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Desperté en mi habitación y sentí un aire pesado en la mansión. Intenté ignorarlo y levantarme para comenzar mi día, pero el recuerdo de la tragedia de anoche me abrumó. No podía dejar de pensar en Rachel, en cómo había perdido la vida en este lugar oscuro y aterrador.

Decidí vestirme de manera más seria y formal, no por un cambio de estilo, sino como una muestra de respeto ante la situación. Ya no quería ser el turista bohemio que llegó a este país para relajarse. Ahora, quería ser alguien más serio y consciente de la realidad.

A pesar de todo, no podía evitar sentirme triste y desconsolado. Anoche había llorado en silencio mientras subía las escaleras a mi habitación. No podía creer que algo tan triste hubiera ocurrido en mi estadía aquí.

Pero hoy era un nuevo día y tenía que seguir adelante. Quería hacer lo posible para ayudar a resolver lo que había pasado. Me preparé mentalmente para lo que se avecinaba y bajé las escaleras hacia el comedor, donde esperaba encontrarme con la anfitriona.

Al dirigirme hacia el comedor, noté un inusual movimiento en la mansión. A medida que me acercaba, podía escuchar murmullos y susurros. Al entrar, vi una mesa cubierta con un mantel negro, rodeada de sillas vacías. En la mesa, había una imagen de Rachel y flores frescas que perfumaban el ambiente.

Fue entonces cuando me di cuenta de que se estaban preparando para un funeral, pero no era uno religioso. Era más como un homenaje a la vida de Rachel. El silencio en la habitación me hizo sentir incómodo, pero también respetuoso. Me senté en una de las sillas, con una sensación de tristeza profunda.

La anfitriona y algunos de los invitados estaban allí, y aunque ninguno de ellos parecía hablar mucho, podía sentir la emoción en el aire. Era evidente que todos se sentían afectados por la pérdida de Rachel. Me pregunté si yo también sentiría lo mismo si hubiera tenido más tiempo para conocerla.

Miré la imagen de Rachel, tratando de recordar su sonrisa, su risa, su energía. Me di cuenta de que no tenía una sola imagen clara de ella en mi mente. No había tenido suficiente tiempo para conocerla, y ahora nunca tendría la oportunidad.

El dolor en mi pecho se intensificó y empecé a pensar en mi propia mortalidad. La vida era tan frágil y efímera. Aunque había venido a esta mansión para relajarme, me di cuenta de que estaba viviendo en un sueño. La realidad era que la muerte estaba en todas partes, incluso en este hermoso y aislado lugar.

Permanecí en silencio, respetando el ambiente y la tristeza que se respiraba en la habitación.

Salí al jardín para hacer una llamada. Al tomar mi teléfono, noté que temblaba ligeramente en mi mano. Incluso después de haber dormido bien la noche anterior, seguía sintiéndome agotado y emocionalmente agitado.

Llamé a Eric y le pedí que cancelara mi vuelo, diciéndole que había sucedido algo imprevisto y que necesitaba quedarme un poco más. No quería entrar en detalles y Eric no hizo muchas preguntas, solo me deseó lo mejor y prometió cancelar mi vuelo.

Después de colgar, me senté en una banca del jardín y cerré los ojos, tratando de concentrarme en mi respiración y en encontrar un poco de paz interior. Pero no podía sacar de mi mente la imagen del cuerpo de Rachel cayendo desde el balcón.

De repente, sentí una mano en mi hombro y abrí los ojos para ver a la anfitriona de la mansión. Me miró con preocupación y me preguntó si estaba bien.

Traté de sonreírle, pero mi sonrisa fue más una mueca de tristeza. Le agradecí su preocupación y le dije que solo necesitaba un poco de tiempo para procesar todo lo que había sucedido. La anfitriona asintió comprensivamente y se alejó, dejándome solo con mis pensamientos.

Me di cuenta de que no sabía cuánto tiempo iba a quedarme en esa mansión, pero sabía que necesitaba quedarme el tiempo suficiente para encontrar una forma de sobrellevar todo lo que había sucedido.

Al ver a Leon acercándose con las rosas blancas, me quedé un poco sorprendido. Su expresión seguía siendo seria, pero podía notar una especie de tristeza en sus ojos.

—Te traje estas rosas para honrar a Rachel—, dijo sin mucho énfasis, extendiéndome las flores.

Tomé las rosas en silencio, sin saber exactamente qué decir. La tensión entre nosotros era palpable.

Finalmente, decidí romper el silencio. —¿Cómo estás después de lo que sucedió?—, pregunté, intentando sonar amable.

Leon simplemente encogió los hombros. —Estoy bien. No soy un hombre que se deje afectar fácilmente por estas cosas—, respondió con una voz fría y distante.

Su respuesta me hizo sentir un poco incómodo, pero decidí no profundizar más en el tema. En cambio, me centré en la belleza de las rosas que sostenía en mis manos.

Después de un momento, Leon se volvió para irse. —Debo ocuparme de algunas cosas—, dijo antes de alejarse.

Lo vi caminar hacia la casa y desaparecer por la puerta principal, preguntándome cuál era su relación con Rachel.

Después de despedir a los pocos invitados que quedaban, finalmente me encontré solo en la gran sala de estar de la mansión. Me senté en el sofá de terciopelo, cerré los ojos y traté de relajarme. Era un esfuerzo fútil, ya que no podía dejar de pensar en lo que había pasado y en todo lo que había visto.

A pesar de la tranquilidad que había alrededor, el aire pesado todavía estaba presente. Me pregunté si alguna vez podría olvidar lo que había pasado aquí.

De repente, escuché un ligero ruido y abrí los ojos. Era la anfitriona, quien había aparecido silenciosamente en la habitación. Parecía cansada y triste, pero todavía mantenía una actitud digna y elegante.

—Lo siento mucho por todo lo que ha pasado—, dijo con una voz suave. —No quería que esto sucediera en mi casa.—

Le agradecí sus palabras, pero no pude evitar sentir un poco de resentimiento hacia ella. ¿Cómo podía ser tan fría después de lo que había sucedido? ¿Cómo podía mantener una apariencia tan serena y controlada?

—Estoy intentando relajarme—, dije, intentando cambiar de tema. —Espero poder olvidar todo esto pronto.—

Ella asintió. —Sé lo que sientes. Pero a veces, los eventos más trágicos son los que más recordamos.—

Me quedé en silencio por un momento, considerando sus palabras. Tal vez tenía razón. Tal vez nunca podría olvidar lo que había pasado aquí. Pero al menos podría intentar seguir adelante y vivir mi vida de la mejor manera posible.

La anfitriona encendió un cigarrillo y me ofreció uno. A pesar de no ser fumador, acepté su ofrecimiento. Mientras encendía el cigarrillo, la anfitriona se acercó a mí y me pidió que acercara mi cara a la suya para encender el mío con su cigarrillo. Me sorprendió su cercanía, pero accedí y agradecí tímidamente.

Después de dar una calada, exhalé el humo y me sentí un poco más relajado. Miré a mi alrededor y noté que la mansión parecía más tranquila y silenciosa que antes. Le pregunté a la anfitriona sobre los pocos invitados que habían asistido al funeral, y ella me explicó que eran conocidos suyos que habían venido para mostrar sus respetos a Rachel.

La conversación entre la anfitriona y yo fluyó suavemente, hablando de temas triviales y agradables. Me di cuenta de que, aunque ella era fría y distante al principio, su actitud hacia mí había cambiado un poco después del funeral. Parecía más abierta y dispuesta a hablar conmigo.

Nos sentamos en silencio por un momento, disfrutando de nuestros cigarrillos. Finalmente, me levanté y le agradecí a la anfitriona por su hospitalidad y por haberme permitido quedarme en su mansión en un momento tan difícil. Me sentía más relajado y con una sensación de paz después del funeral.

Caminé hacia mi habitación, sintiendo que había pasado por una experiencia emocionalmente agotadora, pero al mismo tiempo, agradecido por haber conocido a la anfitriona y haber compartido ese momento con ella.

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