peticiones

Ver a ese pequeño era ver una mini versión de Maximiliano, no había ninguna duda de que ese pequeño era nuestro hijo. No pude contener mis emociones, caí de rodillas al piso llorando desconsolada. Tenía 4 años sin verlo y hoy lo tenía justo en frente de mí.

- Él quería conocer a su madre -prosiguió Amaia, mientras señalaba a mi pequeño, que está tomado de la mano de Emilia- y como Samuel no es tan cruel como ustedes dicen, pues dejó que vinieramos a acompañarlo.

- ¿Cómo puedes decir que ese ser no es cruel si me quitó a mi hijo? -grité con un profundo dolor en mi alma.

- Anda a saludar a tu mamá -le dijo con desprecio al pequeño. Este miró a Amaia y luego miró a Emilia, esperando su aprobación. Estuvo asíntico en silencio y lo soltó para que pudiera acercarse.

Di unos pocos pasos con mucha cautela, como si lo fuéramos a lastimar. No sabía qué tanto le había dicho Samuel de nosotros, así que tenía que tratar de calmar mis emociones para no asustarlo. Apenas sentí su manita tomar la mía, se me olvidó el mundo. Lo tomé con fuerza y lo apreté a mi pecho.

- ¡Oh, pequeño mío, has vuelto a tu casa! -le dije entre lágrimas.

- ¿Tú de verdad eres mi mamá? -preguntó con duda.

- Sí, sí lo soy, mi amor. Te he esperado tanto tiempo -pero antes de poder seguir disfrutando su abrazo, mi hijo me alejó de él.

- Papá dijo que podía conocerte, aunque tú nos hayas abandonado -dijo con tristeza.

Toda la oración que había dicho Marcus me golpeó con tanta fuerza que volví a la realidad.

- ¿Cómo que tú papá, cariño? -dije confundida mientras miraba a Amaia en busca de ayuda.

- Samuel lo ha criado como su hijo, ¿a quién crees que se refiere? -dijo con sarcasmo-. Obvio que no a tu adorado amante.

- Mami, ¿por qué nos abandonaste? -me decía el pequeño que tenía en frente.

- Yo... yo no te abandoné, mi amor.

- Sí lo hiciste, pero no importa, yo igual quería conocerte -sus palabras me hacían sentir de cierto modo culpable.

- Samuel, ya es hora de que regresemos -le ordenó Emilia.

- Samuel - dije con indignación.

- Es el nombre de su padre - respondió Emilia con enojo.

- Él no es su verdadero papá, y ustedes lo saben - les recriminé. - Él es mi hijo, no tienen derecho de llevárselo.

- Si quieres volver a estar con él, deberás regresar con nosotros - respondió Emilia con superioridad. - Son las condiciones de Samuel.

- Puedes decirle a Samuel que se meta sus condiciones por el... - dije llena de ira. - Traté de colocar a mi hijo detrás de mí, pero fue en vano, él no me hizo caso alguno, se dirigió a donde estaba Emilia y ella volvió a tomarlo de la mano.

- No te vayas, por favor... no te lo lleves - le imploré.

- No tienen derecho a llevarse a nuestro hijo - dijo Maximiliano, colocándose junto a mí.

- Déjalo que esté con ella un poco más - sugirió Amaia.

- ¿Se te olvidaron las órdenes? Ya Victoria vio al niño, ahora queda esperar su decisión.

Todo a mi alrededor se quedó en silencio. No quería perder de nuevo a mi hijo. Quería irme con él. Eso sería poder tener una esperanza de poder rescatarlo, pero por otro lado, él no me tenía confianza. No sería tan fácil sacarlo de las garras de Samuel. Necesitaba conocer qué tanto había ensuciado la mente del niño. Pero antes de tomar una decisión precipitada, debía consultarlo con mi familia e idear un plan.

- Yo soy una extraña para el niño. Necesito que nos conozcamos. Si después de eso, Marcus me pide que me vaya con él, lo haré.

- ¿Qué? - escuché que gritaron todos al unísono.

- Victoria, por favor, Violeta también te necesita - me apremió mi suegro.

- Ya hice mi petición. Infórmale a tu jefe lo antes posible que yo esperaré con paciencia su respuesta.

- No creo que Samuel...

- Le haremos saber tu petición, Victoria - la interrumpió Amaia, mientras le tendía la mano a mi hijo para marcharse, pero este solo se le quedó mirando a Emilia, que estaba roja del coraje, pero sin poder reprocharle nada a la esposa de su jefe. Tomó la mano de mi hijo a regañadientes y se marcharon. No pude negar que mi corazón caía de nuevo a mis pies al ver marcharse ese pedacito de mi vida.

-¿Vico estás bien? - preguntó mi esposo preocupado.

-¿Cómo ha podido ese infeliz hacerle eso a un niño? - dijo Ignacio indignado mientras se acercaba a mí en forma de consuelo.

-¿Cómo ha podido cambiarle el nombre? - escuché a Adriana decir, a modo de reproche.

-Mami, no llores, mi hermanito volvió, viste que los deseos se cumplen - me dijo mi princesa, haciéndome caer de nuevo en la realidad. La abracé con mucha fuerza, de forma que jamás se alejara de mí.

-Amor, pronto estaremos juntos. A Marcus habrá que llevarlo a terapia, pero podremos superarlo juntos - dije mirando a Max con ternura, sequé mis lágrimas y lo besé suavemente.

-Tienes razón, saldremos de esto juntos, como siempre lo hemos hecho.

...****************...

SAMUEL

-Así que mi pequeña gata salvaje sacó sus garras. Me parece muy bien, es una manera de acercarnos a ellos - dijo Samuel.

-Samuel, yo no creo que sea buena idea. Podrían hacer cambiar al niño de parecer - se quejaba Emilia.

-Y para eso están ustedes, inútiles. Si ella quiere convivir con el niño, tendrá que vivir con ustedes ahí, porque no permitiré que el niño se quede solo con ellos.

-Sam, deberíamos dejarlo todo hasta aquí - las palabras de Amaia me hicieron enojar.

-Victoria está sufriendo mucho y yo...

-¿Y tú qué? - le grité mientras le alzaba la mano para castigar su imprudencia, pero me detuve.

-Sé que este tema te pone muy sensible, pero recuerda que fue por culpa de ellos que perdiste a nuestro hijo - traté de consolarla.

-No creo que haya sido culpa de nadie - respondió con pequeñas lágrimas que amenazaban por caer y manchar ese hermoso rostro.

-Sí lo fue, amor mío. Ellos nos destruyeron la vida, es hora de que paguen - sequé sus lágrimas y la besé con brusquedad.

-Anda a ver qué está haciendo Samuelito - le ordené.

-Está bien - dijo obediente y se marchó.

Me acerqué a Emilia, la tomé del cuello y la apreté contra la pared.

-Le dirás a Victoria que aceptamos, pero que vivirán ahí con ellos. Deberás cuidar que Samuel no se entere de la verdad y que siga odiando a Maximiliano, como lo ha hecho hasta ahora - luego la besé con pasión y la solté para poder tomar aire-. Ten mucho cuidado con Amaia, lo que menos necesitamos es que sea un estorbo y se ponga de parte de Victoria.

-¿Y si nos traiciona? -preguntó Emilia con los ojos muy abiertos, prestando atención a cada orden que le daba.

-Si ella falla, mátala -respondí sin un ápice de emoción.

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Comments

Verónica Bar

Verónica Bar

Es ilógico totalmente, después de 4 años ve al hijo y lo deja ir con el secuestrador... puede llevarlo al psicólogo para que lo ayude a entender que paso, nadie actuaría así. Sé que no es real pero debería ser coherente.

2024-11-04

5

Gladys Dona

Gladys Dona

Realmente es insólito ello tienen custodias podrían haber retenido al niño llamar a la policía y mandar presas esa mujeres porque tanto esperar

2025-04-02

0

Irma Liturgia

Irma Liturgia

no creo que no les quepa en la cabeza que ya teniendo a Emilia y Amaia con ellos no las metan a la cárcel y digan donde está Samuel

2025-02-13

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