POR LUCAS

[Punto de vista de Lucas]

—Lucas, voy a ir por un helado, ¿Vienes o me esperas?—pregunta mamá estirando su mano hacia dónde me encontraba.

—No, madre, me quedaré en este lugar—expreso agitando mi cabeza de izquierda a derecha en forma de negación.

Cuando veía cómo poco a poco se alejaba mamá, decidí sentarme en una de las bancas del parque, la cual estaba justo debajo de un hermoso árbol de flores moradas. A los pocos minutos, comencé a balancear mis pies de atrás hacia adelante mientras observaba a un grupo de niños jugando al fútbol. Esto fue la razón por la cual decidí quedarme. Cada uno de ellos parecía estar divirtiéndose, ya que las expresiones de sus rostros lo expresaban.

En ese preciso instante, el balón de fútbol sale volando hacia donde me encontraba. Al ver esto, decidí levantarme de la banca para tomarlo y dárselo. Además, aproveché la oportunidad de preguntarles si podía unirme a ellos.

No tardaron en arribar, por lo tanto, tomé el balón y, con mis manos extendidas, intenté entregarla. La ansías que tenía de unirme a su grupo y divertirme con ellos eran sorprendente, así que no pude evitar dirigirme a ellos.

—¿Pu-puedo unirme a ustedes?— inquiero mientras, aún con mis manos extendidas, sostenía el balón de fútbol.

Uno de los infantes emite una mirada poco agradable y voltea a observar a los demás, donde cada uno de ellos agitaba sus cabezas en forma de negación, además de manifestar su desagrado.

—Lo lamento, no jugamos con fenómenos—dice mientras que todos los que estaban atrás de él comienzan a reírse.

Aunque ya sabía cuál sería su respuesta, quise preguntar, después de todo, tocar la puerta no es entrar. Los gestos de sus rostros eran de asco, lo que me hizo sentir muy miserable.

—Ya veo, entonces aquí está su balón—comento dejando al baño caer al suelo. El silencio incomodo surgió después de eso. Sus ojos se convirtieron en dagas que apuñalaron gravemente mi pecho. Fue cuando comprendí lo miserable que era.

A todo esto uno de los niños avanza y toma el balón, pero justo antes de marcharse lanza una palabra que me hace sentir más miserable.

—Monstruo—

¿Monstruo?, ¿Yo?, ¿Por que todos me dicen que soy un fenómeno o un monstruo?

Desde mi infancia experimenté una enfermedad inusual que provocó que mi cabello se matizara en tonalidades blancas, lo cual no era habitual. Además, las pupilas de mis ojos experimentaron una forma de gotas, lo que provocó que muchos de los infantes de mi edad me expresarán su desprecio.

—¿Estás solo?— expresa una voz en mi espalda, al voltear, observo a tres individuos con apariencia de maleantes y con un intenso olor a cigarrillo.

Al ver esto, rápidamente me doy la vuelta e intento marcharme lo más rápido posible con el fin de alejarme lo más posible de ellos, no obstante uno de los chicos me toma por el hombro fuertemente evitando mi huída.

—Te pregunté ¿Que si estabas solo?—Nuevamente esa pregunta salió de su boca, solo que está vez en un tono amenazante. No pronuncié una sola palabra, el temor que experimentaba era más vasto, lo que me llevó a retroceder unos pasos.

—Eres una auténtica monstruosidad—dice mientras que, con su mano empuñada, lanza un fuerte golpe en el estómago.

Caí al suelo retorciendome del dolor, intente respirar pero por alguna razón se me era difícil al igual que no pude gritar por el estado en el que me encontraba.

No conformes con lo que me acababan de hacer me alzó desde mi cabello. Como puede trate de soltarme, pero el dolor en mi estómago impedía hacer algo en concreto. Mis lágrimas no tardaron en aparecer después de todo siempre fui un lloron.

Realmente detestaba profundamente la miserable vida que tenía.

—¿Quien diablos eres?, Estoy algo ocupado así que es mejor que te vayas si no quieres ser el próximo—

Al abrir mis ojos un sentimiento de paz y tranquilidad comenzó a invadir mi cuerpo. Mis lágrimas comenzaron a brotar, no obstante, no eran lágrimas de tristeza o dolor, sino lágrimas de felicidad. La presencia de mi hermano en este lugar para protegerme me propiciaba una sensación de tranquilidad, ya que todo se encuentraba en sus manos.

—¿Es que, no escuchaste lo que te acabo de decir?_

Leo no pronuncia ni una sola palabra, en cambio, coloca su mano derecha en el brazo izquierdo del malechor y, sin pensarlo, lo quiebra rápidamente. El sonido de sus huesos que se encontraban fracturados se percibió junto al grito de dolor de este individuo.

—¡Ahhhhh mi brazo, maldito hijo de Per!— un fuerte grito es dejado salir y, antes de que terminara de hablar, Leo, con su mano izquierda, le cubre todo el rostro.

—Experimenta el dolor que ha sufrido mi hermano— Leo retrocede su mano derecha hacia atrás con rapidez y, tras unos instantes, le otorga un impacto intenso en el estómago. Aquel tipo escupió un gran buche de sangre y Lugo cayó al suelo.

Leo siempre se había caracterizado por ser sobreprotector conmigo, ademaa de tener un gran empeño en protegerme . A pesar de ello, esa fue la primera vez que lo miré tan molesto.

A continuación, seguido de lo anteriormente hecho, dirigió una mirada fuera de lo habitual a los acompañantes del recién abatido.

Uno de ellos efectua un giro y, a través de su aceleración, se desplaza corriendo. Leo, al ver esto a una velocidad asombrosa, se posa en frente deteniendo su avance.

—No me causes daño, no fue mi intención molestarlo— exclamó con breves pasos hacia atrás mientras sus manos se encontraban alzadas. Esto se estaba saliendo de control así que tenía que hacer algo para deter a Leo. Con la escasa fuerza que tenía, corrí y me aferre a las piernas de Leo, quien sin importar qué, continuó su avance.

"¡Vasta hermano, estoy bien, detente, detente!" mientras entre lágrimas le decía aquellas palabras con mis piernas enterradas en el suelo intentento frenar su avance, sin embargo, era completamente imposible, ya que la fuerza que provenía de Leo era inmensa.

[Punto de vista, Leo ]

Mientras avanzaba hacia uno de los individuos, experimento una sensación de aferración en mi extremidad inferior. Noté que se trataba de Lucas, aún así tenía que seguir avanzando. Era el responsable de su seguridad y, aún así permití que esto sucediera, como se supone que vería a la cara a mi madre después de dejar que Lucas sufriera todo eso.

—¡Basta hermano estoy bien! ¡detente! ¡detente!— No podía ver aquel rostro plagado de lágrima e ingenuidad. En esta vida, dónde por mucho tiempo mantuve esa tranquilidad en el, no podía dejar que se viera afectada por unos simple bastardo me sacaba de quicio.

—¿Que mierda les hizo lucas para que lo tratarán así? Si yo no te protejo ¿Quién lo va a hacer?. No tienes motivos para estar sufriendo. No tienes que estar llorando. Debes llevar una vida normal y alegre, no una en la que todos te pisoteen—las lágrimas comenzaron a salir y mi voz parecía estar algo quebrada debido a la impotencia que sentía en ese momento.

—Hermano, lo comprendo y se lo mucho que te preocupas por mí, pero está no es la solución. Por favor, ¡Detente!& Lucas apretó con más fuerza para intentar frenar el avance de mis piernas, fue entonces cuando...

Mi madre apareció de la nada y se puso en frente de mí, con sus dos brazos extendidos de lado a lado.

—Ma-ma—

Se abalanzó sobre mí. Consideré que todo había concluido, además de que un vigoroso sermón sería lanzado. Sin embargo, no fue así, debido a que un fuerte abrazo fue su respuesta. Mis lágrimas se desbordaron mientras que la dulce sonrisa de mi madre hizo precensia.

—Ma yo-yo lo siento mucho, no fue mi intención pero, es que no podía quedarme tranquilo y ver cómo le hacían daño a Lucas—

—Lo sé, lo sé, calma, vamos a casa, aquí no hay más nada que hacer—

Asiento con la cabeza en forma de respuesta, me levanto y juntos nos dirigimos hacia la residencia.

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Comments

Rosibel Caraballo

Rosibel Caraballo

me gusta mucho la historia, se puede realizar una película que desde luego será muy exitosa. felicitaciones al escritor espero siga realizando más publicaciones.

2022-05-01

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