Elios abrió los ojos, apareciendo en un escenario totalmente distinto. No estaba en su habitación, estaba en aquel bosque de color blanco que tanto conocía. Estaba en ese sueño que casi había olvidado.
Los árboles se extendían a lo alto, pareciendo que en sus copas estaban nevadas por el blanco del lugar. Una llovizna ligera caía, mojando el cabello del muchacho y deslizándose por la piel de su cara. Elios levantó su mano para tocar aquellas gotas y sintió el tacto del agua chocando en palma de su mano, a lo que Elios frunció el ceño. ¿Cómo podía un sueño sentirse tan vívido? La brisa que antes era falsa ahora se sentía más real que nunca, dando a entender que ya no era lo mismo que hace dieciséis años. Sin duda alguna, ya no volvería a ser el mismo sueño que conocía.
Elios miró su alrededor, apreciando los detalles que veían sus ojos y recordando poco a poco algunas cosas de su pasado. De pronto, una voz se escuchó, haciendo eco por todos lados, una voz dulce y cariñosa. La voz de su madre hablándole desde algún sitio de aquel extraño lugar.
-Elios...
Elios abrió sus ojos de par en par y miró rápidamente a todas partes, buscando el origen de aquella voz maternal que tanto extrañaba. Un camino apareció de la nada entre los árboles, abriéndole paso a Elios e invitándolo a caminar por él. Una silueta femenina se vio a lo lejos, al final del camino, vestida de blanco y con su cabello rizado cubriendo su espalda. Su andar era calmado y pausado, alejándose de a poco.
Elios se quedó inmóvil un momento, tratando de reconocer aquella figura y dudando de si ir detrás de ella. Al ver que la silueta estaba por desaparecer en el fondo blanco del lugar, Elios corrió sin pensar detrás de ella. Necesitaba verla para aclarar sus dudas.
Los pies de Elios estaban descalzos y pudo sentir la tierra mojada del camino, pero a Elios poco le importaba. Su respiración se agitó al correr de manera alocada y apresurada y su corazón empezó a palpitar fuertemente, sus jadeos daban a entender que estaba totalmente desesperado por alcanzar aquella silueta que se estaba alejando.
Al llegar casi al final del camino, Elios extendió su mano para atrapar a aquella mujer, pero desapareció dejando un rastro de mariposas blancas revoloteando en el aire. Elios se quedó perplejo, mirando a los insectos que bailaban alejándose de él. Sin darse cuenta, Elios había salido del bosque, ahora se encontraba a unos pocos kilómetros de una pequeña casa bajo la lluvia. Elios jadeó un par de veces, recuperando el aire y observando detenidamente la casa a lo lejos.
"Esto no puede ser cierto..."
Era la casa donde se había criado por cinco años.
El cielo ya no era blanco, ahora era oscuro y nublado, pareciendo una noche de tormenta. Elios camino bajo la lluvia para dirigirse a aquella casita en la que perdió varios recuerdos de su niñez, mientras que sus pies se seguían manchando de barro y su cabello se mojaba gracias a la lluvia. Al subir por los pocos escalones para llegar a la puerta principal, se detuvo en seco y dudó unos largos segundos en abrir aquella puerta, apretando los dientes y los puños para reprimir el miedo y el nerviosismo que sentía su corazón.
Elios levantó su mano y giró el pestillo de la puerta de madera ya descuidada y podrida por los años. Un chillido se escuchó de la puerta al empujarla y, al entrar, la oscuridad lo recibió, al igual que el olor a humedad. Las gotas de lluvia que caían sobre el techo hicieron ruido en todo el lugar, pareciendo reconfortante. Elios entró sin pensarlo dos veces y con esfuerzo pudo distinguir en la oscuridad algunos muebles de madera y un pastel que había en una mesa vieja. El pastel tenía una vela con el número cinco en el centro.
-¿Elios...?
Elios giró su cabeza hacia donde esa voz lo llamaba otra vez, viendo como una puerta escondida en un pasillo se abría por si sola lentamente, invitándolo a entrar. Elios no quería, pero su cuerpo se movió por si solo para dirigirse a paso lento hacia ella, asomó su cabeza dentro de la puerta y vio unas escaleras que llevaban hacia abajo. Era el sótano de la casa.
El ruido de la lluvia se hizo más fuerte y unos truenos se escucharon desde afuera. Elios estaba concentrado en investigar lo que había en aquel sótano oscuro y húmedo, por lo que no se dio cuenta que aquella figura femenina de cabello largo y rizado lo observaba al final del pasillo.
Elios bajó las escaleras lentamente y con cuidado, ya que la madera era mucho más frágil. Al tocar el cemento frío del suelo, el sonido de un fuerte rayo iluminó el cielo, haciendo que una silueta humana que estaba arrodillada se hiciera visible. Era la silueta de un hombre que dibujaba algo en el suelo con lo que parecía ser una tiza, mientras susurraba algo al mismo tiempo. El idioma en el que hablaba ese hombre era distinto, pero Elios se dio cuenta de que, claramente, era latín antiguo, el idioma que se utilizaba para invocar algún demonio.
Cuando Elios se acercó sigilosamente hacia el hombre para ver con claridad lo que estaba haciendo, pudo ver el dibujo de un pentagrama en forma de estrella y la cabeza arrancada cruelmente de un zorro rojo en el medio, con varias herramientas y materiales alrededor. El hombre estaba llevando a cabo un ritual bastante grande, quién sabe por qué.
Elios pudo ver como el hombre continuaba ese ritual extraño y bebía de un cuenco de barro lo que parecía ser sangre, seguramente la sangre del animal que se había usado. Unos segundos después, el hombre comenzó a convulsionar y sus ojos se voltearon hacia atrás, dejando un blanco en su lugar. Los truenos se hicieron más sonoros y los rayos iluminaban el cielo detrás de las nubes. Desde la boca del hombre una extraña criatura emergió, dando una imagen perturbadora y repugnante.
Elios se asustó muchísimo al ver esto y salió corriendo del sótano. Quería escapar lo más lejos posible de aquel lugar. Cuando estaba por llegar a la puerta principal, una mujer de cabello largo y rizado se interpuso en su camino.
-¿Hijo? ¿Qué haces despierto?- la voz de aquella mujer era dulce y paciente, su nariz y sus mejillas estaban adornadas con unas diminutas pecas y sus ojos marrones tenían algunas ojeras. -Vamos, vuelve a la cama.
-Pero quiero comer pastel.- esta vez, el que habló no fue Elios.
Elios se dio la vuelta para ver al responsable de aquella voz fina e inocente y pudo ver a un niño idéntico a él. Sin duda, era Elios cuando tenía cinco años. Recordaba muy bien esta noche.
El niño tenía ojos grandes y dorados, su cabello estaba un poco largo y tenía los mismos rizos que su madre, su cuerpo era pequeño y un poco delgado, lucía bastante inocente y tierno mientras se aferraba a un peluche con sus pequeños brazos.
-Cariño, es tarde. Mañana comeremos todo el pastel que quieras, ¿sí? Ven conmigo.
La mujer tomó al niño en sus brazos y lo llevó a su habitación. Elios se quedó parado mirando aquella escena, quiso ir con ellos para ver un poco más a su madre, pero sabía que no estaría bien. Elios se dio la vuelta y caminó hasta la puerta nuevamente, sabiendo lo que pasaría a continuación.
Un grito desgarrador se escuchó a sus espaldas y Elios se paralizó, recordando con claridad lo que pasaba esa noche. Así es donde empezó la pesadilla.
Elios se dio la vuelta y vio como la casa se consumía en llamas enormes, haciendo que se aterrara al ver tal imagen frente a sus ojos. Sin pensarlo dos veces, Elios corrió hacia la habitación donde se encontraba su madre y aquel niño pequeño. Al asomarse por la puerta no vio a su madre, pero vio al pequeño abrazando sus rodillas y aferrándose aún más fuerte del peluche en sus brazos mientras lloraba sin consuelo llamando a su madre. De alguna manera, el pequeño Elios vio a los ojos al muchacho frente a él, como si fuera una persona real.
-¿Qué está pasando?- dijo entre sollozos.
Elios no podía entender cómo era que podía verlo, ya que en esos momentos Elios era un simple omnisciente que veía todo desde otro plano, no había forma de que alguien pudiera verlo. Sin darle muchas vueltas, Elios trató de tranquilizar al pequeño.
-Tranquilo, todo está bien. Estarás bien.- Elios no estaba seguro de lo que decía, pero ante la desesperación, el miedo y la impotencia que sentía al no poder hacer nada era lo único que podía decir.
Elios se acercó al pequeño y lo abrazó, intentando transmitirle calma y seguridad. El pequeño se aferró al pecho de Elios y comenzó a llorar aún más fuerte. Una viga de madera del techo de la habitación crujió violentamente y estuvo a punto de caer sobre ellos, haciendo que el pequeño gritara fuertemente.
...
-¡ELIOS!
Elios abrió sus ojos de repente, sentándose en su cama rápidamente. Su respiración estaba muy agitada y su corazón golpeaba violentamente su pecho con latidos acelerados, amenazando con salirse en cualquier momento. Sus jadeos eran exageradamente fuertes, ya que le costaba respirar con normalidad. Elios escuchó una débil respiración agitada a su lado y dirigió su mirada hacia ese lugar, encontrándose con algo que le sacó el aliento nuevamente.
Satanás estaba parado a un lado de su cama, con sudor en su frente y el cabello desordenado, sus ojos ahora brillaban en un rojo carmesí bastante fuerte. Su mirada desbordaba desesperación y su postura hacía parecer que había usando sus poderes para algo. Más bien, para sacar a Elios de aquel tortuoso sueño que estaba tenido.
-¿Qué haces aquí...?- Elios hablaba con dificultad mientras lograba tranquilizar sus latidos y su respiración.
Satanás no dijo nada. Apretó los dientes y se abalanzó sobre Elios, quien aún se estaba recuperando, y lo rodeó con sus brazos para abrazarlo fuertemente, sin intensiones de querer soltarlo. Elios se sorprendió con tal acto, quedándose inmóvil, sintiendo los brazos de aquel ser aferrándose con fuerza a él y un ligero temblor que provenía del cuerpo del contrario. Aun así, Elios no hizo nada para apartarlo, dejándose envolver en los brazos de aquel hombre que tanta paz le traía. Era extraño, pero parecía que Satanás estaba asustado.
De un momento a otro, Satanás se separó un poco y besó con rudeza los labios de Elios, sin darle tiempo a que este reaccionara. El beso fue profundo y desesperado, pero al mismo tiempo delicado. Elios estaba con sus ojos abiertos, mirando cómo los ojos del ser estaban cerrados con fuerza. Sin duda, se le veía bastante asustado. Satanás movió sus labios e invadió con su lengua la boca de Elios mientras lo tiraba hacia atrás para acostarlo en la cama. Elios quiso echarse hacia atrás al sentir la legua del ser uniéndose con la suya, pero la mano de Satanás lo tenía firmemente agarrado de la parte trasera de su cuello, impidiéndole escapar.
Sin más remedio, Elios correspondió el beso del hombre para tratar de calmar sus impulsos repentinos. Mientras los labios de Elios correspondían, sintió un sinfín de emociones distintas y mezcladas, pero una de ellas predominaba las demás. El joven castaño no lo sabía en ese momento, pero esas emociones provocarían que se terminase enamorando, metiéndose en problemas mucho más graves y preocupantes que los que antes tenía.
Satanás separó sus labios del pequeño castaño luego de un largo rato, dejando un delgado hilo de saliva entre ambos. Miró cada parte del rostro de Elios, miró sus ojos, sus pestañas, sus mejillas sonrojadas, su nariz, su cabello despeinado que descansaba en la cama y sus labios ligeramente rojos por el beso reciente. Al observar cada detalle, Satanás soltó un largo suspiro y sus ojos rojos se tornaron negros, volviendo a la normalidad.
-Me asustaste bastante.- dijo colocando su mano en la mejilla de Elios para acariciarlo delicadamente. -Sentí que estabas en peligro y vine lo más rápido que pude. Traté de despertarte, pero no podías, estabas temblando demasiado y sentí que mi mundo se venía abajo.- Satanás apretó sus dientes al recordar el estado en el que había encontrado a Elios. -No vuelvas a hacerme esto.
Elios sintió cómo su corazón se oprimía al escuchar la súplica de Satanás, algo que le causó cierta sensación de familiaridad.
-Perdona.- Elios colocó ambas manos en el rostro de Satanás, a lo que este cerró los ojos, aliviado al sentir el tacto del pequeño. -También estaba asustado.- dijo haciendo una mueca.
-¿Puedes contarme lo que pasó?- nuevamente, Satanás suplicó.
-Sí. Pero también... tengo algunas preguntas.- Elios puso una expresión triste al recordar lo que había soñado... aunque ya no estaba seguro de si había sido realmente un sueño.
Satanás sonrió dulcemente y tomó una de las manos de Elios, dejando un tierno beso en ella.
-Pregunta lo que quieras. Voy a escucharte.
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Updated 35 Episodes
Comments
Cristina Hernandez
😱😱😱😱😳😳😳😲😲😲
2024-07-27
0
* Kassandra *
wowwwww
2024-04-20
0