Después de aquel paseo por el laberinto con Leon, mi vida cambió por completo. A pesar de que Leon me hizo pasar un mal rato, estaba genuinamente preocupado por su bienestar. Pero desde que llegué a casa esa noche, no he vuelto a verlo.
Pasaron unos días y empecé a preocuparme. No podía sacarlo de mi cabeza, así que decidí ir a buscarlo. Recorrí los lugares en los cuales solíamos encontrarnos, pero no encontré rastro alguno de Leon. Lamentablemente, tuve que aceptar que tal vez por esta ocasión no lo vería.
Sin embargo, decidí dejar de pensar en eso y seguir adelante. Y aquí estoy ahora, en un hermoso paisaje, tomando fotos del atardecer. La tranquilidad que siento es indescriptible. Me siento en paz y completamente relajado.
El sol se está poniendo lentamente detrás de las montañas, dejando un hermoso cielo anaranjado y rosa. Los árboles a mi alrededor se balancean suavemente con la brisa, y el sonido de un río cercano es la única cosa que puedo escuchar.
Todo esto me recuerda que hay más en la vida que preocuparse. El mundo es hermoso, y estoy agradecido de estar vivo para poder disfrutarlo. Este momento es mío, y lo atesoraré por siempre.
Mientras estaba disfrutando del paisaje, escuché mi celular sonar. Miré la pantalla y vi que era mi madre quien estaba llamando. Por un momento dudé en contestar, ya que nuestra relación últimamente había sido tensa. Pero finalmente decidí responder.
—¿Hola, mamá?—, dije con una voz algo incierta.
—¿Dónde has estado?—, fue lo primero que ella dijo, su voz llena de preocupación y frustración.
—Sólo salí de viaje por trabajo, mamá. ¿Por qué te preocupas tanto?—, respondí, tratando de mantener la calma.
—¿Por qué me preocupo? ¡Porque no has dado señales de vida en días! Me preocupas, hijo, siempre tienes que hacer todo lo difícil y arriesgado, nunca puedes simplemente estar tranquilo en casa—, respondió ella, su tono subiendo con cada palabra.
—Lo siento, mamá. No quería preocuparte. Sólo necesitaba un tiempo para mí mismo—, dije, tratando de apaciguarla.
—No puedes simplemente desaparecer así, hijo. Si algo te hubiera pasado, nunca lo sabríamos. Me tienes que decir a dónde vas y por cuánto tiempo te vas a ir. No puedes simplemente hacer lo que te plazca sin pensar en los demás—, continuó ella, su tono volviéndose cada vez más acusatorio.
—No estoy haciendo lo que me plazca sin pensar en los demás, mamá. Sólo necesitaba un poco de tiempo para mí mismo. No creo que eso sea algo malo—, respondí, tratando de defenderme.
La discusión continuó durante un rato más, con ella argumentando que yo no era responsable y yo tratando de explicarle que sólo necesitaba un poco de espacio. Al final, la llamada terminó de manera tensa y ambos nos quedamos en silencio.
Me sentí mal por discutir con mi madre, pero también me di cuenta de que necesitaba establecer límites en mi vida. No podía simplemente dejar que las expectativas de los demás dictaran cómo debía vivir mi vida.
Decido que necesito un poco más de tiempo para procesar todo, así que me siento en el suelo y respiro profundamente, tratando de encontrar mi equilibrio emocional. El paisaje a mi alrededor sigue siendo hermoso, pero ya no me siento completamente relajado.
Después de la tensa llamada con mi madre, regresé a la mansión. La paz del paisaje me había ayudado a relajarme un poco, pero la discusión había dejado un sabor amargo en mi boca. Subí las escaleras y me dirigí a mi habitación, deseando poder simplemente relajarme y olvidar todo por un rato.
Sin embargo, justo cuando me detuve frente a la puerta de mi habitación, apareció la chica gótica con la que me había encontrado en el pueblo unos días antes. Me sorprendió verla allí, y me sentí incómodo y confundido ante su presencia.
—Debes irte de esta mansión—, dijo ella en un tono urgente.
—No entiendo—, respondí, sintiendo cómo mi confusión aumentaba.
—No puedes quedarte aquí. Hay algo peligroso en esta mansión, y debes irte antes de que sea demasiado tarde—, continuó ella, su voz llena de una extraña urgencia.
—No lo entiendo, ¿a qué te refieres con algo peligroso? ¿Qué está pasando aquí?—, pregunté, tratando de obtener más información.
—Es difícil de explicar. Hay algo que está mal en esta mansión, algo que te puede hacer daño si te quedas aquí demasiado tiempo. Por favor, por tu propia seguridad, debes irte—, insistió ella, mirándome con intensidad.
Me sentí cada vez más incómodo ante su presencia y sus palabras. ¿Debería confiar en ella? ¿Era realmente algo peligroso en esta mansión?
—No estoy seguro de qué hacer—, respondí finalmente, mi mente luchando con la decisión.
Ella simplemente asintió con la cabeza y desapareció en la oscuridad de la mansión, dejándome solo con mis pensamientos confusos e inquietantes. Me sentí más incómodo que nunca, y comencé a cuestionar si debería quedarme o no en esta misteriosa mansión.
Después de meditar durante un rato sobre las extrañas palabras de la chica, finalmente entré a mi habitación. A pesar de que intentaba mantener mi mente en blanco, no podía evitar sentir una sensación de duda y urgencia.
Intenté aislar mi mente de aquellos pensamientos y me dije a mí mismo que esas cosas simplemente no existen. Traté de ser positivo y pensar en lo hermoso que había sido el atardecer, y en lo relajante que era estar en esta mansión.
Finalmente, decidí acostarme y dormir un rato. Me sentía agotado después de todo lo que había pasado en los últimos días. A pesar de que todavía sentía una sensación de incomodidad en el fondo de mi mente, decidí fingir que todo estaba bien y que simplemente necesitaba descansar.
Me recosté en mi cama y cerré los ojos, tratando de dejar atrás todas mis preocupaciones. Sin embargo, incluso en mis sueños, no podía evitar sentir una sensación de intranquilidad y misterio que me perseguía. A pesar de todo, finalmente me quedé dormido, esperando que todo fuera simplemente mi imaginación.
Abrí los ojos repentinamente, sintiendo que algo había cambiado en la habitación. Miré a mi alrededor y noté que los objetos parecían diferentes, como si hubieran sido reemplazados por versiones más nuevas y brillantes.
Me levanté de la cama y me di cuenta de que me sentía descansado, como si hubiera dormido durante horas y horas. Miré hacia la puerta de mi habitación y noté que estaba abierta.
Me acerqué lentamente a la puerta y vi a alguien parado en el otro lado. Para mi sorpresa, era la anfitriona de la mansión. Lucía un aspecto victoriano y parecía más imponente que nunca.
Me quedé paralizado por un momento, sin saber qué hacer o decir. Ella me miró fijamente por un momento antes de hablar.
—Buenos días, querido—, dijo con su voz suave y melodiosa. —Espero que hayas dormido bien esta noche—.
Asentí con la cabeza, todavía un poco aturdido por la experiencia. No podía creer que la anfitriona había entrado en mi habitación mientras dormía.
Ella se acercó un poco más y me miró a los ojos. —Quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte en lo que necesites. Si tienes algún problema o inquietud, no dudes en decírmelo—.
Me sentí un poco más tranquilo al escuchar sus palabras, pero aún así no podía evitar sentirme un poco inquieto por la situación. ¿Por qué había entrado en mi habitación en medio de la noche?
A pesar de todas mis preguntas y dudas, decidí no hacer preguntas. Sabía que la anfitriona no era alguien a quien debía ofender, así que simplemente sonreí y agradecí su preocupación.
Después de que ella se fuera, me quedé solo en mi habitación, tratando de procesar todo lo que había sucedido. A pesar de que me sentía un poco confundido y asustado, también sentía una extraña sensación de curiosidad.
Después de aquella escalofriante experiencia, me desperté aturdido y sudando frío. Al principio, todo me pareció extraño y diferente, como si hubiera viajado a otra dimensión. Pero poco a poco me di cuenta de que todo seguía igual que antes, que estaba en mi habitación en la mansión y que no había nada fuera de lo normal.
Respiré profundamente, tratando de recuperar la calma que había perdido durante el sueño. Me senté en la cama y miré a mi alrededor, buscando algún indicio de que algo hubiera cambiado en la habitación, pero todo parecía estar en su lugar. La luz del sol entraba por la ventana y los pájaros cantaban afuera, creando un ambiente relajante.
Finalmente, decidí acostarme de nuevo para intentar volver a relajarme. Cerré los ojos y traté de enfocar mi mente en pensamientos positivos, en cosas que me hicieran sentir feliz y tranquilo. Poco a poco, fui sintiendo cómo mi cuerpo se iba relajando, y finalmente me quedé dormido de nuevo.
A pesar de todo lo que había sucedido en los últimos días, sentía que estaba en un lugar seguro y que nada malo podía pasar en ese momento. Era como si la tranquilidad del ambiente me hubiera contagiado y me estuviera ayudando a recuperar la calma que había perdido. Esperaba que ese sentimiento de paz pudiera durar mucho tiempo más.
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