Su boca se abre en una perfecta O y sus ojos anchos de la sorpresa me miran esperando la confirmación
—Me estás jodiendo, Rose. – niego. —No lo puedo creer, Christian Grey, un dhampir. – resopla cruzándose de brazos infantilmente. —Eso sí, sería una gran noticia para la revista.
—Agarra tus caballos que eso no es todo.
—No me digas que te reconoció. – dice en un grito histérico. —Mierda. Ahora sí la he cagado. – Niego señalándole que volviera a sentarse.
—No me reconoció- suspira con alivio. —Él no lo sabe. – estaba a punto de interrumpirme, pero le doy mi mirada de: cállate y escucha, haciendo que asienta dócilmente. —Cuando salí del edificio un guardián me abordo, me pidió discreción, pues Grey no tiene ni idea de los vampiros, creo que es algo así como su guarda espalda. – resoplo. —Casi me da un jodido infarto cuando vi que era un dhampir, pero como no menciono nada lo deje pasar. Me alegra no haberlo hecho, sino, en este momento, estaría internada en un manicomio.
—Qué suerte.
—La que me reconoció fue Olivia, una de sus secretarias, pero parece que no dirá nada.
Su ceño se frunce.
—¿Cómo puedes estar segura?
Evito su mirada un poco avergonzada.
—Rose... ¿Eso es un sonrojo?
—¡Cállate! - Grito arrojándole un cojín que esquiva fácilmente.
—Está bien, prometo, no molestarte.
Me cruzo de brazos con indiferencia y alzo mi barbilla un poco altiva. —Que te puedo decir, Soy hermosa y muy popular. No extraño que ocasionalmente conozca una pequeña admiradora.
Se ríe un poco escondiendo su rostro en un cojín.
—Tienes razón- asiente con seriedad después de un rato — Sí que fue un día ajetreado.
—oh querida, hay no termita. – murmuro, sacando la citación al juzgado y dándosela. —Esta es la guinda del pastel.
La expresión de Kate, al leer, me dijo que ella estaba igual o más sorprendida e indignad que yo.
—¿Cuándo llego esto? ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Qué estabas esperando la navidad?
Me rio por su enfurruñada preocupación —Lo recibí esta mañana, había un guardián de la tía Tatiana esperándome junto al auto cuando salí, le dije al viejo que se encargara de ello.
Miro el reloj.
—Me voy. Si me doy prisa creo que llego a mi taller a tiempo.
—Pensé que Jonas te cubriría ¿En serio irás? Estarás agotada. ¿No crees que ya fue mucho estrés por un día? No es como si realmente no pudieran hacerlo sin ti.
—Estoy bien, no te preocupes por eso, al parecer su hija anoche se ha resfriado y no tiene con quien dejarla hoy. Ya sabes cómo es la pequeña, cuando está enferma llorara si no ve a su papá. Tendría que llevarla con él y podría contagiar a otras personas. ¿Lo hablamos luego? - interrogo señalando los documentos en sus manos.
Ella niega fervientemente.
—No te preocupes por esto, Abe y yo lo solucionaremos y si alguien pretende llevarte de vuelta tendrá que arrastrarnos a ambas. Jamás oirán el fin de eso como se atrevan. – sonrió ante su furiosa preocupación.
—Adiós, Kavanagh. – grito saliendo de la casa.
Hace tres años junto a Kate iniciamos un proyecto para ayudar a personas en situaciones vulnerables como madres y padres solteros con pocas o nulas posibilidades laborales, víctimas de abuso o con algún problema de adición. Le llamamos Fundación Gabrielle.
En Fundación Gabrielle, tenemos un centro para tratamientos mentales entre Seattle y Vancouver. El edificio principal está frente a la universidad Estatal de Washington, a unos quince minutos de nuestra casa, este fue donado por mi padre. En esta sede se encuentran dos partes importantes de la fundación a las que llamamos la academia y el taller, la academia es donde dictamos cursos cortos o pequeñas tecnicaturas para formar a las personas y que con ello puedan adquirir un empleo. Y allí es donde me dirijo.
Dicto un par de talleres, entre ellos unas clases de cerámica. Dado que después de la graduación íbamos a estar viviendo en Seattle, lo más probable es que deje de hacerlo para evitar el largo viaje a diario. Por lo que no quiero perderme ninguna clase con mis alumnos.
No tengo la necesidad de tener un empleo para mantenerme. Con la herencia que me otorgo Adrian y el fidecomiso que me dieron mis padres -sin mencionar que soy una de su único par de herederos - podría fácilmente dejar la universidad y dedicarme a viajar por el mundo o simplemente a no hacer nada. Aunque los ceros siguen aumentando en mi cuenta bancaria, no siento que haya trabajado para ganarme alguno de estos, así que ambos permanecen intactos.
Estos años he estado viviendo con la indemnización que me otorgo la corte, esa sí que me la merezco sobre todo después de recibir una bala en el lugar de la princesa Dragomir, aunque no puedo negar que en ese momento lo hice por decisión propia. Y por salvarle la vida a la reina Tatiana y a la mitad de los miembros del consejo moroi, además, cada vez que tomó alguna misión para acabar con algún nido strigoi también recibo una paga. Aunque disfruto de la lucha, soy buena en ello y que, si tengo la posibilidad de terminar con una criatura que vive de asesinar a otros lo voy a hacer, eso no quiere decir que cuando tengo la posibilidad de cobrar por ello no vaya a hacerlo. Es un trabajo en el que no sabes si volverás con vida, naturalmente cobró por mis servicios. Si a esto le sumamos los costosos regalos y cheques que mi padre me ha obligado a recibirle bajo amenaza, tengo el suficiente dinero para vivir muy cómodamente.
Me alegra llegar a tiempo, porque así tendré algo en lo que pensar que no sea la maldita citación al juicio o el enigmático Christian Grey. Tenemos un par de cosas que a mi parecer son muy útiles y necesarias a la hora de conseguir un empleo
—¡Rose! Estás aquí. Cuando me dijiste en la mañana lo de la entrevista me preocupe un poco. Creía que hoy no vendrías. Jonas, llamo para pedir un par de días porque Emma está enferma. Planeaba pedir ayuda al departamento de arte.
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