Cap. 17

La oscuridad reinaba en el lugar, como cubriendo sus ojos dorados con una venda. Unos susurros se escuchaban a lo lejos, débiles y misteriosos, haciendo eco en todas partes. El castaño abrió los ojos, dándose cuenta que estaba sumergido en aguas profundas y una luz estaba en la superficie, invitándolo a emerger.

Elios nadó apresurado hacia arriba para recuperar el aire que lo había abandonado. Nadó con fuerzas para salir de aquellas aguas, pero algo lo tomó firmemente del tobillo, impidiendo que saliera a la superficie.

Elios miró hacia abajo para encontrar lo que lo había agarrado, pero la oscuridad era tan densa que no podía ver nada de lo que lo rodeaba en aquel extraño lugar. Elios pensó que sería otro sueño de aquellos que lo atormentaban, por lo que pensó que no duraría mucho y que debía concentrarse en despertar. Pero el sueño se volvió real en el momento en que el pecho de Elios empezó a doler por la falta de aire y el agua que empezaba a entrar en sus pulmones.

Elios trató de liberarse de aquello que lo sujetaba, comenzando a desesperarse más y más con cada segundo que pasaba. Un susurro se escuchó en su oído, paralizándolo y haciendo que sus ojos se abrieran con horror al escuchar claramente la voz de Uriel.

-¿Por qué no me ayudaste, Elios?

Elios miró hacia abajo lentamente, su cuerpo comenzó a temblar y el aire disminuía con cada segundo que pasaba. Cuando Elios vio hacia la dirección de sus pies, vio que una mano emergía de la oscuridad y se aferraba con fuerza a su pierna. Aquella mano empezó a trepar por el cuerpo de Elios y, finalmente, una cara se asomó. La cara desfigurada y podrida de Uriel transmitía un terror inigualable y horrible, sus ojos ya no estaban y su boca era un agujero negro del cual salían palabras teóricas y débiles.

-Debiste ayudarme... mírame ahora. Esto es tu culpa...

Elios quiso gritar, pero si lo hacía el poco aire que tenía no le ayudaría a escapar. Rápidamente, Elios intentó despegarse de Uriel para nadar hacia la superficie, pero de pronto, empezó a hundirse hacia la profundidad, alejándose de la luz que quería alcanzar. Uriel no se desprendía de la ropa de Elios, por lo que comenzó a arrastrarlo a las profundidades de aquellas aguas para llevarlo consigo.

-Todo... todo esto es tu culpa...

Elios quería alcanzar la luz que lo esperaba fuera del agua, pero sus esfuerzos por zafarse del agarre de Uriel eran inútiles. De pronto, las voces que atormentaban a Elios se hicieron escuchar, pareciendo que se burlaban de Elios de manera descarada, como si la situación las divirtiera demasiado.

Elios sintió cómo "Uriel" lo empujaba hacia abajo, alejándolo de la luz a la que quería llegar. Finalmente, Elios perdió el aire y se rindió. Sus ojos se cerraron lentamente, perdiendo el conocimiento y dejándose arrastrar por aquello que no lo soltaba, llevándolo hasta lo más profundo de aquellas oscuras aguas.

...

Elios despertó exaltado, respirando exageradamente y recuperando el aire después de haber soñado lo anterior. Su cuerpo estaba temblando y el sudor empapaba su espalda y su rostro, pareciendo totalmente aterrado. Su pecho subía y bajaba rápidamente y su corazón estaba demasiado acelerado.

Unas voces se escucharon de pronto, susurros que no se llegaban a entender ni a escuchar con claridad, empezaron a llenar la casa por completo. Como si el hecho de soñar con Uriel no fuera suficiente. Elios ya no sabía explicar si las voces estaban en su cabeza o si se escuchaban por todas partes... ya no sabía cómo explicar aquellas cosas extrañas que le pasaban de la nada.

-Ha pasado un tiempo, humano.

-¿Te relajaste?

-Él no vendrá por mucho tiempo.

-JA, JA, JA, JA. ESTÁ MALHERIDO.

-Tan patético.

-¿Quién va a protegerte ahora?

Unos golpes se escucharon en la puerta, alertando a Elios, quien empezaba a sentir que la desesperación aparecía nuevamente en su corazón. Las voces se callaron de repente y Elios volvió a pensar con claridad otra vez. Respiró profundamente para calmar sus latidos y luego se cambió de ropa, ya que su piyama estaba empapado de sudor.

Los golpes en la puerta se escucharon una vez más, solo que fueron más fuertes que la primera vez.

-Ya voy.- gritó Elios mientras se revolvía el cabello para despertarse por completo.

Al abrir la puerta, se encontró con un hombre pelirrojo bastante familiar, el cual se notaba distraído mirando un punto en particular con una expresión extraña en su rostro.

-¿Señor Collins?- Elios estaba sorprendido al ver a Dylan en su puerta, ya que no recordaba haberle dicho dónde vivía.

-¿Mm?- Dylan parpadeó y volteó a ver a Elios para luego sonreír de oreja a oreja, pareciendo radiante. -¡Hola, Elios! ¿Cómo has estado?

-¿Qué hace en mi casa?

-Ah, cuánta frialdad.- Dylan hizo un puchero para luego buscar algo en el bolsillo de su saco y sacar de él una carta que parecía importante. -No te asustes. Andrew me dijo donde vivías.- dijo con una sonrisa para tranquilizar a Elios.

Los labios de Elios estaban abiertos ligeramente por la sorpresa, al igual que sus ojos dorados. Elios pensó en todas las razones por las que algo como esto podría pasar, pero ninguna era la adecuada.

-Discúlpeme.- dijo Elios, sintiéndose un poco culpable al haberle hablado de mala manera a Dylan y luego se hizo a un lado para invitarlo a pasar

"Esto... se siente raro.", pensó, ya que era la primera vez que Elios dejaba entrar a la casa a alguien que no fuera el padre Andrew o sus amigos.

-Descuida, está bien.- Dylan volvió a sonreír y entró a la casa de Elios, mirando atentamente cada rincón.

Al entrar a la sala, Dylan barrió con la mirada el lugar, cada pasillo y objeto que había en la casa, mientras Elios se dirigió a la cocina para buscar unos vasos con agua. Elios sabía que no sería una plática normal.

-Es una linda casa. ¿En serio es tuya?- preguntó Dylan un poco fuerte para que Elios lo escuchara.

-En realidad, era de mi tío, pero me la dio cuando empecé con mis estudios. Dijo que podía hacer lo que quiera con ella, así que la modifiqué un poco, ya que parecía medio antigua.- explicó Elios desde la cocina.

-Ya veo.- Dylan volvió a prestarle atención al lugar para luego murmurar por lo bajo. -Se siente un poco vacía...

Tal vez, Dylan ya estaba acostumbrado a vivir en una casa ruidosa y con muchas personas, pero el simple hecho de estar en una casa distinta y solitaria le rompió el corazón. ¿Sería tal vez porque Dylan le temía a la soledad? ¿O simplemente no sabía lo que era? Después de todo, siempre estuvo rodeado de personas en su vida, incluso antes de volverse lo que era ahora.

Elios volvió a la sala y le hizo una seña a Dylan para que tomara asiento en un sofá grande, que estaba cerca de una mesita pequeña, y poder hablar a gusto del asunto que lo había traído a su casa. Elios le ofreció un vaso con agua y se sentó frente a él en un sofá individual, tomando un trago de agua de su vaso.

-¿Por qué vino a mi casa exactamente, señor Collins?- Elios fue directo al grano y dejó su vaso en la mesita frente a él, mirando fijamente al hombre pelirrojo.

-Por favor, no me llames por mi apellido, es un poco incómodo.- Dylan rio un poco y luego le acercó la carta a Elios, arrastrándola por la mesita que los separaba. -El padre Andrew me pidió que te diera esto. Además de su pésame por lo que sucedió, dijo que aquí había algo importante que debió haberte dado hace tiempo.

Elios miró el sobre que estaba frente a él por unos segundos, pensando en miles de cosas. No es que Elios sintiera desconfianza, pero le era difícil creer esas palabras.

"¿Por qué haces esto...?", se preguntó a sí mismo. Aunque la pregunta iba dirigida a su tío.

-¿Por qué no vino él mismo?- Elios seguía mirando la carta con tristeza, sin animarse a tocarla.

Dylan se dio cuenta de lo que Elios sentía y lo miró unos segundos, sin decir una palabra. Dylan quería explicarle la razón, pero la verdad era que ni él mismo sabía por qué Andrew le había pedido que le trajera esta carta a Elios en persona.

-Él está ocupado con algo importante.- ciertamente no estaba mintiendo, ya que esas fueron las palabras que Andrew le pidió que dijera si Elios llegaba a preguntar.

-Entiendo...- respondió Elios un poco bajo, sonriendo con tristeza al recordar el pasado.

Antes, era Elios quien no podía visitar a su tío, ya que tenía que hacer algunas prácticas con el señor Miles en el edificio. Elios no siempre visitaba a su tío, pero su tío lo visitaba siempre que podía. Esta conclusión hizo que Elios se sintiera agobiado y realmente culpable, dándose cuenta de algo que nunca había pensado antes.

"Lo extraño..."

Dylan apretó sus labios, sintiendo la tristeza que Elios desbordaba desde sus ojos dorados. Dylan trataba de ponerse en el lugar de Elios, pero le era imposible comprender sus sentimientos. Si se dejase llevar por su naturaleza, fácilmente podría meterse en la cabeza de Elios, pero no podía permitirse algo como eso.

Dylan tenía en claro que si se dejaba llevar por sus impulsos, Satanás lo mataría y torturaría de maneras despiadadas.

-Lamento mucho lo de tu amigo.- Dylan trató de cambiar de tema para romper un poco el hielo. -Al principio, pensé que el señor Miles no te contó exactamente lo que había sucedido, pero luego recordé que trabajabas para él hace un tiempo...- Dylan habló con suavidad para no sonar tan brusco respecto al tema.

-Sí...- respondió Elios, sin querer hablar mucho.

Elios seguía mirando el sobre que estaba en la mesita, tenía la mente nublada y no quería pensar mucho sobre nada. El hecho de hablar de Uriel le molestaba y lo hacía recordar aquel sueño donde su amigo lo miraba con un rostro tétrico y aterrador que lo hacía temblar horriblemente.

-Uriel era una buena persona, por eso me cuesta un poco creer lo que pasó con él.

Dylan quiso responder, pero un sentimiento de miedo hizo que se paralizara de repente, haciendo que sus palabras queden estancadas en su garganta y una gota de sudor se deslizara por su cuello. Una presencia poderosa hizo que los vellos de Dylan se erizaran y dirigió su mirada lentamente hacia arriba, justo detrás de donde Elios estaba.

Una silueta blanca y luminosa con una forma peculiar, hizo que Dylan se sintiera oprimido y aterrado, tragando saliva fuertemente al ver a un ángel de alto nivel custodiando al muchacho de ojos dorados. Los ojos de aquel ángel, carentes de iris, penetraban los azules de Dylan con repugnancia, atentos a cada movimiento del pelirrojo. Dylan no alcanzó a ver detalladamente a aquel ser, pero sabía por su energía amenazante que no era un simple ángel guardián.

Dylan volvió a pasar saliva fuertemente, sin despegar su mirada de aquel ser, hasta que su teléfono sonó, avisando la llegada de un nuevo mensaje. Dylan se sobresaltó y tomó su teléfono un poco nervioso.

-Bueno... ya debo irme.- Dylan se levantó del sofá y sonrió en dirección a Elios.

-¿Se encuentra bien?- preguntó Elios al ver el rostro de Dylan, el cual estaba bastante pálido.

-Ah, sí. Estoy bien. Lo que pasa es que mi hermana, Rosie, me había pedido que la ayudara con algo en su trabajo.

-¿Su hermana? ¿La madre de Luka?- Elios quería saber un poco más del hombre pelirrojo, ya que le intrigaba un poco.

-Así es. De hecho, Luka se parece bastante a ella.- Dylan rio al decir lo último, recordando el rostro pecoso de su hermana y su sobrino.

Elios sonrió al escuchar dicho comentario, admirando el cariño que Dylan tenía hacia su hermana menor. Elios acompañó a Dylan a la puerta y se despidió de él gentilmente, agradeciéndole la molestia de haberle entregado la carta de su tío.

-Bueno, nos veremos en otra ocasión.- antes de darse la vuelta, Dylan acarició el cabello rizado de Elios, sonriendo dulcemente.- Tal vez, en algún momento te presente a mi familia.

Elios se abrió sus ojos al escuchar la última palabra para luego dibujar una pequeña sonrisa en sus labios, como estando de acuerdo con la idea. Al cerrar la puerta, Elios se quedó inmóvil unos segundos y recargó su cabeza en la puerta, desvaneciendo su sonrisa.

-Familia...- murmuró.

Elios miró la carta que había en la mesita frente al sofá individual y la tomó para abrirla y ver su contenido. La letra era sin duda la del padre Andrew, donde se disculpaba por varias cosas. Era una carta un poco larga, por lo que Elios pudo entender que era innecesario enviar algo tan extenso por mensaje.

...~Elios, en verdad lamento tantas cosas. Lamento haberte ocultado la verdad, lamento no haber estado contigo en el momento en que más lo necesitabas, lamento no haber hablado un poco más de tus padres. Lamento no haber sido un buen tío para ti... Me arrepiento de muchas cosas, Elios, pero no tanto de lo que me arrepiento no haberme dado cuenta del daño que te acusé durante tanto tiempo. Espero... que puedas perdonarme algún día por todos los errores que he cometido.~...

Fueron las palabras que más llamaron la atención de Elios, ya que extrañamente se parecían demasiado a una despedida.

Elios miró el sobre y notó que había algo dentro que parecía una foto un tanto antigua. Elios sacó la foto del sobre y su mente se nubló por unos segundos, mirando la foto en silencio. Sus ojos comenzaron a picar y las lágrimas empezaron a caer, deslizándose por sus mejillas hasta caer al suelo.

Era una foto donde se veía a su madre y a un hombre abrazándose íntimamente entre ellos, sonriendo de oreja a oreja, pareciendo felices y enamorados. El hombre tenía ojos color miel y piel ligeramente morena, su cabello era corto y estaba alborotado; mientras que la mujer tenía ojos color cafés y su cabello era rizado, sus mejillas y su nariz estaban adornadas con pecas diminutas y piel era blanca, la cual parecía de porcelana. La pareja se veía bastante joven, no pasaban de los quince o dieciséis años de edad, pero se los veía realmente felices juntos.

Elios sonrió mientras secaba sus lágrimas, las cuales empezaron a salir descontroladas de sus ojos. Elios sintió que aquella antigua fotografía compensaba todo por lo que había pasado Elios en su vida y los errores que su tío había cometido. Sin duda, aquella fotografía de sus difuntos padres significaba mucho para Elios.

(...)

Mientras tanto, Dylan se encontraba caminando por las calles con una sonrisa en su rostro, la cual se desvaneció poco a poco hasta dejar en su lugar una expresión sombría y amenazante. Dylan entró en un callejón y se apoyó en la pared para poder respirar y tranquilizar su corazón acelerado, al igual que el temblor en todo su cuerpo, por el terror que sintió anteriormente en la casa de Elios.

Por unos segundos que se sintieron eternos, Dylan experimentó lo que era la muerte y el miedo mismo al ver a aquella figura detrás de Elios que lo custodiaba.

Si bien, Dylan perdió sus alas y su poder, aún podía ver a los ángeles y a los demonios por igual, así como también las auras de las personas que tocaba. Por esto, al ver a aquella criatura cerca de Elios, le pareció extraño y exagerado, ya que tal energía no podría ser emitida por un simple ángel guardián, sino más bien por un ángel de un rango más elevado.

-Satanás... maldito imbécil.- Dylan miró su mano izquierda, con la que había acariciado la cabeza de Elios, y notó graves quemaduras en su palma y sus dedos, de las que aún salía un humo blanco y dejaba su carne al descubierto. -De todos los humanos... aún no entiendo por qué él.

Este era el resultado de la energía combinada entre Dios y Satanás que Elios guardaba en su corazón. El poder que acabaría con su vida y condenaría Satanás.

......................

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Cristina Hernandez

Cristina Hernandez

bueenisima

2024-07-30

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