Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 10
Isabela llegó a casa y vio a sus hijos desayunando en la mesa con su abuela. Matías la miró y sonrió, mientras Mariana levantaba la vista y le dio un abrazo. Aunque intentó devolverles la sonrisa, algo dentro de ella se sentía diferente. No podía dejar de pensar en lo que había pasado.
"Buenos días, mis amores", dijo, tratando de sonar feliz, pero no era lo mismo. Subió rápidamente al baño, buscando un momento para estar sola. El agua caliente de la ducha la ayudó a relajarse un poco, pero no podía quitarse la sensación de culpa y confusión.
Cuando terminó, se vistió y bajó para ver a sus hijos, quienes estaban emocionados porque irían al zoológico. Intentó distraerse con ellos y les dijo que era hora de salir. Aunque ellos estaban felices, su madre la observó con atención, notando que algo no estaba bien.
"¿Estás bien, hija?", le preguntó su madre, preocupada. Isabela no pudo evitar sentir que su madre sabía que algo estaba mal, pero no quería hablar de eso ahora. Sólo quería disfrutar del día con sus hijos, aunque no pudiera quitarse la duda que la molestaba por dentro.
Isabela decidió que nunca hablaría de lo que había pasado con Leo. Se prometió a sí misma no ser débil ni vulnerable ante nadie, y lo que ocurrió se quedaría como un secreto guardado en su interior. No quería ser juzgada ni tratada de manera diferente. Así que el lunes, decidió no ir a clases. No podía enfrentarse a él, ni a la situación, ni a sus propios sentimientos.
Cuando llegó el martes, se sorprendió al ver a una maestra nueva frente a la clase en lugar de Leo. No entendía qué estaba pasando. Decidió acercarse a la nueva profesora después de clase, y al hacerlo, la maestra le entregó el examen que Leo había dejado.
"Felicidades, usted aprobó", dijo la maestra con una sonrisa.
Isabela miró el examen en sus manos, aliviada, pero también confundida. "¿Y Leo? ¿Dónde está él?", preguntó, tratando de sonar tranquila.
La maestra, sin mostrar ninguna emoción extra, le explicó: "El profesor Leo ya no dará clases. Él viajó a Vietnam la semana pasada."
Isabela no pudo evitar sentir una mezcla de alivio y desconcierto. Aunque le había costado aceptar lo que había hecho, la idea de que él ya no estuviera allí, de alguna manera, le trajo una sensación de cierre. Pero al mismo tiempo, no podía evitar preguntarse por qué Leo había hecho todo eso, y si algún día volvería a cruzarse en su camino.
Es cierto, a veces nos sentimos juzgados por las decisiones que tomamos, pero la realidad es que nadie puede entender completamente lo que hemos vivido o las razones que nos llevaron a actuar de cierta manera. Cada persona tiene sus propios miedos, experiencias y circunstancias que influyen en sus elecciones. Es fácil para los demás dar opiniones o emitir juicios sin conocer todo el contexto, pero lo más importante es que uno se haga responsable de sus propias decisiones y siga adelante, aprendiendo de ellas, sin dejarse consumir por lo que los demás piensen. Al final, cada quien camina su propio camino.