Cap. 11

En la iglesia de la ciudad, en un día nublado y un poco fresco, Andrew se encontraba dando una misa como de costumbre, pareciendo relajado y más aliviado que nunca, lo que atraía a muchas más personas a escucharlo. Por otra parte, en el edifico de investigaciones, el caos había disminuido. El subsuelo del edificio estaba en reparación, las familias ya habían sido compensadas y el papeleo había finalizado, poco a poco todo estaba volviendo a la normalidad.

William y otras personas de la recepción parecían agotadas después de tanto papeleo y documentos que completar día tras día. Hacía casi dos meses que William no pasaba tiempo con su hija de siete años por tanto trabajo. Desde el día en que sucedió el incendio, todo el personal del edificio estuvo ocupado por semanas, sin descanso alguno. Y ni hablar del señor Miles.

Luego de terminar de completar unos papeles, William suspiró aliviado y se echó hacia atrás en su silla para luego mirar la hora en su teléfono celular, el cual indicaba la hora de almuerzo. De pronto, una voz conocida y bastante familiar se escuchó frente a él, una voz que no escuchaba desde hace un tiempo.

-Hola, William.

William abrió sus ojos un poco y dirigió su mirada a la persona que estaba parada frente a él, sorprendiéndose al ver a Elios nuevamente en el edificio. William no sabía cómo reaccionar al ver a su viejo colega, pero aun así, la sorpresa que al principio sintió, se desvaneció en un instante. El rostro de William se volvió indiferente y echó su silla hacia atrás para ponerse de pie.

-Sígueme.- dijo sin ninguna emoción en su voz.

Elios lo miró extrañado y se sorprendió por su actitud. Miró a su alrededor y vio que las demás personas hicieron lo mismo, ignorando su presencia como si no quisieran verlo. Elios sintió cómo su corazón se oprimía y su rostro se llenó de angustia, llenándose de culpa y vergüenza al estar otra vez en aquel edificio en el que tanto tiempo había trabajado... el que consideraba su segundo hogar.

Elios siguió a William, quien seguía actuando de forma indiferente con él. Al llegar a la oficina del señor Miles, William tocó la puerta y esperó la respuesta desde adentro.

-Entra.

William abrió la puerta y asomó su cabeza dentro de la oficina.

-Señor, es él.

No se escuchó ninguna respuesta desde adentro, solo silencio.

-Hazlo pasar.- la voz del señor Miles se escuchaba un poco ronca y agotada, haciendo dudar a cualquiera de su salud.

William asintió y se hizo a un lado para que Elios pasara, sin dirigirle una mirada. Elios apretó sus labios y entró en la oficina. Un intenso olor a humo de cigarro invadió sus fosas nasales y Elios reprimió la tos en su garganta. El señor Miles se encontraba sentado en su silla detrás del escritorio, con la mirada fija en el monitor de una computadora mientras que entre sus dedos había un cigarrillo encendido. El cenicero a su lado estaba repleto de colillas, dando a entender la difícil situación que Miles estaba pasando con el asunto del subsuelo.

Miles levantó su mirada y clavó sus ojos en los de Elios, analizándolo y poniéndolo nervioso. Elios se sintió incómodo y bajó su mirada al suelo. Sin duda, el señor Miles sería más difícil de tratar que el padre Andrew.

-Siéntate.

Elios se sentó en la silla frente al escritorio del señor Miles, pensando en muchas maneras de pedirle que le dijera lo que quería. Por otro lado, Miles seguía mirando a Elios, fulminándolo con sus ojos cafés.

-Creí haberte dado el dinero suficiente para que no volvieras aquí.- sus palabras eran como cuchillos y su voz era tan fría y carente de empatía, tanto que Elios sintió un nudo en la garganta.

"Así que fue por eso... lo sabía...", pensó Elios en su interior. Agachó aún más la cabeza y apretó sus manos que estaban en sus muslos, formando puños y reteniendo en ellos la ira que empezaba a hacerse presente.

-Quiero saber qué pasó.- si Miles iba directo al punto, Elios también lo haría.

El señor Miles frunció el ceño y se echó hacia atrás, apoyándose en el respaldo de su silla. Le echó una mirada a su monitor y luego volvió a mirar a Elios, quien ahora mantenía su mirada firme en la del señor Miles. Elios estaba hecho un desastre: tanto su cabello como su ropa se veían descuidados y las ojeras que siempre traía bajo sus ojos eran ahora más visibles que antes.

Luego de unos segundo, Miles hizo unos cuantos clics con el ratón y giró el monitor frente a Elios, mostrándole lo que parecía un registro de varios videos de las cámaras de seguridad del subsuelo. En el subsuelo había muchas cámaras de seguridad, las cuales estaban ubicadas estratégicamente en los pasillos y en las habitaciones para evitar cualquier tipo de accidente imprevisto. En el monitor se veían varias perspectivas de diferentes cámaras, pero había dos de ellas que estaban en la parte superior, las más importantes, donde, en una, se veía un pasillo específico, y en la otra, la habitación de Judith minutos antes de que Elios llegara.

Los videos empezaron a correr al mismo tiempo y Miles tenía sus ojos clavados en los de Elios para ver su reacción y analizar cada ligero cambio en su expresión. Elios, por el contrario, veía atentamente los videos, sin prestarle atención a la mirada del señor Miles.

En los videos de la parte superior, se vio a Elios caminando por el pasillo, dirigiéndose a la habitación de Judith. Elios recordaba lo que había hecho ese día en la habitación, por lo que prefirió ver los demás panoramas en las otras habitaciones. Todo iba bastante normal, nada extraño estaba pasando. De pronto, la cámara en la habitación de Judith comenzó a hacer interferencia y, con ella, todas las cámaras de las demás habitaciones. Elios miró con esfuerzo lo que pasaba en aquella habitación, logrando ver cómo el rostro de Judith se deformaba mientras que él intentaba absorber al demonio.

En un instante, el cuerpo de Judith comenzó a quemarse por completo y su cara se volvió irreconocible, pareciendo definitivamente un demonio ardiendo en llamas. Los gritos de desesperación de todas las habitaciones se hizo escuchar y pronto el resto de las personas de las demás habitaciones comenzaron a quemarse por completo, provocando que las llamas consumieran el lugar y provocaran un incendio descontrolado. La alarma contra incendios se activó y los guardias comenzaron a correr hacia las salidas de emergencia, pero la estructura no soportó y cayó sobre ellos, aplastando sus cuerpos debajo de miles de escombros.

El cuerpo de Judith ya se encontraba calcinado y quemado por completo y su habitación también estaba en llamas, pero Elios, que estaba en el suelo inconsciente, no se quemó ni un solo pelo. Las cámaras de las habitaciones y los pasillos se volvieron negras una por una, pero la cámara de la habitación de Judith seguía intacta. Una figura de un hombre se alcanzó a ver en la habitación, entrando sin problemas y tomando en sus brazos a Elios para luego desaparecer y, por fin, la cámara se apagó.

Elios estaba con sus ojos abiertos de horror al ver esas grabaciones, su cuerpo temblaba y su mente estaba a punto de colapsar. ¿Cómo había pasado todo esto? Elios no podría haberlo hecho... ¿O si?

Miles seguía con su mirada sobre Elios, analizando su reacción y tratando de adivinar lo que estaba pensando.

-¿Quién era ese hombre?

Elios levantó su mirada, saliendo del trance en el que se encontraba, topándose con la mirada de hielo del señor Miles. Elios entendía que el señor Miles estaba enojado y angustiado por la pérdida del personal en el que tanto confiaba y el trágico final que se les dio. También entendió que era su culpa que eso hubiera pasado.

-Yo... no lo sé...- Elios no sabía qué hacer ni qué decir, estaba entre la espada y la pared. No quería delatar a aquel ser y tampoco quería decir su nombre.

-No te hagas el idiota y responde, muchacho. No pienses que soy como Andrew. Ese hombre entró como si nada en la habitación y te llevó lejos del fuego. Solo a ti. ¿Por qué no ayudó a los demás? ¿O acaso le importaba una mierda lo que pasara con el resto de las personas en ese subsuelo? ¿Eh?

El shock del video y la suma de la desesperación de Elios al escuchar las palabras del señor Miles, hicieron que las voces dentro de su cabeza se hicieran escuchar. Elios estaba cayendo en la locura cada vez que descubría la verdad sobre él. Cada vez que su locura aumentaba le era más difícil controlar sus emociones y callar esas voces, haciendo que el miedo lo dominara e hiciera que su cuerpo reaccione de manera involuntaria.

-Respóndeme ¿Quién es ese hombre? ¿¡Por qué te salvó solo a ti!?

-Está desesperado...

-¿¡POR QUÉ NO CONTESTAS!?

-Eres un cobarde.

-Qué inútil.

-JA, JA, JA, JA. ¡MÍRATE!

-QUÉ PATÉTICO.

-Ya basta...- la voz de Elios era un susurro comparado con los gritos de aquellas voces, las cuales hacían que se desesperara más por callarlas.

Elios llevó ambas manos a su cabeza, enterrando sus dedos en su cabello y haciendo bastante presión, casi arrancándose la piel. Miles seguía gritándole a Elios, pero él ya no podía escucharlo claramente, ya que batallaba con las voces de su cabeza.

-¿Acaso no harás nada?

-Eres un inservible.

-NO SABES HACER NADA.

-¿¡Por qué no te mueres!?

-JA, JA, JA. MUÉRETE BASURA ASQUEROSA.

-¡Elios, responde! ¿¡Quién es ese hombre!?

-¡YA BASTA!- Elios no aguantaba más.

Un estruendo se escuchó en la oficina y el vidrio de la ventana se rompió. Los muebles se hicieron trizas y el monitor salió disparado. El señor Miles fue empujado violentamente hacia un lado, provocando que se golpeara de lleno en la espalda y en la cabeza con la pared, cayendo al suelo adolorido.

Miles no podía moverse por el dolor que sentía y miró hacia arriba, abriendo sus ojos con horror. Sin duda alguna, Elios estaba siendo controlado. La parte blanca de sus ojos ahora era negra, sus iris brillaban como linternas amarillas y ya no había rastro de sus pupilas. Sus uñas habían crecido más de lo normal, dando un aspecto de garras y sus caninos se volvieron más largos y puntiagudos, casi como si fueran colmillos.

Elios, sin saber lo que estaba pasando, se volteó hacia el señor Miles, dándose cuenta de que estaba herido. Miles estaba asustado como nunca antes y trató de moverse para escapar, pero estaba paralizado del miedo y no pudo mover ni un dedo. El dolor punzante en su espalda era intenso y el sudor frío comenzó a deslizarse por su frente, mezclándose con la sangre que caía del fuerte golpe que recibió en su cabeza. Estaba realmente aterrado.

-Señor Miles...- Elios intentó acercarse al señor Miles para ayudarlo, ya que se veía muy mal, pero al momento de acercar su mano hacia él, Miles se hizo hacia atrás, huyendo de Elios.

Al ver esta reacción, Elios se detuvo. Cuando vio que su mano había cambiado, se dio cuenta de lo que estaba pasando. Elios miró su reflejo en el vidrio roto de la ventana y se vio a sí mismo convertido en un monstruo. Su piel estaba pálida y las venas de su cuerpo se veían negras, dando un aspecto de piel podrida. Sus uñas estaban oscuras y largas, iguales a las de las personas que estaban poseídas por demonios, pero aun así, Elios seguía consiente.

Unos pasos apresurados se escucharon en el pasillo fuera de la oficina y William entró de inmediato, acompañado de otras dos personas, los cuales parecían ser guardias de seguridad.

-¡Señor! ¿Qué suced...?- antes de terminar de hablar, William se encontró con una oficina destruida y el nuevo aspecto de Elios, el cual le generó un terror inexplicable al igual que a los guardias, haciendo que se paralizaran en cuanto lo vieron.

Cuando Elios volteó a verlos, William y los guardias retrocedieron con miedo, sin el valor para hacer un solo movimiento. Elios estaba confundido y asustado. ¿Por qué todos le temían? Su corazón se oprimió con tristeza y dolor. Las voces ya no lo torturaban, sino que ahora la tortura era el miedo que todos sentían hacia él. Elios apretó sus dientes, conteniendo sus ganas de llorar y gritar, pensando en una manera de escapar. Sin mucho que pensar, Elios se dirigió a la ventana y saltó. Estaba en el séptimo piso, pero no le importó en absoluto si sobreviviría o no. Solo saltó.

Cuando Elios saltó por la ventana, el señor Miles reaccionó. Con esfuerzo se levantó del suelo y corrió hacia la ventana y, al asomarse por esta, no vio nada. Elios había desaparecido en el aire.

-¡BUSQUEN A ELIOS! ¡AHORA!- gritó hacia William y los guardias detrás de él.

-¡Si, señor!- William y los guardias seguían en shock, pero aun así respondieron a la orden del señor Miles.

-¡Señor! Disculpe la interrupción pero...

-¿¡AHORA QUÉ SUCEDE!?- Miles estaba alterado y no podía controlar su conmoción, el miedo que había sufrido anteriormente aún seguía presente, por lo que no podía dejar de gritar.

-B-Bueno...- la mujer que había entrado a la oficina se asustó al escuchar el grito del señor Miles y no tuvo tiempo para mirar lo que había sucedido en la oficina, por lo que le costó un poco ordenar sus ideas y hablar claramente. -H-Hemos registrado un nuevo caso... cerca de la zona donde Elios reside. Al parecer es otro supremo, señor.

Al escuchar esto, el señor Miles apretó sus dientes y maldijo por lo bajo. Miró nuevamente hacia la ventana y recordó las palabras que Andrew le había dicho en la oficina el día en que vino a visitarlo.

"Andrew tenía razón... Maldita sea.", pensó.

-Llama a los investigadores y al sacerdote Collins para que vayan a investigar.

-¿El sacerdote Collins? Pero, ¿por qué él?

-No me hagas repetirlo y haz lo que te digo.- Miles miró a la mujer, agotado mentalmente y con intensiones de matar a quien sea.

-S-Si, señor.- la mujer hizo una reverencia y salió corriendo de la oficina, no sin antes llamar a los enfermeros para que revisaran al señor Miles, ya que se veía muy herido.

Miles sabía que lo peor estaba a punto de acercarse y debían estar preparados para cualquier cosa que pasara. Elios, por el contrario, debía estar preparado para el final que lo esperaba.

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Comments

Cristina Hernandez

Cristina Hernandez

el pobre de Elios todo espantado y preocupado

2024-07-27

0

* Kassandra *

* Kassandra *

pobre elio

2024-04-20

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