006;; bestrafe mich my sweety

Mientras avanzábamos por aquel laberinto, los raros sonidos que provienen de él se hacían cada vez más frecuentes y estridentes. Me preguntaba qué podrían ser, pero mi compañero de camino, Leon, parecía no estar preocupado en lo absoluto. Al contrario, caminaba con una actitud frívola, como si estuviéramos dando un simple paseo por el parque.

— ¿No te preocupa esto, Leon? — le pregunté, tratando de ocultar mi inquietud.

— ¿El qué? — respondió él con una sonrisa burlona. — Son solo ruidos extraños. No hay nada que temer.—

Pero yo no estaba seguro. Los sonidos eran demasiado extraños, y mi corazón latía con fuerza en mi pecho. De repente, mientras caminábamos sin rumbo fijo, Leon desapareció ante mis ojos. El pánico se apoderó de mí, y comencé a buscarlo desesperadamente.

— ¡Leon! ¿Dónde estás? — grité, pero solo recibí un silencio sepulcral como respuesta.

Entonces, de repente, escuché su voz detrás de mí. Pero no era una voz de preocupación o ayuda. Era una voz burlona, coqueta y mezquina.

— ¿Te asusté, mi amor? — dijo, riendo. — Pensé que nunca encontrarías el camino de vuelta a casa.

Sentí una mezcla de alivio y furia. ¿Cómo podía jugar conmigo así? Pero a pesar de todo, su tono coqueto y picante me hizo sentir avergonzado y incómodo.

Eres un tonto, Leon — le dije, tratando de mantener mi enojo.

Lo sé, pero soy un tonto muy divertido — respondió él con una sonrisa malvada.

Y así, seguimos caminando por el laberinto, con su voz burlona y coqueta resonando en mi cabeza. No sabía si estar asustado o molesto, pero sabía que en cualquier momento podría dejarlo solo en este lugar.

Mientras caminábamos, no podía evitar notar los cambios constantes en la personalidad de Leon. Primero era respetuoso y amable, pero luego se volvía malvado y grosero. Me preguntaba qué estaría pasando por su cabeza para tener esas bruscas transiciones de personalidad.

Finalmente, decidí preguntarle sobre eso.

—Oye, Leon. ¿Por qué la anfitriona me advirtió sobre ti? — le pregunté, tratando de sonar casual.

Leon se detuvo en seco y me miró fijamente. Sus ojos antes sin brillo comenzaron a llenarse de emoción sádica, y sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

—¿Qué te dijo la anfitriona sobre mí? — preguntó él, con una sonrisa que me hizo sentir aún más incómodo.

—Dijo que eras peligroso — respondí, tratando de mantener la calma.

Leon se acercó a mí, con una mirada intensa que parecía atravesar mi alma.

—¿Y tú qué piensas, mi amor? — preguntó, con una voz que era un susurro en mi oído.

A mí ni siquiera me gustan los hombres.

¿Que diablos le pasaba a este imbécil? ¿por qué me coqueteaba de esa manera tan indecente?

—No lo sé, Leon. Solo sé que debo tener cuidado — respondí, tratando de mantenerme firme.

Pero Leon no parecía escuchar. Siguió acercándose a mí, con esa mirada sádica que me hacía temblar. Me di cuenta de que estaba en una situación peligrosa para mí heterosexualidad, y no sabía cómo salir de ella.

Intenté evitar desesperadamente los avances amorosos de Leon. Pero él parecía disfrutar de mi incomodidad, y sus insinuaciones se volvían más intensas con cada segundo que pasaba. Ya no sabía qué hacer para escapar de él.

Mis nervios se dispararon cuando nos encontramos en un callejón sin salida. Me di cuenta de que estaba atrapado en ese lugar con un demente, y no sabía cómo iba a salir de allí.

—¿Por qué me tienes tanto miedo? — preguntó Leon, acercándose a mí.

— No es miedo, Leon. Es precaución — respondí, intentando mantener la calma.

Pero Leon parecía estar disfrutando mi desesperación. Me acorraló contra la pared, con una sonrisa sádica en su rostro.

—Me gusta cuando te pones nervioso. Me hace sentir vivo — dijo, con voz suave pero malvada.

Intenté apartarme de él, pero me tenía atrapado. No sabía cómo iba a salir de allí.

—Te lo advierto, déjame ir, Leon — supliqué.

Pero Leon no parecía dispuesto a dejarme ir. En cambio, comenzó a asustarme de manera malvada y picante.

—¿Por qué me miras así? ¿Acaso te gusto? — preguntó, con una sonrisa burlona.

Sentí que mi corazón latía con fuerza en mi pecho. ¿Cómo podía alguien ser tan mezquino? ¿Qué iba a hacer para escapar de allí?

—No sé qué quieres de mí, Leon. Solo déjame ir — supliqué.

Pero Leon no parecía dispuesto a dejarme ir. En cambio, siguió asustándome con sus insinuaciones.

Finalmente, Leon dejó su fachada pícara y me soltó para abrir el pasadizo secreto detrás de mi. Quedé sorprendido ante su repentino cambio de actitud, pero también sentí un gran alivio al saber que podía escapar de él.

Una vez que Leon abrió el pasadizo, me hizo a un lado y me invitó a seguirlo. Caminamos por un pasillo subterráneo y oscuro, y pude escuchar el sonido de agua corriendo a lo lejos. Finalmente, llegamos a una puerta de madera maciza, que Leon abrió con un pequeño empujón.

El lugar al que entramos era impresionante. Estábamos en una enorme cueva subterránea, con estalactitas y estalagmitas colgando del techo y el suelo. El sonido de agua que había escuchado antes provenía de una cascada que caía en una piscina natural en el centro de la cueva.

—¿Qué lugar es este? — pregunté, sorprendido.

Leon no respondió de inmediato, en cambio, se quedó parado, mirando a su alrededor con una sonrisa en su rostro.

—Es un lugar secreto que descubrí hace algún tiempo — respondió finalmente. — Nadie más lo sabe, excepto yo y ahora tú.—

Me acerqué a la cascada y dejé que el agua fría me salpicara la cara. Era hermoso, un oasis subterráneo que parecía sacado de un sueño. Me di cuenta de que, por primera vez desde que conocí a Leon, estaba disfrutando de su compañía.

—Es impresionante, Leon. Nunca había visto algo así — dije, todavía maravillado por la belleza del lugar.

Leon se acercó a mí y me sonrió.

—Me alegra que te guste — dijo, acariciando mi mejilla.

Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo al escuchar sus palabras, pero también sentí un poco de paz al estar en ese lugar hermoso y tranquilo.

Me quedé paralizado por un momento, mirando a mi alrededor. Me parecía que había visto ese lugar antes, pero no podía recordar dónde ni cuándo. Entonces, dirigí mi mirada hacia Leon, quien ya estaba mirándome.

—¿Qué sucede? —preguntó Leon, con una sonrisa en su rostro.

No lo sé —respondí—, siento que ya he estado aquí antes.

—¿En serio? —dijo Leon, ladeando la cabeza.

—Sí, pero no puedo recordar dónde ni cuándo —dije, tratando de pensar en ello.

Hubo un momento de silencio, y luego le pregunté:

—¿Nos conocemos de antes?

Leon pareció confundido por un momento antes de responder.

—No lo sé —dijo él—, tal vez nos hayamos visto en algún lugar antes.

Pero había algo en su voz que me decía que estaba ocultando algo. Me quedé mirando a Leon, tratando de encontrar alguna pista, pero él simplemente me sonrió de manera incoherente y se alejó para explorar el lugar. Me sentí un poco desconcertado por su respuesta.

Después de un rato salimos del laberinto y nos adentramos en el bosque. La luna llena estaba en todo su esplendor y las sombras se alargaban. Nos sentamos en una roca para descansar un poco. Fue entonces cuando hablé.

—Sabes, hay algo extraño en nuestra relación. Siento que hay una conexión entre nosotros, algo que no puedo explicar —

—¿Qué quieres decir? —preguntó Leon sin mucho interés.

—Es difícil de explicar. Pero siento que hemos estado juntos antes, en otra vida tal vez. Hay algo en ti que me resulta familiar.—

—Eso suena un poco loco — respondió Leon entre pequeñas risas burlonas

—Lo sé, lo sé. Tal vez sólo sean imaginaciones mías. O tal vez sea algo real, algo que todavía no comprendo.—

Me quedé en silencio por un momento, Leon procesaba lo que acababa de decirle. Entonces Leon cambió de tema abruptamente.

Oye, ¿alguna vez has probado los tacos de cactus? Son mi comida favorita.

—¿Qué? —dije, confundido.

—Los tacos de cactus. Son increíbles. Tienes que probarlos.

No pude evitar sentirme frustrado por el cambio de tema tan repentino. ¿De qué estaba hablando? ¿Cómo podía pasar de una conversación tan profunda a algo tan trivial?

Decidimos regresar a la mansión. Caminamos en silencio por un rato hasta que llegamos a la puerta principal. Leon se detuvo y se volvió hacia mí.

—Bueno, aquí estamos —dijo—. Espero que hayas disfrutado la aventura.—

—Sí, ha sido interesante —respondí.

—Me alegra oír eso. Ahora tengo que irme. Tengo un asunto que atender.—

Antes de que pudiera decir algo más, Leon desapareció en la oscuridad. Me quedé allí parado, sintiéndome un poco confundido y abandonado.

¿Quién era realmente Leon? ¿Cómo podía ser tan desconcertante y misterioso? No estaba seguro de si volvería a verlo alguna vez, pero sabía que nunca olvidaría nuestra extraña aventura juntos.

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