— Los negocios tienen que ver con las personas, señorita Ivashkov, y yo soy muy bueno analizándolas. Sé cómo funcionan, lo que les hace ser mejores, lo que no, lo que las inspira y cómo incentivarlas. Cuento con un equipo excepcional, y les pago bien. —Se calla un instante y me clava su mirada gris. —Creo que para tener éxito en cualquier ámbito hay que dominarlo, conocerlo por dentro y por fuera, conocer cada uno de sus detalles. Trabajo duro, muy duro, para conseguirlo. Tomo decisiones basándome en la lógica y en los hechos. Tengo un instinto innato para reconocer y desarrollar una buena idea, y seleccionar a las personas adecuadas. La base es siempre contar con las personas adecuadas.
— Quizá solo ha tenido suerte.
Este comentario no está en la lista de Kate, pero es que es tan arrogante que me molesta… “Y ayuda de tus instintos dhampirs” pienso.
Por un momento la sorpresa asoma a sus ojos.
— No creo en la suerte ni en la casualidad, señorita Ivashkov. Cuanto más trabajo, más suerte tengo. Realmente se trata de tener en tu equipo a las personas adecuadas y saber dirigir sus esfuerzos. Creo que fue Harvey Firestone quien dijo que la labor más importante de los directivos es que las personas crezcan y se desarrollen.
— Parece usted un maniático del control.
Las palabras han salido de mi boca antes de que pudiera detenerlas.
— Bueno, lo controlo todo, señorita Ivashkov—me contesta sin el menor rastro de sentido del humor en su sonrisa.
Lo miro y me sostiene la mirada, impasible. Se me dispara el corazón y vuelvo a ruborizarme.
¿Por qué tiene este desconcertante efecto sobre mí?
Nadie me había hecho sentir de esta manera- vale Adrian lo hizo- ¿Quizá es porque es irresistiblemente atractivo? ¿Quizás por cómo se pasa el dedo índice por el labio inferior? Ojalá dejara de hacerlo. ¿Por cómo me mira fijamente? No soy una belleza común, pero, aun así, no tiene ese tipo de mirada obscena que suelen tener otros hombres, es como si doblegara a sus instintos.
— Además, decirte a ti mismo, en tu fuero más íntimo, que has nacido para ejercer el control, te concede un inmenso poder —sigue diciéndome en voz baja.
— ¿Le parece a usted que su poder es inmenso?
Maniático del control, añado para mis adentros.
— Tengo más de cuarenta mil empleados, señorita Ivashkov. Eso me otorga cierto sentido de la responsabilidad… poder, si lo prefiere. Si decidiera que ya no me interesa el negocio de las telecomunicaciones y lo vendiera todo, veinte mil personas pasarían apuros para pagar la hipoteca en poco más de un mes.
Me quedo boquiabierta. Su falta de humildad me deja estupefacta. Yo jamás podría hacer algo como eso. Esa es una de las razones por los que no me atrevo a llevar los negocios de Adrian, no tengo los conocimientos necesarios para hacerlos salir a flote y me aterra fallar dejando un inmenso número de personas, familias sin un sustento.
— ¿No tiene que responder ante una junta directiva? —le pregunto asqueada.
— Soy el dueño de mi empresa. No tengo que responder ante ninguna junta directiva.
Me mira alzando una ceja y me ruborizo. Claro, lo habría sabido si me hubiera informado un poco, al menos hubiera leído seriamente las preguntas que me dio Kate y no fingir que lo hacía mientras pensaba en otras cosas. Pero, maldita sea, qué arrogante… Si, lo sé, sé que soy arrogante, pero nunca me había enfrentado a alguien que lo fuera en este ámbito empresarial. Eso es las preguntas de Kate. Cambio de táctica y vuelvo a leer.
— ¿Y cuáles son sus intereses, aparte del trabajo?
— Me interesan cosas muy diversas, señorita Ivashkov. —Esboza una sonrisa casi imperceptible. — Muy diversas.
Por alguna razón, su mirada firme me confunde y me enciende. En sus ojos se distingue un brillo perverso.
— Pero si trabaja tan duro, ¿qué hace para relajarse?
— ¿Relajarme?
Sonríe mostrando sus dientes, blancos y perfectos. Contengo la respiración. Es realmente guapo. Debería estar prohibido ser tan guapo.
— Bueno, para relajarme, como dice usted, navego, vuelo y me permito diversas actividades físicas. —Cambia de posición en su silla. —Soy muy rico, señorita Ivashkov, así que tengo aficiones caras y fascinantes.
Inconscientemente, ruedo los ojos ante sus palabras, trato de ocultarlo, echando un rápido vistazo a las preguntas de Kate y no queriendo parecer alguien sin educación, además con la intención de no seguir con ese tema.
— Invierte en fabricación. ¿Por qué en fabricación en concreto? —le pregunto.
¿Por qué hace que me sienta tan incómoda?
— Me gusta construir. Me gusta saber cómo funcionan las cosas, cuál es su mecanismo, cómo se montan y se desmontan. Y me encantan los barcos. ¿Qué puedo decirle?
— Parece que el que habla es su corazón, no la lógica y los hechos.
Frunce los labios y me observa de arriba abajo.
—Es posible. Aunque algunos dirían que no tengo corazón.
— ¿Por qué dirían algo así? - interrogo extrañada de su comentario.
Puaj, hasta yo con el mío desgarrado sé que tengo un corazón.
— Porque me conocen bien. —Me contesta con una sonrisa irónica.
¿Por qué siento que eso no es cierto?
—Creo que por más oscuro y malo que todo parezca, todos tenemos un corazón, si no, no podríamos sentir ira, dolor, satisfacción, más ira, alegría o cualquier otra cosa ¿No cree? - Pregunto, pero sin esperar una respuesta real continuo —¿Alguien realmente lo conoce? Parece que mantiene lejos a las personas ¿Dirían sus allegados que es fácil conocerlo?
Esto no está en la lista de Kate, de nuevo.
— Soy una persona muy reservada. Hago todo lo posible por proteger mi vida privada. No suelo ofrecer entrevistas.
— ¿Por qué aceptó esta?
— Porque soy mecenas de la universidad, y porque, por más que lo intentara, no podía sacarme de encima a la señorita Kavanagh. No dejaba de dar la lata a mis relaciones públicas, y admiro esa tenacidad.
Sé lo tenaz que puede llegar a ser Kate, tanto que varias veces me hizo sentarme por horas a llamar a estas mismas oficinas hasta que le respondieran, solo por obtener la dichosa entrevista. Por eso estoy sentada aquí, incómoda y muerta de vergüenza ante la mirada penetrante de este hombre, cuando debería estar estudiando para mis exámenes o haciendo cualquier cosa que me lleve a kilómetros de este lugar. Aun así, él no es sincero. No del todo.
—Créame, le agradezco que haya aceptado... Lo siento - me disculpo sabiendo que me salí de mi papel nuevamente. — También invierte en tecnología agrícola. ¿Por qué le interesa este ámbito?
— El dinero no se come, señorita Ivashkov, y hay demasiada gente en el mundo que no tiene qué comer
— Suena muy filantrópico. ¿Le apasiona la idea de alimentar a los pobres del mundo?
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