Cap. 18

El período de exámenes había terminado hace ya unas semanas y se acercaban poco a poco las vacaciones de verano. Las temperaturas en noviembre no pasaban de los quince grados, por lo que sería un clima agradable durante los siguientes tres meses. Los preparativos para las fiestas y algunos festivales para finalizar el año universitario ya estaban en proceso y cada carrera presentaría un proyecto final para los festivales, donde las familias de cada estudiante iría sin falta.

Cada carrera haría cosas distintas con su propia temática, presentando todo lo aprendido durante ese año y en los anteriores, algo parecido a una tesis. Elios había estado faltando a clases varias veces, por lo que les pidió a sus compañeros que le dieran gran parte del trabajo, ya que quería mantener su mente ocupada y no pensar en lo ocurrido en las últimas semanas.

La muerte de Uriel aún le generaba un sentimiento de culpa, por lo que prefería estar ocupado día y noche que pensar en lo que había sucedido. Satanás no volvió a aparecer en su habitación y Elios se sentía bastante solo. Elios necesitaba hablar con alguien que lo comprendiera y supiera todo lo que pasaba con su vida, o al menos un pequeño abrazo que demostrara que alguien estaba ahí para él y le transmitiera calma y seguridad. Pero no había nadie que pudiera ayudarlo y tampoco se le ocurría alguien más que no fuera aquel hombre.

Además, los entes que antes trataban de evitarlo a toda costa y huían de Elios, ahora desaparecían de inmediato al verlo o se extinguían en cenizas por alguna razón desconocida. Elios no pudo entender el motivo de esto, pero a causa de dichos sucesos, no podía evitar sentir una extraña sensación de seguridad en su corazón.

Los entes trataban de no acercarse a Elios ni a su casa, limitándose a mirarlo desde lejos, temiendo acercarse a él. Al principio, Elios no le dio mucha importancia a esto, pero aquella sensación extraña en su espalda lo hacía inquietarse y le generaba escalofríos. De vez en cuando, Elios sentía que era observado desde un rincón de su casa, pero esa sensación desaparecía casi al instante en que volteaba en busca de aquello que lo observaba.

Dylan comenzó a visitar a Elios de vez en cuando, pero no se quedaba por mucho tiempo. Actuaba extraño, como si pareciera asustado y ansioso. Nunca entraba a la casa de Elios, sino que, más bien, se quedaba a charlar con Elios en la puerta y luego se iba apresurado, algo totalmente raro.

Una parte de Elios quería buscar respuestas y saber lo que pasaba, pero la otra parte no quería pensar en nada relacionado con el misterio que lo perseguía.

"Concéntrate en lo que haces...", se dijo Elios, agarrando su cabeza con ambas manos y hundiendo sus dedos en su cabello. Por más que Elios no quisiera pensar en nada, su mente no le hacía caso.

-¿Estás bien?- la voz de Hansel hizo que Elios se sobresaltara, volviendo a la realidad.

-Sí. Estoy bien.- dijo con una sonrisa. -¿Qué haces aquí? Creí que estarías con Mai.- Elios habló un poco apresurado y trató de parecer lo más normal que podía.

-Dijo que viniera a ver cómo estabas, aunque iba a venir de todas formas. Oye, en serio te ves muy mal.

Elios estaba hecho un verdadero desastre. Su cabello estaba mucho más desordenado de lo normal, sus ojeras llegaban casi hasta sus pómulos y sus ojos se veían muy cansados. Su ropa estaba arrugada y descuidada, pero su apariencia era un poco pasable. Físicamente, Elios se veía mal cuidado, tanto que cualquiera estaría seguro de que estaba enfermo o algo parecido

-Pareces un vagabundo.- Hansel quería aliviar la presión que Elios tenía, por lo que su frase sonó un poco con ironía y cariño.

-Lo sé. Estoy hecho mierda...- Elios rió un poco y relajó su expresión, frotando sus ojos y soltando un suspiro alargado. Hansel sonrió al cumplir su cometido y colocó una mano en el hombro de Elios.

-Deja eso un rato y ven conmigo. ¿Ya comiste?

Elios hizo una mueca y negó con la cabeza para luego levantarse de su asiento, haciéndole una seña a sus compañeros de que volvería en un rato. Elios no había comido casi nada últimamente y la sola idea de pensar en comida le hacía dar nauseas, pero no podía decirle eso a Hansel porque se preocuparía mucho más.

Elios caminó al lado de Hansel por un rato hasta llegar a la cafetería de la universidad, donde Mai estaba comprando unas donas y algo para beber. Cuando Mai se dio vuelta, vio a los dos muchachos esperándola a unos metros, quienes la saludaron desde lejos. Mai no mostró ninguna expresión en su rostro, sino que volvió a darse la vuelta como si no los conociera.

-¿Eso qué significa?- preguntó Elios a Hansel sin mirarlo.

-Que está de buen humor.

Elios no dijo nada, pero le era casi imposible poder ocultar su expresión. Hansel podía descifrar lo que Mai sentía o pensaba sin necesidad de preguntarle, pero Elios todavía no entendía cómo le hacía Hansel para descifrar a una mujer como Mai.

"Yo la veo igual que siempre...", pensó Elios con el ceño fruncido, tratando de encontrar una diferencia en Mai.

-Busquemos un lugar para sentarnos. Mai nos alcanzará en un rato.- dijo Hansel para luego darse la vuelta y buscar unos asientos libres en la cafetería.

Elios lo siguió sin decir una palabra mientras veía a los demás estudiantes, quienes reían y conversaban entre ellos, emocionados por los preparativos de los festivales y las vacaciones de verano. Elios sintió un pinchazo en su corazón al pensar que no podría disfrutar de relajarse como ellos y hacer planes para festejar el fin de año, ya que tenía muchísimas cosas de las cuales preocuparse. Fue como una bofetada darse cuenta de lo mucho que perdió en su vida por un error que ni siquiera fue suyo.

-Eli, si hay algo que quieras hablar conmigo en privado, puedes contarme ahora. Somos amigos desde hace tiempo, sabes que voy a escucharte.- ambos amigos estaban sentados en una mesa mientras esperaban a Mai, quien seguía comprando algunas cosas.

Elios tenía su mirada perdida en la mesa mientras escuchaba a su amigo hablar, sintiendo una gran culpa en su interior al pensar: "No sabes cuánto quisiera contarte todo...".

-Descuida.- respondió Elios con una triste sonrisa. -Estoy bien.

Hansel apretó sus labios, mostrando una mueca de preocupación ante Elios, quien aún seguía manteniendo su mirada fija en la mesa. Hansel sabía muy bien que Uriel era importante para Elios, ya que él le hacía compañía cuando Hansel no podía y se llevaban muy bien entre ellos. Por esto y muchas más razones, Hansel entendió que la muerte de Uriel afectó más a Elios, pero no sabía que había algo más detrás eso.

Ciertamente, Elios y Uriel eran buenos amigos y se hacían compañía entre ellos muy seguido en la universidad, ya que sus horarios coincidían. Aunque Hansel y Mai no sabían mucho sobre Uriel, confiaban en él porque nunca demostró tener intensiones ocultas hacia Elios. Aun así, Elios no se notaba decaído por su muerte, sino más bien confundido, lo que les pareció algo raro a Hansel y a Mai. Sin embargo, ambos trataban de no preguntar al respecto, ya que no querían incomodar a Elios o hacerlo sentirse mal.

-Si no quiere hablar, no lo presiones.- Mai se escuchó al lado de los chicos, quienes voltearon a verla al mismo tiempo. Mai tenía en sus manos una bandeja grande con varias porciones de comidas y bebidas distintas. -Esto es para ustedes.- dijo ocultando su tono maternal.

Mai le acercó a Elios un vaso grande de café con crema batida encima y un par de tostadas y panqueques para que comiera, tal como a Elios le gustaba. Luego le dio a Hansel una malteada de frutos rojos, su sabor favorito. Esta era la muestra de que Mai en verdad estaba de buen humor.

-Y más te vale que no dejes ni una migaja o haré que te lo tragues por otra parte.- dijo Mai, señalando a Elios.

-A-Ah, sí. Gracias, Mai.- Elios sonrió un poco apenado y miró lo que había frente a él, sintiendo una oleada de calidez en su interior.

El solo hecho de estar con sus amigos, hizo que el peso en los hombros de Elios desapareciera por un momento. Si bien, Hansel y Mai estaban devastados por la pérdida de Uriel, ambos se preocupaban más por el castaño que había sido el más afectado. El suceso había ocurrido hace poco más de un mes, pero Elios no se dio el tiempo necesario para poder procesarlo.

-Te ves terrible.- dijo Mai en un tono suave y calmado.

Elios sonrió, sin nada y volvió a agradecer por la comida que Mai le había ofrecido, empezando a comer y a beber el café. El sabor amargo del café hizo que Elios se sintiera mejor y que su mente se relajara, tomándose su tiempo para comer a gusto y saborear cada bocado. Los tres empezaron a charlar para olvidar un momento los problemas y todo lo vivido hasta entonces.

Hansel y Mai trataron de aliviar un poco los problemas que Elios estaba llevando, aún sin conocer los detalles de cada uno. Ninguno tocó el tema de Uriel y tampoco el del padre Andrew, ya que la pareja sabía sobre la discusión que había tenido Elios con su tío. Aunque esto pareciera incómodo para algunos, Hansel y Mai eran expertos haciendo que los problemas de los demás se vieran como una nube indefensa.

-Voy a hablar con tu grupo y les diré que te irás a tu casa. Debes descansar.- dijo Mai levantándose de su asiento para retirarse.

-¿Qué? Espera, no hace falta...- Elios trató de detener a Mai, pero ella le lanzó una mirada de hielo, provocando que Elios se callara al instante.

-¿Decías algo?

-N-No, nada. Ve con cuidado.- Elios sintió un ligero sudor en la nuca y sonrió, temiendo por su vida.

Los compañeros de Elios estuvieron de acuerdo con que se fuera a casa, ya que entendían que no se sentía bien en lo absoluto. Ellos se despidieron de Elios y le dijeron que no se preocupara por nada, le agradecieron por su trabajo y le desearon una pronta recuperación de su salud.

Elios volvió a su casa, con sus pensamientos hechos un lío, pero con la certeza de que todo estaría bien gracias al apoyo de sus amigos. Durante el trayecto a casa, Elios no vio ni una sola alma que se le atravesara en el camino, algo que lo hizo sentir como una persona normal por un momento y que se olvidara por completo de su habilidad y las cosas desafortunadas que le pasaban. Para Elios, fue una sensación satisfactoria que lo hizo sentir relajado y en paz.

Al llegar a casa, Elios se tumbó en su cama, pensando en dormir lo que quedaba del día, pero recordar aquellas pesadillas que se le presentaban en sus sueños le quitaban las ganas de querer dormir casi por completo. Si bien, las pesadillas cesaron por varios días, Elios aún tenía miedo de que algo aterrador apareciera en sus sueños ahora que Satanás no estaba a su lado.

Elios cerró los ojos fuertemente por un largo rato, dejando escapar algunas lágrimas de sus ojos dorados mientras sentía como su pecho se estrujaba al pensar en aquel ser.

-Vuelve... por favor.- susurró Elios, quedando dormido profundamente segundos después de cerrar sus ojos, invadido por el cansancio.

Las horas pasaron y el sol se fue desplazando por el cielo hasta esconderse en el horizonte, dándole paso a la luna para que tomar su lugar junto a las estrellas que la acompañaban. La noche cubrió con su manto la ciudad, trayendo consigo una ligera lluvia nocturna que chocaba contra el suelo, como cantando una canción de cuna y trayendo calma a las personas que la escuchaban.

Elios no soñó nada durante el tiempo en que estuvo dormido y lo único que sentía era una paz ajena que hacía que su mente se relajara y su cuerpo se aliviara como nunca, siendo esta la sensación más placentera que había tenido en su vida.

Una luz blanca y grande se colocó al lado de Elios, sin hacer algún movimiento. La luz poco a poco tomó una forma humana, dejando a la vista un largo cabello de color blanco y una piel parecida a la porcelana, suave y delicada. Un par de alas se extendieron de aquel ser que, sin apartar sus ojos blanquecinos y sin iris, miraba fijamente a Elios con sus labios cerrados y mostrando indiferencia en su rostro pálido.

Elios dormía profundamente, sumergido en una oscuridad relajante y tranquila. La habitación comenzó a hacerse más fría por el clima de la noche y el cuerpo de Elios tembló ligeramente, por lo que aquella criatura decidió cubrirlo con una manta para que no se resfriara.

Los ojos de la criatura eran fríos y vacíos, pero aun así dejaba ver su amor y preocupación hacia el pequeño castaño. El ángel entendió lo frágil que era un humano y el cuidado especial que debían tener, por lo que estaba agradecido de que su creador le haya confiado la tarea de cuidar a Elios, un humano mucho más especial que cualquiera.

-Elios...- susurró la criatura por lo bajo para no despertar al castaño.

El ángel miró a Elios por varios segundos, prestando total atención a cada detalle de su cuerpo y de su rostro, pareciendo curioso. Una sonrisa se dibujó en el rostro del ángel, quien acarició el cabello de Elios dulcemente y se acercó a su oído para susurrar otra vez.

-Haré que te olvides de ese traidor.- dijo para luego desaparecer en silencio de aquella oscura habitación.

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Comments

Cristina Hernandez

Cristina Hernandez

a la roña ya tiene compertencia el diablito👿🤣🤣

2024-07-30

0

* Kassandra *

* Kassandra *

ojojoooooo el rival del lucifer a llegado!

2024-04-20

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