¿Será que solo se ha hecho el tonto y en realidad sabe quién soy?
No lo creo.
Mierda, mierda.
¿Qué pretende? Apoya los codos en los brazos de la butaca y une las yemas de los dedos de ambas manos frente a la boca. Su boca me… me desconcentra. Trago saliva.
¿Me está seduciendo?
¿Lo hace a propósito o esta es simplemente su naturaleza coqueta?
— No hay mucho que saber —le digo un poco reticente, volviéndome a ruborizar.
Una parte de mí quiere dejar este maldito lugar y volver a casa, pero otra igual de grande no me permite despedirme, queriendo escucharlo y verlo un poco más.
— ¿Qué planes tiene después de graduarse?
Me encojo de hombros. Su interés me desconcierta y preocupa un poco. Venirme a Seattle con Kate… La verdad es que no he pensado mucho más allá de los exámenes. Quizás viajar por unos años o tomar mi lugar en el emporio de Adrian, romper algunas rodillas con el viejo, no lo sé.
— No he hecho planes, señor Grey. Primero tengo que aprobar los exámenes finales. -Respondo evitando darle más información. — Y ahora tendría que estar estudiando. - digo queriendo que entienda mi indirecta y me despida.
Mis últimas palabras, al parecer, no son nada en sus oídos.
— Aquí tenemos un excelente progra-. Es interrumpido por las The Runaways entonando Cherry bomb. El color inmediatamente sube a mi rostro reconociendo el timbre de llamada de mi teléfono celular.
— Joder, olvide ponerlo en silencio. -me quejo cubriendo mi rostro con mis manos. — Lo siento, señor Grey. Lo apagaré. -Su rostro no expresa ninguna emoción, pero es muy fácil notar la molestia en sus ojos. Comienzo a buscar el teléfono en la cartera.
— Conteste - dice seco — Han insistido por esta entrevista por más de nueve meses, si alguien la interrumpe debe ser realmente importante.
Iba a ignorar por completo su ofrecimiento, pero cuando por fin encontré el teléfono me arrepentí y la tomé de una vez, bajo la atenta mirada del señor Grey. Me mira como si me ordenara con sus ojos que recibiera la llamada en mi lugar.
— Dos veces en un día. Pensé que fui clara cuando te dije que estaría haciendo algo muy importante por Kate, viejo - murmuro con un poco de molestia.
Hoy definitivamente era un día lleno de sorpresas porque no esperaba que me respondiera esa persona del otro lado de la línea — Me encanta tu caluroso saludo, Rosemarie –me siento entre feliz y confundida
— Tía Tatiana. -digo con suavidad. — No imagine que eras tú.
— Claramente -puedo oír la sonrisa en su voz. — Estás en una conferencia Rose. Nos acompañan Ibrahim y el guardián Hans. - directo a los negocios.
— Entendido -asiento bajo el escrutinio del hombre con ojos de acero — Realmente creo que este no es un buen momento.
— Lo lamento Rose, pero este en realidad es el momento -dijo Hans diciéndome que no tenía alternativa.
— Hans, Viejo, tía Tatiana, buenas tardes. -saludo un poco más formal. — Que sea breve, por favor.
— ¿Ya revisaste el paquete que te dio el guardián Jones? -cuestiona mi padre.
— No, me imagino que debo verlo en este momento. -suspiro mientras saco el sobre de mi bolso.
— Solo el sobre blanco. -instruye la reina. — Lo demás puedes tenerlo en la privacidad deseada.
Los ojos del señor Grey no se separaban de mí, haciendo a mis manos temblar, mientras trataba de abrir el sobre bajo su atenta mirada. Cuando lo logro miro dentro del sobre, encontrando dentro de este, varios más. Rápidamente, saco el único de color blanco. Lo rompo, sin mirar el remitente y me dispuse a leer los documentos en él.
— Me están jodiendo. -inhalo bruscamente al leer el contenido. Era emitido por el tribunal en la corte real.
LA GUARDIANA ROSEMARIE MAZUR-HATHAWAY IVASHKOV, ES CITADA POR MEDIO DE LA PRESENTE, HA DE CONVALECER ANTE LA CORTE. DONDE SE LLEVARÁ A CABO EL JUICIO Y POR ENDE SENTENCIA FINAL EN EL PROCESO CONTRA NATHAN IVASHKOV, BAJO LOS CARGOS DE ASESINATO, INTENTO DE HOMICIDIO Y OBSTRUCCIÓN A LA JUSTICIA.
No puedo seguir leyendo el contenido de la carta, pero no era necesario, sabía de qué venía toda la cosa. Lo único que realmente no sabía era la fecha y la hora del juicio, tampoco me molesto en averiguarlo. Inmediatamente, comienzo a guardar los documentos en el sobre y este en mi bolsa con los demás.
— No estoy yendo. - asevero recostando mi cabeza contra el mueble, observo el inmaculado techo. — Pueden tratar de arrastrarme a la corte, pero ni, aunque mi vida dependa de ello, iré. Ya colaboré con todo lo que me era posible, no pienso volver allí.
— Es imperioso, que estés aquí. -dice suavemente Tatiana
— Lo siento -me disculpo. — Viejo, confió en que me ayudes a salir de esta- puedo oírlo bufar del otro lado. — Nadie puede obligarme a volver.
Sentencio, dando por terminada la llamada y apagando mi celular.
No puedo creer que esto esté pasado justo ahora.
— ¿Problemas legales señorita Ivashkov? -cuestiona el señor Grey. Podría decir que olvide por completo su presencia, pero sería una gran, gran mentira. Sobre todo, cuando sé que sus ojos no me dejaron ni un instante. Me enderezo en mi asiento tomando la libreta para continuar con la entrevista.
— Ninguno, señor Grey.
— ¿Entonces simplemente problemas?
Deseo decirle que no es su preocupación, pero sencillamente las palabras salen por sí mismas de mi boca. — Solo… solo es… solo el pasado, a veces, nos alcanza. No importa yo sé mantenerlo a raya. -lo miro con una suave sonrisa, que estoy segura, no llego a mis ojos, al igual que la suya — ¿Por dónde íbamos? -cuestiono tratando de retomar el asunto, ya que no se veía muy feliz con mi respuesta.
— Le decía que aquí tenemos un excelente programa de prácticas —me dice en tono tranquilo.
Alzo las cejas, sorprendida. ¿Está ofreciéndome trabajo?
— Lo tendré en cuenta —murmuro confundida. — Aunque no creo que encajara aquí.
— ¿Por qué lo dice?
Ladea un poco la cabeza, intrigado, y una ligera sonrisa se insinúa en sus labios.
— Es obvio, ¿no?
Mi instinto me lo dice, todo es tan rígido, un jefe obseso por el control y no soy rubia.
— Para mí no.
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