Otra vez el color blanco y el viento falso acariciando suavemente su rostro pálido. Los árboles altos y secos se extendían hasta casi no verlos. El niño abrió sus ojos dorados lentamente, acostumbrándose al color de aquel lugar bastante familiar. Al incorporarse, se dispuso a caminar hasta el mismo columpio donde el mismo hombre lo esperaba todas las noches.
Tras caminar por el sendero entre los árboles la figura oscura del hombre que estaba de espaldas hacia el niño lo recibió como siempre, aunque tenía algo diferente, pero el niño no podía ver qué era. Poco a poco el niño de ojos dorados se acercó al hombre, sin miedo, deteniéndose a un par de metros de él, manteniendo la distancia.
Luego de un tiempo, los ojos dorados del niño recorrieron el lugar, el columpio ya no estaba y los árboles tampoco. No era este el lugar al que todas las noches venía... era más bien su propia habitación, y él ya no era un niño, era un joven adulto ahora. El joven se dio cuenta de que el hombre estaba hurgando entre sus pertenencias, mirando con atención cada objeto, pareciendo bastante curioso. Ambos seguían sin decir una palabra, hasta que el hombre lentamente comenzó a voltear hacia su dirección.
El joven muchacho quería ver el rostro del hombre que lo visitaba en sus sueños, pero como todas las noches, no tuvo éxito, ya que una sombra cubría la parte superior de su rostro, dejando a la vista una sonrisa escalofriante. La escena era distinta a la que ya estaba acostumbrado, haciendo temblar al joven de ojos dorados y dejándolo paralizado.
En un parpadeo, el hombre apareció frente al muchacho, inclinándose hacia su oído derecho, aprovechando que el muchacho estaba paralizado por un miedo extraño que se sentía ajeno. La sonrisa del hombre se hizo las larga y dejó salir con voz grave y pausada unas cuantas palabras, haciendo que el joven abriera los ojos de par en par.
-Al fin te encontré, mi pequeño zorro dorado.
Inmediatamente, el joven abrió los ojos, su respiración estaba agitada y el sudor cubría su frente y su espalda. Miró a su alrededor, sintiéndose extraño. De pronto, una punzada en su cuello lo hizo soltar un quejido de dolor. Fue corriendo al baño y al mirarse al espejo, supo que algo había cambiado.
Ese hombre vendría por él después de dieciséis largos años.
...
Las campanas de la iglesia empezaron a sonar, anunciando el comienzo de la misa de las 5 p.m. El cielo estaba nublado y el clima era fresco, algo característico del mes de junio, donde un crudo invierno se acercaba día tras día con lluvias incluidas. La ciudad daba un aspecto gris y deprimente, pero las risas de unas cuantas personas y niños le sacaban lo aburrido a ese día.
Dentro de la iglesia el padre Andrew dio inicio a la misa mientras que, en los bancos del fondo, en un rincón alejado de la multitud, un joven de unos veinte años escuchaba atentamente cada palabra que el padre Andrew decía. Sus ojos dorados, curiosos desde temprana edad y un poco apagados miraban con expresión seria al padre, escuchando los rezos de las personas y pensando en mil cosas a la vez.
Quizás fueron los años los que le quitaron el brillo a sus ojos, tal vez el trabajo al que se dedicaba o incluso las cosas que veía, pero algo era seguro: él no siempre fue así. La figura del joven se mantenía oculta en el rincón de la iglesia, pero el padre ya lo había notado desde hace un rato, sonriendo inconscientemente hacia su dirección.
(...)
Al finalizar la misa, el padre Andrew se quedó un poco más para hablar con la gente y bendecir algunos rosarios. Mientras tanto, el joven de ojos dorados esperaba pacientemente al padre para acercarse a hablar con seriedad sobre algunos asuntos. El joven de cabello castaño vio por fin que la gente se alejaba y el padre, con una sonrisa imborrable en su rostro, le hizo un gesto a su sobrino para que se acercara y lo acompañara.
Al llegar a su encuentro, el padre Andrew, con una voz cálida y ligeramente ronca por la edad, empezó a hablar.
-Hasta que por fin apareces, ¿eh? Parece que tu último trabajo ha sido difícil.- dijo echando un vistazo a las gasas que tenía en su cuello para luego darse la vuelta y empezar a caminar con su joven sobrino siguiéndolo.
-Duró más de lo esperado.- habló el joven un poco incómodo y tocando inconscientemente las gasas que cubrían la marca en su cuello, caminando al lado de su tío. -¿Y tú? ¿Cómo has estado?
-Estoy bien, aún sigo vivo y mi corazón todavía late, gracias a Dios.- la sonrisa del padre Andrew aún seguía en su rostro cuando miró a su sobrino, tratando de tranquilizarlo.
-Bien.- el joven nuevamente se puso serio, tratando de hablar sobre el tema otra vez, pero su tío lo interrumpió, anticipando lo que el joven quería decir.
-¿Otra vez el mismo sueño?- preguntó.
El joven muchacho no dijo nada, pero mantuvo su mirada en los ojos preocupados de su tío. El padre Andrew siguió caminando seguido de su sobrino hasta llegar a una habitación de la iglesia para cambiar su ropa, aún manteniendo una sonrisa en su rostro.
-Debe ser algo que te preocupa si estás aquí para hablar de eso. ¿O es que también buscas algo para tus investigaciones?
-¿Cómo es que siempre sabes a lo que vengo? Además, no vengo solo por eso.- ante los ojos de su tío este reclamo le pareció al de un niño pequeño, por lo que soltó una carcajada mientras se quitaba la túnica y dejaba en su lugar una camisa negra abotonada hasta el cuello.
-Sí que sabes reclamar lo que quieres, en eso saliste igual a tu madre.- dijo el padre Andrew dándose la vuelta para buscar entre los cajones una caja diminuta envuelta en papel de regalo, luego volvió a mirar al joven con una sonrisa de oreja a oreja. -Feliz cumpleaños, Elios.
Elios era un joven de veintiún años ahora, alto y de cuerpo un poco delgado, muy guapo pero con un temperamento complicado. Era el tipo de chico que atraía a las mujeres con solo una mirada, pero el pasado de Elios no le permitía disfrutar de los placeres de la juventud. Sí tuvo un par de romances, pero no duraron más de tres o cuatro meses y todos fueron terminados por él, convirtiéndolo en un rompe corazones de cara atractiva.
Desde niño creció con su tío Andrew, ya que sus padres desaparecieron misteriosamente la noche de su cumpleaños número cinco. Lo único que encontraron fue una especie de pentagrama en forma de estrella en el sótano de la que, en aquel entonces, era la casa de Elios. El pentagrama estaba encerrado en un círculo perfecto que parecía quemado, pero no había rastro de los padres de Elios. A partir de ese entonces, Elios comenzó a ver cosas extrañas todo el tiempo en cada lugar a donde iba. Andrew lo ayudó a controlar sus emociones ante esas situaciones para que no tuviera miedo y supiera cómo enfrentarlos. Elios había adquirido la habilidad de ver las almas de personas fallecidas y a los demonios.
La habilidad de Elios no solo le permitía ver este tipo de cosas, sino que también podía percibir las auras de quienes estuvieran a una distancia de hasta veinte metros a su alrededor, claro que lo fue perfeccionando con el tiempo. Mientras más demoníaca era el aura de aquello que lo acechaba, más fácil sería localizarlo.
Además de eso, Elios usaba su don como una puerta absorbiendo a los demonios que expulsada de los cuerpos de las personas, aunque solo lo usaba para situaciones específicas y bajo la supervisión del padre Andrew u otra persona a cargo. Esto se debía a algo relacionado con la desaparición de sus padres, cosa que Andrew nunca se lo mencionó a Elios.
Cada noche, desde que cumplió cinco años tiene el mismo sueño, solo que esta vez ese sueño fue algo... diferente.
Al recibir el regalo el joven no pudo evitar contener una pequeña sonrisa y miró la cajita, perdiéndose en recuerdos pasados.
-Gracias, tío.- Elios miró el regalo pensando en qué podría ser, pero un pensamiento pasó por su mente y volvió a su expresión seria para hablar sobre el tema inicial. -Esta vez hubo algo diferente en él. Me habló.
-¿Qué fue diferente? ¿Qué te dijo?- el padre Andrew centró toda su atención en su sobrino.
-Esta vez estaba en mi habitación y ya no era un niño. Dijo que me había encontrado.- Elios prefirió no decir nada acerca de la marca en su cuello para no preocupar a su tío. Estaba seguro de que esa marca la había dejado aquel hombre.
-¿Que te había encontrado? Qué extraño.- el padre Andrew ciertamente parecía confundido y murmuró por lo bajo -aún no debería ser tiempo.-, pero Elios no pudo oírlo claramente.
-¿No sabes lo que puede significar?- si de algo estaba seguro el chico de ojos dorados, era que su tío sabía mucho del tema, por lo que estaba un tanto impaciente por descubrir qué significaba ese sueño.
-Bueno, algo es obvio: sea lo que sea que ese hombre quiso decir, vendrá por ti. Puede ser hoy, mañana o pasado, en cualquier lugar o momento. Debes estar alerta y seguir repitiendo lo que te dije para protegerte de él. Y sobre todo, sea cual sea el caso en el que estés investigando ahora, aléjate lo más que puedas de esas personas y del edificio de investigaciones. No es seguro para ti.- el padre Andrew parecía bastante serio y la sonrisa que tenía hace unos momentos desapareció por completo, dejando en su lugar una expresión de preocupación.
-¿Tan malo es?- la actitud de su tío parecía haberlo sorprendido, además de que nunca antes le había prohibido seguir investigando los casos de posesión que tenía asignados.
-Elios, hoy es tu cumpleaños, no tienes que preocuparte por las investigaciones. Sal a festejar con tus amigos un rato, divierte un poco y disfruta. Me encargaré de que el asunto sobre tu sueño se arregle. Solo recuerda no volver tarde a tu casa, ¿entiendes? Aunque, si es posible, festeja con tus amigos en casa.- en verdad parecía preocupado. Elios estaba confundido y tenía más preguntas ahora, pero prefirió no decir nada y asentir.
El padre Andrew volvió a sonreír y le dio una palmada en el hombro a su sobrino para así retirarse de la habitación. El joven de cabello castaño, rizado y despeinado se quedó mirando a la nada por un rato, apoyado en una mesa junto a la pared, hasta que decidió finalmente abrir el regalo que parecía ser pequeño. Pensando que podría ser una imagen de algún santo, un crucifijo de mano o un rosario pequeño empezó a desenvolver su regalo.
Era un collar con cadena de plata y colmillos diminutos de plástico como dijes, idéntico al que él y su tío habían visto en una tienda hace unos días. Elios rió un poco y se olvidó por completo de la preocupación que le generó ese sueño, confiando en que su tío lo resolvería.
"Que buena manera de cerrarme la boca...", pensó Elios mientras se colocaba el collar alrededor de su cuello. Así, Elios se dirigió a la universidad a pasar el día con sus amigos, como su tío le había aconsejado, ignorando a aquellos entes que se le cruzaban en el camino.
Mientras el joven de pelo castaño se alejaba, un hombre de traje negro miraba atentamente su espalda. Con una sonrisa un tanto escalofriante en su rostro bebía una copa de vino tinto, completamente complacido con lo que veían sus ojos oscuros rebosantes de deseo. Relamiendo sus labios y saboreando la bebida con lentitud, como si el tiempo estuviera de su lado. El cazador había encontrado a su presa, mirándolo sin intenciones de comerla, sino queriendo poseerla.
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Updated 35 Episodes
Comments
Yandislena Perea Maturana
pecadora el Diablo te comerá
2023-09-23
2
Sol
será que es un diablo lujurioso?... si es así me encantaaaa!!!! 🤗
2023-09-11
0
Cynthia Vanina
Me encanta
2023-05-10
0