Dylan Collins, sacerdote del departamento de cultura y prácticas religiosas, el más experimentado de esta disciplina y segundo al mando de este departamento. Con tan solo veinticinco años, Dylan Collins alcanzó el nivel más alto que todos los sacerdotes, convirtiéndose en el más recomendado para investigaciones y prácticas de exorcismo en otras áreas de la iglesia, volviéndose famoso en cada rincón de esta. Actualmente, fue nombrado como futuro sucesor de todo el departamento a sus veintinueve años de edad.
Aunque es el más joven de todos los sacerdotes de su departamento, es el más capacitado para cualquier tipo de actividad dentro de la iglesia, incluso para hacer labores fuera de su ocupación. Es por esto que el señor Miles lo mandó a llamar el día anterior, aunque ciertamente fue una bendición que el sacerdote Collins aceptara colaborar, ya que este solo aceptaba investigaciones que eran de su interés.
En la sala de reuniones del edificio de investigaciones, el señor Miles y el padre Andrew estaban esperando impacientes la llegada del sacerdote Collins. Unos pasos se escucharon en el pasillo y luego la puerta de la sala de reuniones se abrió, dejando ver a un chico pelirrojo y de ojos azules, vestido con ropas casuales y un abrigo color verde.
-Disculpen, ¿es aquí la sala de reuniones?
-Hay un cartel afuera, por si no te diste cuenta.- el señor Miles estaba un poco irritado, ya que el joven sacerdote había llegado una hora tarde.
-A-ah, lamento mucho la demora.- el sacerdote Collins se rascó la cabeza un poco incómodo y forzó una sonrisa torpe para disculparse.
-No te preocupes, seguro tuviste algún retraso.- dijo Andrew reprendiendo con la mirada a su amigo, quien resopló enojado. -Por favor, toma asiento.
El padre Andrew le hizo un gesto amable al sacerdote Collins invitándolo a tomar asiento para poder hablar del asunto con seriedad. Un pequeño brillo malicioso se pudo notar en los ojos azules del sacerdote Collins, el cual ocultó con una sonrisa amable para luego tomar asiento y escuchar atentamente esta historia que tanto le interesaba.
(...)
Elios estaba profundamente dormido y agotado, con las sábanas cubriendo su cuerpo desnudo y acurrucado en la cama. Un hombre a su lado lo veía con ternura, memorizando cada detalle y curvatura del pequeño cuerpo a su lado. Sus ojos oscuros no se apartaban, dejando claro que no quería olvidar ni el más pequeño detalle.
Con cada segundo que pasaba, Satanás repetía una y otra vez en su mente lo que había ocurrido la noche anterior. La noche que reclamó el cuerpo de su amado zorro dorado. Recordó sus suaves gemidos, sus ojos lagrimeantes, el dulce sabor de sus labios y su voz entrecortada mientras decía su nombre. Recordó cómo la espalda del castaño se arqueaba y cómo su cuerpo se estremecía bajo el suyo con cada caricia y beso que recibía. Recordó el tacto de su piel delicada y cada parte de su pequeño cuerpo. Satanás recordó cada minuto, cada hora de la noche anterior mientras veía rendido a su querida presa, sin poder resistir la tentación de querer volver a reclamarlo.
Los ojos de Satanás seguían recorriendo el cuerpo de Elios, pero un pensamiento negativo hizo que toda la magia desapareciera en un segundo. La expresión de Satanás se volvió seria y oscura, pero a la vez preocupada y un poco desesperada.
Satanás sabía que el cuerpo de Elios no resistiría por mucho tiempo por culpa de los demonios que había en su interior. Resultaba ser que cada exorcismo que Elios realizó desde sus diez años afectaron su vida y todos los planes que Satanás tenía desde un principio. Los demonios que Elios absorbió quedaron atrapados en su corazón, el cual funcionaba como una jaula, encerrándolos por tantos años. Con cada demonio que se fue sumando, se hicieron más fuertes y sus deseos de muerte y venganza se hicieron más grandes. Satanás dedujo que estos demonios unieron sus fuerzas para poder liberarse y controlar a Elios a su antojo, llegando al punto de matarlo por dentro poco a poco.
Si no se hacía algo pronto, quién sabe hasta dónde pueden llegar los demonios dentro de Elios. Para esto, solo había un ser todopoderoso capaz de intervenir con un éxito asegurado.
Los ojos de Satanás se tornaron rojos por el enojo y la impotencia que sentía, brillando violentamente al pensar que no podía hacer mucho. Como los demonios estaban encerrados en el corazón de Elios, Satanás no podía ayudarlo, ya que el corazón humano es algo con lo que no puede tratar, pues es el órgano considerado el más puro, por lo que Dios le prohibió siquiera pensar en tocarlo. Lo único que Satanás podía hacer, era tratar de calmar a esos demonios entrando en los sueños de Elios, ya que mediante estos los demonios se manifestaban con más intensidad.
Satanás se puso su ropa, sin importarle mucho su aspecto desordenado y despreocupado. Su pelo estaba realmente alborotado, pero esto le daba un toque más sexi a su apariencia. Antes de irse, Satanás volteó a ver a Elios, quien seguía acurrucado y dormido entre las sábanas. Eran las 12:33 p.m. del domingo, por lo que no había necesidad de despertarlo aún.
Satanás sonrió al ver lo tierno que el pequeño castaño se veía, pero luego su sonrisa se llenó de tristeza al pensar lo que podría llegar a pasarle. El ser se acercó a Elios y dejó un dulce beso en su frente, luego se separó un poco y miró al muchacho por última vez.
-Voy a salvarte, mi pequeño zorro dorado. No importa lo que pase.- dijo en un susurro para luego marcharse del lugar.
"Juro que voy a salvarte..."
(...)
-Entonces... dada la información que me acaban de dar, ¿dicen que esto tal vez esté relacionado con el joven Elios?
-Es lo que creemos. Antes del incidente en este edificio, se notificaron varios casos de posesión de demonios secundarios y supremos en la zona donde vive y, ahora, esos mismos casos están apareciendo nuevamente.- el señor Miles hablaba sin titubear, brindado cada detalle sobre lo sucedido con Elios en el edificio de investigación.
Andrew, por otra parte, se sentía incómodo al contarle este tema a alguien que no conocía del todo y que, por supuesto, no le generaba confianza alguna.
-Padre, ¿usted qué opina de todo esto?- Dylan se dirigió a Andrew, quien se sobresaltó un poco al escuchar su llamado.
-Pues... no estoy del todo seguro, de hecho, no conozco muy bien los detalles de este incidente. Pero, si puedo decir que conozco bien a mi sobrino y él no tiene nada que ver con esos casos. Sé que él no sería capaz de eso.
-Ese muchacho es capaz de todo, Andrew. Si quisieras saber sobre esto, te hubieras interesado en cuidarlo mejor y no mandarlo a la boca del lobo cuando solo era un maldito niño.
De más estaba aclarar que Henry y Andrew siempre tuvieron sus peleas, más que nada sobre sus personalidades diferentes. Pero, aún siendo completamente distintos, el mayor problema que tanto hacía enojar a Henry, era el hecho de que Andrew le enseñara a un niño un mundo que no debía haber conocido.
-No trates de echarme la culpa de todo, te recuerdo que tu mismo me sugeriste hacer esto. ¿Qué iba a saber yo sobre criar a un niño? Solo hice lo que me parecía correcto.
-Pues tenemos definiciones distintas sobre lo que es correcto.
Ambos se miraron con ira mientras que sus palabras parecían cuchillas lanzándose con intenciones de herir fríamente al otro. Por otra parte, Dylan Collins ocultaba con sus manos la sonrisa maliciosa en sus labios, disfrutando del pequeño disturbio que había entre los dos amigos frente a él. Luego de pensar en una posible respuesta, Dylan aclaró su garganta para hablar y captar la atención de los presentes.
-Padre, ¿sabe si Elios tiene algunos amigos?
-Sí, los tiene.- el padre Andrew ignoró al señor Miles para hablar con el sacerdote Collins. -Tiene tres amigos, de hecho son bastante unidos y buenas personas.
-Bien, pues tendré que investigarlos a ellos también para prevenir cualquier problema. Puede que ellos estén afectados por este asunto.
-Tiene razón...- Andrew asintió levemente con tristeza, ya que no le gustaba la idea de que los amigos de Elios terminaran metidos en este problema.
-Entonces, suponiendo que eso es todo. Debo irme ahora.- Dylan se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta, dando por terminada la reunión.
-¿Por qué con tanta prisa?- preguntó el señor Miles mirando fijamente al sacerdote Collins.
Dylan colocó su mano en la perilla de la puerta y la abrió, luego se giró para mirar a los dos amigos y sonrió de oreja a oreja.
-Tengo que pasar por la guardería y buscar a mi sobrino, de lo contrario, mi hermana se enojará.
Sin más que agregar, el sacerdote Collins se fue del lugar, dejando al padre Andrew y al señor Miles sin palabras.
Mientras el sacerdote Dylan caminaba por el pasillo, comenzó a reflexionar sobre la información que había obtenido anteriormente. Dylan pensaba que había algo más detrás de este caso, que no solo Elios estaba involucrado, sino que existía una posibilidad de que hubiera dos personas más detrás de todo esto, tal vez tres.
"Necesito más información de todo esto. Tal vez estas personas sean más importantes de lo que se cree...", pensó.
Al salir del edificio de investigaciones, una llamada lo sacó de sus pensamientos. Al mirar la pantalla de su teléfono, vio el nombre de su hermana, a lo que este suspiró antes de atender.
-¿Qué sucede? Voy en camino.
-Más te vale que llegues a tiempo si no quieres terminar calvo. ¿Ya terminaste ese asunto que debías resolver?
-Tranquila, ya terminé todo. Ahora voy a recogerlo, no te alteres, Rosie.- Dylan comenzó a caminar mientras hablaba.
-Bien, avísame si pasa algo. No confío en ti para nada.
-Yo también te quiero, nos vemos.- Dylan cortó la llamada un poco fastidiado, aunque solo lo hizo para molestar a su hermana.
Dylan es el hijo mayor de su familia y le gusta molestar a su hermana de vez en cuando, aunque suele hacerlo con cariño. No tuvo padres, por lo que fue adoptado por una familia pequeña y amorosa. Las personas que lo conocieron quedaron encantadas con su personalidad alegre y contagiosa. Al ser alguien que destacaba tanto, muchas personas querían estar a su lado, por lo que nunca tuvo problemas sociales en su vida.
Sin embargo, cada quien oculta su lado oscuro, el otro lado de la moneda que nadie quiere mostrar, en el que se ocultan los secretos más perturbadores de cualquiera. Dylan Collins, un conocido y respetado sacerdote de la iglesia de la ciudad, ocultaba algo detrás de su sonrisa despreocupada.
Dylan Collins, era un monstruo en secreto.
Mientras caminaba distraído, Dylan sintió que algo duro chocó con su hombro izquierdo y giró para ver lo que había golpeado, dándose cuenta de que era una chica de baja estatura.
-¡Ah! Lo siento, no te había visto.- Dylan trató de disculparse, pero la persona a quien había chocado no era alguien... racional.
-Mira por donde caraj* caminas, imbécil.- Mai le echó una mirada asesina a Dylan, quien se sobresaltó por su intimidante reacción.
-¡Amor! Por fin te encuentro. ¿Dónde estabas? No te vi cerca y empecé a preocuparme.- Hansel habló de manera apresurada y rio un poco por los nervios. -Disculpe, señor, no hay ningún problema, no se preocupe. Que tenga un lindo día.
Hansel se despidió con una sonrisa nerviosa y tomó a Mai de sus manos para evitar que esta iniciara una pelea en medio de la calle. A lo lejos, Hansel le daba una dona a Mai para que comiera, aunque realmente era para calmar su enojo. Mai aceptó la dona sin decir nada y comenzó a comerla en silencio mientras hacía un puchero y caminaba al lado de Hansel.
-¿Por qué me detuviste? Ese hombre no se quitó de mi camino.- Mai tenía unos diminutos rastros de glaseado en la comisura derecha de sus labios.
-Porque no hay necesidad de que te enojes por eso, cariño. Además, ese hombre ya se había disculpado y parecía agradable.- la sonrisa de Hansel no desaparecía y no dejó de mirar a Mai en ningún momento, ya que cada reacción de ella le parecía tierna.
-Mm, como sea. ¿Hablaste con Eli? Desde que terminó el período de exámenes, no lo hemos visto en la universidad.- Mai le dio otro mordisco a su dona y miró a Hansel.
-Intenté comunicarme con él varias veces, pero cada que lo llamo se escucha una interferencia en la línea. No sé muy bien qué le sucede estos días.- dijo Hansel mientras limpiaba con delicadeza el glaseado cerca de los labios de Mai. -Pero lo conozco muy bien, y sé que está pasando por algo difícil en estos momentos. La verdad, me preocupa un poco.
Mai miró a Hansel y notó que estaba un poco deprimido, por lo que apretó sus labios y frunció un poco su ceño, sintiendo algo de culpa al mencionar a Elios. Aunque Mai sea una persona impulsiva y un tanto agresiva, no le gustaba ver a Hansel de esa manera.
-Ey, descuida. Todo estará bien. Elios no es el niño llorón de antes, seguramente resolverá todo.- Mai sonrió levemente para tranquilizar a Hansel y despejar sus ideas negativas, lo cual había funcionado.
-Sí...- Hansel suspiró, calmando sus ideas y luego le devolvió la misma sonrisa a Mai para luego besar su mejilla. -Gracias.
Las mejillas de Mai se tornaron rojas y se apartó inmediatamente, dándole otro mordisco a su dona y caminar un poco más apresurada. Hansel soltó una carcajada y corrió para estar al lado de Mai nuevamente.
Por otro lado, Dylan sonrió levemente y miró su mano izquierda, viendo con atención la pequeña esencia del aura de Mai que había quedado en su brazo en el momento en que golpearon sus hombros. El aura que Dylan observaba era de color blanco y exhaló aliviado, sabiendo lo que esto significaba.
-Ya veo por qué los pusiste en su camino. Sin duda alguna, son unas personas muy puras.- Dylan miró hacia arriba, donde algunas nubes tapaban el azul del cielo. -No pierdes el tiempo, ¿verdad... padre?
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