Cap. 15

Elios estaba en un momento de desesperación y sus ojos estaban abiertos con horror. Uno de sus amigos estaba siendo poseído por un demonio poderoso y él se estaba dejando poseer por aquella criatura. Uriel había pasado por muchas cosas lamentables en su vida, era verdad, por lo que su desesperación lo llevó hasta donde se encontraba ahora. Elios debía huir de aquel lugar, ya que no sabía qué era lo que Uriel quería exactamente o si el demonio le haría algún daño, pero Elios no podía moverse por culpa del miedo y el terror que sentía.

Cuando Uriel llegó hasta donde Elios se encontraba, se inclinó hasta quedar a la misma altura que Elios, quedando a centímetros de su rostro. Tanto la cara como el cuerpo de Uriel estaban realmente deformados y de su boca caían hilos de saliva. Sus dientes estaban amarillos, grandes y puntiagudos, y su sonrisa era tétrica a más no poder. Era como si la sonrisa en el rostro de Uriel no fuera suya, sino más bien la sonrisa de aquel demonio en su interior.

-Ayúdame, Elios. SÉ MÍO.

Uriel golpeó con violencia la pared en la que Elios estaba recargado, rompiéndola en pedazos y asustando aún más a Elios, quien soltó un quejido de dolor al sentir cómo algo lo hería. Uriel gritaba con locura, cegado por culpa de su único deseo y el poder autodestructivo que recibía del demonio felino, por lo que no era consciente de lo que hacía.

-¡MALDITA SEA! ¿¡QUÉ TAN DIFÍCIL ES ACEPTAR!? SOLO DILO.

Un líquido caliente empezó a brotar del brazo derecho de Elios y un dolor punzante se hizo presente en la zona. Elios llevó su mano izquierda hacia la herida y presionó con fuerza, mordiendo sus labios para reprimir el intenso sentimiento de ira que crecía poco a poco en su corazón y los débiles gritos de lujuria de las voces en su cabeza que pedían desesperadas salir a la luz.

...•••••••••• ...

...~Le di la orden a un asistente de confianza para que te proteja y atienda todas tus peticiones, no te molestará a menos que lo llames...~ ...

...•••••••••• ...

Elios tragó saliva con dificultad, su cuerpo temblaba demasiado y el nudo en su garganta le impedía decir algo. Aun así, Elios debía decir una sola palabra, solo una para poder encontrar una salida.

-Ayúdame...- su pedido salió en un susurro débil y silencioso, pero aun así tuvo la esperanza de que alguien lo escuchara.

Un segundo después, un zumbido metálico y violento se escuchó detrás de Uriel, quien abrió sus ojos con sorpresa y su sonrisa se desvaneció, mostrando una mueca de dolor. Uriel se dio la vuelta lentamente y sus ojos se abrieron aún más hasta casi salirse de lugar.

Elios intentó ver aquello qué había atacado a Uriel, pero sus párpados se volvieron pesados de repente y su cuerpo empezó a adormecerse, obligándolo a caer dormido. Antes de perder la consciencia por completo, Elios escucho nuevamente aquel zumbido, seguido de un corte limpio y un golpe seco en el suelo. Por más que Elios luchara por ver con claridad lo que pasaba, sus ojos se cerraron, sumergiéndose en un sueño profundo.

Al cerrar los ojos, Elios pudo sentir mucha paz. Pero, el problema era que esa paz no era... real.

(...)

Una pesadez extraña se adueñó de Elios, junto con una oscuridad repentina que cubrió sus ojos como un velo. Elios abrió sus ojos lentamente con esfuerzo, acostumbrándose al lugar luminoso en el que se encontraba y soltando un bufido somnoliento. Al abrir los ojos completamente se quedó mirando el techo de una habitación por unos segundos, con la mente en blanco y en un trance que le impedía siquiera recordar su nombre.

-¡Tío! ¡Despertó!- Elios escuchó un grito agudo y débil a lo lejos, pero no podía reconocer bien lo que pasaba a su alrededor.

El recuerdo de Uriel pasó por su mente y poco a poco las imágenes de lo que sucedió hace unas horas volvieron como una pesadilla vívida a su memoria. Elios se levantó de un salto de la cama en la que se encontraba y su respiración se agitó de repente. Un fuerte dolor de cabeza se hizo presente y Elios soltó un quejido, cerrando sus ojos fuertemente para reprimir el dolor.

"¿Qué pasó?", se preguntó a sí mismo.

Su amigo se había convertido en algo que jamás creyó posible y, antes de poder hacer algo, se desmayó de la nada, sin poder entender qué había pasado exactamente con Uriel luego de escuchar aquel extraño zumbido.

"Fue como si alguien manipulara algún objeto filoso...", pensó.

Una mano pequeña se acercó a Elios, la cual sostenía lo que parecía ser un vaso con algún líquido en él. Elios miró exaltado hacia la dirección de esa mano y vio a un niño pelirrojo con ojos verdes, sosteniendo en sus pequeñas manos un vaso con agua fría.

-Toma, debes beber esto. Mi tío dice que te hará sentir mejor.- el niño volvió a acercar el vaso hacia Elios, esperando a que este lo recibiera.

-Gracias...- Elios tomó el vaso un poco confundido y miró su contenido por unos segundos para después beber lentamente.

-Me llamo Luka. ¿Cuál es tu nombre?

Elios quería preguntar dónde estaba, qué hacía en ese lugar, quién lo encontró, cómo salió vivo de la casa de Uriel y qué había pasado exactamente. Pero bien sabía que esas preguntas solo confundiría al niño.

-Mi nombre...- Elios aún seguía en estado de shock por lo que había pasado, por lo que sus pensamientos y sus recuerdos estaban mezclados y le era difícil responder algo tan sencillo.

-Luka, te dije que no entraras aquí. ¿Acaso quieres verme enojado?- un hombre alto y pelirrojo apareció en la puerta de la habitación con los brazos cruzados y miró al pequeño niño como si estuviera fastidiado.

-Si verte enojado significa que me compres dulces para no molestarte, entonces sí.- dijo el pequeño con una sonrisa de oreja a oreja.

-Rayos, ¿qué cosas te enseña tu madre?- el hombre pelirrojo llevó una mano a su frente mientras soltaba un suspiro, fingiendo cansancio y volvió a dirigirse al niño, apoyando sus manos en sus rodillas para quedar a la misma altura que Luka. -Mejor ve a hacer tu tarea, debo hablar con el chico un momento.

-Bien.- el niño frunció el ceño e hizo un pequeño puchero con sus labios, luego se dirigió a la puerta y dio media vuelta para saludar a Elios. -¡Nos vemos, extraño!- se despidió y salió de la habitación.

Elios miró como el niño se alejaba y escuchó una pequeña risa de parte del hombre mayor en la habitación.

-Perdón si te causó alguna molestia, suele ser un niño hiperactivo.

-Ah, está bien. Es agradable.- dijo Elios, sonriendo con algo de tristeza.

"Esto parece un déjà vu...", se dijo a sí mismo, recordando cómo era su vida con el padre Andrew cuando era niño.

Los ojos azules del hombre miraron a Elios, tratando de descifrar lo que estaba sintiendo.

-¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo terminé aquí?- le preguntó Elios al hombre, suplicando una respuesta.

El hombre pelirrojo sonrió dulcemente y se acercó a Elios, pero mantuvo su distancia para que el castaño no sintiera desconfianza.

-Antes que nada, mi nombre es Dylan, Dylan Collins. Te encontré en un callejón, parecía que te habían robado y te dejaron herido. Claro que, lo primero que pensé fue en llevarte a un hospital, pero mi hermana, la mamá de Luka, me mataría si se entera que terminé en un hospital con su hijo.- explicó para luego rascarse la cabeza con culpa.

Elios recordó la herida que tenía en su brazo izquierdo y notó que estaba vendado de manera impecable y prolija. No sentía dolor alguno, por lo que abrió sus ojos con sorpresa al notarlo. Luego de unos segundos, los pensamientos de Elios hicieron clic y volvió a mirar al hombre que estaba parado en medio de la habitación.

-¿Dijiste que tu nombre... es Dylan Collins?

-Así es.- dijo Dylan con una sonrisa en su rostro.

-¿Tú eres el famoso sacerdote Collins?

-Supongo que se puede decir así, je.

-¿El bastardo que se opuso a ayudar en los casos de posición que más requerían de tu ayuda?- Elios miró a Dylan con rabia.

Elios recordó las veces que el edificio de investigaciones envió reportes detallados explicando que se requería ayuda urgente de un sacerdote experimentado y especializado, en otras palabras, necesitaban al sacerdote Dylan Collins, pero no recibieron ninguna respuesta de su parte. Elios conocía a este tal sacerdote Collins, quien era el más recomendado en todos los rincones de la iglesia, pero era mal visto por las personas del edificio de investigaciones que necesitaron de su ayuda en algunos casos importantes, ya que nunca prestó sus servicios. Esto se debía a que, según Dylan, no eran casos de su interés.

-A-ah... Bueno, si lo dices así...- Dylan volvió a rascar su cabeza, esta vez con nerviosismo, y apartó su mirada con más culpa que antes.

-Supongo que también debes conocerme, de lo contrario no me tratarías con tanta confianza ni traerías a tu casa a un completo extraño tan deliberadamente teniendo a un niño a tu cuidado.- Elios claramente estaba a la defensiva, ya que conocer a la persona que pudo haber ayudado y salvado a sus colegas en el pasado no era para nada agradable.

Dylan se sorprendió al escuchar la deducción a la que Elios había llegado, pareciéndole bastante astuto. Sus ojos azules brillaron discretamente y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro, seguido de una pequeña risa, demostrando lo satisfecho que estaba por esta respuesta.

-Tienes razón. Tu tío me habló mucho sobre ti.- la sonrisa de Dylan se hizo un poco más grande mientras miraba a Elios de una manera un tanto extraña.

Elios notó la forma en que Dylan lo miraba y lo analizaba, poniéndolo incómodo.

-¿Qué pasó con mi amigo?- cuestionó Elios al mismo tiempo que fruncía el ceño, tratando de cambiar de tema.

-¿Mm? ¿Tu amigo?- Dylan mostró una mueca de confusión al escuchar la pregunta de Elios.

-Sí, el chico que estaba conmigo. Había una casa en el fondo del callejón, él estaba ahí.

Dylan miró a Elios por varios segundos sin decir nada. La habitación de repente se volvió silenciosa y el ambiente cambió de manera notoria. Elios estaba confundido al no escuchar una respuesta del hombre pelirrojo que estaba frente a él, el cual había dejado de sonreír y miraba a Elios con una confusión extraña mezclada con algo más.

-Elios, estabas solo. No había nadie cerca del lugar donde te encontré y... no había ninguna casa en ese callejón.

Elios abrió sus ojos con sorpresa al escuchar esta respuesta, pensando que Dylan estaba mintiendo.

-¿De qué hablas? Uriel seguro estaba en esa casa, él me mandó la dirección de donde estaba.- Elios buscó su celular con desesperación y empezó a revisar sus mensajes.

Los ojos dorados de Elios se agrandaron con sorpresa y confusión al no encontrar nada relacionado con lo que había pasado hace unas horas. El número telefónico de Uriel no existía y el chat que tenía con él tampoco estaba. Solo quedaron algunas fotos viejas y mal tomadas de él, las cuales Elios usaba para molestarlo de vez en cuando.

La llamada de un número desconocido apreció en la pantalla del teléfono de Elios y al mirar con atención los números, se dio cuenta de que se trataba del contacto del edificio de investigaciones y posesión, por lo que Elios atendió la llamada un poco de dudoso.

-... ¿Hola?

-Hola, muchacho...

Elios se sorprendió al escuchar la voz del señor Miles al otro lado de la línea, temblando al pensar en las infinitas razones por la que este lo había llamado.

-Voy a ir directo al grano, no quiero quitarte tiempo.- el señor Miles suspiró e hizo una pausa para pensar varias veces en lo que diría mientras Elios esperaba en silencio que continuara. -Necesito que pases por el edificio para informarte sobre algo. Es urgente.

Los labios de Elios estaban abiertos ligeramente y su ceño estaba fruncido, demostrando su clara confusión al escuchar las palabras del señor Miles. Elios aceptó y se despidió del pequeño Luka y del sacerdote Collins, agradeciéndole por los cuidados y pidiéndole disculpas por la falta de respeto y las molestias que le había causado. Dylan dijo que no debía preocuparse por nada y que, de cierta forma, lo entendía, por lo que él también se disculpó con Elios.

Al llegar al edificio de investigaciones, Elios entró a la oficina del señor Miles, donde se enteró sobre lo que había pasado con su amigo. Uriel había sido encontrado sin vida cerca de la zona donde Elios vivía, en un lugar aislado, lejos del donde Elios perdió la consciencia. El señor Miles descubrió que Uriel fue el responsable de los casos de posesiones que se reportaron en la zona, aunque realmente fueron hechos por el demonio supremo con el que Uriel había hecho un pacto hace unos años para alimentarse de las almas inocentes de las familias.

Cuando Elios le preguntó al señor Miles cómo había muerto Uriel, este le dijo que no lo sabía. Su cuerpo estaba intacto y no había rastro de ninguna marca o algo parecido, cosa que no era normal en ningún sentido, ya que, cuando un demonio supremo abandona el cuerpo que estaba bajo su control, usualmente deja alguna marca o rastros de órganos podridos. En este caso, no había nada de eso.

Elios trató de ponerse en el lugar de Uriel, pensando en todo por lo que había pasado en su vida, sobre lo desafortunado que había sido por tanto tiempo y el hecho de que nadie quiso ofrecerle la ayuda que necesitaba, ni siquiera su propia familia. Elios trató de entender la desesperación y los motivos por los que Uriel terminó buscando una salida arriesgada, pero aun así le costaba creer que, por culpa de esa desesperación, él había perdido la vida. Aun así, Elios estaba enojado.

"Si te hubiese conocido antes, esto nunca habría pasado...", se repetía a cada rato.

Un día después, Elios les contó a Hansel y Mai sobre lo que había pasado y quedaron impactados por la noticia, algo que Elios ya había previsto. Claro que Elios no les dijo la verdad, ya que no lo veía necesario, por lo que les contó una versión totalmente distinta. El solo hecho de ver que Elios no mostraba ninguna emoción al contar lo sucedido hizo que Hansel y Mai rompieran en llanto y empatizaran con Elios, ya que pensaban que le había afectado demasiado esta pérdida... pero, la verdad, no era así.

Elios ya estaba acostumbrado a las noticias lamentables y ya no le sorprendía en absoluto a lo que una persona podía llegar. Cada caso que Elios escuchaba en el edificio de investigaciones y las razones por las que una persona terminaba perdiendo la vida a causa de una invocación para conseguir lo que tanto querían solo le parecían una excusa, por lo que algunas veces no terminaba de entender por qué las personas tomaban esas decisiones.

Elios había presenciado varias veces cómo algunas personas que entraban al subsuelo del edificio de investigaciones salían como personas normales y alegres, como si nada malo hubiera pasado. Los sacerdotes decían que había sido un milagro de Dios y, que gracias a él, las personas se había liberado, pero a Elios le costaba pensar en eso.

En el camino hacia Dios no hay obstáculos, no hay sufrimiento y tampoco pérdidas. En el camino hacia Dios todo es más fácil y está lleno de bondad. Para Elios, todo esto era solo una mentira que las personas inventaban.

Elios reflexionó en su habitación, la cual estaba a oscuras y silenciosa, con la ventana cerrada, sin dejar que ninguna luz se asomara. Miró el techo de su habitación, sin poder conciliar el sueño en ningún momento, pensando en todo lo que había pasado en su vida hasta ahora.

Las discusiones con el padre Andrew, la aparición de este ser maligno en su vida, el incidente en el subsuelo, los recuerdos de sus padres... la muerte de Uriel. Aun así, había muchas piezas que todavía le faltaban a Elios para poder entender mejor lo que estaba pasando. Todavía le faltaba recorrer un largo camino y Elios sabía que, a partir de ahora, los obstáculos serían mucho más grandes y difíciles de superar.

Elios suspiró frustrado y cerró los ojos, cubriéndose hasta la cabeza con las sábanas, murmurando en voz baja y con la voz quebrada.

-Estoy cansado...

......................

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