Regresé de mi largo paseo por los jardines de la mansión y me encontré con la anfitriona en la sala principal. Me acerqué a ella y le saludé:
—Hola, ¿cómo se encuentra?
Ella me miró fríamente y respondió:
—Bien, gracias. ¿Qué tal tu paseo?
— Fue maravilloso — respondí entusiasmado — Me encontré con un hombre muy...peculiar, se llama Leon.
En ese momento, noté que su actitud cambió y se puso tensa.
—¿Leon? — preguntó con voz rígida.
—Sí, Leon. Era un hombre medianamente amable y parecía saber mucho sobre la zona. Me contó algunos datos...pensé que usted era la única aquí.
La anfitriona suspiró y luego dijo:
—Lo siento, pero no puedo hablar sobre León. Es mejor que no hables con él de nuevo.
—¿Por qué no? — pregunté confundido.
—Es mejor que no te involucres con él de nuevo durante tu estancia— respondió con frialdad —No es alguien con quien quieras tener contacto —
Me quedé perplejo ante su actitud, pero decidí no presionarla más. Parecía que había algo más en la historia de León que ella no quería compartir conmigo. Sin embargo, la curiosidad me carcomía por dentro.
—Bueno, gracias por la advertencia — dije finalmente —Me voy a mi habitación.—
Caminé hacia mi habitación, pensando en lo que la anfitriona me había dicho sobre Leon. ¿Quién era ese hombre misterioso y por qué ella se mostraba tan distante al hablar de él? Decidí que trataría de averiguar más sobre este misterioso personaje, pero tendría que hacerlo con precaución.
Subí las escaleras con lentitud, mi mente aún sumida en mis pensamientos sobre el misterioso Leon. Al llegar a mi habitación, abrí la puerta sin mucha atención y de repente, un niño de piel pálida y aspecto dulce se lanzó sobre mí.
Me asusté y un grito se atoró en mi garganta. ¿Quién era ese niño y cómo había entrado a mi habitación? Traté de empujarlo lejos de mí, pero era más fuerte de lo que parecía.
En ese momento, escuché los pasos apresurados de la anfitriona subiendo las escaleras. Cuando me vio en medio de la habitación, forcejeando con el niño, su rostro se oscureció de ira.
—¿Qué está pasando aquí? — gritó.
—No lo sé — respondí confundido — Este niño entró a mi habitación de repente y me atacó.—
Ella se acercó y empujó al niño lejos de mí.
—Lo siento mucho — dijo ella con un tono de voz más suave — Este es mi hijo, Oliver. A veces se mete en las habitaciones de los huéspedes sin permiso. No quiso hacerte daño, solo quería jugar contigo.—
El niño me miró con ojos inocentes, sin entender lo que estaba pasando. Aunque la anfitriona se disculpó, su rostro seguía mostrando una mezcla de enojo y frustración.
—Por favor, asegúrate de mantener tu habitación cerrada en todo momento — dijo ella — No quiero que vuelva a pasar algo así.
Asentí con la cabeza, aún un poco aturdido por lo que acababa de suceder. No podía creer que ese niño dulce y amable me hubiera atacado de esa manera.
—Lo siento mucho — dijo la anfitriona de nuevo, tratando de suavizar las cosas — ¿Necesitas algo más?—
Sacudí la cabeza, todavía un poco conmocionado, y ella se marchó de la habitación con su hijo en brazos. Me quedé allí, respirando profundamente, tratando de recuperarme del susto.
La mansión estaba llena de misterios y sorpresas, y parecía que cada rincón escondía una nueva aventura. Me preguntaba qué más me esperaba en ese extraño lugar, pero sabía que debía estar preparado para todo.
Después de la extraña experiencia con el niño, finalmente pude entrar a mi habitación y cerré la puerta con seguro como me lo recomendó la anfitriona. Me dejé caer en la cama, exhausto por todo lo que había sucedido. Necesitaba relajarme, así que busqué mis audífonos y los conecté a mi teléfono.
Puse mi música a todo volumen y cerré los ojos, dejándome llevar por el ritmo. La música me hizo sentir mejor, y poco a poco fui relajándome y dejando atrás el susto que había experimentado.
De repente, me di cuenta de que ya era tarde y que tenía que descansar. Me quité los audífonos y cerré los ojos de nuevo. Me sumergí en un sueño profundo, alejado de los misterios y peligros de la mansión. El sueño finalmente me ganó y me quedé dormido, sintiéndome seguro y en paz.
Me desperté en medio de la noche, con una sensación de calor por todo mi cuerpo. Me levanté exaltadamente y empecé a sudar. Me sequé el sudor de la frente y traté de calmarme. Pero entonces, escuché un ruido en el jardín. Me asomé por la ventana para ver qué estaba pasando.
Vi al niño que había visto antes, enterrando algo en el jardín. Lo observé con atención mientras ponía una rosa encima de lo que había cavado. En ese momento, cruzamos miradas, y sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo. Era como si supiera lo que estaba pensando, como si pudiera leer mi mente.
Horrorizado, corrí al baño y me encerré allí. No podía creer lo que acababa de suceder. Tenía miedo de lo que podría pasar a continuación. Mi mente se llenó de preguntas, pero no podía encontrar ninguna respuesta. Me sentía atrapado en una pesadilla de la que no podía escapar.
Después de unos minutos de pánico, logré calmarme respirando profundamente. Inhalé y exhalé lentamente, tratando de controlar mi respiración. Una vez que logré calmarme, me di cuenta de que estaba sudando demasiado. Me quité lentamente la ropa y me dirigí al baño.
Abrí la llave del agua fría y me adentré en la regadera. El agua fría cayó sobre mi cuerpo, causándome un escalofrío. Me bañé brevemente para refrescarme, tratando de borrar de mi mente lo que acababa de suceder.
Después de salir del baño con una toalla que rodeaba mi cadera, me sentí más tranquilo. Aunque aún estaba asustado, el agua fría había ayudado a calmar mi cuerpo y mi mente. Ahora me sentía más tranquilo, aunque todavía no estaba seguro de lo que había sucedido. Todo parecía una ilusión, pero era demasiado real para ser solo un sueño.
Comencé a secar mi cuerpo lentamente con la toalla, eliminando cada gota de agua. Después de terminar, busqué en mi maleta y encontré mi pijama. Me lo puse y me sentí más cómodo.
Volví a acostarme en la cama y me envolví en las mantas. Me cubrí la cara, lo que me hizo sentir como un niño otra vez, protegido y seguro. Intenté no pensar en lo que había sucedido, en el niño y su extraño comportamiento. En cambio, me concentré en mi respiración, tratando de quedarme dormido de nuevo.
Pasó alrededor de una hora antes de que finalmente volviera a reconciliarme con el sueño. De todos modos, me sentía más descansado y preparado para enfrentar el día que vendría. Aunque aún tenía un poco de miedo, estaba decidido a no dejar que eso me afectara. Me concentré en mi respiración y en el suave ronroneo del aire acondicionado, hasta que finalmente me dejé llevar al mundo de los sueños.
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