LAO
El señor CEO me acaba de besar y lo primero que hice fue bofetearlo. Qué estúpida soy. Si desde que lo vi he quedado enamorada de él.
— Perdón por pegarte en la cara es que.. — Daniel no me dejó terminar.
— Ahora que harás para compensar tu violencia.
— ¿Qué quieres que haga? ¿Cómo quieres que te compense? Dinero no tengo.
Él sonrió. Se acercó nuevamente, me tomó de la cintura y me besó hasta dejarme sin aliento. Esta vez no resistí, no dije nada, solo lo dejé ser.
Entre besos y caricias, él quitó mi blusa quedando a su vista mis senos. Cómo estaba en mi casa y no pensé que realmente viniera, camino sin sostén por comodidad.
— Señor Daniel usted va acelerado— el mordía sus labios.
— No me digas señor Daniel. Desde hoy tú eres mi novia, dime Daniel.
— Perdón, ¿Cuándo me lo pidió?
Él se acercó y me abrazó.
— Gracias.
— ¿Por qué me da las gracias?
— Quiero seguir. ¿Me permites?
— Por qué preguntas ahora sí todo lo ha hecho sin preguntar.
De cierta forma ese mando de él me gustaba.
Lo tomé de la mano y lo llevé a mi habitación. Me senté en la cama y suspiré. Estaba nerviosa. Tenía al gran señor Daniel en mi cuarto, solo para mí.
Daniel se acercó y empezó aquella rutina de besos apasionados. Era como un animalito desenfrenado. Quedé totalmente sin nada de ropa y él se quitó su camisa.
Bajó solo un poco su pantalón y nos funcionamos en un mismo movimiento. Sus gestos eran únicos, lo hacían ver más sexi. Terminamos envueltos en sudor. Mis piernas temblaban, tenía años de no hacer nada.
Nos quedamos uno al lado del otro.
Sonó uno de los comentarios de Soni en mi cabeza. Qué el era autista y que los hijos pueden salir dementes. No me cuidé y él tampoco. ¿Por qué estoy pensando esto?
Daniel se volteó y me abrazó. Lo vi con el entrecejo fruncido.
— ¿Qué sucede?
— Nada.
— No creas que ando de casa en casa donde viven mis empleadas. Esta es la primera vez ocurre esto.
— ¿Por qué yo? No es que no me atraes o que no me gustes. Desde que entré a trabajar para ti, me has gustado como no te imaginas pero estaba resignada a solo verte de lejos.
— Solo te voy a decir algo. Tú me gustas. Desde hoy tú eres mía.
— ¿Qué van a decir mis compañeras de trabajo? Qué soy una ofrecida. Sabes que todas las mujeres de tu empresa están enamoradas de ti.
— Lao. No soy ciego. La única que quiero a mi lado es a ti. Eres la única con la— Daniel dejó de hablar— Te pregunto, no quieres que empecemos una relación. Si te preocupa lo que digan los demás o por qué tú y no tus compañeras. Tú crees que no se qué dicen de mí en la empresa.
Abrí los ojos enormemente.
— ¿De qué tienes miedo?
Cerré mis ojos, suspiré, lo vi directamente a sus ojos y me puse encima de él. Toqué sus cabellos, pasé mi dedo índice derecho desde la frente hasta llegar a sus labios. Lo besé.
— Se que no me preguntaste y solo me diste una orden pero yo quiero contestar como que tal me propusiste. Acepto ser tu novia. Acepto esto que me ofreces voluntariamente porque me gustas mucho.
Él sonrió. Suspiro tan fuerte. Me derribó hacia un lado y me abrazó.
— No te vas a arrepentir. ¿Puedo quedarme toda la noche contigo? Me gusta sentir tu piel con la mía.
— Puedes. A mi gusta tu calor.
Nos quedamos dormidos.
Cuando desperté, Daniel no estaba en mi cuarto. Me levanté y lo busqué en toda mi casa pero ya se había ido.
¿Lo soñé o fue real?
Me bañé y me preparé para ir a trabajar. Pase por la farmacia comprando las famosas píldoras para la mañana siguiente. No quería quedar embarazada, creo que esto era lo único que me ponía inquieta con Daniel.
En cuanto llegué a mi oficina, tomé un vaso con agua y tomé la píldora. Salimos a recibir a Daniel.
Entró tan impecable. Solo de recordar lo de anoche mi cara automáticamente se puso roja. En cuanto pasó a mi lado bajé mi mirada.
Al regresar a la oficina me sentí con náuseas. No desayuné y me tomé la píldora sin nada en el estómago. Me fui al baño porque sentía las arcadas. Estaban las mismas dos empleadas de finanzas. En cuanto me vieron me torcieron los ojos.
Salí del baño.
— Aquí estabas Lao. El señor Daniel quiere que vayas a su oficina. No lo habrás hecho enojar. ¿verdad?
— Supongo que no. Ve rápido, tú sabes que él es intenso y mal humorado.
Llegué a su oficina. Me detuve en frente de la puerta. Estaba muy nerviosa. Toqué la puerta y entré.
— Buenos días señor— me detuve al hablar y recordé que me dijo que no le dijera señor— Buenos días Daniel.
— Buenos días Lao. Llévale esto a Mariam— me extendió unos papeles.
Caminé hasta la puerta y me detuve. Bajé mi cabeza. Me sentía confundida. Ayer llegó a mi casa y tuvimos relaciones y hoy actúa como siempre. Es un bipolar o solo soy un juego.
El rodeó mis hombros con sus brazos y puso su frente sobre mí cabeza.
— No pienses tanto. Perdoname por ser simple y rudo. No he olvidado que eres mía— mordió suave mi oreja.
Me voltee y lo abracé.
— Se que estamos en el trabajo pero esto me confirma que no fue un sueño lo de anoche.
— Tonta como puede ser un sueño.
Me empujó hacia la pared, sujetando mis manos hacia arriba. Los papeles se cayeron al piso.
— Mira como me pones.
Tocaron la puerta. Me solté del agarre de Daniel, recogí los papeles y el regresó a su escritorio.
— ¿Puedo pasar señor Daniel?
— Si.
— Me retiro entonces— le dije a Daniel.
Entró la empleada de finanzas, la misma que se había declarado. Revisé su identificación que llevaba puesta en su camisa, se llama Nancy.
La miré con desagrado y miré a Daniel.
— Dígame señorita Nancy— dijo Daniel.
— Es algo personal. Necesito que ella se retire para poder decirle.
En cuanto escuché esto, contesté.
— Perdón, ya me retiro.
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Updated 34 Episodes
Comments
Lety
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
2025-01-27
0
Salomé Páez
* Esperemos que le dure, y no sea solo x un momento *
2024-07-17
3
Salomé Páez
* jajajajajajajaja vamos que se puede💪*
2024-07-17
1