Capítulo 8

Tras una semana después de esa noche, Andrew siempre volvía a casa a tiempo. Empezó a hablar de nuevo con Amanda y a ser un esposo amoroso hacia ella.

Amanda aceptó las disculpas de Andrew, recordando las palabras del Jeque que decían que, si alguien quería separarse de otra persona, era mejor elegir un camino menos problemático.

Sin embargo, después de esa semana, Andrew volvió a su comportamiento indiferente. A veces llegaba tarde y después salía de nuevo con la excusa del trabajo.

Justo ese día, cuando Amanda le preguntó adónde iba, recibió una respuesta que la lastimó.

"¿Qué te importa?", dijo Andrew mientras se arreglaba delante del espejo.

"¿Por qué no hiciste lo que tenías que hacer en la tarde? ¿Acaso vas a una fiesta a esta hora?", preguntó Amanda extrañada.

"Siempre sospechas de mí y parece que no tienes nada mejor que hacer. En lugar de actuar como un detective, deberías hacer las tareas del hogar para que la casa siempre esté limpia. Mira la canasta, hay una montaña de ropa sin lavar", dijo Andrew señalando la canasta.

"No me siento bien, tengo cólicos. Me duele si estoy de pie, aparte que estoy usando una toalla" se quejó Amanda.

Desde el nacimiento de su segundo hijo, a menudo sufría de calambres en la parte inferior del abdomen.

"¡Como siempre, actuando como una consentida! Ni siquiera haces nada cuando estás enferma", se burló Andrew.

Amanda permaneció en silencio, sin querer responderle nada a su esposo porque no quería comenzar una discusión entre ellos. Además, desde hace un rato ella estaba soportando el dolor.

“Cada vez te conozco menos, ¡cada vez me hieres más con tus palabras! ¿Ya no significo nada para ti?”, pensó Amanda.

***

La tarde se convirtió en noche y la noche se transformó en mañana. Todos los días, Amanda se dedicaba a su trabajo de cuidar la casa y a sus hijos.

Había sido una costumbre para Amanda, después de la oración del amanecer, ir a comprar verduras para el desayuno. Aunque había una nevera en casa, ella prefería las verduras que se veían frescas para cocinar, por lo que rara vez guardaba las verduras por mucho tiempo en el refrigerador. Sin embargo, aquella mañana en la que salió a comprar verduras, Caleb se despertó y perturbó a Andrew, el cual todavía estaba durmiendo.

"¡Manda, Manda!", gritó Andrew llamando a su esposa, sin recibir ninguna respuesta, mientras que Caleb lloraba cada vez más fuerte porque no podía encontrar a su madre.

"¿A dónde se habrá ido? Ya es de mañana y ya está en la calle en vez de cuidar a nuestro hijo", gruñó Andrew.

"¡Mami! ¡Mami!", lloraba Caleb cada vez más fuerte.

"¡Cállate, cariño! Deja de llorar, mamá pronto volverá a casa", regañó Andrew, pero en vez de detenerse, Caleb continuó llorando cada vez con más fuerza.

Poco después, Amanda regresó llevando una bolsa en la mano con comida para el desayuno de su familia, pero al percatarse del llanto de Caleb, comenzó a correr.

"¿Dónde estabas, Manda? Tardaste todo el día comprando verduras. ¡Mañana, llévate a Caleb contigo cuando vayas de compras! Interfieres en mi sueño", gruñó Andrew, quien estaba muy enojado porque su sueño de tres horas había sido interrumpido.

"Estuve haciendo fila, cariño. Siempre hay una gran multitud para comprar frituras por la mañana", respondió Amanda tratando de defenderse.

"¡Siempre tienes una excusa! Eres demasiado ruidosa, quiero dormir nuevamente", dijo Andrew con enojo.

Amanda suspiró y recitó una oración de arrepentimiento en su corazón.

"Si no fuera por nuestros hijos, ya habría renunciado como tu esposa. Todos los días sales por la noche y no sé a dónde vas. Cada vez que te pregunto, me regañas. ¿A tus ojos, soy tan mala e inútil? ¿Hasta dónde ha desaparecido el amor que una vez nos tuvimos?", pensó Amanda.

Amanda continuó luchando con sus pensamientos mientras preparaba los ingredientes para cocinar, y sin darse cuenta, terminó cortando su dedo hasta el punto de sangrar.

"¡Mamá! ¡Sangre!", señaló Caleb, quien era cargado por Amanda.

Amanda se sorprendió al ver su dedo cortado con un cuchillo e inmediatamente se lavó las manos, para poder aplicarse la medicina en la herida.

***

El cielo estaba empezando a oscurecerse y el sol ya no se podía ver, esperando así que la luna emergiera en lo más alto; sin embargo, parecía que aquella noche la luna era tímida y se escondía detrás de las nubes negras.

Andrew, que acababa de llegar poco antes de la oración, se está preparando para irse de nuevo. Amanda deseaba detenerlo, pero seguramente su esfuerzo terminaría en una discusión.

Sin despedirse de Amanda, Andrew se fue dejando a sus hijos y esposa en casa. Sin embargo, no tardó mucho tiempo después de la partida de Andrew que Caleb de repente empezó a vomitar en la cama cuando se despertó repentinamente de su sueño. Amanda, quien acababa de acostarse, bastante sorprendida limpió los restos de vómito que llenaban las sábanas. La madre de dos hijos rápidamente llegó a donde estaba la caja de primeros auxilios para buscar medicamentos.

A pesar de haber recibido medicamentos y una mezcla tradicional, Caleb todavía seguía vomitando toda la comida que había comido por la tarde, lo que hizo que Amanda entrara en pánico porque su hijo no paraba de vomitar.

Sintiéndose preocupada por la condición de su hijo, Amanda lo tomó en brazos y lo llevó al hospital, pero antes de eso, Amanda dejó a Mía con su vecina.

"¡Que la paz esté con usted, señora Elena!"

"¡Que la paz está contigo, Manda!", dijo la señora Elena.

"Señora Elena, dejaré a Mía con usted hasta que su padre vuelva, ya que Caleb no deja de vomitar y necesito llevarlo al hospital", explicó Amanda.

"Mía, vente conmigo, tu madre necesita ir de urgencias al médico con tu hermano", invitó la señora Sofía a Mía, la cual todavía estaba un poco aturdida porque Amanda la había despertado de repente. "¿Con quién te vas, Manda?".

"Mi esposo está afuera y no lo he podido contactar, por lo que terminé pidiendo un taxi", respondió Amanda con tristeza, especialmente al ver a su hijo agotado por su malestar.

"Si Andrew está disponible, puedes pedirle que lo lleve, aunque regrese tarde en la noche. Ten paciencia, Manda. También deberías observar la señora Elena.

"No lo sé, señora Elena. Él dice que es un problema de trabajo", explicó Amanda.

"Todo hombre rico y poderoso, siempre será tentado por las mujeres. Nosotras, como esposas, no debemos quedarnos calladas y resignarnos, sino que debemos luchar por lo que es nuestro", aconsejó la señora Elena a Amanda, a quien consideraba su hermana menor.

"Entiendo, señora Elena. El carro ya llegó, me tengo que ir, por favor dígale a mi esposo que regresaré pronto".

Después de despedirse de la señora Elena, Amanda entró inmediatamente en el taxi que había pedido a través de una aplicación.

Continuará…

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Comments

Anonymous

Anonymous

Es una tonta solo pensando y no actuando y el hombre gozando y gastando el dinero que a ella no le da

2023-12-01

0

Mönï Griëvë

Mönï Griëvë

Haa ¡! por que no se lo dice directamente en vez de pensar tanto , que le grite sus 4 verdades al infeliz ese de marido...¡! Realmente les gusta sufrir así?

2023-09-30

1

Yulieth Sanchez

Yulieth Sanchez

así sucede cuando se en caprichan por fuera adel hogar

2023-09-24

2

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