El invierno de la ciudad se hacía más presente con cada día, pareciendo que nunca se iría. Las lluvias eran más frecuentes y peores que los días pasados, algo extraño para ese año y para los ciudadanos, quienes estaban acostumbrados a los días frescos, nublados y tranquilos. Las personas corrían para refugiarse de la lluvia y muchas otras tenían su paraguas, pasando al lado de un desconocido muchacho encapuchado y empapado, bastante deprimido o tal vez enojado.
El muchacho encapuchado se dirigió a una casa específica de una vecindad, sin expresiones en su rostro, con unas vibras negativas que lo envolvían y con sus ojos cubiertos bajo su capucha, mirando el suelo con la mente en blanco. El ser de la noche anterior le había dado todas las respuestas que estaba buscando, pero no estaba satisfecho y mucho menos estaba feliz al descubrir la verdad. Aunque, ni él mismo sabía lo que sentía exactamente.
Al llegar a la puerta de una casa antigua, el chico tocó el timbre y esperó a ser recibido. Andrew estaba rezando en silencio cuando el timbre se escuchó y, sin apuro, terminó sus oraciones y se dirigió hacia la puerta, preguntándose quién sería tan tarde en la noche. Cuando Andrew abrió la puerta, se quedó sorprendido al ver que era su sobrino. Elios estaba empapado y con la cabeza gacha, dando la apariencia de algún sospechoso, pero aun así su tío lo reconoció inmediatamente. Andrew estaba a punto de hablar, pero Elios lo interrumpió.
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
Andrew se quedó en silencio por unos segundos, procesando la pregunta de su sobrino. No sabía exactamente a lo que Elios se refería, pero muy en el fondo lo sospechaba.
-¿A qué te refieres?
Elios apretó los dientes y finalmente rompió en llanto y enojo, destrozado al saber que su tutor le mintió toda su vida.
-¿¡Por qué me ocultaste la verdad tantos años!? La verdad de mi padre, el sufrimiento de mi madre durante su embarazo, el cómo obtuve esta habilidad de mierda... ¿Por qué nunca me lo contaste, tío?- las lágrimas de Elios hicieron que su voz se quebrara al hablar, demostrando su sufrimiento y el daño que causaron las mentiras de Andrew.
El padre Andrew miró a su sobrino con los ojos bien abiertos, pareciéndole imposible que se haya enterado si él era el único que sabía toda la historia. Andrew puso una expresión de tristeza, apretando sus labios para formar una mueca. Apartó los ojos, sintiéndose culpable por sus errores, pero aferrándose a la idea de no querer decir nada.
Elios se dio cuenta de esto y su enojo aumentó mucho más. Sus ojos brillaron ligeramente y su mandíbula se tensó por la fuerza en que sus dientes se apretaban. Pero antes de que pudiese decir algo, su tío habló nuevamente.
-¿Quién te contó?- Andrew volvió a mirar a Elios, sin miedo a lo este le hiciera.
-Responde mi pregunta primero.
Elios ya no era el mismo que antes, no después de haberse enterado de su pasado y las cosas que tuvo que pasar por culpa de su ignorancia y las mentiras que por años había escuchado de parte de su única familia.
El padre Andrew no sabía qué hacer, ya que la promesa que había hecho hace años le impedía decir la verdad. Pero, a pesar de esto, Andrew sospechaba ligeramente quién había sido el que le contó la verdad a Elios, por lo que tal vez eso jugaba a su favor.
-Entra.
Andrew se hizo a un lado con una expresión complicada en su rostro, parecía triste, angustiado y nervioso. Elios se quedó inmóvil unos segundos y luego entró a aquella casa en la que tantos recuerdos tenía. Desde que se mudó a vivir con su tío, Elios había construido recuerdos invaluables en esa vieja casa, recuerdos que ahora quedaron en puntos suspensivos, donde cualquiera se preguntaría qué había pasado con ellos.
...
《Hace veintitrés años, Sarah Crombie, una chica hermosa de tan solo quince años de edad e hija menor de la larga línea respetada de sacerdotes de la familia Crombie, se enamoró perdidamente de un hombre.
Sarah era obligada a asistir a un convento para monjas, por lo que las relaciones con otros hombres estaba estrictamente prohibida. Y, aunque estaba ligada a cosas que le disgustaban, sabía que tenía a su hermano mayor Andrew, quien era su mejor amigo y confidente. Ambos se llevaban muy bien cuando eran pequeños, pero sus obligaciones hicieron que se vieran cada vez menos y hablaran muy poco entre ellos. Sus padres hicieron que su relación se rompiera.
Un año después, cuando Sarah cumplió los dieciséis, desapareció misteriosamente y muchas personas esparcieron el rumor de que se había escapado y deshonrado a su familia tras haberla visto con un hombre desconocido. Andrew buscó a su hermana todos los días, pero no había ningún rastro de ella.
Un día de invierno, Sarah apareció nuevamente en su casa después de haber desaparecido por siete meses, pero no la recibieron como esperaba. El hombre la había abandonado con un niño en su vientre y ahora necesitaba ayuda desesperadamente. La familia Crombie echó a Sarah a la calle, dejándola a su suerte por haber manchado el nombre y la reputación de la familia.
Sarah pensó que si hablaba con Andrew este la entendería, pero Andrew no hizo nada en absoluto porque sabía que si la ayudaba él también saldría perjudicado. Su único hermano la había abandonado, al igual que su familia, y el sufrimiento de Sarah seguía aumentando.
No se volvió a ver a Sarah por poco más de cinco años. Pero, aun así, el hombre estaba con ella, aunque no era el mismo de quien se había enamorado. El hombre fiel y honesto ya no existía... o tal vez nunca existió. Había llevado a Sarah a vivir en un bosque alejado, hablaba solo todo el tiempo, susurrando cosas extrañas y se volvía violento cada tanto. Todas las noches iba al sótano y se encerraba por horas mientras que Sarah dormía en su cama. Por nueve meses, Sarah sufrió golpizas, dolores musculares e internos, mareos, gritos y terribles pesadillas. Por nueve meses, Sarah experimentó una pequeña parte de lo que era un infierno.
El hombre se ausentó por cinco años, Elios no conoció nunca a su padre, pero le bastaba con el amor que recibía de su querida madre. Sarah era amorosa y estaba encantada con su hermoso hijo, fue una madre excelente. Aunque Sarah debía buscar un trabajo en una ciudad diferente, nunca se alejó de su hijo.
La noche del cumpleaños número cinco de Elios, el hombre volvió a aquella casa y entró en silencio, sin hacer ruido alguno, con un saco de tela ensangrentado con algunos elementos adentro. Sarah y Elios dormían juntos en una habitación, por lo que el hombre aprovechó para entrar al sótano de la casa y realizar allí su macabro ritual.
Dejó que el animal que traía consigo se desangrara hasta la última gota y comenzó con los preparativos al mismo tiempo que susurraba en un idioma distinto. El hombre quería liberarse del trato que había hecho hace siete años con aquella poderosa criatura, pero no sabía que su intento fracasaría fácilmente. Nadie podía burlar al Diablo después de todo.
El ritual se salió de control y la casa se quemó completamente. Las llamas eran enormes y el humo era demasiado, casi llegando a tocar el cielo, provocando que la ciudad donde Andrew vivía pudiera ver aquella enorme nube negra. Cuando las personas de la ciudad llegaron al bosque, pensando que sería algún incendio forestal, se dieron cuenta de que había una pequeña casa totalmente quemada. Las llamas habían disminuido y no había nadie en el lugar, solo un cuerpo femenino con cabello rizado y moreno calcinado en una habitación. Andrew reconoció de inmediato a ese cuerpo y rompió en llanto al ver a su hermana menor en ese estado.
Andrew escuchó un crujido de ramas en los alrededores y pudo ver lo que parecía una pequeña figura entre los árboles del bosque, con lágrimas en los ojos se acercó a revisar mientras la gente seguía observando y revisando aquella casa quemada. Al echar un vistazo vio a un niño pequeño escondido tras un árbol abrazando un peluche, dormido profundamente sobre el pasto frío del bosque, ajeno al alboroto que había.
Andrew vio su cabello y examinó un poco más su apariencia, dándose cuenta del gran parecido que tenía con su hermana. Andrew acogió al pequeño niño y se convirtió en su tutor, pero algo extraño pasaba con el niño. Los primeros días, Elios empezaba a gritar de la nada y se aterrorizaba sin explicación alguna, otras veces sus ojos brillaban como linternas si se alteraba y perdía el conocimiento rápidamente. Además, tenía muchas pesadillas que lo despertaban cada noche, impidiéndole dormir bien.
Andrew tuvo que investigar sobre lo que estaba pasando, por lo que fue al lugar donde todo había ocurrido. Andrew descubrió que en el sótano de la casa había un número exagerado de elementos y libros satánicas y símbolos diabólicos en las paredes, además de un pentagrama en forma de estrella perfectamente dibujado en el suelo y manchas de sangre por doquier. ¿Quién sería el responsable de tal acto impuro y soberbio?
Entre tantos libros y papeles había una receta que parecía importante y era poderosa, la cual detallaba que había una manera de romper un contrato que se había hecho con algún demonio, pero al parecer el demonio no era fácil de tratar, lo que explicaría que algo saliera mal. El hombre había buscado por cinco años una manera de deshacerse del contrato que había hecho para poder estar con su familia el resto de su vida, no quería seguir causándole daño a la mujer de quien se había enamorado y quería estar con su hijo. El hombre buscaba la forma de salvar su vida y la de su familia.
Andrew estuvo buscando toda una noche, hasta que el ambiente de la casa se volvió pesado y sombrío. Al darse cuenta, vio una sombra grande y terrorífica detrás de él que se acercaba. A medida que avanzaba, la sombra comenzó a tomar forma, la forma de un hombre alto y fornido, con ojos rojos que brillaban intensamente en la oscuridad. Andrew intentó huir, pero aquel ser lo tomó del cuello, presionando con fuerza alrededor.
-Si le dices una palabra de la verdad cuando crezca, olvídate de entrar en el paraíso.
Andrew no entendió bien a qué se refería, pero luego comprendió. Por años, Andrew le ocultó la verdad a Elios e intentó lograr que controlara aquella habilidad que había obtenido, ya que pensaba que así podría protegerse de ese ser lleno de maldad. Andrew trataba de entender mejor la habilidad de Elios y así buscar una manera de controlarla y usarla para el bien. Esto funcionó por dieciséis años, pero ahora las consecuencias pasaron factura...》
...
Elios miraba a los ojos a su tío, sin decir una palabra, esperando a que su tío continuara. Andrew, por otra parte, evitaba la mirada de Elios a toda costa, sin poder continuar con el relato.
Ambos estaban sentados en la sala, Elios estaba en un sillón grande y Andrew en uno individual. Estaban enfrentados y ninguno decía una palabra. Elios escuchó atentamente, sin abrir la boca y con una mirada extraña, tratando de procesar todo lo que su tío había dicho. Su padre nunca tuvo malas intensiones, de hecho, siempre quiso estar a su lado.
-¿Cuál es el peligro del que hablas?
Andrew tenía sus manos entrelazadas entre sus piernas y apretó sus dedos al escuchar la pregunta. No quería alarmar a Elios, pero tampoco quería seguir ocultándole la verdad. Aun así, Andrew pensó que lo mejor sería no decir nada sobre eso.
-No debería ser yo quien te lo diga. Sabes a lo que me refiero.- Andrew levantó la mirada y clavó sus ojos en los de Elios, los cuales brillaban levemente.
Elios se había quitado la capucha y su ropa seguía húmeda, al igual que su cabello que estaba un poco más largo que antes. Elios entendió a lo que se refería su tío, pero aun así quería saber.
...••••••••••...
-¿Por qué no querías que mi tío me dijera la verdad?
-Porque temía que me vieras como un monstruo...
...••••••••••...
Elios apretó sus labios formando una mueca, pensando que al menos todo estaría bien a partir de ahora. Luego de haber escuchado las palabras de su tío, Elios no tenía nada más que hacer en esa casa, por lo que se levantó del sofá para dirigirse a la puerta, pero la voz de Andrew lo detuvo.
-Ten cuidado, Elios... por favor. El que él esté cerca de ti ya es un riesgo, aumenta las probabilidades de que termines peor. Trata de alejarte de los entes que veas, no quiero que te pase nada...
Elios se quedó en su lugar unos segundos sin decir nada. Una extraña tristeza lo invadió, pero aun así no dejó que se notara. Antes de salir por la puerta, Elios se dio la vuelta para mirar a Andrew, quien tenía una notoria preocupación en sus ojos.
-Gracias... por decirme la verdad.
Elios se marchó de la casa de Andrew y nuevamente su ropa se mojó por la lluvia que aún no paraba. Andrew quedó inmóvil en su lugar, con la mente en blanco. Unas lágrimas comenzaron a caer de sus ojos y una sonrisa diminuta se dibujó en su rostro.
-Al fin se acabó...
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