Fueron pasando los días, las semanas y los meses, yo me quedé a vivir en la universidad y los fines de semana me veía con mi mamá, salíamos a pasear o a comer o la acompañaba a realizar las compras de la casa de mi padre.
No volví a pisar su casa, no volví a verlo ni siquiera de lejos, no le preguntaba a mi madre por él y ella lo notó, por lo que al principio me hablaba de él y poco a poco ya no lo mencionaba en nuestras salidas.
A Sebastián lo veía en la universidad y en ocasiones nos tomábamos un café o me invitaba a almorzar, dejé un poco la obsesión que tenía con él, no porque quisiera si no porque de esta manera él estaba más cerca de mí, cuando le hablaba de mis sentimientos se iba y me dejaba sola, mientras que cuando estábamos en plan amigos la situación cambiaba y él me dedicaba más tiempo.
Digamos que mi vida había estaba pasando por una especie de tranquilidad, aunque me preocupaba el hecho de que Sebastián ya iba a culminar sus estudios, ya que en una de nuestras conversaciones me había comentado que al culminar iría a España a pedir su herencia.
Ese día sentí algo de miedo ya que eso significaba que me iba a quedar aquí sola, sin él, pero no podía hacer nada era algo que en algún momento debía suceder y pensaría en positivo, podía volver por mi e irnos a algún lugar en el que nadie nos conociera y si no, por lo menos intentaría disfrutar este tiempo que queda a su lado.
Cuando me dijo eso comencé a preguntarle acerca de España, que recordaba de su lugar natal, que le gustaba de allá y el se mostró bastante receptivo con el tema, por lo que estuvimos un buen rato hablando, por lo que entendí que la manera de acercarme a él no era el acoso al que lo había sometido sino mas bien intentar ser su amiga.
Desde ese día nos veíamos casi todos los días, así fuera un rato, en ocasiones íbamos a comer o íbamos al cine, este plan me encantaba porque allí me tomaba de la mano y estábamos más cerca, a veces solo llegaba a la residencia donde vivía y yo salía para hablar durante hora, me contaba como le iba en la universidad, me hablaba de sus amigos y a veces me sermoneaba porque uno de sus amigos estaba siempre pendiente de mi y a él eso no le agradaba.
Ese amigo se llama Peter y era encantando, a la vez que era muy guapo, era un chico alto, cabello rubio, ojos azules como el mar, era delgado pero definido, este tipo de hombre que así no haga ejercicio se ve bien, aunque sé que, si lo hacía, el me llamaba la atención.
Había ocasiones en las que nos encontrábamos y el estaba con su grupo y yo con el mío, por lo que poco a poco las cosas se fueron dando y todos nos tratábamos, algunas de mis amigas comenzaron a frecuentar a algunos de sus amigos, así que era más sencillo estar cerca de él.
Peter siempre estaba a mi alrededor, hablábamos mucho y era muy divertido, tenía cada ocurrencia que ni te cuento, en esos momentos en que todos tomaban una pareja él se volvía la mía y a Sebas eso le molestaba enormemente aunque lo que más odiaba él era el hecho de no poder reclamar nada, por lo que se hacia pasar por tío celoso y parecía que estaba cuidando a su pequeña sobrina.
Ya las clases estaban terminando y yo estaba buscando empleo como loca, no quería que se me acabara el dinero que me había dado mi papá ya que no era mucho, pero me ayudaría por algún tiempo y no quería pedirle dinero a mi mamá, de pronto me llama para decirme que quiere hablar urgente conmigo y le aviso donde estoy para que nos encontremos en una cafetería cercana.
Cuando el llega me estoy tomando un baso de agua y su expresión cambió, no supe leer lo que pensaba.
- ¿Porque no pediste otra cosa? – preguntó sin siquiera saludar
-Tenía sed – le dije sin pensarlo mucho, aunque en realidad era que no quería hacer ningún gasto fuera de mi presupuesto.
-¿Es eso o te estas quedando sin dinero? – creo que me lee el pensamiento o me está investigando, aunque lo ultimo no creo ya que nadie sabe de mis problemas financieros.
-Solo quería un poco de agua – le respondí inmediatamente, yo casi nunca pedía agua “normal” usualmente pedía con gas y sabor a limón, de verdad que el me conocía bien.
- Voy a hacer que te creo - se sentó conmigo y me entregó un recibo de pago.
Tomo el recibo y reviso que es, pongo mis ojos como platos ya que no podía creer lo que me estaba entregando, era el pago de mi residencia por tres años, lo que me daba tiempo de quedarme allí unos meses luego de la graduación y poder buscar empleo con calma sin tener que trabajar o pedir dinero a mi madre.
-Yo no puedo aceptar esto, es mucho dinero – fue lo que pude decir.
-No me van a devolver ese dinero y tu lo necesitas, además me gusta el cambio que has dado desde que saliste de tu casa y te quiero ayudar en lo que pueda, por lo que te recomiendo que abras una cuenta en el banco y guardes el dinero que dio tu papá para que solo lo uses cuando sea estrictamente necesario.
-¿Cómo sabes tu eso? –
No sabía cómo tenía esa información, mi padre sólo entro una noche a mi habitación y dejó el sobre mi mesa de noche, yo hice como que dormía.
-Yo se muchas cosas sólo que no las digo, recuerda que el habla conmigo más que contigo – dijo bastante serio
Lo abracé y le di un beso en la mejilla.
-Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias – era lo único que podía decirle.
Me salvó la vida y en momento como este era que me daba cuenta de que el sentía algo por mí, lo sabía, estaba segura, pero no podía decirle nada para apartarlo de mi lado.
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Comments
Edith Jimenez
es todo un caballero
2023-04-30
6