Lucía... Mi hija.
Las lágrimas caen por mis mejillas e intento asimilar todo lo que ha pasado, nunca imagine tenerla en mis brazos.
El dolor de mi hombro me es indiferente ante su abrazo.
—Mi sapito. —le beso la frente.
—Así me dice tía Jenny.
Te debo la vida Jenny.
—Me alegro... —masajeo su mejilla
—¿Te vas a quedar? —dice con los ojos brillosos —Quiero que te quedes.
Sonrió con pesar —No puedo... No sería lo correcto.
Lucía medita. —¿Por qué no? Así puedes cuidarme a mi y a mi nuevo hermanito. Esmeralda... Va a tener un hermanito mio. —responde con inocencia.
Inocencia o no, esas palabras me caen como agua fría.
—¿No sería lindo? —me mira esperanzada
—Si, lo sería. —le apartó el cabello de la cara
—¿Entonces por qué no te quedas hada madrina?
—Porque mi trabajo me impide pasar tiempo contigo, por eso yo...
—Ser hada madrina entonces debe ser un asco.
Me rio —¿De dónde aprendiste esas palabras?
—Tía. —me dice con obviedad
—Ahora entiendo muchas cosas, cabezota. —le riño con cariño
—¡Eso dice mi papi! Cuando se enoja conmigo dice: "igual de cabezota que tu madre"
Mi respiración se corta, a decir verdad, no esperaba que MackGregori le hablase de mi, o siquiera, me mencionase dentro de la vida de Lucy.
—Tu madre...
—Cuando cumplí los cuatro años. —sonríe ampliamente —Mi papi decía que Esmeralda era como una mamá. Y le pregunte a tía que quería decir y tía Jenny me dijo que algún día conocería a mi hada madrina y ella me diría sobre mi mamá, así que me mostró ésta foto —susurra mirando los pedazos que recogió del suelo —Pero también me dijo que tenía que ser un secreto entre las dos y me la dio.
—Entiendo...
—Mis amigas se burlan de mí porque no tengo mamá... —dice con tristeza —¡Pero ahora me puedes decir sobre ella! Podemos vivir juntas, hacer tarea... Y... Y ir a buscarla...
—Lucy... —le detengo —Eres igual que en mis sueños —le miró a los ojos —Eres perfecta... Valiente, decidida, encantadora. Y vas para los 6 años. —ella asiente —Pero no voy a quedarme.
Ella me mira con tristeza —¿Por qué no?
—Mi reina. No puedo... —las ganas de llorar me invaden.
—¿Por qué? —ella empieza a sollozar
Porque debo protegerte.
—Escucha... —le tomo del rostro —Tú debes quedarte con tu padre, tendrás un hermanito al cual deberás cuidar...
Y yo tengo trabajo que hacer. Pero juro hablarte todos los días desde el celular de tía Jenny. ¿Te parece?
Ella solloza por lo bajo. —No quiero que te vayas —me abraza del cuello
La estrujo entre mis brazos —Ni yo... Pero... Debo.
—¡Ya se! —chilla separándose de mi —Voy a enviar una carta al mundo de las hadas para pedir que te quedes aquí.
—No creo que así funcionen las cosas, mi trabajo es protegerte de lejos... No estar aquí con...
—Lo dices porque no me quieres, ¿verdad? —susurra bajando la mirada a sus manos
—Nena... Mirame —con dificultad, me mira —Te amo más que a mi vida... ¿Lo sabes verdad? —ella baja la mirada —Te prometo que volve...
—No.
—¿Qué...?
—No te quiero volver a ver, eres la peor hada madrina del mundo. —sisea y me sorprende la determinación que tiene en los ojos al mirarme de nuevo —Es más... —su voz, cambia y parece más adulta ahora mismo —Mandaré una carta al mundo de las hadas para que no seas más mi hada madrina y te expulsen de ahí. —se cruza de brazos
—No sabes cuanto desearía algo así... —susurro con el corazón partido en mil pedazos —Pero tienes razón, tal vez no sepa tratar a un niño, pero si cuidarlo... Lo cual es distinto... —suspiró —Bueno, ahijada... Si consideras correcto mandar una carta al departamento de hadas madrinas lo entenderé —me levanto de la cama —Pero aún si dejo de ser tu hada madrina, ten por seguro que te voy a cuidar.
Abrazando su peluche me hace un puchero —No gracias, mi Papi cuida mucho de mi. No necesito un hada madrina...
—Si, supongo que no la necesitas... —trago saliva e inclinadome a modo de saludo, como si me despidiera de una princesa me alejo de ella y me dirijo a la puerta.
Tantas cosas pasan por mi mente ahora mismo, deseo llorar, gritar y decirle que soy su madre, que la amo tanto, más que a mi vida.
Me detengo y aprieto el picaporte con la mano.
«—Debemos decirle a M que...
—¡No! Dylan no... M no puede saber de ella, ella no puede estar en peligro, prometemelo hermano.
Mi mellizo suspira —Bien, no le diremos sobre Lucía, pero tú debes hacer tu padre hermana. ¿Entiendes a lo que me refiero?
Sollozando, asiento.
—No conoces a Lucía, no sabes quien es, no es tu hija... Todo por su bien.»
—Todo por tu bien... —jadeo y abro la puerta
Lían está del otro lado, apoyado en el barandal de las escaleras. Al verme, palidece —¿Qué...
—Mi... —le corto —Ahijada... Mandará una carta al departamento de hadas mundial para solicitar mi revocación. —sonrió —Supongo... Que estarás feliz... —parpadeo para no llorar —Sucedió lo que deseabas.
Lían me mira extrañado —¿Departamento de hadas mundial?
—Si serás un idiota —siseo y bajo las escaleras, sin embargo, me detengo —Ve, ella te necesita...
Lían mira la habitación de Lucy y sin mirarme de regreso, entra a verla.
—Te necesita más que a mi...
Bajo las escaleras con pesar, sintiendo que parte de mi ser y alma, se han quedado con ella en aquella habitación.
Al levantar la mirada me sorprendo de ver a Jenny al pie de las escaleras.
—¿Hada madrina?
Ella sonríe a medias —No se me ocurrió otra cosa.
—Está bien...
Ella sin esperar, se lanza a mis brazos y me estruja con los suyos. —Te extrañe tanto... —solloza
—No llores, que me harás llorar y las Hadas madrinas no lloran.
Ella sonríe a medias y se separa de mi —Por favor, quedate... Le hará bien a Lucy.
Miro las escaleras y la respectiva habitación de mi niña. —No puedo, cuanto más me gustaría pero... —suspiró
Jenny me toca el hombro y cuando la veo ella me regala una cálida sonrisa —Entiendo, sólo... Cuidate.
—Gracias, igualmente.
—No te preocupes, ella estará bien.
Asiento y trago saliva con fuerza —Lo sé. Bueno... Tengo que irme....
De nuevo le abrazo y curiosamente me siento mejor.
—¿Existe mi moto?
Ella niega —No, pero si hay una. Las llaves están en la pared del despacho.
Asiento y alejándome de ella voy a la habitación que me ha indicado, aunque ya sabía donde estaba.
La casa nueva tenía una estructura casi similar a la mansión anterior, era un poco más pequeña, pero de dos pisos. Sin embargo, su despacho estaba abajo y no arriba.
Cuando estoy por entrar me detengo al ver a Esmeralda salir de la cocina.
—Amanda.
Me detengo —¿Si?
Ella se acerca con dificultad y me sonríe con pena. —Yo... Eh...
—Gracias, Esmeralda.
Ella me mira asombrada —¿Por?
—Por cuidar de Lucía todos estos años.
Ella sonríe con felicidad —Es un encanto, heredó el físico de Lían pero sin duda tu carácter... Pero soy yo la que debe pedirte perdón.
Arrugó la nariz —¿Por qué?
—Eh... Yo... Bueno, sabia que tú y Lían...
—No eramos nada. —le corto
Ella asiente —Aún así... Eh... Perdí a mi primer bebé
Eso me deja pasmada.
—...Estaba devastada. Sin embargo, un día en el centro me encontré con Lían, eh... platicamos y él me ayudo de cierta manera a superar mi dolor... Paso meses y al cabo de un año... Yo... Yo me había enamorado de él.
Sonrió con calidez y le tomó de las manos —¿Recuerdas lo que te dije el día que te saque del museo? Te dije que buscarás tu felicidad... Y si con Lían lo eres por mi está bien. —le digo con sinceridad —Todos merecemos ser felices Esmeralda, hasta tú. ¿Te cuento un secreto? —miro a los lados y le muestro mi anillo
—¡OH! Estás casada...
—Eh... Casi. —me río —Comprometida.
—¡Oh Amanda! —me abraza
Le sonrió y miro su estomago —¿Cuánto tiempo?
—Cuatro meses.
Cuatro...
Sonrió —Cuidate Esmeralda.
—Gracias Amanda.
Le dejo y entro al despacho de MackGregori.
Al entrar me acerco a las llaves de la moto que Jenny me ha indicado.
Cuando estoy por salir él entra a la habitación sin prestarme atención.
Estoy por guardar las llaves mientras me dirijo a la puerta.
—¡PAPÁ! —Lucía entra a la habitación.
—¿Qué...
—¡Me quiero ir con mi Hada madrina!
Suelto las llaves del susto y MackGregori se levanta de la silla asombrado.
—¿Qué? —le decimos los dos al mismo tiempo.
—Me quiero ir con mi Hada. —repite
MackGregori me mira enojado, que enojado, encabronado. —¿Qué le dijiste? —sisea
Le miro ofendida —¿Disculpa? —siseo —¿Qué te hace creer que yo le dije algo?
—Porque todo se arruina cuando estás cerca —me gruñe
—¡Ja! ¿¡Ahora soy yo la mala influencia!? Te recuerdo que no la he visto en 3 años. ¿Quién es la mala influencia aquí?
Él aporrea el puño en la mesa —Eres...
—¡YA! —grita Lucía
Ambos la miramos apenados. Peleandonos frente a ella, ¡genial!
—Lucía no puedes venir conmigo... —le recuerdo —Ya habla...
—Entonces quiero que te quedes... —aprieta los puños dejándome asombrada. Es idéntica a mi cuando hago rabietas.
—No. —habla MackGregori
—Faltan muchos días para mi cumpleaños... Quedate hasta entonces madrina.
—Eh...
—¡Por favor! —suplica —Quiero pasar mi cumpleaños contigo... Yo... —las lágrimas invaden sus ojos —Quiero a mi madrina en mi cumpleaños... Papi, ese quiero que sea mi regalo de cumpleaños. —le mira —Pidele a mi hada que se quede... —corre a él y le abraza las piernas —¡Por favor!
Ese acto me constriñe el corazón. MackGregori y yo conectamos miradas. Le veo debatirse.
Pero entiendo su inquietud, así que bueno, con el corazón roto sonrió —No hace que tu padre me lo pida... Yo... Pediré permiso en el departamento de hadas mundial para ver si me dejan quedarme.
—¡¿En serio?! —chilla —¡SSSSSSIIIIIIIIIIIII!
—Pero sólo me quedaré hasta tu cumpleaños, luego Lucy... Me tengo que ir.
—¡Si! No importa... ¡Yei! Mi madrina estará en mi cumpleaños... —viene a mi lado y me abraza —Gracias, gracias.
Sonrió y le abrazo de vuelta. —Bien, tengo que hablar con tu padre, ¿puedes salir?
—¡Si madrina!
Cuando ella sale la tensión se puede cortar con la mano.
—¿Ahora si te interesa Lucía?
—Explicate... —me agacho por las llaves, al levantarme y mirarle, MackGregori me mira seriamente. —Porque si más no recuerdo, es mi hija. —alzó una ceja —No vengas a desacreditarme sólo porque la he estado protegiendo.
—¿Protegiendo, agente? —ríe con mofa —Pues lo que has dicho justo ahora es todo, menos cuidarla.
Siseo y me acerco a él con odio —¿Acaso me crees estúpida? —coloco las manos en la mesa y me inclino a él —¿Me crees tan estúpida como para quedarme?
Él me mira asombrado —¿No lo harás?
Trago saliva y niego —No, te prometí que no me acercaría si ella estaba bien cuidada y... Lo has hecho bien, para variar —me mofo —Nos vemos.
—Ella estará muy dolida.
Aprieto los puños y le miró, sin embargo, las lágrimas ya asoman por mis mejillas —¿Y crees que a mi no me duele? ¿Qué no tengo sentimientos? —siseo
Lían no cambia su semblante —Sólo digo que bebiste irte en cuanto despertaste.
Bufo con diversión —Y tú debiste matarme cuando me encontraste en el club en vez de traerme, o qué, ¿No querías cargar con la muerte de la madre de Lucía? Espera... Si querías matarme antes, pero tampoco aprovechaste hacerlo cuando te lo ofrecí en la feria. —me encojo de hombros —Eventos lamentablemente desafortunados. —mi celular suena —¿Si? Alik... —susurro —Si... Eh... Si, ya estoy por llegar al aeropuerto. Si, voy en camino. Nos vemos después. —cuelgo —Esto lo hago por Lucía, porque siendo sinceros, MackGregori... No sabes lo que significa la palabra "sacrificio"
Le doy la espalda y antes de poder abrir Lían me detiene del brazo —No vuelvas jamás.
Nos debatimos en un duelo de miradas, sin embargo, mis ojos escanean su rostro antes de volver a plantearle mirada. —No... No te preocupes, lo que menos quiero hacer es verte.
Lían me observa tratando de interpretar mis palabras —Bien. —me suelta con fuerza —Porque yo tampoco deseo verte más.
Salgo de su despacho y estoy que reviento en cólera.
Al pasar por la sala, Lucía me espera junto a Esmeralda.
—¿Qué pasa? —preguntó extrañada
—Lucy quiere comer contigo. —me sonríe Esmeralda
—Ah... Eh... Lucy, ven. —me agacho con ella frente a mi —Bebé... Me tengo que a solicitarle al departamento mi permiso y no se si me lo darán.
—Claro que lo harán, yo lo sé... Si les das está carta, seguro lo harán. —mi niña me extiende una hoja de color rosa —¡No la leas! Es para tus jefes.
Trago saliva y parpadeo, exhalo y asiento —Claro. Aún falta mucho para tu cumpleaños, seguro aceptarán. Espero regresar pronto, ¿vale?
—¿Lo prometes?
—Si...
Ella me muestro el dedo meñique —¿Por el dedito?
Miro su manita y luego su rostro, sus ojos llenos de alegría son algo que no deseo destruir.
—Claro... —enredo mi dedo con el suyo —Portate bien hasta que regrese. —miro a Esmeralda —¿Puedo encargartela?
—Claro querida... —sonríe divertida.
.
.
.
Me voy al garage dónde hay una persona revisando un auto.
—¿Puedo ayudar en algo? —le preguntó
—No... —levanta la mirada —Solamente... —el joven se queda tieso y pálido —A-Amanda.
—Hola Edik.
—¡Amanda! —me abraza al venir a mi —No puede ser... ¿Cómo... Cuándo... Dónde...
Me rio —Tranquilo, Jenny te puede poner al corriente. ¿Puedo llevarme la moto?
—Oh, claro. Lían quería tirarlas pero Jenny se lo impidió.
—Ok... ¿Lían?
Él asiente —Eh... Ya no trabajo para él... ahora... Sólo somos cuñados. Ven. —Edik me llevo a ella. —Aquí está... en serio es bueno verte Amanda.
—Igualmente, ¿me abres el portón?
—Claro.
Subo a la moto y despidiendome de Edik me voy de la casa, deseando que esto, haya sido un mal sueño.
«—Si algo le pasa te meto una bala entre ceja y ceja, ¿Entiendes? Hasta entonces, cuida tu espalda MackGregori»
...[...]...
Canadá...
Llegue a Canadá tan rápido como pude, y me dirijo sin retraso al hospital.
No quería que Alik fuera por mi, tenía muchas cosas en las que pensar. Para empezar, ¿¡QUE DIABLOS ME PASA!?
Nunca debí entablar una platica con mi hija.
Más pendeja no puedes ser...
—Wow... Genial, tres años sin saber nada de ti conciencia... —siseo —Siempre apareciendo en los peores momentos.
Todo lo contrario, siempre soy la voz de la razón.
Ruedo los ojos y me detengo en el estacionamiento del hospital. Respirando profundamente cierro los ojos.
Aquí vamos...
Bajo del auto y me dirijo a recepción. Al llegar, me mandan al cuarto donde está mi hermano. Tocó y entró.
Dylan, Alik, Colette, Conall y los trillizos Andre, Will y Duncan están dentro.
—¡AMANDA! —todos corren hacia mi y me abrazan.
—Joder estábamos asustados... —sisea Conall
—Lo siento...
—¡Tu brazo! —jadea mi hermana
—Estoy bien... —miro mi hombro.
Will sisea —Tambien en la pierna.
Asiento —Lena definitivamente quería matarme —sonrió a medias
Todos se quedan callados.
—Estoy bien chicos, en serio.
Dylan les mira —¿Pueden dejarnos solos?
Todos asienten y salen de la habitación.
—Gracias... —suspiro relajada y me siento en la silla
—¿Qué paso? —Dylan se cruza de brazos —Alik nos dijo que estabas en la mansión de MackGregori.
Asiento —Al parecer el Pendrive de MackGregori decidió ir por Lena y nos siguieron, mataron a sus guardias y capturaron a Lena. Y por alguna razón llevaron con ellos para curarme.
Dylan bufa —Que atentos... —sisea —Supongo que no le viste.
Me reclino en el asiento —Todo lo contrario... —me cruzo de brazos —Vi a Lucía. —me ahogo —Jum' eh...
Dylan se acerca a mi lado y me abraza —¿Todo bien? Sabes que no...
—No lo tenía planeado, sólo... Sucedió.
—¿Sucedió? ¿Segura? Porque que me hayas ocultado que has estado cuidando a MackGregori todos estos años no...
—No quiero pelear.
—¡Ni yo! —sisea y camina por la habitación —Pero lo que hiciste con Emir es ILEGAL, si M se entera...
Lucho como puedo con las ganas de llorar. —No lo sabrá, ¿verdad?
Dylan suspira —Por mi no. —se acerca a mi y me toma de las manos —¿Estás bien?
Asiento —Si... I-incluso... Me gustaría regresar.
Él se separa de mi como si mi piel quemara. —¿Qué? Estás loca, ¿por qué lo harías?
—Por mi hija, la conocí... Ella me no reconoció, pero...
Para este punto de la conversación mi hermano camina de un lado a otro de nuevo, como una fiera. —Y así que supone que debe ser.
Las lágrimas caen por mí mejilla —Lo sé, pero...
—¿Qué le dirás a M? No puedes salir así como así... —me mira —Recuerda hace 4 años, si se enteran que estás en la mansión puede haber represarías. Amanda, es posible que manden a todo Élite por ustedes. Ya entraste y de pura casualidad...
Sonrió con mofa —La perdida de un hijo no es casualidad. —alzo una ceja
Él suspira —Lo lamento, pero sabes a lo que me refiero, no querían aceptarte y ahora... ¿Salir?
—No pienso salir, sólo así Lucía estará a salvo. Pero hace más de dos años que no pido vacaciones. M, no puede decirme que no. Dos meses nada más. Regreso para año nuevo.
Dylan suspira —No me opongo, cuatro años sin ver a tu hija y no soy quién para detenerte. Pero, ¿ya le dijiste a Alik?
—Eres el primero. —me encojo de hombros —Aún así... Sólo es una posibilidad... —suspiró —No es algo concreto, en fin, ¿Cómo está Cárter?
Dylan sonríe con lentitud —Bien, lo llevaremos a terapia.
—¿Y Sherry?
Los ojos de mi hermano se cristalizan y eso me parte el alma. Me levanto y voy a darle un abrazo —Todo saldrá bien hermano.
Él me abraza con fuerza y solloza. —Está en un estado crítico... No ha despertado...
—Lo hará... —las lágrimas caen por mis mejillas. —Mate a Lena. —le siento tensarse —MackGregori me llevo a donde la tenían custodiada y la mate.
.
.
.
Me han dejado entrar a la habitación de Sherry con una bata y bien cubierta. Entró y lo primero que veo es a mi cuñada más flaca y pálida.
—Hola Sherry... —me acercó a ella y jalo una silla para sentarme a su lado. —Es horrible verte así...
Todos los cables conectados a ella me arrugan el corazón. Tomó delicadamente su mano y la junto con la mia.
—Te he vengado... Lena a muerto, y Cárter regreso a casa... —le hablo con naturalidad —Ahora ya tienes por quien luchar Sherry, Dylan y Cárter te esperan en casa. —sonrió con pesar —Todos te esperan en casa...
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