Cap. 14

El cielo estaba un poco despejado, pero el clima se sentía igual de fresco. Unos rayos de sol entraron en la habitación y Elios abrió sus ojos lentamente, acostumbrándose a la luz del nuevo día. El reloj de alarma marcaba las 12:55 p.m., la casa estaba tranquila y silenciosa. Elios emitió un ruido somnoliento y palmó su cama, sintiendo un vacío a su lado. Al abrir sus ojos completamente miró a su alrededor, dándose cuenta de que se encontraba completamente solo.

Elios recordó la noche anterior y su rostro se ruborizó totalmente, avergonzándose por lo que ocurrió y sintiéndose un bobo.

"¿Por qué hice eso anoche? ¿Y si esto complica las cosas? ¿Y si tal vez... ya no aparezca más ahora? ¿Qué hago si eso ocurre...? La verdad, no quiero que eso pase...", pensó mientras se tapaba su rostro con ambas manos, sintiéndose inseguro de sí mismo.

Para Elios, este tipo de relación era totalmente nueva en todo sentido, tanto que se le hacía extraño estar en esa situación. En el pasado, Elios era el que terminaba desapareciendo en la mañana, pero ahora el rol había cambiado. En ese momento, Elios era el que se quedaba con las dudas y las inseguridades del qué pasará en el futuro. Ahora era él quien no quería alejarse de la persona que lo tomó con amor y locura.

Elios empezaba a sentirse deprimido al pensar en aquellas cosas negativas, hasta que miró su mesita de noche por el rabillo de sus ojos y se dio cuenta de que en ella descansaba una rosa y una carta de color negro, aunque más bien parecía quemada. Elios vio con sorpresa aquella rosa, la cual parecía ser diferente a una normal. Al tomar la rosa con ambas manos, la examinó con cuidado; no tenía espinas y su color rojo era muy brillante, intenso y llamativo, tenía unos cuantos cristales en sus pétalos, los cuales hacían que brillara aún más con la luz, y su tallo era negro al igual que sus hojas. Sin duda, era una rosa extraña y poco común, con una fragancia dulce y fuerte, agradable para cualquiera.

Elios miró la rosa por varios segundos y luego tomó el pequeño trozo de papel de la mesita de noche, la cual tenía algo escrito con lo que parecía tinta dorada y, efectivamente, el papel parecía quemado. La carta contenía una nota un poco cursi, pero aun así hizo que las dudas de Elios se despejaran y su corazón se acelerara a medida que leía cada palabra.

...~Mi zorro dorado, tengo que resolver un asunto importante, probablemente no pueda verte en unos días. Le di la orden a un asistente de confianza para que te proteja y atienda todas tus peticiones, no te molestará a menos que lo llames. Lamento no haberme despedido en persona, mi pequeño zorro dorado. Y por lo de anoche... no olvidaré ni un segundo. Eres mi tesoro, recuérdalo siempre.~...

No había ninguna firma o algo que distinguiera a la persona que había escrito la nota, pero aun así no hacía falta pensarlo con profundidad.

Elios apretó sus labios y llevó una mano a su rostro, ocultando un poco sus mejillas rojas mientras leía un par de veces más a aquella carta oscura y con caligrafía elegante. Sus latidos enloquecieron y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, soltó un suspiro y rio un poco, sintiendo cómo sus ojos empezaban a picar.

-Mierda... se siente extraño, pero a la vez es agradable.- dijo mientras secaba algunas lágrimas de sus ojos.

En este punto, Elios se dio cuenta de dos cosas. Una, estaba empezando a sentir algo un poco más profundo hacia este ser maligno, algo que no debería haber pasado desde un principio; y dos, uno de ellos, o tal vez ambos, terminarían metidos en problemas mucho más peligrosos que los de ahora.

Si bien, Elios empezaba a admitir que un tonto sentimiento estaba creciendo, no podía soportar la idea de que, algún día, todo eso terminaría muy mal para los dos.

-¿Qué debo hacer ahora...?

La angustia apareció nuevamente y Elios guardó la carta en el cajón de su mesita de noche. Aún estaba en la cama, por lo que dejó la extraña rosa en su lugar y volvió a recostarse, mirando el techo y pensando en mil cosas al mismo tiempo.

"Los exámenes ya terminaron, por lo que tendremos una semana de descanso. Creo que los resultados se publicarán en la vuelta a clases, pero aún no estoy seguro..."

Elios pensó en sus amigos e hizo un movimiento para alcanzar su teléfono desde la cama, pero una punzada en sus caderas hizo que soltara un quejido de dolor. Elios se colocó una remera holgada y un pantalón cómodo de pijama para luego levantarse de la cama. En el momento en que intentó pararse, sus piernas le fallaron y se debilitaron, haciendo que Elios se tambaleara unas cuantas veces, por lo que volvió a sentarse en el borde de la cama.

Un rubor apareció en sus mejillas y maldijo por lo bajo, cubriendo su rostro con ambas manos. Elios recordó la fuerza y la delicadeza con la que el ser lo había tratado la noche anterior, cada beso y cada caricia que dejó en su cuerpo, así como también las oleadas de emociones y sensaciones que le provocaba con cada toque en su piel. También recordó que había sido marcado más de una vez, pero el recordar cómo se hundían los extraños colmillos de Satanás en su cuello, su espalda, su pecho y sus piernas solo hacía que el rubor aumentara aún más. El hombre no fue para nada rudo con él, de hecho, había sido todo un caballero, poniendo en primer lugar la comodidad de Elios en cada momento.

"En serio, ¿qué voy a hacer contigo...?", se preguntó a sí mismo.

Elios se levantó de su cama, luego de varios intentos, y buscó su celular para revisar sus mensajes. Había algunos de Hansel y Mai preguntando cómo estaba o si se sentía bien, ya que Elios no había hablado con sus amigos durante ni después de los exámenes. Por otro lado, casi no se sabía nada de Uriel, estaba prácticamente desaparecido.

Luego de responder algunos mensajes, Elios se preparó un desayuno tardío, pensando en quedarse en casa todo el día. Al terminar, Elios recibió una llamada de parte de Uriel, lo cual lo desconcertó un poco.

-¿Hola? ¿Uriel?

-...- del otro lado de la línea no se escuchaba nada, solo una respiración profunda y pausada. -Elios... necesito tu ayuda.- Uriel se escuchaba un poco extraño, y como si fuera poco, su petición también lo era.

-¿Qué ocurre? ¿Estás bien?- Elios frunció el ceño, pareciendo preocupado.

-Estoy en problemas... ¿Puedes venir a mi casa?

Elios no sabía que pensar exactamente, aunque sabía que su amigo era de hacer algunas bromas, no era propio de él pedir ayuda de una manera tan extraña y... misteriosa.

-Eso creo, pero, ¿estás bien? ¿Dónde estás ahora?

Uriel le dio algunas indicaciones de donde se encontraba, pero seguía actuando de manera muy poco habitual. Su voz se oía muy rara, como si estuviera cansado y sin emociones. También se escuchaba un poco de interferencia en la línea, por lo que Elios tuvo que alejar su teléfono de su oído unas cuantas veces y pedirle a Uriel que repitiera lo que había dicho.

Uriel nunca reveló dónde vivía, cada que sus amigos le preguntaban sobre esto, él cambiaba de tema y no les respondía, queriendo evitar esta pregunta a toda costa. Es por esto que, cuando Uriel le dio la dirección de su casa a Elios, este empezó a sospechar un poco. Si fuese en un contexto diferente, Elios estaría emocionado por ir a la casa de su amigo por primera vez. Pero, en este caso, algo le decía a Elios que algo malo estaba a punto de pasar.

Elios cambió su ropa a una más abrigada y se puso unas zapatillas cómodas para caminar más rápido hacia donde estaba Uriel. Al parecer, su casa se encontraba en la zona donde Elios vivía, por lo que no le tomaría mucho tiempo llegar a donde estaba.

Al llegar al lugar donde Uriel le había indicado, Elios se dio cuenta de que se encontraba en un callejón oscuro, el cual llevaba a una casa abandonada que estaba al fondo del callejón, dándole un aspecto aterrador y sombrío. Elios se cuestionó si estaba en el lugar correcto y revisó la dirección que Uriel le había enviado para comprobar si estaba en el lugar indicado y, efectivamente, lo estaba.

Elios tragó saliva y, antes de dar un paso, un grito agudo y desgarrador provino desde arriba. Elios miró rápidamente hacia arriba y vio como un alma gritaba de dolor mientras se retorcía. Segundos después, otras almas se sumaron y huían aterradas del lugar mientras gritaban y se lamentaban.

"¿Qué es todo esto...?", se preguntó Elios tratando de buscar una respuesta a este comportamiento inusual.

Si bien, Elios sabía que las almas y los demonios que veía eran impredecibles, sabía que algo como esto no era normal en absoluto.

Elios dudó un poco y empezó a caminar por ese callejón frío y un poco oscuro. Las nubes volvieron a tapar el cielo y el sol dejó de asomarse, haciendo que el ambiente en el que Elios se encontraba fuera un poco más aterrador. Al llegar a la casa que había en el fondo, Elios contempló lo que había frente a él y se quedó mirando la puerta por un par de minutos para luego girar la perilla de esta y entrar a la casa.

-¿Uriel?- Elios miró por todos lados y examinó cada detalle del interior de la casa.

Había unos cuantos escombros en el interior y las paredes estaban quemadas, al parecer había ocurrido un incendio hace años y la casa quedó olvidada en el callejón. Unas manchas de sangre seca y diminutas en las paredes y en el piso hicieron que Elios sintiera un escalofrío en su espalda y tragara saliva fuertemente.

-Uriel, si esto es una broma... no me está gustando.- Elios sintió el miedo poco a poco empezó a crecer.

-No lo es.

Elios se sobresaltó y giró rápidamente hacia la dirección de donde venía esa voz, pero unos brazos lo envolvieron por su espalda y lo inmovilizaron. Una cabeza se apoyó en el hombro de Elios y este quedó paralizado. Al mirar por el rabillo de su ojo, pudo ver el pelo azulado de Uriel, el cual estaba sucio y descuidado.

-Uri...

Los brazos de Uriel hicieron más fuerza y Elios apretó sus dientes por la presión que lo estaba inmovilizando. Un momento después, Uriel se acercó al cuello de Elios y empezó a aspirar su perfume, haciendo que Elios abriera sus ojos con terror y que su corazón se detuviera.

-Necesito tu ayuda.- dijo Uriel mientras suspiraba y su voz empezaba a escucharse distinta. -Eres el único que puede ayudarme.

Al escuchar el tono de la última frase, Elios se estremeció y su cuerpo comenzó a temblar. La voz de Uriel se volvió ronca y distorsionada, como si una segunda voz se interpusiera para querer hablar al mismo tiempo.

-Uriel... por favor, suéltame.- Elios intentó zafarse del agarre de su amigo, el cual seguía manteniendo sus brazos firmes en Elios, sin querer soltarlo.

-No, todavía no.- Uriel metió sus manos lentamente por debajo de la ropa de Elios, haciendo que este temblara por el tacto y de sintiera todavía más horrorizado. -El tiempo se me está agotando. El maldito gato redujo el tiempo límite y ahora me queda una put* semana.

Al escuchar esto, Elios pudo entender mejor a lo que se refería, pero quería pensar lo contrario, ya que Uriel no haría algo tan tonto... ¿Verdad?

-¿A qué te refieres...?- Elios volvió a mirar la cabeza de Uriel, la cual seguía apoyada en su hombro.

-¿Recuerdas... que nunca te conté de mis padres? ¿O cuando aquellas personas me molestaban? Fue divertido escucharlos gritar. La verdad es que no valió la maldita pena porque ahora estoy más jodido que antes.

Uriel sacó sus manos que estaban debajo de la ropa de Elios y con una de sus manos tomó su cintura fuertemente, mientras que con la otra tomó el mentón de Elios, haciéndolo a un lado y seguir oliendo el perfume del castaño.

-Uriel, ya fue suficiente, suéltame.- Elios intentaba con todas sus fuerzas zafarse del agarre de Uriel, pero este no cedía. -¿Qué fue lo que hiciste?- en ese momento, la voz de Elios empezó a temblar y su respiración se entrecortaba.

Uriel empezó a reír al igual que la segunda voz en su cuerpo, haciendo la escena un poco más escalofriante y aterradora.

-Los maté.- Uriel despegó su cabeza del hombro de Elios y lo miró a los ojos, haciendo que la cara de Elios se pusiera blanca como una hoja de papel.

Uriel empezó a reír como loco, haciendo eco en toda la casa. Sus ojos estaban negros completamente y su sonrisa estaba deformada, unos hilos de saliva se extendían desde su boca hasta su mentón y las venas de su cara podían verse negras, dando la impresión de que se estaba pudriendo por dentro.

Elios no pudo soportarlo más y volvió a luchar para liberarse. Esta vez tuvo éxito y empujó a Uriel lejos de él, alejándose varios metros y luego se dio la vuelta para analizar mejor lo que sucedía. Una sombra envolvía a Uriel y se extendía hasta el techo de la casa. Uriel parecía un cuerpo sin vida, siendo controlado por algo.

-Debes ser mío, ¿lo entiendes? De lo contrario no podré seguir viviendo.- Uriel empezó a acercarse a Elios lentamente, su voz parecía desesperada y tenía un tono suplicante.

-¿Qué mierda hiciste?- con cada paso que Uriel daba, Elios retrocedía con temor, calculando la distancia que había entre él y la puerta principal a sus espaldas.

-¿Que qué hice? Busqué mi propia felicidad, eso hice. Mi familia era una porquería, mi vida estaba llena de desgracias y maltratos, golpes e insultos, gritos que decían que yo era un inútil y una maldita basura, que matarme podría facilitarles la vida a los demás, y lo intenté.- Uriel empezó a reír. -Intenté matarme miles de veces y de todas las maneras que se me ocurrieron, pero era un put* cobarde para hacerlo.- Uriel empezó a hablar más fuerte y con dolor en su voz. -¿Qué tiene de malo querer algo más? Cuando apareciste, pude ver una esperanza en mi vida y pensé que todo estaría bien a partir de ese momento.

Elios recordó el momento en que conoció a Uriel y abrió sus ojos al pensar que esta fue la causa por la que Uriel llegó a este punto sin retorno. ¿Qué había hecho mal? Solo ayudó a alguien que lo necesitaba, ¿cómo acabaron las cosas así?

-¿Sabes? Ellos casi me matan. Me quebraron las piernas, me rompieron los huesos de las manos, me cortaron la cara y me dejaron sangrando en la azotea. ¿Qué podía hacer yo? El gato de mierda apareció y lo único que pensé fue en vengarme y hacer que seas mío. Se supone que tendría tiempo hasta la graduación, pero resulta...- Uriel hizo una pausa y miró hacia arriba, mirando fijamente aquella sombra extraña. -, que al bastardo se le acabó la put* paciencia.

Luego de unos segundos, la sombra se hizo más densa y visible, envolviendo a Uriel aún más hasta deformar su cuerpo por completo. El sonido de sus huesos quebrándose y el grito desgarrador de dolor de Uriel hicieron que Elios se horrorizaba e intentará huir hacia la puerta, pero sus piernas no le respondían. Elios cayó al suelo, mirando con temor como el cuerpo de Uriel se transformaba en el cuerpo de un demonio supremo bastante poderoso.

Elios no podía moverse y de su garganta no salía ni un solo sonido. Un pensamiento pasó por su mente como un destello y articuló una débil palabra, la cual salió en un simple susurro.

-Ayuda...

......................

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Comments

Sol

Sol

es raro que quede de esa manera frente a esta situación teniendo los años de experiencia que se supone tiene... se entiende el miedo pero no al punto de paralizarlo

2023-09-11

2

Sol

Sol

que esta vez le haga caso a su intuició...

2023-09-11

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