Cap. 12

En el momento en que Elios desapareció en el aire, luego de saltar por la ventana rota de la oficina del señor Miles, una inmensa y fría oscuridad le dio la bienvenida. Fue como si entrara en una dimensión desconocida, algo que lo absorbió sin previo aviso para llevarlo a otro lugar a propósito.

Elios estaba cayendo en esa infinita oscuridad, moviendo sus extremidades hacia todas partes tratando de buscar algo para agarrarse mientras gritaba con desesperación. De pronto, sintió como la tierra sólida chocaba de lleno con su espalda, sacándole el aire y haciendo que todo su cuerpo doliera por el impacto repentino. Elios tosió fuertemente y jadeó por unos segundos para recuperar el aire y tomarse el tiempo de calmar sus latidos.

Cuando por fin se había recuperado, Elios se incorporó, quedando sentado, y tocó con sus manos aquel suelo en el que estaba para sentir el tacto de la superficie en la que se encontraba, ya que la oscuridad le impedía ver el más mínimo detalle de lo que lo rodeaba. Elios sintió la tierra húmeda con sus dedos y se levantó con dificultad, llevando una mano a su estómago. El lugar era como un desierto oscuro, con un repugnante olor intenso a podredumbre y azufre.

"¿Dónde estoy...?" , Elios miró a su alrededor, confundido y dolorido. Estaba un poco asustado.

No pasó mucho tiempo para que recordara lo que había pasado hace unos momentos en la oficina del señor Miles y cómo se veía su apariencia. Inconscientemente, llevó una mano a su boca para buscar rastro de los colmillos que tenía, pero no sintió nada extraño. Por alguna razón, Elios sintió que había vuelto a tener la apariencia de siempre, aunque no estaba del todo seguro.

Una punzada se hizo presente en su pecho de repente, haciendo que su corazón se oprima violentamente. Tal vez era la tristeza profunda y el dolor que sintió al ver que las personas... no, que sus viejos colegas le tenían miedo y se alejaban de él. Elios nunca había experimentado que las personas lo vieran con miedo, estaba acostumbrado a las miradas de rechazo y a que lo dejaran de lado por su rareza, pero sabía lo que se sentía ser excluido porque todos le temieran. Claro que Elios nunca les haría ningún daño a sus viejos colegas, pero ellos no pensaban lo mismo. Al fin y al cabo, es cierto que lo diferente genera terror en cualquiera.

Elios apretó sus labios, reprimiendo el dolor profundo en su corazón, y caminó por aquel lugar sin saber a dónde ir. No podía ver nada y tampoco había ningún objeto que le sirviera como punto de referencia para guiarse en la oscuridad, solo caminó tratando de encontrar algún mínimo rastro de luz. De repente, unas voces comenzaron a susurrar, volviendo a atormentar a Elios, quien abrió sus ojos con horror al volver a escucharlas y darse cuenta de que no podía escapar de ellas, ni siquiera en un lugar diferente como este.

-Al fin llegaste.

-Humano inmundo.

-Acercate~.

-¿Estás asustado?

-JA, JA, JA.

-¿Vas a sacarnos?

-¡LIBÉRAME!

Elios miró a todos lados, buscando el origen de aquellas voces que tanto lo atormentaban, pero el lugar era como un vacío que solo hacía eco en todas partes. De repente, unas manos surgieron del suelo y agarraron los pies de Elios, multiplicándose más y más mientras subían por su cuerpo para luego empezar a empujar hacia abajo. Las voces se hacían más fuertes y gritaban desesperadas con cada segundo que pasaba, sin darle tiempo a Elios para liberarse de aquellas manos.

-¡No! ¡SUÉLTENME!

El miedo y el horror se apoderaron de Elios, haciendo que este gritara y tratara de liberarse de aquellas extrañas manos que lo empujaban hacia abajo, como queriendo enterrarlo vivo en la tierra húmeda. Los pies de Elios se hundían poco a poco y las carcajadas de las voces se hicieron escuchar.

-JA, JA, JA, JA.

-¡¡MUERE!!

-NADIE TE SALVARÁ ESTA VEZ.

-¡ES HORA! JA, JA, JA

-AL FIN SEREMOS LIBRES.

Elios no podía moverse y el miedo seguía en aumento. Este no era el final que había imaginado. Sus piernas ya estaban completamente enterradas en la tierra y las manos seguían empujando hacia abajo, presionando su cuerpo con una fuerza inhumana, sin dar señales de que se detendrían. Aquellas voces querían libertad.

-¡POR FAVOR... AYUDA! Ayuda...- suplicó levantando una mano hacia arriba.

Su cabeza estaba a punto de ser enterrada y Elios estaba perdiendo el conocimiento. Pero, antes de quedarse inconsciente, Elios sintió cómo una mano tomaba la suya y lo levantaba hacia arriba, liberándolo de aquellas manos y sacándolo de la tierra con facilidad. Los gritos de agonía y los llantos desgarradores de aquellas voces no se hicieron esperar, provocándole a Elios un intenso dolor de cabeza.

...

Un abrupto silencio surgió de repente y una débil y tenue luz blanca iluminó el rostro del castaño. Elios abrió sus ojos con un poco de dificultad para acostumbrarse al nuevo lugar, dándose cuenta de que se encontraba en su habitación.

El reloj de alarma en la mesita de noche marcaba la 12:10 a.m. y el frío de la habitación hizo contacto con la piel de Elios, la cual estaba empapada de sudor por el miedo que sintió anteriormente. Una figura a su lado se movió hacia atrás y tomó el rostro de Elios con sus manos para mirar directo a sus ojos. Elios abrió sus ojos con sorpresa y vio a un preocupado y agitado Satanás frente a él.

-¿Estás bien?- preguntó apresurado y un poco exaltado.

Satanás acunó el rostro de Elios en sus manos y lo examinó de arriba a abajo, buscando alguna posible herida o algo parecido. Por otra parte, Elios seguía sin reaccionar y solo miraba los ojos oscuros del contrario, perdiéndose en sus pensamientos.

Si Satanás no hubiera aparecido en ese instante, Elios sin duda habría muerto posiblemente. El mundo oscuro y demoníaco era tan peligroso que Elios no podría soportarlo. El terror que lo invadió en esa oscuridad era imposible de explicar y el solo hecho de pensar en dónde habría terminado, después de que aquellas manos quisieran enterrarlo con vida, le aterraba aún más.

Los ojos de Elios se llenaron de lágrimas y abrazó a Satanás sin pensarlo siquiera, hundiendo su rostro en el pecho de aquel ser mientras sollozaba. Satanás se sorprendió al inicio por la acción repentina del castaño, pero luego correspondió el abrazo, envolviéndolo de manera protectora para transmitirle seguridad al pequeño.

-Creí que moriría...- la voz de Elios era entrecortada y sus lágrimas mojaron la camisa blanca de Satanás, pero a este no le importó en absoluto.

-No morirás. No lo permitiré.- dijo Satanás, aferrándose más a Elios, sin querer soltarlo ni por un segundo.

Ambos siguieron abrazados por poco más de media hora, sentados en el piso frío de la habitación mientras la oscuridad los envolvía. El cuerpo de Satanás irradiaba calor para que Elios se sintiera seguro y en calma y evitar cualquier posible resfriado.

Elios dejó de llorar y su respiración era pausada, estaba tranquilo y ya podía pensar con claridad. Elios se separó un poco para mirar a Satanás, quien parecía pensar seriamente en algo importante. El ser se dio cuenta de la mirada del pequeño y conectó sus ojos oscuros con los dorados de Elios, sonriendo dulcemente, demostrando que todo estaba bien.

-Debes descansar.- dijo Satanás, dándole un tierno beso a Elios en la frente.

Elios pensó inmediatamente en las pesadillas que se le presentaban cada noche, por lo que no pudo evitar apretar sus labios y fruncir su ceño en señal de rechazo. Elios no quería dormir, ya que temía que las pesadillas volvieran a atormentarlo. Ya fueron suficientes noches tortuosas, suficientes años en los cuales tuvo que soportar ver cosas desagradables, tanto en los días como en todas las noches.

-No quiero...- Elios volvió a acurrucarse en el pecho de Satanás, apretando su camisa y aferrándose con fuerza.

Satanás notó esta acción y su corazón se oprimió al ver a su amado zorro de esa manera, tan inseguro y aterrado. Satanás se separó un poco de Elios para tomar su rostro nuevamente y lo miró por varios segundos, pensando en quién sabe qué.

-Mi zorro dorado, no temas.- dijo Satanás con una dulce sonrisa. -Estoy aquí contigo.

Elios abrió sus ojos al escuchar esas palabras, estaba seguro de haberlas escuchado antes en algún momento de su vida. Satanás besó los labios de Elios de una manera delicada, temiendo que este se alejara o se asustara por el impulso, cosa que no sucedió. Si bien, Elios se quedó inmóvil al inicio, correspondió el beso de Satanás con la misma delicadeza y temor, pensando en si era lo correcto o no.

"¿Por qué es difícil alejarme de ti...?", pensó Elios al momento de cerrar sus ojos.

Una de las manos de Satanás se colocó en la nuca de Elios mientras que la otra se colocó en su cintura, presionando levemente y haciendo que un sonido involuntario saliera de los labios de Elios, cosa hizo que Satanás sintiera un cosquilleo de deseo. El beso se profundizó más y más, siendo la oscuridad testigo de aquel sentimiento indefinido que surgía entre ambos poco a poco, un sentimiento humano y único. Un sentimiento que ninguna criatura podría ser capaz de entender o experimentar. O, más bien, no debería.

Satanás tomó a Elios en sus brazos y lo llevó a la cama, acostándolo suavemente en ella aún sin separar sus labios. Elios sintió el aroma de las cenizas y flores secas que desprendía aquel extraño ser, el aroma que lo embriagaba y hacía que su mente quedara en blanco con solo tenerlo cerca. Elios arqueó un poco su espalda al sentir la lengua de Satanás invadir su boca al mismo tiempo que este metía sus manos por debajo de la ropa del castaño, acariciando libremente y recorriendo cada centímetro de su amado zorro. Elios comenzó a acariciar el cabello de Satanás mientras apretaba y tiraba de su camisa, como queriendo arrancarla, quitarla de su camino. El ser no podía contenerse mucho más, por lo que se separó de Elios para quitarse su camisa blanca y dejar a la vista un cuerpo trabajado y tonificado.

Elios pudo contemplar desde su ángulo cada detalle y cada músculo que tenía frente a él, al igual que las cicatrices que se esparcían por todo el cuerpo de Satanás. Elios se quedó viendo por varios segundos, sonrojándose inconscientemente y sintiendo como la vergüenza se instalaba en su mente al darse cuenta que lo estuvo mirando por más de unos simples segundos. Elios llevó sus manos a su rostro, tratando de ocultar su reacción del ser que tenía frente a él, una acción bastante torpe y tardía a decir verdad, ya que él ya lo había visto todo. Satanás rió ante la tierna vista y se acercó nuevamente a Elios, dejando unos cuantos besos en el dorso de sus manos.

-Mi lindo zorro dorado, ¿por qué te ocultas?- Satanás tomó las muñecas de Elios y descubrió el rostro ruborizado del pequeño. -Eres tan lindo.- dijo mientras sonreía alegremente de oreja a oreja, mostrando sus dientes, dejando a la vista sus colmillos puntiagudos.

-Cállate.- dijo Elios con la voz temblorosa y volteó su rostro, aún sintiéndose avergonzado. -Es solo que... nunca experimenté esto con otro hombre... Es vergonzoso.- Elios apretó sus labios y sintió cómo el calor en sus mejillas aumentaba un poco más.

-¿Ah, si?

Satanás sonrió de lado de forma maliciosa y su voz se volvió un poco más ronca, dándole un toque más sensual y erótico, provocando que el cuerpo de Elios se estremeciera. Elios notó que los ojos de Satanás comenzaban a brillar en un tono rojo bastante fuerte y su mirada se volvía de a poco lujuriosa. Rápidamente, Elios se dio cuenta de lo que ese ser pretendía. Satanás relamió sus labios y luego se acercó a la oreja de Elios lentamente para susurrar en su oído.

-Entonces seré gentil~.

Elios abrió sus ojos como platos al escuchar estas palabras, sabiendo lo que vendría a continuación.

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Comments

Cristina Hernandez

Cristina Hernandez

😳😳😳😳

2024-07-27

1

* Kassandra *

* Kassandra *

la consumación!!!!!!!!

2024-04-20

0

quiero un ruso

quiero un ruso

Yaoi 😻

2024-02-01

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