Capítulo 8
“Mahtob!!! ¿Alguien está ahí? Mahtob!!!Alguien me está llamando. ¿Quien eres? Mahtob!!! No puedo verte, ¿eres tú hermano? Mahtob!!! ¿Dónde estás Ali?… Corre!!!”
Mahtob recobró el conocimiento de golpe para darse cuenta que la voz que escuchaba estaba dentro de la pesadilla, pero aún le costaba abrir sus ojos. Aún veía distorsionado todo.
—¿Donde estoy? Ayuda!—dijo Mahtob con desesperación ya que no lograba aclarar sus ojos y su voz.
Unos segundos después se dio cuenta que se encontraba en una habitación extraña, ¿Que era todo lo que la rodeaba? ¿Que había pasado?, No podía recordar nada sentía un fuerte dolor de cabeza. De pronto se abrió la puerta, de inmediato entró una señora.
—¿Donde estoy? ¿Quien es usted? ¿Como llegue hasta aquí?—preguntaba Mahtob
La señora era la ama de llaves de la casa y era la encargada de atenderla. Era de toda la confianza de Pedro, pero ella no entendía a Mahtob ya que ella hablaba árabe.
—Lo siento señorita no puedo entenderla.—respondió Refugio
—Pero yo a ti sí, también hablo castellano. ¿Que hago aquí?—preguntó Mahtob
—No puedo decirle, pero le traje comida. Ya que no había despertado desde hace Medio día. Permiso.— dijo Refugio
—No, no se vaya no entiendo qué hago aquí.— dijo Mahtob a la extraña mujer, se llamaba Refugio, simplemente dejó la comida y salió encerrándola de nuevo.
Mahtob se levantó de la cama y camino hacia la ventana, al asomarse a través de ella quedo sorprendida de la vista tan maravillosa que estaba frente a sus ojos, todo era verde y lleno de vegetación, sin duda era lo más hermoso que había visto, era un bosque. Ella había crecido en medio del desierto no conocía otro lugar, El Cairo no tenia tampoco esa vegetación, intentó abrir las ventanas pero también estaban selladas. Con eso aclaraba que estaba cautiva pero ¿por qué?, y a su mente se hizo presente su familia.
—Papá debe estar preocupado por mi, y Ali también. De seguro me están buscando. Debo buscar la manera de salir de aquí.—se decía a ella misma.
Busco una salida, alguna ventana abierta. Pero la habitación era una fortaleza, no tenía más dudas, no sería sencillo escapar. Pensó en quitarse el velo pero y si alguien entraba, recordaba que su padre le decía que un musulmán en cualquier parte de la tierra debe seguir sus enseñanzas. Moría de hambre así que decidió ver que le habían llevado, la comida era extraña para ella definitivamente no podía comer nada de eso, que tal si era para dormirla de nuevo. Así que mejor se abstuvo de tomar los alimentos, se fue al baño. Lavó su rostro y volvió a la cama miraba el techo estaba demasiado alto para subir y tratar de escapar. No tenía herramienta para hacer un hoyo o escarbar un pozo para poder salir. Ella solo era una jovencita de diecisiete años, estudiante de medicina sabía de enfermedades, suturar heridas y evitar que alguien muriera. Pero de salvarse a sí misma aún no. Debido al hambre volvió a quedarse dormida estaba muy débil, durmió por largo tiempo.
Más tarde entró Pedro a visitar a su rehén, ella estaba dormida así que él tomó asiento en el sillón que estaba frente a la cama. La contemplaba al mismo tiempo imaginaba cómo sería quitarle su velo y ver su cabello, quitarle su ropa, acariciar su joven y suave piel centímetro a centímetro. Era perturbador como una joven como ella, le había nublado la razón.
Mahtob de pronto despertó. No podía creer lo que estaba viendo era el demonio en persona. El mismo hombre que le asustaba, de solo verlo quedó petrificada, pensaba “Estoy perdida”.
—Vaya por fin despertaste, ¿podrías explicarme porque no comiste nada?.—preguntó Pedro
Mahtob no contestó, sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Sentía la sangre congelada, principalmente en sus pies, no podía moverse, pensaba “claro es otra pesadilla no tardaré en despertar” pero aquel hombre seguía mirándola, como acechándola; eso hacía que un escalofrío recorriera todo su ser.
—Que acaso no entiendes castellano, sé de muy buena fuente que si entiendes. Me presento soy Pedro Ruiz Velasco Vidal, líder de la mafia de Milán y te he traído conmigo por qué serás mi mujer de ahora en adelante.—dijo Pedro
Mahtob no concebía lo que acaba de decir, ni si quiera la conocía. Como la eligió si solo la observó una sola vez y ella salió huyendo. Este tipo estaba enfermo ella pensaba, no solo la acción de tenerla cautiva lo afirmaba; también sabía que una persona enferma es capaz de todo.
—Bien ya que no quieres hablar, te obligaré a hacerlo.— dijo Pedro mientras se levantaba de su asiento para sujetarla del cuello.—Así que no me tienes miedo, si para mi ya eras fascinante. Ahora compruebo que elegí bien, te quitaré el velo por que quiero ver tu belleza.—dijo Pedro mientras la tenía doblegada. Sin más espera le quitó el velo y pudo observar que su cabello era demasiado largo además su aroma era embriagante.
—Por favor no me lastime, no me deshonre. Necesito regresar a mi familia antes de que manche su reputación. Le prometo no decir nada sobre usted solo déjeme ir.—suplicaba Mahtob
—A esta hora tu familia ya sabe que te fugaste conmigo, y toda tu comunidad sabe de la mancha que le dejaste a tu familia. Si vuelves, tú mismo padre te enviara al castigo impuesto por el Corán, creo son cien azotes en la plaza pública. Pero tengo un destino para ti mejor que el de ser una musulmana serás mi mujer para toda la vida. Prometo darte una vida cómoda y de lujos, solo entrégate a mi.— dijo Pedro cerca del oído de Mahtob
—Prefiero regresar a mi familia y morir por los azotes que marca el profeta. Que dejar que usted me mancille y haga de mi una basura.— contestó Mahtob
—Me sorprende, si tienes carácter, te diré algo y espero no lo olvides. Siempre me salgo con la mía, y tu eres mi mujer, así que ahora acostúmbrate.—dijo Pedro y después la arrojó de nuevo a la cama, el se subió encima de ella sosteniendo sus manos dejándola inmóvil.—Haré que me ames y así no vas a querer abandonarme nunca. Te enviaré más comida y espero que esta vez comas.—dijo Pedro mientras se levantaba para dejarla sola.
Mahtob se quedó temblando en la cama, el solo pensar que la forzaría a estar con él, sentía como sus lágrimas eran amargas. ¿Por qué se tenía que fijar en ella?, se arrepentía tanto de haber ido a esa tienda. Si hubiera obedecido, él jamás la hubiera encontrado y así nunca se hubiera enajenado de ella.
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Updated 152 Episodes
Comments
Verónica Acosta
😭😭😭
2025-03-14
0
Irma Ruelas
😍❤️🌹🌹😭😭😭🥺😔
2024-08-12
1
Lía Thiago
No aguanto la angustia, pobre Mahtob😭
2024-06-20
1