LAO
Me despedí de mi mamá y me encaminé a mi departamento. Se que le dije a Daniel que me quedaría con mi mamá pero solo quería el pretexto para no verlo. A veces siento que él está conmigo solo porque yo soy la única con la que puede descargar sus deseos sexuales. Hemos estado juntos durante estos ocho meses y las únicas que saben de lo nuestro es Soni y Mariam pero como él dijo, discreción en el tema.
Le he dado vuelta al asunto y a mi parecer la chica nueva le agrada. Salir de su oficina solo para mostrarle el comedor de la empresa es demasiado para mi. No se si estoy siendo demasiado celosa que estoy llevando la realidad a otro extremo.
Después de hablar con Daniel y decirle que me quedaba con mi mamá, él no volvió a llamar.
Al llegar a mi departamento lo primero que hice fue darme una ducha extensa. Me puse mi pijama y me metí debajo de mi cobija. Sentía ganas de llorar.
Llegó un mensaje de Mariam.
—Hola Lao. ¿cómo te sientes? He estado pensando que tal vez estés embarazada.
Leí el mensaje una y otra vez. Esto es imposible, desde que me volví activa con él, llevó tomando anticonceptivos sin fallar un solo día. Ademas, ando en mi periodo.
—Ya estoy mejor. No estoy embarazada, asi que esa idea sácala de tu cabecita.
—Después que te fuiste, Daniel vino a buscarte otra vez hasta que le dije que te sentías mal y te fuistes a tu casa.
— Si él me llamó. Mariam te veo mañana. Quiero descansar. Buenas noches.
Puse mi celular a un lado. Me quedé dormida.
A la mañana siguiente me preparé para ir a la empresa. Esta vez no formé parte del ritual de recibimiento de Daniel. Me quedé en la oficina sentada.
— Si no me cuentas qué sucede, te juro que iré a preguntarle a Daniel. Nunca de los nunca te has quedado en la oficina.
— Mariam. No sucede nada. Solo que tengo miles pensamientos en mi cabeza.
Mariam recibió una llamada.
— Daniel quiere que te presentes en su oficina. Y porque me llama a mi, si lo puede hacer directamente a tu celular.
— ¿Mi celular? Lo olvidé en casa.
Me encaminé a la oficina de Daniel.
Toqué la puerta y entré.
Y lo primero que veo es a esa muchachita de finanzas. Me hirvió la sangre y sentía como una explosión en mi corazón.
— Disculpe señor Daniel. Vendré en otra ocasión.
— Ella ya se retira.
La tipa le tiró una sonrisita y salió.
Terminé de entrar a la oficina. Creo que aunque no diga nada, mi cara era suficiente para darse cuenta que estaba celosa y muy molesta.
— Siéntate Lao.
— Estoy ocupada. No tengo suficiente tiempo. Lo que usted tenga que decirme, dígalo.
— Puedes detenerte con tu enojo. No soy un estupido como para no darme cuenta de tu molestia. No tengo nada que ver con ella.
— Está bien. ¿Puedo irme?— tenía la lágrima casi por salir.
Él se puso de pie y se dirigió hacia donde estaba. Puso su frente en mi frente. Rompí en llanto.
— No te engaño. Confía en mí.
— Sabes cuántas veces he visto cuando una mujer te coquetea y está bien, eres un hombre atractivo físicamente. Pero también he visto que tú no das tregua y la terminas poniendo en su lugar pero con esta mujer no has hecho nada más que seguirle sus coqueteos. ¿Te agrada? Dime. ¿Te agrada como mujer? ¿Ella también te motiva sexualmente?
Daniel se paró junto a la ventana. Estaba molesto.
— En primera, no tengo nada que ver con ella. Segundo, la única mujer que yo amo es a ti pero acabas de pasar esa línea del atrevimiento. Si te conté mi situación como hombre no es para que cada vez que te molestes me lo vayas a sacar en cara.
— Puedes decir lo que quieras pero porque no has puesto ese límite entre tú y ella. Además, son 8 meses y que, siempre estaré en el anonimato— mis lágrimas no paraban.
— Estás haciendo todo grande. Te ahogas en un vaso de agua. Te voy a pedir que te retires de mi oficina y cuando te calmes y creas que podamos hablar entonces regresas.
— Me estás diciendo que me vaya— mordí mi labio— Mejor aún, no solo me voy de tu oficina también me voy de tu empresa. En este momento se acabó todo entre nosotros y renuncio.
Daniel dirigió toda su atención a mi, cerró sus ojos y suspiró.
— Lao te estás escuchando. Solo te pedí que salgas, te calmes y cuando estés tranquila, regreses. Yo no quiero dejarte.
Lo dejé hablando y me dirigí a la puerta de la oficina con mis ojos rojos y humedecidos de las lágrimas.
Daniel me tomó la mano. Lo volví a ver y clavé mi mirada a sus ojos. Solté su mano.
— Lao.
Salí de la oficina. Me fui al baño a lavarme la cara. Cuando entra Arlen con una de sus compañeras de trabajo.
— Daniel es un hombre especial, anoche la pasamos texteando. Lo tengo comiendo de mi mano— Le decía Arlen a la otra empleada, Luisa.
— Ahorita creo que todas te envidian. Hasta que por fin alguien seduce al jefe. Ayer cuando llegaste con él al comedor quedamos con la boca abierta.
Me limpié la cara con una toalla. Y le pregunté.
— ¿Estás saliendo con el CEO?
— Es pronto para decir eso pero estamos encaminado en eso— Arlen sonrió.
— Aquí dicen que él es gay ya comprobaste que no lo es— le dije.
— Mmm si. Ayer que le tomé la mano pude ver como su pantalón se abultó y eso solo es signo que lo excito.
— Felicidades entonces en tu relación con el jefe— sentía como mis jugos gástricos hacían mi estómago chiquito— Y puedes mostrarme los mensajes de textos es que difícil creer que el jefe ceda.
— Si— Sacó su celular y me mostró una pequeña conversación que tuvieron en la noche y él le contestó. Él alababa su color de ojos.
— Seguro que ese es su número. ¿Cómo lo conseguiste?
— Él me lo dio.
— Mis felicidades. Seguro Mariam debe andar buscándome. Me voy.
Salí del baño y me quedé parada en la puerta unos segundos. No sabía si ir donde Daniel para ver qué me diría esta vez. Me sentía traicionada.
Fui a mi oficina. Mariam no estaba. Abrí Word y escribí mi renuncia. La imprimí y me encaminé a la oficina de Daniel. Estaba segura de mi renuncia.
Otra vez me son infiel.
Llegué a su oficina. Entré sin golpear. Él me miró.
— Aquí está mi renuncia.
— Sabes que cuando uno está enojado es cuando tomamos las peores decisiones.
— Puede ser.
— Entonces no lo hagas.
— Anoche, ¿texteaste con Arlen? ¿Le diste tu número? Dime en mi cara que no le aceptas sus coqueteos. Dime en mi cara que no te excitas con verla.
—¿De qué hablas? Yo no he chateado con ella. No comparto mi número con nadie y eso lo sabes.
— Eres un mentiroso— mis lágrimas rodaban por mis mejillas.
Daniel trató de abrazarme.
— No me toques. Terminamos.
— No me digas eso. Puede que me sienta molesto porque desconfías de mi pero te puedo jurar que yo no he chateado con ella. Lao te amo.
Sonreí. Sali de la oficina. Daniel me siguió.
— Hablemos.
— No hagas el show aquí que se pueden dar cuenta. A ti te doy pena.
Me abrazó por la espalda.
— No me das pena. Regresemos a la oficina. Escúchame.
— No.
Me solté a como pude y salí corriendo. Llegué a mi oficina, tomé mi bolso y salí de inmediato. Mariam quiso preguntarme pero no le di el paso a hablarme.
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Updated 34 Episodes
Comments
Lizbeth Ahumada
yo haría lo mismo que Lao, parece para el solo desahogo sexual
2025-04-02
0
Carmen Moreno
creo que Lao está actuando con inmadurez. y más sabiendo que esa empleadas son unas regaladas.
2024-04-17
2
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Muy infantil Lao, hay que escuchar las cosas de la persona directamente implicada, a menos que lo haya agarrado con las manos en la masa. 😶🤔😶🤔🇦🇲🇦🇲
2024-04-08
1