festejo amargo

En la casa de mis padres, mamá había preparado un pastel y mi platillo preferido, algunas bebidas y esperaba nerviosa en el salón, junto a papá, Sebastián y Diego. Eran las 6 de la tarde y Roberto caminaba conmigo en brazos. No queríamos ser vistos por gente indiscreta. Al fin llegamos, papá abrió la puerta, entramos y papá le indicó a Roberto un sillón cómodo para mí. Roberto accedió con amabilidad. Mamá me abrazó y mis hermanos, extrañados, corrieron a abrazarme.

"Esther, hija, no entiendo ¿cómo pasó? ¿Estás bien?", preguntó mamá.

"Renata, sí mamá, estoy bien", respondí.

Papá nos ofreció un refresco y mamá continuó con las preguntas.

"Roberto, ¿fuiste tú quien la sacó del hospital?", preguntó mamá.

"Sí, señora, y les pido una disculpa", respondió Roberto.

"¿Y por qué no hablaste con nosotros primero? ¿A dónde la llevaste? ¿Quién la atendió?", preguntó mamá.

"Discúlpeme, pero no había forma de expresarles mi inquietud. Todos me juzgaban sin razón aparente. Tuve que fugarme de la cárcel porque se olvidaron de mí y yo necesitaba saber cómo estaba Renata. Cuando fui a verla al hospital, ella estaba casi muerta. La llevé con un médico amigo mío y él la atendió", explicó Roberto.

"Pero lo ideal es regresar a su casa, con su familia", dijo mamá.

"Sí, pero no volveré", respondí.

"¡Te das cuenta! Podemos poner una denuncia por secuestro, contra Roberto por lo que hizo. Nos apartó de su vida todos estos meses", exclamó mamá.

"No, mamá", respondí.

"¡Mujer, ya está aquí tu hija y está sana, está bien!", interrumpió papá.

"Pues te quiero de vuelta en tu casa", dijo mamá.

Ante la intransigencia de mamá, el ambiente se puso tenso. Las miradas contra Roberto eran de reclamo. Yo sentí que lo echaban.

"Me quiero ir de aquí", dije.

Roberto se quiso acercar a mí, pero mamá no lo permitió.

"Por favor, yo le prometí a Renata que solo vendría de visita", dijo Alvaro.

"Pues yo estoy en desacuerdo", dijo mamá.

"Pues me voy y si no me permites salir ahora, en otro momento me iré y no volverás a verme nunca", amenacé.

"Por favor, Roberto, te agradezco lo que hiciste por mi hija, pero necesito hablar con ella. Regresa en otro momento", dijo mamá.

Roberto me miró y sintió lo mismo que aquel día en el hospital cuando no lo dejaron acercarse a mí. Él se fue, pero con la mirada me dijo que volvería. Yo estaba molesta, no tanto por haberme retenido contra mi voluntad, sino porque no respetaron mi decisión como antes. Razón por la que estuve expuesta ante René. Pero ahora, ya había cumplido 18 años y mi voluntad era estar con Roberto. Me acercaron a la mesa, comimos y festejamos mi cumpleaños y mi regreso a casa. Yo estaba muy triste. Más tarde, ya en la noche, mis hermanos se retiraron a sus recámaras. Papá tocó el tema.

"Alvaro, hija, no quiero verte así", dijo.

"Lo sé, papá, pero quiero irme de aquí", respondí.

"Pero ¿por qué? Somos tu familia", preguntó Esther.

"Mamá... René fue el que me atacó aquel día", dije.

"No es posible", exclamó Esther.

"No quiero estar aquí, tengo miedo", continué.

"Nosotros somos tu familia, te vamos a proteger. ¿Qué protección te puede dar Roberto en una casa rodante? Él no trabaja, no estudia, es un vagabundo. ¿Qué protección te puede dar él?", dijo Esther.

"Mamá, por favor, tienes que confiar en mí", pedí.

"Confío en ti, pero no en ese hombre", respondió Esther.

"Quiero casarme con él", dije.

"¡Olvídalo!", exclamó Esther.

"Mamá, es un hombre bueno. Yo lo amo", dije.

"No tiene nada, ni una casa para vivir", dijo Esther.

"¡Mamá!", exclamé.

Mis ojos se humedecieron. Ya no quise seguir discutiendo con ella. Le pedí a papá que me ayudara a subir a mi recámara.

al estar a solas en mi recamara, me encontré abandonada, ante un mundo hostil, necesitaba de todo y de todos para poder vivir, necesitaba mi pijama, que estaba en el cajón, no podía abrir mi cama para dormir, como apagar la luz; todo me resultaba complicado, de pronto, una figura conocida apareció en mi ventana, era Roberto, quizá nunca se fue, sabía cómo me sentiría en ese lugar, estire mis manos hacia el y le suplique llorando

_sácame de aquí

_ amor, estaré aquí contigo, siempre que tú lo quieras, pero quédate aquí un poco más, permite que ellos disfruten de ti, luego si no aceptan nuestra unión te llevaré conmigo ¿quieres?

_ está bien, pero quiero que estés conmigo, duerme aquí por favor

_ está bien, solo esperaremos que todos duerman

el salió de mi habitación, en seguida, mamá llegó, me ayudó a entrar a la cama, después de que ella se fue, Roberto regreso, durmió a mi lado en el piso, al lado contrario a la salida de la habitación, mamá ya no volvió durante la noche, me sentí tranquila, estaba cómoda y feliz, Roberto estaba a mi lado; al día siguiente, al despertar, Roberto se había marchado, mamá llegó temprano, papá se fue a trabajar, mis hermanos se fueron a la escuela y mamá, no iría a trabajar, se quedaría en casa, para atenderme, para mí ahora me resultaba complicado, toda esta situación, necesitaba volver a iniciar de cero, necesitaría siempre la ayuda de alguien, mamá quería que continuará con la escuela y aún no sabía cómo lo haría, más tarde mamá consiguió una silla de ruedas y me llevaría a una especialista por la tarde para que me revise las piernas; por la tarde llego papá y me subieron al auto, me llevaron a una clinica de especialidad, a una población a una hora de distancia, la doctora me revisa y el diagnóstico, arroja un resultado inesperado, no tenía ningún problema, mis piernas estaban bien, mi cadera, pero no sabían porque no podía caminar, la doctora entonces les indico a mis padres para mí, terapia física, dijo que estaba segura que eso sería suficiente, le indico el nombre de un enfermero que podría venir a casa para brindarme terapia todos los días, o bien otra opción sería, acudir a la clínica de terapia física localizada en la misma ciudad, salimos de la clínica, quizá tenía que trasladarme a vivir allá, entonces, mamá penso en rentar un departamento, para no tener que viajar diario... lejos de Roberto...

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