El sonido de los tacones contra el suelo me saca de mis divagaciones, de algún lugar aparece otra rubia muy elegante, impecablemente vestida. Junto a ella camina un hombre joven muy pulcramente vestido con un traje negro y coincidentemente es rubio. El hombre asiente en mi dirección y se dirige al elevador. La mujer camina en mi dirección.
¿De dónde sale tanta Barbie?
¿Es alguna especie de fetiche?
Respiro hondo y me levanto.
— ¿Señorita Ivashkov? —me pregunta la última rubia.
— Sí —le contesto con voz ronca y carraspeo —Sí —repito, esta vez en mi habitual tono seguro.
— El señor Grey la recibirá enseguida. ¿Quiere dejarme la chaqueta?
— Sí, gracias —le contesto intentando con torpeza quitarme la chaqueta. No seas ridícula Hathaway, tú no eres una pequeña oveja asustadiza -me regaño.
— ¿Le han ofrecido algo de beber?
— No... -Insegura de sí mi estómago podría mantener algo en este momento.
La rubia número tres, frunce el ceño y lanza una mirada a la chica del mostrador.
Pareciera que la pobre ha cometido un pecado capital, probablemente sea nueva.
— ¿Quiere un té, café, jugo, agua? —me pregunta volviéndose de nuevo hacia mí.
— Un vaso de agua, gracias —le contesto no queriendo meter a nadie en problemas.
— Olivia, tráele a la señorita Ivashkov un vaso de agua, por favor. —dice en tono serio.
Olivia sale corriendo de inmediato y desaparece detrás de una puerta al otro lado del vestíbulo.
— Le ruego que me disculpe, señorita Ivashkov. Olivia es nuestra nueva empleada en prácticas. Por favor, siéntese. El señor Grey la atenderá en cinco minutos.
Olivia vuelve con un vaso de agua muy fría.
— Aquí tiene, señorita Ivashkov. Por favor, Discúlpeme si fui descortés - dice con sinceridad en los ojos.
En realidad, no puedo culparla, aunque trató de ocultar su sorpresa al encontrarse inesperadamente con una dhampir en este lugar, sin duda alguna el encontrar a un Ivashkov y que este no fuera un moroi de la realeza, sino una chica dhampir tuvo que haberla descolocado un poco.
Son muy raros los dhampirs que tienen los apellidos de sus padres morois, generalmente, somos producto de alguna aventura. Los hombres morois tiende a casarse con una chica moroi, especialmente si pertenecen a alguna familia de la nobleza. Hay un gran número de madres solteras dhampirs y de familias monoparentales entre los mitad-vampiros.
— Gracias, está bien, Todos hemos sido nuevos en un empleo alguna vez. Y Dime solo Rose, por favor - le digo tratando de mostrar que no me molesta — Me hacen sentir realmente vieja - La rubia número tres niega con la cabeza y con una suave sonrisa se dirige al enorme mostrador.
— ¿Rose? ¿Como Rosemarie Ivashkov? ¿Rose Hathaway? - Pide con excitación en su rostro que se sonroja rápidamente.
Asiento.
Un pequeño chillido sale de sus labios.
— ¿Olivia? -Interroga la otra desde su asiento.
— Lo siento - se disculpa con la que evidentemente es su superior. — Wow eres muy genial, pídeme cualquier cosa que necesites -me susurra antes de volver inmediatamente a su lugar de trabajo. Sus tacones resuenan en el suelo de piedra. Se sienta y ambas siguen trabajando.
Al parecer me ha reconocido. No sé si sentirme divertida por sus lindas expresiones o preocupada porque mi ubicación puede que acabara de ser comprometida. Me encojo de hombros, bueno, no es como si viviera en Seattle, aún.
Viéndolas ocupadas en la computadora, se me ocurre que existe una gran posibilidad que el señor Grey insista en que todos sus empleados sean rubios. Estoy distraída, preguntándome si eso siquiera es legal, cuando la puerta del despacho se abre y sale un hombre. Alto y atractivo, con el pelo rizado y vestido con elegancia. Sip, definitivamente, está claro que podría haber elegido mejor mi ropa.
Espera, espera un... ¿Dhampir?
Se vuelve hacia la puerta.
— Grey, ¿jugamos al golf esta semana?
Al parecer algo de mi pequeña suposición resulto cierto.
No oigo la respuesta. El hombre me ve y sonríe, el asombro en sus ojos me devuelve un poco de mi confianza. La que al parecer había dejado el día de hoy en casa. No parece saber quién soy, lo que está bien no sabe mi nombre, el asombro allí es ciertamente por mi apariencia. Se le arrugan las comisuras de los ojos. Olivia se ha levantado de un salto para ir a llamar al ascensor.
No puedo escuchar lo que dicen, pero tiene un pequeño intercambio con Olivia en la puerta del elevador.
Vuelvo a sorprenderme al ver a un moroi llamar un elevador para un dhampir tan familiar y respetuosamente.
— Buenas tardes, señoritas —dice el afroamericano metiéndose en el ascensor.
— El señor Grey la recibirá ahora, señorita Ivashkov. Puede pasar. —me dice la rubia de quien aún no he escuchado el nombre.
Me levanto intentando contener la repentina ola de nervios que ruedan por mi estómago. Cojo mi bolso, dejo el vaso de agua y me dirijo a la puerta entornada.
—No es necesario que llame. Entre directamente —me dice sonriéndome.
Empujo la puerta, tropiezo con mi propio pie y caigo de bruces en el despacho.
¿EN SERIO?
Mierda, mierda. Carajo, soy como un jodido ninja a la hora de la lucha, a la hora del té, al comer, al huir e incluso cuando duermo puedo dar patadas mortales, durante cada minuto de los siete días de la semana y de pronto, una estúpida puerta me gana. Nadie jamás puede saber esto. Estúpidos nervios, estúpido estómago, estúpida entrevista…
Estoy de rodillas y con las manos apoyadas en la alfombra en la entrada del despacho del señor Grey, y gracias al dios que me deja dormir hasta tarde los domingos no hay nadie detrás de mí o sí que disfrutaría una vista bastante agradable.
Unas manos amables me rodean para ayudarme a levantarme.
Electricidad corriendo por todo mi cuerpo bajo su toque. Me toma por sorpresa la sensación de su calor que traspasa las capas de tela, esta extrañamente familiar sensación. Lentamente alzo la vista.
Santa madre de Dios, qué joven y guapo es.
— Señorita Kavanagh —me dice tendiéndome una mano de largos dedos en cuanto me he incorporado. — Soy Christian Grey. ¿Está bien? ¿Quiere sentarse?
Muy joven. Y atractivo, muy atractivo. Alto, con un elegantísimo traje gris, camisa blanca y corbata negra, con un pelo rebelde de color cobrizo y brillantes ojos grises que me observan atentamente. Pero lo más desconcertante es su naturaleza, es un dhampir. Necesito un momento para poder articular palabra.
Está bien que la secretaria sea moroi, que el hombre que se fue sea dhampir, pero que el dueño de todo esto también lo sea...
¿Es mi suerte tan mala?
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