un espectáculo impresionante

_ entiendo... yo entiendo, yo... no debo buscarte como lo hice, tú querías estar solo y yo fui imprudente, prometo no hostigarte mas

_ no, yo... quizás no me explique bien

_ tú quieres estar solo, ¿verdad?

_ amor, esto que estoy viviendo me hizo un hombre solitario, prácticamente crecí sin afectos, a muy temprana edad comencé a vivir solo, me hizo falta el amor de mi madre, de mi familia, a veces disfruto enormemente mi soledad, pero desde el día que te conocí, mi vida cambio, el día que no te veo siento que muero, no quiero ver a nadie, pero tú eres diferente, quiero estar siempre contigo.

necesitaba escucharlo, porque estaba muriendo, imaginando que me pediría que me alejara de el, lo abrace del cuello y el correspondió con un beso, dijo que a veces era inevitable su transformación y que de la misma forma, su necesidad por permanecer aislado era imperiosa; nos despedimos y salió por la ventana, prometió volver mañana por la tarde, prometió mostrarme su mundo, ese mundo muy diferente al nuestro, que disfrutaba y lo hacía feliz

al día siguiente, acudí a la escuela, me sentía feliz, aunque él no volvió a la escuela, lo había visto una noche anterior y eso llenaba mi alma; al salir de la escuela, camine unas cuadras hacia casa y ahí estaba, en una esquina, sonriendo, me acerque y el me abrazo, vestía todo de negro pantalón , zapatos deportivos, chaqueta y cachucha, para mí era el hombre perfecto, me dijo al oído

_ te espero en el lago, tengo una sorpresa para ti

_ iré más tarde

llegué a casa, Diego estaba viendo la televisión, Sebastian quizá por ahí con sus amigos, me dirigí a la cocina y prepare unos sandwiches con pollo y salsa, le ofrecí de comer a Diego y fui con mamá para pedirle permiso para salir con Amanda, mi mamá me pidió que regresará temprano y acepte, solo me puse una chamarra y salí, llegué al lago y toque la puerta, de la casa de Roberto, su casa era como, una casa rodante, realmente no sé si él vivía en ese lugar o solo era una fachada, en ese lugar no había nadie, dentro había, una pequeña cama, con una mesita y en ella unos libros de química, en el centro u pequeño sillón con una manta azul, en la cocina una parrilla, a un lado un pequeño fregadero con un vaso, un plato 3 cucharas y una cacerola, me senté a esperarlo, después de unos minutos, apareció Roberto, con un shorts y unos tenis, su pelo mojado y sus ojos brillaban y me miraban fijamente, mientras el se ponía de rodillas ante mi, me beso con delicadeza, de pronto risas y burlas se escucharon detrás de el, era René y sus amigos, supongo que en algún momento, vieron a Roberto y lo siguieron, quizá no esperaban verme con el, y su molestia era evidente, ya era casi de noche, estaba oscureciendo, me levanté del lugar, camine en dirección al camino dispuesta a marcharme del lugar, Roberto se levantó incómodo y camino hacia mi, a unos 5 pasos de esa casa, entonces me tomo de un brazo, me condujo al lado contrario de ellos y en dirección a su casa, me pidió que entrara y ahí lo esperara, ellos comenzaron con sus ironías, hablando de mi integridad y de la hombría de Roberto, pero el sin levantar la voz, sin gritar comenzó a dar unos pasos agigantados, muy lentos, en la oscuridad se perdió y ante la sorpresa de todos, regreso un lagarto grande y fuerte, sus pasos parecían arrastrarse ante nosotros, yo me asombre ante la perfección de algo inusual, sentí que era una forma de mostrarse ante mi, él quería que yo lo conociera tal y como era, pero más que eso, parecía un macho mostrando su gallardía y coraje, René y sus amigos solo servían de pretexto, eran el juguete de un dios; a cada paso que el daba, su cola la aleteaba de tal forma, que su sonido era impresionante, ese era el latigazo que se escuchaba, mitad de su cuerpo se arrastraba y la otra mitad ergida sobre su tórax, mi corazón latía muy fuerte, era, un espectáculo impresionante, nuevamente todos corrieron y yo quedé frente a el hipnotizada, se paró frente a mi, me tomo de la mano y cubrió mis ojos y mi boca y me sumergió de un clavado al lago, luego me hizo abrir los ojos, estábamos dentro de un torbellino de agua, parecía un surco que nos conducía a algún lugar, estaba maravillada ante tanta belleza, el agua parecía sucumbir ante un rey, desendiamos en un remolino, el me conducía de la mano como una muñeca de trapo, llegamos, todo parecía una ciudad pequeña, bajo el agua, Roberto me conducía, con paciencia, nadando casi sobre el, dentro parecía que caminaba sobre arena blanca, el agua transparente, serena, había hongos gigantes, con plantas sobre ellas, muy coloridas que parecían el adorno de las casas, de ves en ves Roberto se acercaba y ponía su boca en mi nariz, abría su boca y mi nariz y boca quedaban dentro de la suya, algo ponía para poder continuar en ese lugar, había lagartos, de tamaño normal, peces muy grandes, nadavan todos juntos, plantas acuáticas, me llevo a su lugar secreto, una burbuja de aire, bajo el agua, sobre una superficie de piedra blanca, en un extremo caía un chorro de agua que simulaba una cascada en un risco, ahí pude descansar un poco para poder regresar, imaginé siempre, que cuando el hablaba de descansar en el lago, hablaba de charcos, lodo, plantas, muy lejos estaba de imaginar está belleza interior, pleitos entre animales por defender un territorio o defender sus crías, pero Roberto estaba por encima de todo esto, pues el era el único en su especie, había sabido adaptarse a un espacio y otro, el de los animales y el de los hombres, me atrevería a decir que el de los animales era más bello y menos complejo, ellos peleaban por una necesidad verdadera y nosotros casi siempre por algo tonto; me recupere y volvimos a las aguas, le hice una pregunta, quería saber dónde el me había visto por primera vez y me condujo a un extremo del lago, cerca de donde yo estaba, había parte del lago pero con algo de profundidad, había plantas acuáticas flotantes, ahí podía mantenerse por mucho tiempo escondido, ya era tarde, necesitaba regresar pronto a casa, pero estaba toda mi ropa mojada y olía a musgo y tierra, no quería que me vieran así, quería bañarme primero, Roberto con su agilidad y su fuerza me subió a mi ventana, me despedí de el y corrí a bañarme, papá y mamá ya me buscaban, pude decir que ya tenía tiempo bañándome en casa.

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