedar sola en la facultad. Ella no era muy buena para hacer amistades.
Un mes después Khadijah ya no asistía a la universidad, así que mientras Ali el hermano de Mahtob terminaba de dar clases, a ella se le ocurrió ir a visitar a su amiga al Ataba.
—Salam Aleikum, ¿puedo ver a Khadijah?.— preguntó Mahtob
—Jovencita no debes andar sola por las calles, tu padre sabe que andas exhibiéndote, además las mujeres no deben hablar con los hombres.—respondio Farid
—Estoy esperando a mi hermano, vine a visitar a su hija con el permiso de ellos. No me estoy exhibiendo.—respondió Mahtob
—Insha’Allah mi hija no seguirá en esa escuela donde solo les enseñan cosas que las llevan a la perdición.—decía Farid, De pronto la voz de un hombre se escucha en la tienda.
—Así que ahora te dedicas a dar cátedras de moral.—dijo Pedro, Mahtob sintió un escalofrío volteó a ver al desconocido, que estaba atrás de ella, inmediatamente él la reconoció. El se quedó embelesado observándola. Ahora su velo no cubría su rostro, él pudo ver a detalle la mujer que durante meses había sido su tormento no solo tenía los ojos mas hermosos, también tenía un rostro angelical. Aún sin maquillaje, su boca tenía el color de las rosas y una nariz perfecta.
Mahtob bajó inmediatamente la mirada, sin poder moverse solo evitó seguir mirándolo o que el la observara. No estaba bien visto que un hombre le hablara a una mujer musulmana podrían ambos ser apresados.
—Señor disculpe solo que tenemos reglas y ella es una joven aún a cargo de su familia, no está permitido que ande sola. Solo estoy evitando que deshonre a su familia.— respondió Farid
Mahtob sin decir una sola palabra se retiró deprisa, no quería que por una imprudencia su padre decidiera castigarla o perder su oportunidad de estar en la facultad. Pedro intentó detenerla pero ella fue rápida y sigilosa, mientras para él había sido un grato encuentro.
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Comments
Jorge Choque
más li da seria la historia si se conocen los personajes /Silent/
2025-02-24
1
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
exigiendo!! este no sabe lo que es realmente es exhibirse
2025-02-09
1
Mary Cabrera
Soy consiente que en esos países las mujeres no tenemos valor, por eso me causa impotencia y frustración entender todo lo que les toca vivir 😓
2024-11-15
2