Generalmente, en estas relaciones entre morois y dhampirs la parte moroi suele ser un hombre y la dhampir una mujer. Y este es justo mi caso, mi padre es un moroi y mi madre una dhampir y una guardiana, al igual que el hombre frente a mí.
Los dhampirs, solemos ser entrenados desde la infancia para convertirnos en guardianes de los morois, algo así como una especie de guardaespaldas vampírico.
Gracias a la sangre moroi en nosotros nuestros sentidos están mucho más desarrollados que los de un humano, aunque no igual a los de nuestros familiares vampiros. Esta mezcla genética nos ha dado cuerpos más fuertes y resistentes para peleas cuerpo a cuerpo e inmunidad al sol. Así es, puedo pasearme por ahí a plena luz del día, bajo el abrasador sol, y no ardo hasta morir ni nada por el estilo. Siguiendo un horario vampiro durante la mayor parte de mi vida, debo admitir que envidiaba un poco a las chicas normales como Kate, quienes podían andar por ahí a cualquier hora del día y ni hablar de los bronceados. Aunque los morois no se vuelven un montón de cenizas bajo la luz del sol, esta si los enferma un poco, irrita sus pieles con facilidad y produce una sensación de fatiga, especialmente si no estás en forma, lo que generalmente es así.
Estas características nos hacen los mejores para luchar contra los strigois.
Los strigois son criaturas malvadas que han perdido toda conexión con su alma y la magia, solían ser morois, dhampirs e incluso humanos.
Los morois nacen y mueren, son longevos, pero aun así mortales; poseen sentidos más desarrollados que los dhampirs y pueden utilizar magia, paradójicamente sus cuerpos no son tan fuertes como los de los mitad-vampiro y la utilización de la magia consume su energía física. Ellos se alimentan de pequeñas dosis de sangre, una dieta complementada con alimentos humanos por así decirlo. Si un moroi asesina mientras se alimenta de un donante, se convierte en un strigoi.
Tanto para humanos y dhampirs que nuestra dieta no está basada en chupar la sangre de otros, es un poco diferente el proceso, ya que, al tener esta disparidad alimenticia, no podemos convertirnos en un vampiro malvado por nuestra cuenta. Tenemos que ser convertidos por un strigoi directamente, lo cual no es voluntario en el noventa por cierto de los casos. Hay que estar completamente loco para elegir ser un strigoi. Para cualquiera de los tres, ya sea moroi, dhampir o humano, si un strigoi está a punto de asesinarnos o saciándose con nuestra sangre, si así la criatura lo quiere se detendrá antes de que la víctima alcance la muerte y entonces, forzara su propia sangre a través de su garganta convirtiéndolo en uno de ellos.
La velocidad y fuerza de estos seres sin alma es mucho mayor que la de un moroi, al igual que sus sentidos. Dicen que la oscuridad de la medianoche a sus ojos es como una mañana soleada y brillante. Los strigois son motivados y guiados por su sed de sangre. Matan a todas sus víctimas o las convierten en una de ellos, en muy raras ocasiones guardan a alguno para una merienda tardía. Los morois son su platillo favorito, por ello nos necesitan. Al ser nuestros cuerpos más fuertes, somos “ideales” para una pelea cara a cara con los strigoi y dado que por algún mal chiste genético, dhampirs solo pueden reproducirse con morois. También los necesitamos, por lo que se creó este “sistema de seguridad” donde los mitad-vampiro nos convertimos en guardianes de los morois.
Ellos son lo primero, es el mantra de vida que los dhampirs aprendemos desde la cuna.
Cuando los dhampirs nos graduamos de la escuela somos asignados a la protección de algún moroi, si se tiene suerte puede ser alguno de nuestros compañeros, todo depende del número de graduados o de si hay algún lugar en el que se necesite personal. Yo solía ser una guardiana.
— Guardiana Hathaway - asiente en mi dirección.
Lo miro extrañada.
— ¿Qué hace aquí guardián Jones? Es solo Rose, recuerde, ya no soy un guardián.
Esto es muy extraño, los guardianes jamás se separan de su protegido a menos que tengan vacaciones como en cualquier otro empleo. No sería raro si tuviera asuntos pendientes con él, pero el aire que lo rodea grita que está acá por trabajo y no diversión. Siendo uno de los guardines de la mismísima gobernante moroi debe haber venido por algo importante, la reina jamás comprometería mi ubicación, a menos de que haya pasado algo extremadamente grave —¿Está todo bien en la corte?
La corte real es uno de los asentamientos moroi-dhampir que existen, siendo también el más relevante, pues allí está ubicado el centro de poder de nuestra sociedad. Se encuentran tanto el consejo de guardianes, que se encarga de la distribución de guardianes y todo lo relacionado con las actividades de protección, como el consejo moroi formado por miembros de las doce familias morois reales y la reina, que regulan las leyes y demás cosas referentes a nuestra pequeña sociedad. Sociedad formada por morois de la realeza, los morois que no pertenece a la aristocracia y los dhampirs.
El hombre rubio asiente — Lo está. No se preocupe, guardiana Hathaway -dice con una pequeña sonrisa. Ruedo los ojos al oír la palabra guardiana, de nuevo. — La reina le envió esto -termina alcanzándome un paquete. Es un sobre café un poco abultado, pero no tanto, rápidamente se lo arrebato y lo guardo en mi cartera.
Tenía que ser algo serio para que me enviara esto con alguno de sus guardianes sin avisar.
— Gracias Jones, te invitaría a pasar, pero tengo prisa -le digo, recordando la reunión a la que llegaría tarde, si no me ponía en marcha pronto.
Él asiente con simpleza — Me alegra haberte visto Rose, ten un buen día.
— Gracias -agito mi mano mientras él se aleja rumbo a su auto, aparcado en la vereda contraria. — Que tengas un buen y seguro viaje. Mis recuerdos a los demás –me despido refiriéndome a la reina y sus demás escoltas personales, ellos eran los guardianes que veía con más frecuencia, bueno, ellos y los de mi padre. Cuando su auto dobla en la esquina, me meto en el coche y emprendo mi camino a Seattle.
Enciendo el reproductor del auto, la rítmica melodía comienza a apoderarse de mí haciéndome olvidar por completo el paquete en el fondo de mi gran cartera.
El tráfico es casi inexistente cuando salgo de Vancouver, Washington. Tengo que estar en Seattle a las dos del mediodía. Por suerte, Kate ha ido a recoger mi auto del mecánico hace un par de días, mi storm. Poseo un Ford Mustang Boss 429, bueno, no me puedo quejar, este auto es un sueño hecho realidad. Piso con fuerza el acelerador, y los kilómetros pasan volando.
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