La desesperación me impide respirar. Rostros por todas partes, manos fantasmales rodeando cada parte de mi cuerpo y ojos, ojos observándome. Los hermosos jades que crecí amando dejaron de mirarme con alegría, rápidamente alrededor del iris se formó un aro rojo sentenciando a su ser a vivir sin alma; su rostro se tiño de sangre y su mirada compasiva se convirtió en una aterradoramente fría. A su lado, con el mismo aspecto, estaba el primer hombre que ame, el hombre que me arruino; se regodeaba por la sangre inocente en sus manos, Dimitri.
Mi cuerpo se sacude de manera violenta y a lo lejos logro escuchar un suave y preocupado murmullo — Despierta - pide — Por favor, Rose, despierta.
Inhalo bruscamente sentándome en mi cama como si de un resorte me tratase.
— Shhh, Shhh, calma nena. Ya paso. - arrulla mi amiga con ternura rodeándome con sus brazos mientras yo sollozo en el hueco de su cuello. — Todo está bien. Repetía una y otra vez.
Después de unos minutos, cuando los espasmos se calmaron y paró mi llanto, me alejo reuniendo mi mirada con la suya, no eran los jades de la que una vez amé como a una hermana ni los esmeraldas que tan profundamente me enamoraron, pero eran verdes, verde cartujo con hermosas líneas amarillas en el iris, me hacían pensar en campos verdes llenos de girasoles.
Todo en ella es hermoso, sus brillantes y vivaces ojos, el largo y manejable cabello rubio fresa, la nariz respingona, su curvilíneo y tonificado cuerpo. Cualquier chica moroi moriría por un cuerpo como el suyo. Tan bella que era capaz de hacer que hasta un gran casanova tartamudee en su presencia, aun con su cabello revuelto por el sueño, sus ojos y nariz rojos e hinchados por la gripe que la molesta desde ayer seguía vendiéndose maravillosa. Kate es mi mejor amiga y compañera de piso desde que la conocí hace poco más de cuatro años.
— Lo siento, Kate - me disculpo — No quería despertarte.
— No seas tonta, Rosemarie- utiliza mi nombre completo a modo de regaño. — Para eso están las amigas.
Sus palabras remueven todo en mi interior, siendo las mismas que tantas veces use con Lissa. Las envío lejos negándome a romper en llanto.
— Eres la mejor.
— Lo sé - duda, pero continua — ¿Quieres que lo hablemos?
Niego cansada, no tengo el ánimo suficiente para hablar sobre ello. Al principio, durante el primer año fuera de la corte real, las pesadillas eran diarias con el apoyo de Kate y mi familia se han vuelto más escasas, aunque no por eso menos dolorosas y aterradoras.
— Solo fue un mal sueño -susurro.
Rápidamente, se acomoda en el espacio vacío de mi cama.
— Me quedaré - murmura arrastrándome de vuelta entre las mantas.
Nos acostamos una enfrente de la otra, tan cerca como si hubiera alguien y no quisiéramos que nos escuchen, una linda sonrisa adorna su rostro, pero ella no llegaba a sus ojos, estos seguían cargados de preocupación. Kate, a veces, puede llegar a ser una completa perra, pero nunca la vi siendo tan dulce y amorosa con alguien que no fuera yo, bueno, en algunas ocasiones con algún miembro de la familia. Realmente amo a esta chica, es la hermana que mis padres jamás me dieron; no debo decir eso frente a mi hermano o me quemara hasta la muerte. Lo que más me llena es saber que ella me ama en la misma medida y que jamás me defraudaría, no es como ellos.
Como los que creía eran los míos.
— Estoy aquí, puedes decirme cualquier cosa kardeş. -dice mientras acariciaba mi mejilla suavemente con la punta de sus dedos, sonrío ante el nombre cariñoso, pues es la palabra turca para hermana. — Nunca voy a dejarte.
Suspiro, tomando fuerzas para comenzar.
— Había mucha oscuridad… y yo… yo estaba en el otro lado, ellos, los fantasmas no querían que volviera… -me detengo, ella me mira esperando, ha que continué — Lissa… era un strigoi, Belikov también. Ellos eran aterradores, Kate -Termino cerrando mis ojos con fuerza.
La rubia me evalúa por unos minutos antes de hablar — ¿Has pensado en volver con el psicólogo?
Niego.
— Sabes que los odio. Además, me ha ido muy bien hasta ahora. Te tengo a ti. -me encojo de hombros con simpleza — Ya sabes, nada como la inquisición Kavanagh.
— ¡Hey! -se queja dándome un débil golpe en el brazo — Adoras la inquisición Kavanagh.
— Si, pero cuando tu enfoque no soy yo.
Nos reímos despejando el ambiente.
— Me encantaría, ver al egocéntrico multimillonario que entrevistaras mañana mientras está bajo la inquisición Kavanagh -murmuro apagando la lámpara junto a mi cama de nuevo. Mi genial amiga abrió sus brazos invitándome a descansar en ellos — ¿Realmente esperas que corra a ti? -me burlo — Estás apestada.
— Solo porque tú eres un dhampir y no tienes que pasar por esto como los demás mortales, no quiere decir que puedas ponerme en cuarentena ni despreciarme por mi condición como un simple humano. Además, no es como si pudiera contagiarte. -quiero decirle que, aunque mis genes fueran mitad vampiros y tuviera un gran sistema inmunológico, existe una posibilidad de contagiarme, pero al ser esta misma tan remota lo dejo pasar.
Kate, me miraba en la oscuridad dándome un infantil puchero — Vamos, Rosie, te mueres por venir aquí… Lo sé -canta divertida. Riendo me refugio en su abrazo, ella besa suavemente mi frente. — Siempre que me necesites aquí estaré.
— Lo sé, Kate. Siempre que me necesites aquí estaré. -repito a modo de promesa.
— ¿En serio?
El tono en su voz me dijo que esto no me gustaría — Por supuesto –aseguro.
— Iras por mí a la entrevista de mañana - eso suena completamente como una afirmación y no a una pregunta. — No creo que pueda hacerlo, esta gripe realmente me está jodiendo.
— Te dije que fuéramos al hospital, Katherine -regaño suavemente.
— Sabes cómo es la gripe para mi Rose, solo tres días de descanso total y sopas, porque no me sirven una mierda los analgésicos – me acurruco más cerca de ella, buscando comodidad para caer en el letargo conocido como sueño.
— Has trabajado muy duro para esto, no es justo que no puedas hacerla, ¿ya preguntaste si-
Ella me corta — Ni lo digas, tú mejor que nadie sabe lo que he tenido que pasar para conseguir la dichosa entrevista, si pido que la muevan, la cancelaran. -se queja. — Si lo haces te deberé una grande.
“¿Deberme una grande? Yo soy la que te debe todo” me digo.
— Ok.
— Genial, ya configuré tu alarma -coloco los ojos ante eso, por supuesto que ya tenía planeado pedírmelo ¿U ordenármelo? — Ahora descansa cariño -susurra besando mi frente de nuevo. Al poco tiempo caí en un sueño sin sueños.
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