Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
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10. Absurdo comportamiento
...MAUDE:...
Mi hermano entró a la habitación y se puso cómodo, sentándose sobre la cama, cruzando las piernas y apoyando la espalda de la mesa mientras usaba sus brazos para reposar su cabeza.
— ¿Cómo te está yendo en la misión?
— No deberías acercarte tanto a mi sitio de trabajo, pude oler tu presencia desde que pusiste un pie en la calle, pueden verte y sospechar algo, así que no vuelvas a aparecer por el vecindario rico, nos reuniremos en otra parte — Gruñí, con poco humor para tratar con él.
Soltó una risa — "Mi sitio de trabajo" lo dices como si fueras muy honrada. Ya hasta hablas con educación.
Al menos alcancé a aprender a leer y escribir, mis padres en vida lo dieron todo para darnos la mejor educación, cosa que Roquer había olvidado, no lo culpaba, fuimos forzados a terminar en las calles, pero me chocaba que ya ni los mencionara.
— Deja de burlarte de mí — Tomé la única silla que había y la arrastré para sentarme.
— ¿Hay algún avance?
— Un robo así no tiene éxito en dos días — Gruñí, cruzando mis brazos — Apenas he podido ganar algo de confianza, comí en el comedor de los nobles.
— Eso es algo — Se mordió las uñas.
— Roquer, el duque y el lord están lejos de ser cercanos, hay una rivalidad debido a que compiten por sus negocios.
Se tornó erguido — Eso es perfecto, mientras están distraídos, podemos robar... Tienes que averiguar donde oculta el lord su caja fuerte, concretaremos la fecha para dejar su casa vacía... Dime ¿Ya tienes la dirección del duque?
— No, no he podido acercarme...
— Ya que son enemigos, entonces usa ese odio para sacarle información al lord, te lo dirá sin rechistar al creer que te pones de su lado.
— Roquer, no creo que lord sepa demasiado sobre él — Dije, queriendo dejar de lado al lord, no se merecía esto.
— Sabe sobre sus negocios, si está tratando de competir entonces será grandioso si obtienes un poco de información sobre cuales son sus tiendas, podríamos empezar a robarlas — Sonrió, muy ambicioso — Eso sería un golpe bajo.
— Lo pondrá sobre aviso.
— Será complicado para él averiguar quien lo robó, lo haremos en la noche, cuando los comerciantes se van... Eso es lo primero que haremos, así que más vale que mañana obtengas esa información — Ordenó, bajando sus piernas de la cama — Maude, recuerda que somos un equipo, mientras tú recolectas información, nosotros iremos realizando la primera fase de la misión, robaremos las tiendas.
— Deja de lado al lord — Pedí y se desconcertó.
— ¿Por qué rayos me pides eso?
— Me dió trabajo, es un buen hombre... No se merece...
— ¿A caso te gusta? — Demandó con expresión recelosa.
Me sobresalté — Por supuesto que no... Es solo que sería injusto traicionar a...
— Maude, deja el sentimentalismo — Posó una mano en mi hombro — ¿Crees qué te dió el trabajo porque sea considerado o por qué vió tu talento?
— Roquer, por supuesto que...
— Lo hizo porque seguramente quiere llevarte a la cama — Gruñó y me tensé — A los nobles les encanta jugar con sus presas, usan su poder para conquistar a las mujeres que quieren poseer.
— ¡Qué estupideces estás diciendo! — Me sacudí de su agarra — ¡Lord Leandro Mercier no es esa clase de hombre!
Me evaluó — Mira como te pones, defiendes a ese sujeto con uñas y dientes cuando ni siquiera lo conoces lo suficientes, veo que el lord ya te tiene entre sus manos.
Me sonrojé — No es cierto, solo intento decir que estás soltando demasiadas tonterías... Ese hombre no me mira como...
— Por supuesto que si, Maude, no caigas en sus seducciones, solo te usará y se deshará de ti.
— Ya estoy lo suficientemente grande para cuidarme sola — Corté, demasiado irritada.
— En el fondo sé que te ha deslumbrado con su clase, sus lujos y su atractivo... Pero, jamás te considerará para algo serio, somos de otro mundo y ellos jamás se entremezclan — Gruñó, levantándose — Mantén tu vista en nuestro objetivo y no vaciles, el lord también es parte de la misión... ¿En serio crees qué si fallamos ese noble considerará el que no lo hayas traicionado y te librará de una ejecución?
Me quedé sopesando sus palabras.
Me juzgaba al creerme una cortesana, no quería imaginar si se enteraba de que en realidad era una ladrona y que solo me estaba acercando a él para quitarle todo.
Roquer tenía razón, el lord solo quería llevarme en la cama, no duraría en tirarme a la calle si algo salía mal, jamás tomaría en cuenta que no quise dañarlo a él.
— ¡No tengo el más mínimo interés por el lord, no hay ilusión, deja de soltar tantas estupideces, no he olvidado mi objetivo! — Gruñí y me sonrió.
— Esa es la Maude que conozco... Buenas noches, le prometí a los chicos una cena cuantiosa — Me dió un beso en la frente y caminó hacia la puerta — Recuerda esto, Maude, los nobles no son confiables, aunque sean amables, siempre nos verán como personas inferiores, no puedes olvidar lo que sucedió con nuestros padres... Ninguno merece consideración.
Salió de la habitación.
Derramé lágrimas.
¿Cómo olvidarlo?
La tienda en llamas, los gritos de la gente, mis padres volviéndose cenizas entre el fuego sin poder encontrar la salida.
Ya ni siquiera recordaba sus rostros o algún momento antes de la desgracia.
Los nobles lo hicieron, humillaron, estropearon, dañaron, hasta el final.
Recordé a lord Leandro, como me observaba y me hablaba, como posó su dedo en mis labios y me dejó con el corazón en la boca.
Su pecho musculoso y bronceado, su ancha espalda contra mi brazo, la piel sudada y el olor masculino, el calor que me hacía temblar.
¿Si el lord quería llevarme en la cama yo me dejaría?
¿Por qué no me indignaba que me pensara de esa forma? Siempre odié los patanes, dejé a muchos impotentes por querer insinuar sus intenciones, incluso corté las gargantas de los rufianes que pretendían tomarme a la fuerza.
Había defendido mi integridad con uñas y dientes.
Ahora no podía distinguir si era bueno o malo lo que el lord quería de mí.
Mi hermano tenía razón, él solo me usaría y luego se hartaría.
Aún así, mi cuerpo no dejaba de inquietarse ante la idea de que él me tocase.
Debía estar loca, tonta, no podía jugar con fuego si no conocía ese mundo.
Además, si el lord se enteraba que no era una cortesana experimentada, se iba a percatar de que era una mentirosa y todos mis avances se iban a desplomar.
Me senté sobre la cama, intentando calmarme.
En el fondo, seguía sin querer traicionarlo, pero con la incertidumbre, decidí continuar con el plan.
...****************...
Al día siguiente volví a la mansión.
— ¿Lord Leandro se encuentra? — Pregunté al mayordomo, al sentir la mansión solitaria.
— No señorita, salió muy temprano, tenía asuntos de negocio que atender.
— Oh.
Lady Celia Mercier apareció.
— Liseth, llegó temprano.
Hice una reverencia — Mi lady, buenos días.
— Adelante — Me animó a seguir hacia el taller.
— Con permiso.
Caminé hacia el taller y me puse manos a la obra, cortando los patrones después de terminar de tomar las medidas.
Lady Celia entró para observar lo que hacía.
— Oh, veo que ya estás encaminada.
— Aún falta mucho, los patrones me cuestan.
Tomé mi diseño de la mesa.
La observé asombrarse, la señora era muy encantadora, debió ser muy hermosa de joven, de hecho envejecía bien. Sus vestidos eran preciosos, tonos claros de encaje y con mangas con flecos.
— ¿Lo hiciste tú sola?
— Así es mi lady.
— Tienes mucho talento — Me elogió.
— Solo intento hacerlo bien, todavía tengo mucho que aprender.
— Con lo que estás creando aquí bastará — Sonrió — ¿De qué color será?
— Estaba pensado en un lila.
— Quedará hermoso — Dijo, apartándose.
— Espero que sí, no quiero perder la oportunidad que me está dando Lord Mercier.
— No la perderás.
Me agradaba la señora.
— ¿Cree que a su hijo le guste?
— Le encantará... Debo retirarme, planeo tomar un poco de té y leer un libro.
Se marchó.
Me quedé pensativa.
¿Debería averiguar si había algo útil en el estudio?
No quería meterme en líos, tampoco que me pillaran haciendo algo sospechoso, pero tenía que aprovechar.
Salí del taller, observando a ambos lados del pasillo.
Me sentía como la ladrona que era, husmeando en todas partes.
Abajo solo estaba el salón, la biblioteca, una cocina a la que no me atreví a entrar porque estaba abarrotado de cocineros y sirvientes.
Me escondía detrás de cortinas, columnas y hasta paredes cuando pasaban las sirvientas, era buena para ocultar mi presencia así que no me tomó mucho tiempo subir por las escaleras, al segundo piso de la mansión.
Había más pasillos, era solitario y encantador.
Caminé por el lugar, sintiéndome como si estuviera entrando a otro mundo.
No me acostumbraba a ver tanta belleza, tanta fortuna y ornamentos hermosos.
Era comodidad, era el lujo.
No, era la ausente presencia del lord.
Abrí más puertas, hallando hermosas habitaciones más amplias que el cuarto de la posada.
Con paredes repletas de papel tapiz adornado con flores, grandes camas con dosel, preciosos almohadones.
Escuchaba detrás de las puertas, en una de ellas percibí la presencia de lady Celia y seguí registrando.
Había una puerta al final del pasillo y la abrí con cuidado, observando a todas partes.
Un estudio sombrío me recibió.
Olía a madera.
Caminé hacia el escritorio ordenado.
Observé como iba cada cosa y empecé a registrar.
Cuentas, depósitos, pedidos, facturas.
Registré detrás de los cuadros de la pared.
No había cajas fuertes.
¿Dónde guardaba todo su dinero?
No me sentía bien hurgando las cosas del lord.
Observé un libro de cuero debajo de otra pila de papeles y lo saqué.
Abrí el libro.
Era una libreta de anotaciones.
Había una lista completa de lo que parecían ser las tiendas de la capital, muchos nombres prestigiosos se hallaban allí.
¿A caso está era la lista de propiedades del duque?
Tomé una hoja con rapidez, pluma y tinta.
Escribí todos los nombres con rapidez.
Soplé la hoja para que la tinta secara rápido.
Doble el papel y lo metí dentro del escote de mi vestido.
Coloqué cada cosa correctamente.
El libro tenía otras anotaciones que no pude evitar leer.
— "Lo veo en mis sueños, en mis manos, en cada obstáculo" — Leí, sin comprender aquella frase — "Me persigue y no dejará de hacerlo hasta mi muerte".
Sonaba un poco tétrico. ¿Era una adivinanza?
Seguí pasando las hojas.
— "La ladrona tiene los ojos azabache" — Me tensé al leerlo, me sentí inquieta — "La cortesana tiene los ojos azabache" — Otra frase, como la respuesta a un enigma — "Una cosa es certera, el azabache es mi nuevo color favorito, siempre lo veo en todas partes" "Quiero bombones"
¿Y si el lord se había dado cuenta que era la misma que lo robó? Lo último me dejó confundida. ¿El lord estaba desquiciado? Escribía incoherencias.
Había una puerta doble a la derecha y decidí aproximarme.
Entré a una habitación, era de color caoba, una enorme cama en el centro, con sábanas vino y doradas.
Había una cómoda cerca, un espejo de cuerpo completo al lado.
Otras puertas donde había un armario con ropas finas y también un baño.
Aquella era la habitación del lord.
Volví y observé la cama, bien acomodada.
Olía a él.
Me acerqué lentamente, tomé un cojín y olí.
Todo mi interior se agitó.
Volví a oler.
Era exquisito.
Pasé mi mano por las mantas. ¿Qué se sentía dormir con un hombre?
Al darme cuenta de lo que estaba haciendo me detuve en seco, cubriendo mi boca.
¿En serio estaba haciendo algo tan indebido?
Me marché de la habitación con rapidez.
Afortunadamente, pude volver al primer piso y entré en el taller.
Me detuve en seco al hallar al lord observando los patrones que dejé sobre la mesa.
Tenía un traje color gris, con pañuelo blanco y chaleco del mismo tono.
Llevaba otro reloj de bolsillo, la cadena sobresalía y estaba unida al botón del chaleco.
Tenía el cabello atractivamente peinado a un lado.
— ¿Dónde estaba? — Inquirió, sin apartar la vista de los patrones.
— En el baño, me costó encontrarlo — Dije, escondiendo mis nervios, caminé hacia la mesa — ¿Qué hace usted aquí? ¿No estaba fuera de la mansión?
— Estaba, ya volví — Tomó los patrones y los observó con expresión crítica — No debería cortarlos justo a la medida, siempre debe dejar un sobrante o al cocerlo no le quedará de la misma forma.
— Mi lord, es lo que haré — Intenté hacerlo a un lado, no se movió, alejé los patrones.
— Tómese su trabajo en serio, o la voy a despedir — Gruñó y elevé mi mirada hacia él, tenía una expresión dura, sus ojos parecían piedras, sin emoción alguna.
— Me tomo mi trabajo en serio.
— Le daré tres días para terminar esto, si no lo logra, no vuelva — Gruñó y fruncí el ceño.
— Tres días es muy poco tiempo.
— Una verdadera modista puede hacerlo incluso en un día, todo para complacer las exigencias de los nobles, fui más que condescendiente a darle tres días — Tomó una postura altiva — Si no puede con esto, dígalo ahora y buscaré reemplazo.
— ¡Óigame! — Gruñí, me estaba pisoteando ¿Qué rayos le sucedía? — ¡No voy a permitir que me trate de esta forma, no soy una maldita mula, no tengo experiencia como modista, no puede exigirme hacer un vestido en tan solo tres días!
Se inclinó cerca — Ya lo hice, tres días o se va, es su decisión.
Apreté mis puños — ¿Qué rayos le pasa?
— No me hable de esa forma...
— Oh, ya veo — Resoplé — Sabía que un noble no podía ser tan cordial, su verdadera cara salió a luz, es un tirano.
Mi hermano tenía razón.
— No se tome mi amabilidad a la ligera, no abuse de ella.
— ¿Cuándo he abusado de ello?
Tenía que estar sospechando algo para tratarme así.
— Tres días para terminar el vestido — Se marchó del taller.