015;;Lover

Mientras jugaba a las escondidas con Oliver, comencé a disfrutar del momento. Me sentía como un niño otra vez, corriendo y riendo sin preocupaciones en el mundo. Miraba a mi alrededor buscando al pequeño y su risa era mi guía para encontrarlo.

De repente, escuché su risa cerca de un arbusto, corrí hacia él con entusiasmo y lo encontré allí escondido, riéndose de la idea de que nunca lo encontraría. Le sonreí mientras lo cargaba en mis brazos y comenzábamos otra ronda del juego.

Mientras seguía jugando, mi mente se llenaba de pensamientos sobre lo mucho que había cambiado mi vida en los últimos días. Conocer a Leon y la anfitriona había sido una experiencia intensa y emocionante, pero también había sido una montaña rusa de emociones y altibajos.

Pero aquí, jugando con Oliver bajo el sol de la mañana, encontré un momento de paz y felicidad en medio de todo el caos. Me prometí a mí mismo que encontraría más momentos como este, momentos de simple alegría y felicidad en medio de la complejidad de la vida.

—¿Leon no juega contigo?— pregunté a Oliver mientras lo sostenía en brazos.

—No, él es muy aburrido—, respondió el pequeño con una mueca de descontento. —A veces me compra cosas para que me calle o inventa juegos extraños como el ver quién se queda en silencio por más tiempo, pero prefiero jugar contigo. Eres muy divertido, Hal—.

Me sorprendió escuchar que Leon ignoraba a un niño tan dulce como Oliver y que incluso lo callaba con objetos materiales y juegos estúpidos. Pero decidí no hacer comentarios al respecto y simplemente seguí hablando con el pequeño.

—Me alegra que disfrutes jugar conmigo, Oliver. Yo también me divierto contigo—, le dije sonriendo.

—¿Me prometes que seguirás jugando conmigo?—, preguntó el niño con una mirada triste en su rostro.

—Por supuesto, Oliver. Seguiremos jugando juntos—, le prometí.

El pequeño sonrió aliviado y se aferró más a mi cuello mientras. Aunque estaba desconcertado por el comportamiento de Leon, me alegraba saber que podía ser una persona importante en la vida de Oliver.

Mientras jugábamos, de repente, Oliver se quedó callado y miró fijamente a un punto detrás de mí. Me preocupé de inmediato, y empecé a preguntarle qué sucedía, pero el niño no respondía. Pasaron algunos minutos, y finalmente Oliver reaccionó y volvió a sonreír.

Lo cargué en mis brazos y le acaricié la cabeza para calmarlo. —¿Te sientes mejor, Oliver?—, le pregunté. Él asintió con la cabeza y me sonrió.

—¡Quiero jugar a las escondidas otra vez!—, exclamó, emocionado.

—¡Perfecto! Entonces vamos a seguir jugando—, respondí, sintiéndome aliviado por verlo tan feliz de nuevo.

Sin embargo, no pude evitar notar que Oliver seguía mirando hacia el mismo punto fijo. —¿Hay algo que te preocupa, pequeño?— le pregunté.

—No, nada—, dijo él, pero su respuesta sonó algo forzada.

Le pregunté de nuevo, pero no obtuve ninguna respuesta. Así que decidí dejarlo estar y seguir jugando con él. Pero, mientras jugábamos, no pude evitar sentirme un poco inquieto. No sabía lo que había llamado la atención de Oliver y eso me tenía un poco preocupado.

Me dirijo hacia la mansión con Oliver en brazos, mientras camino noto que el pequeño se va quedando dormido poco a poco. Al llegar a la sala de estar, lo siento suavemente en el sillón y le coloco una manta para que se cubra. Me quedo a su lado por un rato, observándolo dormir plácidamente. Me doy cuenta de que me he encariñado mucho con el pequeño y me preocupa su bienestar.

Decido quedarme un rato más en la sala, en silencio, para no interrumpir su sueño. Me siento en uno de los sillones y contemplo el paisaje a través de la ventana. La brisa entra suavemente por la ventana y acaricia mi rostro. Me siento en paz y agradecido por la oportunidad de estar en un lugar tan hermoso.

Después de unos minutos, me levanto suavemente y me despido de Oliver en silencio, dejando que siga durmiendo. Me dirijo hacia mi habitación con la sensación de haber tenido un momento de calma y tranquilidad en medio de tantas emociones encontradas.

Al ir subiendo por las escaleras y levantar mi mirada pude encontrarme con Leon, quien me sonreía levemente.

—Ah, hola Leon—, saludé con una sonrisa amistosa.

Leon no respondió inmediatamente, sino que se mantuvo observándome fijamente, con una expresión seria. Me sentí un poco incómodo bajo su mirada penetrante, pero intenté disimularlo.

—¿Qué haces aquí afuera?—, pregunté finalmente, tratando de romper el hielo.

—Oh, solo estaba pasando por aquí—, respondió él encogiéndose de hombros, aunque su sonrisa sugirió que eso era una mentira.

—Muy bien, ¿y cómo ha sido tu mañana?— pregunté, intentando mantener la conversación ligera.

—Aburrida, como siempre—, respondió Leon con un suspiro teatral. —Pero estoy seguro de que puedo encontrar algo más interesante que hacer si me lo propongo—, agregó con una mirada coqueta.

Me sentí un poco incómodo ante su comentario, pero decidí ignorarlo y continuar la conversación. —Bueno, yo he estado jugando con Oliver. Es un niño muy simpático y divertido—, le dije, tratando de cambiar de tema.

—Ah, sí, Oliver—, respondió Leon con una sonrisa irónica. —Es un buen chico, pero a veces puede ser un poco molesto—.

Me sentí un poco confundido por su comentario, pero antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, Leon cambió de tema. —De todos modos, ¿qué planes tienes para el resto del día?—.

—Creo que solo voy a relajarme un poco y disfrutar de la vista—, respondí con una sonrisa.

—¿Y por qué no me acompañas?—, propuso Leon con una sonrisa seductora. —Podríamos hacer algo divertido juntos—.

Me sentí tentado por su propuesta, pero no pude evitar sentir cierta desconfianza hacia él. —Lo siento, Leon, pero creo que voy a quedarme aquí y descansar un poco. Quizás otro día—, respondí amablemente.

—¿No quieres salir un rato, Hal?— preguntó Leon con una sonrisa seductora en sus labios.

—No sé, Leon, estoy un poco cansado. Tal vez sea mejor que me quede aquí—, respondí con una leve sonrisa.

—Vamos, no seas aburrido. Te prometo que te llevaré a un lugar increíble—, insistió Leon, acercándose un poco más a mi.

—No estoy seguro...—

—Oh, vamos, Hal. No me digas que no te gusta pasar tiempo conmigo—, dijo Leon, acariciando suavemente mi brazo.

Me quedé en silencio por unos momentos, sintiendo cómo mi corazón comenzaba a latir más rápido. A pesar de que sabía que no era una buena idea, no podía evitar sentirme extrañamente tentado.

—Bueno, está bien. Saldré contigo—, finalmente cedí, mirando a Leon con una mezcla de ansiedad y emoción.

—¡Genial! Te prometo que no te arrepentirás—, dijo Leon, tomando mi mano y guiándome hacia la puerta.

—¿A dónde vamos?—, pregunté mientras caminábamos por el pasillo.

—Es una sorpresa—, respondió Leon, guiñándome el ojo.

Me sentí un poco incómodo por la falta de información, pero decidí confiar en Leon y seguir adelante. Esperaba que el lugar al que me llevará valiera la pena.

Caminamos juntos en silencio, mientras la brisa fresca del atardecer soplaba suavemente. Finalmente, llegamos a un lugar tranquilo y apartado, rodeado de árboles y flores. Era como un pequeño oasis, con una pequeña cascada que caía en un lago cristalino. Me sorprendió la belleza del lugar, era como si hubiera sido creado por la naturaleza misma.

—¿Te gusta el lugar?—, preguntó Leon con una sonrisa burlona.

—Es impresionante—, respondí sin dudar, disfrutando del ambiente relajante del lugar.

—Lo descubrí hace unos años, es mi lugar favorito para escapar del bullicio de la ciudad—, dijo Leon mientras se acercaba a la cascada para mojarse las manos.

Miré a mi alrededor, la belleza del lugar me dejó sin palabras. Las flores de colores vibrantes, el suave sonido del agua cayendo y el sol poniéndose en el horizonte creaban un ambiente mágico y misterioso.

—Es un lugar misterioso y relajante—, dije mientras caminaba hacia la cascada para unirme a Leon.

—Me alegra que te guste—, dijo Leon con una sonrisa sincera.

Me quedé allí, con los ojos cubiertos por las manos de Leon, mientras él me guiaba con seguridad a través del bosque. La sensación de confiar completamente en alguien era extraña pero también emocionante. Después de unos minutos caminando, Leon me detuvo y me quitó las manos de los ojos. Abrí los ojos lentamente, y lo que vi me dejó boquiabierto.

Un hermoso picnic había sido preparado en una pequeña clara del bosque, justo al lado de un arroyo sereno. Una manta blanca había sido tendida sobre el césped, rodeada por cojines mullidos y candelabros antiguos. La mesa estaba cubierta de deliciosos manjares, desde queso y vino hasta pasteles y frutas frescas.

—¿Qué te parece, Hal?— preguntó Leon, con una sonrisa triunfante en su rostro.

—Es maravilloso—, respondí, aún impresionado por el lugar. —Nunca había visto algo así antes.—

—Me alegro de que te guste—, dijo Leon, sirviéndome un vaso de vino tinto. —Es uno de mis lugares favoritos en todo el mundo, justo lo que necesitábamos para escapar de la vida cotidiana.—

Mientras comíamos y bebíamos, charlamos y nos reímos. Era difícil no disfrutar de la compañía de Leon en un lugar tan mágico.

Leon y yo estábamos sentados en una manta, disfrutando del sol mientras compartíamos una bandeja de frutas y queso.

—¿Alguna vez has pensado en lo insignificantes que somos en este vasto universo?— preguntó Leon, mirando hacia el cielo.

—Si, a veces pienso en eso,— respondí. —Pero al mismo tiempo, creo que nuestras vidas tienen significado, ¿no crees?—

—Supongo que eso depende de cada uno,— dijo Leon, tomando un trozo de uva. —Pero a veces me siento como si estuviéramos atrapados en una rutina sin sentido, como si estuviéramos viviendo solo para sobrevivir—.

—Entiendo lo que quieres decir,— respondí. —Pero al final, cada uno de nosotros tiene la capacidad de encontrar significado en nuestras vidas y hacer que valgan la pena vivir—.

—Sí, tienes razón—, dijo Leon, sonriendo. —Supongo que solo necesitamos recordar eso de vez en cuando—.

Leon se acomodó cerca de mí, su mirada fija en la mía. Pude sentir mi corazón latiendo con fuerza mientras me hablaba con voz suave y dulce.

—¿Sabes? Hay algo en ti que me atrae, Hal. No puedo evitarlo. Me haces sentir cosas que nunca antes había sentido.—

Me sonrojé al instante y bajé la mirada hacia el suelo, incapaz de mirarlo a los ojos.

—Leon, yo... yo no sé qué decir—, respondí tímidamente. —No estoy seguro de sentir lo mismo.—

Él se acercó un poco más a mí, tomó mi mano y la acarició con ternura. —No te preocupes, Hal. No te estoy pidiendo nada en concreto. Solo quiero que sepas cómo me siento—.

Nos quedamos en silencio por un momento, disfrutando de la calma y la serenidad del lugar. Finalmente, me di cuenta de que no quería que ese momento acabara. Me gustaba estar cerca de Leon, y tal vez había algo más entre nosotros.

—¿Sabes, Leon? Creo que también siento algo hacia ti. No sé exactamente qué es, pero me gusta estar contigo—, le confesé con timidez.

Él sonrío.

Entonces fue cuando solté una risa sincera frente a el, no pude evitarlo, tenía la guardia baja.

Noté cómo su rostro se transformó en un instante. Ya no parecía un hombre sombrío y misterioso, sino alguien cálido y genuino. Me tomó de la mano y me miró directamente a los ojos, como si quisiera transmitir algo.

—Lo siento—, dijo en un tono suave. —Creo que he sido un poco terco y frío contigo. Pero me alegro de que hayas venido conmigo hoy, Hal.—

Sentí mi corazón latir más rápido en mi pecho. De alguna manera, su cambio de actitud había encendido una llama dentro de mí. Aunque nunca había sentido nada por un hombre antes, pero Leon parecía conocer mis puntos débiles.

—No tienes que disculparte—, dije con una sonrisa tímida. —Realmente estoy disfrutando este día contigo.—

Nos quedamos mirando el uno al otro por un momento más, y luego Leon soltó mi mano y se levantó del suelo.

—Bueno, ¿por qué no vamos a dar un paseo?— propuso, ofreciéndome su mano para que me levantara.

Tomé su mano y nos pusimos en camino, caminando juntos hacia lo desconocido.

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