-¿Qué dijiste...?
Una voz áspera y gruesa se escuchó al fondo de la habitación oscura, la cual sonaba furiosa e indignada. La silueta sentía dolor, pero al escuchar las palabras del ángel perverso a su disposición, se olvidó por completo de las heridas que había en su cuerpo.
-Dios le asignó un arcángel al chico. Al principio pensé que había sido para vigilarlo, pero ahora estoy seguro de que lo hizo para ponerlo en tu contra.
Dylan no tenía pensado criticar las acciones de su creador, pero esto era algo que lo confundía demasiado. Cualquiera creería que un arcángel sería ideal para ayudar a Elios a sobrellevar su maldición, que de hecho esta debería ser la razón principal de Dios; pero este no era el caso.
Cada vez que Dylan visitaba a Elios, sentía cómo la energía celestial de aquel ser invadía la casa de Elios y todo su entorno, haciendo que los entes no quisieran acercarse en lo más mínimo. Como la naturaleza de Dylan era algo que los ángeles odiaban, se sentía sofocado por aquella energía, pero aun así debía aguantar para obtener la información necesaria y comprobar sus sospechas al respecto.
Dylan no pudo descubrir la identidad del ángel arcángel, pero sabía que no solo estaba cuidando de Elios, sino que tenía intensiones ocultas que seguramente Dios había planeado.
-¿Cómo llegaste a esa conclusión?- Satanás tenía toda su atención en el pelirrojo, importándole poco el dolor de sus heridas.
Satanás quería saber qué haría Dios con su zorro dorado y por qué le asignó un ángel a estas alturas.
-Si Dios no le asignó un ángel guardián desde que nació, fue porque él mismo quería cuidar de Elios. Pero, cuando se formó el vínculo entre ustedes, Dios perdió la oportunidad de acercarse a Elios, por lo que no hizo nada durante este tiempo. Sin embargo, ahora, no solo le asignó un arcángel, sino que, casualmente, lo hizo después de tu "visita".- dijo, haciendo énfasis en la última palabra. -Creo que Dios quiere ponerlo de su lado ahora que estás fuera del juego.
Las heridas de Satanás habían mejorado un poco, pero aún eran bastante graves. Si bien, había algunos demonios con habilidades curativas, Satanás se rehusaba a querer usarlos, ya que las criaturas enloquecerían al ver a su rey malherido y derrotado. Además, su cabello azabache era el que presentaba más cambios: este se había vuelto más largo y unos mechones de color blanco comenzaron a crecer desde la raíz, haciendo que se vieran algunos tonos grises y plateados.
Al estar en un lugar oscuro y sin un solo rastro de luz, Satanás no se dio cuenta de este cambio, por lo que no le daba mucha importancia a su apariencia. Dylan, por el contrario, si lo había notado, pero pensó que se debía a un efecto secundario de las heridas recibidas por parte de Dios.
Dylan miró a Satanás, quien tenía una mirada llena de odio mientras pensaba en mil cosas al mismo tiempo, buscando la verdadera razón por la cual Dios había hecho tal movimiento.
-Si es como dices, entonces tengo menos tiempo para recuperarme completamente.- Satanás apretó sus dientes, reteniendo el dolor de las heridas.
El solo hecho de imaginar a su pequeño zorro dorado en manos de Dios hizo que su ira aumentara de forma precipitada y que sus ojos tomaran un color carmesí, brillando de rabia. Satanás no quería que Dios le quitara a Elios de su lado, y Dios no permitiría que Satanás estuviera cerca de Elios. Era una pelea para ver quién se quedaría con Elios o quién lo salvaría de las manos del otro.
Dylan miraba a Satanás en silencio, temiendo decir una palabra al verlo en ese estado. Una gota de sudor se deslizó por la frente de Dylan al recordar a Elios, quien no se encontraba muy bien de salud. Dylan no le había contado esto a Satanás, por lo que empezó a dudar de querer hacerlo.
Aunque Dylan debía informarle a Satanás de todo lo que pasaba con Elios, sabía que no era un buen momento para hablar sobre la salud del castaño, ya que eso haría que Satanás se preocupara y actuara de manera impulsiva. Satanás debía concentrarse en sanar sus heridas y recuperar su fuerza y poder, por lo que Dylan decidió limitar sus palabras.
-Él está empezando a extrañarte.- Dylan se dio la vuelta, abriendo una especie de portal para retirarse de aquella habitación oscura, dejando a Satanás solo otra vez.
Satanás abrió sus ojos de par en par al escuchar las palabras de Dylan. Ciertamente, Dylan no estaba mintiendo y Satanás había escuchado bien. Elios lo extrañaba, su zorro dorado lo extrañaba.
Un cosquilleo se instaló en el pecho del ser, provocando que los ojos rojos y brillantes de Satanás se apagaran y dejar en su lugar unos ojos oscuros y profundos, los cuales parecían llenos de emoción y alegría. Una sonrisa se dibujó en los labios del ser ql mismo tiempo que un ligero rubor coloreada sus pálidas mejillas. El dolor desapareció por completo al recordar el bello rostro de Elios y su suave voz diciendo su nombre, lo que provocó que otro cosquilleo apareciera, pero esta vez en su estómago.
-¿Estas serán las estúpidas mariposas de las que hablan los humanos?
Satanás quedó pensativo por unos segundos y luego miró el enorme ventanal que había en la habitación, levantándose con esfuerzo del rincón en el que se encontraba. Satanás caminó lentamente hacia el ventanal y corrió las cortinas que cubrían la luz de aquella extraña y hermosa dimensión. El cielo del lugar estaba repleto de estrellas y se extendía por cada rincón, teñido de colores violetas y azules, dándole un aspecto místico y galáctico.
La oscuridad de la habitación vacía le dio la bienvenida a la luz de aquel cielo, el cual también iluminó el rostro pálido y malherido de Satanás. Una brisa suave y fresca entró por el gran ventanal y Satanás sintió una inexplicable paz en su interior, provocando que su mente se relajara.
Satanás soltó un suspiro alargado y cerró sus ojos, apreciando la paz que se instalaba en su corazón. Para un ser como él, aquella sensación era totalmente nueva y satisfactoria, ya que en su larga existencia no pudo disfrutar de ella. Su mundo era la descripción de caos y terror, por lo que no existía nada parecido a la paz o tranquilidad. No hasta que un frágil humano apareció ante sus ojos e iluminó su corazón oscuro y despedazado.
-Mi zorro dorado...- Satanás abrió lentamente sus ojos, encontrándose con un cielo violáceo y lleno de estrellas.
Un sentimiento de angustia cubrió el corazón de Satanás al pensar en el pequeño castaño y su pecho se oprimió con tristeza, siendo el hecho de estar a su lado lo único que quería.
-Te extraño demasiado.
...
El reloj de alarma en la mesita de noche marcó las 11:15 p.m. La lluvia aún seguía cayendo a un ritmo tranquilo y el aire frío que entraba por algún rincón de la casa hizo contacto con el rostro caliente de Elios, quien todavía dormía profundamente en su cama, tapado con una manta.
Una llamada telefónica hizo que Elios frunciera el ceño, despertándolo de su profundo sueño. Elios abrió lentamente sus ojos dorados y emitió un bufido somnoliento, buscando su celular a tientas en medio de la oscuridad. Cuando sintió el teléfono con su mano, miró la pantalla para ver quien era el que lo llamaba. El brillo del teléfono hizo que Elios arrugara su cara, siendo cegado por un momento.
El teléfono había dejado de sonar y un número desconocido se veía en la pantalla. Elios se sentó en el borde de la cama, pensando que no podría volver a dormir. Había dormido casi un día entero y se sentía un poco descansado, pero aun así quiso terminar algunas tareas que le quedaban de la universidad.
Elios prendió las luces de su habitación y se puso ropa cómoda y abrigada, listo para hacer sus labores. Por alguna razón se sentía con un más de energía que antes, seguramente por el tiempo que había dormido.
Elios se dirigió al baño para lavarse la cara y poder despertarse completamente, mojando su rostro con agua fría. Al mirarse en el espejo, Elios notó que la marca de mordida había desaparecido casi por completo de su cuello, sin dejar rastro alguno en su piel. Elios llevó una mano a la zona y tocó por encima del lugar donde estaba la marca, comprobando que se había curado.
"No sé qué debería sentir al respecto...", pensó mientras recordaba el momento en que todo cambió.
Desde que aquella criatura dejó esa marca en su cuello, toda su vida cambió abruptamente. Cada suceso que Elios había vivido hasta ahora fue gracias y a causa de Satanás, quien por alguna razón sentía un afecto inmenso hacia él... ¿O, tal vez, era algo más que solo afecto?
-Te extraño...- susurró Elios, sintiendo cómo su corazón se llenaba de tristeza al pensar en el ser que tanta falta le hacía.
Cuando Elios volvió a su habitación, su teléfono comenzó a sonar otra vez, indicando una nueva llamada. Elios tomó su teléfono y vio que el número era en mismo que lo había llamado antes, por lo que decidió contestar, intrigado por saber quién lo llamaba.
-¿Hola?
-Buenas noches, ¿con el señor Elios Crombie?- la voz de una mujer de avanzada edad se escuchó del otro lado de la línea.
-Sí, soy yo. ¿Quién habla?- Elios frunció el ceño, viendo la hora en su reloj de alarma. ¿Quién lo llamaría a las 11:30 de la noche?
-Hola, señor Crombie. Le llamo desde el hospital. ¿Es usted el familiar del señor Andrew Crombie?
Al escuchar el nombre de su tío y la palabra "hospital", la mente de Elios quedó en blanco y su respiración se detuvo de inmediato, comenzando a imaginar lo peor.
-S-sí. ¿Qué le pasó? ¿Por qué está en un hospital?- preguntó Elios, nervioso, mientras sus manos empezaban a temblar.
-Pues... el señor Andrew Crombie, fue encontrado inconsciente hace un par de horas. Intentamos llamarle, pero no atendía la llamada. Necesitamos que venga de inmediato para darle los detalles de su diagnóstico.- la mujer habló con voz suave y pausada para que Elios no se alterara al darle la noticia.
Elios quedó impactado, sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿Andrew estaba hospitalizado? ¿Cómo era eso posible? Si bien, Andrew estaba ya en una edad avanzada, se encontraba muy bien de salud y no era algo de lo que debía preocuparse tanto.
Aun así, Elios tomó sus llaves y salió de su casa, sin pensar mucho en lo que pudo haber pasado. Su cuerpo estaba temblando y su corazón latía a mil por hora, sin poder evitar imaginar los peores escenarios posibles.
Su única familia estaba hospitalizado y no sabía nada de su estado, lo cual hacía que Elios se sintiera más ansioso e inquieto. El no haber visto a su tío por tanto tiempo también hizo que Elios sintiera un dolor profundo en su corazón, acompañado de un sentimiento de culpa por no haber estado con él. Elios estaba tan absorto en sus problemas que no se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Nunca se imaginó que Andrew estaría en un hospital ahora.
Al llegar al hospital, Elios preguntó en la recepción por su tío para saber en qué habitación estaba y cuál era su estado de salud. La recepcionista le dio algunas indicaciones y Elios subió hasta el piso donde se encontraba la habitación. Elios caminó por los pasillos del hospital, ignorando las almas atrapadas de las personas fallecidas, quienes lo miraban con mucha curiosidad. Cuando Elios por fin la encontró, una persona mayor salió de la habitación con algunos papeles, aparentemente un doctor, a lo que Elios se acercó a él de inmediato.
-¿Doctor Adler?
El doctor se dio vuelta en dirección a Elios y lo miró por unos segundos, tomándose su tiempo para reconocerlo.
-Oh, Elios.- el hombre relajó su expresión y sonrió de oreja a oreja al ver a Elios, quien había crecido tanto desde la última vez que lo vio.
Ethan Adler conocía a Elios desde que era niño, de hecho fue su pediatra y también era un viejo amigo y el doctor del padre Andrew. Adler se había cambiado al sector de cardiología y cirugía hace ya varios años, por lo que, cuando se enteró que Andrew estaba en el hospital, no dudó en tomar su caso para tratar a su viejo amigo. Adler también se sorprendió al enterarse de esto, ya que él conocía el estado de salud de Andrew mejor que nadie.
-Ha pasado mucho tiempo.- dijo con una sonrisa triste en sus labios. -Lamento que nuestro encuentro haya sido de esta manera.
Elios apretó sus labios levemente, demostrando la profunda angustia y preocupación que sentía.
-¿Cómo está él?- Elios prefirió no perder mucho tiempo y preguntar sobre la salud de Andrew, que tanta inquietud le generaba.
-Pues...- Adler miró a Elios unos segundos, meditando seriamente sus palabras antes de hablar. -Tuvo un derrame cerebral.- el doctor Adler hizo una pausa por unos segundos para luego seguir con los detalles. -Unos vecinos quisieron visitarlo, pero él no atendía a la puerta. Luego de veinte minutos los vecinos se preocuparon y entraron a la casa, encontrándose con Andrew inconsciente en el suelo. Él... ahora se encuentra en estado de coma.
Ethan habló lenta y suavemente, temiendo que Elios se alterara al escucharlo. Por otro lado, la mente de Elios quedó en blanco y el aire abandonó sus pulmones, sintiendo cómo su mundo se caía poco a poco a pedazos. El doctor Adler examinó a Elios con la mirada y apretó sus labios con profunda tristeza, entendiendo el shock que Elios estaba teniendo. Adler sabía que Andrew era la única familia que Elios tenía y la persona que lo crió desde pequeño, por lo que entendía perfectamente a Elios.
-Puedes verlo si lo deseas, hijo.- el doctor Adler puso su mano en el hombro de Elios y lo apretó levemente, dándole fuerzas para que afrontara el futuro. -En verdad lo lamento.
Adler se fue por el pasillo, dudando un poco en dejar a Elios solo en aquel estado, pero debía retirarse a ver a otros pacientes. Elios, por el contrario, se quedó inmóvil en su lugar, procesando lo que el doctor Adler le había dicho. El tiempo se detuvo de pronto y las personas a su alrededor dejaron de importar, todo transcurría en cámara lenta y Elios seguía sin poder creer lo que había escuchado hace un momento.
Elios entró en la habitación con los labios sellados, sin poder articular una sola palabra. Su mente estaba nublada y sus ojos dorados comenzaron a brillar ligeramente, advirtiendo que sus emociones estaban a punto de estallar. Elios estaba en su límite, pero trataba de contenerse como podía.
Elios, al ver a su tío en la camilla, conectado a varios tubos y cables que lo mantenían estable, sintió cómo su mundo terminó de derrumbarse, haciendo que se debilitara. Andrew tenía sus ojos cerrados y respiraba gracias a un respirador artificial, su cuerpo estaba inmóvil y su rostro estaba pálido. El ruido de las máquinas que lo mantenían fuera de peligro era lo único que se escuchaba, ya que Elios estaba en silencio y las voces de afuera de la habitación no se llegaban a escuchar.
Elios empezó a temblar ligeramente y apretó sus manos formando puños mientras mantenía su mirada fija en su tío. Los ojos dorados de Elios empezaron a brillar un poco más, sintiendo una extraña energía oscura que provenía del cuerpo de Andrew. Elios se acercó más a la camilla y miró a su tío en silencio, sin hacer ningún movimiento mientras que sus ojos brillaban con intensidad.
Un sentimiento de ira empezó a surgir en el corazón de Elios, quien no apartaba su mirada llena de odio del cuerpo de Andrew. De pronto, una cara deforme apareció en el estómago de Andrew, sonriendo de manera escalofriante en dirección a Elios, como burlándose de su estado.
Era un demonio primario quien estaba matando al padre Andrew por dentro.
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Comments
Cristina Hernandez
pasumecha pulgoso😰
2024-07-30
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