Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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El final de una etapa
Finalmente llegó el último día de clases.
Desde temprano, el instituto estaba lleno de emociones. Algunos alumnos estaban felices porque comenzaban las vacaciones; otros no podían evitar sentirse tristes al pensar que ya no volverían a compartir el mismo salón.
Lucía permanecía junto a Carla y Sofía, observando a sus compañeros con nostalgia.
—No puedo creer que ya terminamos —dijo Sofía con voz bajita—. Parece que fue ayer cuando comenzamos primer grado.
—Voy a extrañar este lugar —dijo Carla suspirando—. Y a todos.
—¿Tú? —preguntó Lucía sorprendida—. Pensé que eras la primera que quería salir corriendo.
Las tres comenzaron a reír. Era una risa con un poco de tristeza.
Poco después, Tomás entró al aula. Por unos segundos, se quedó observando a sus alumnos en silencio, como si quisiera guardar esa imagen en su memoria.
—Bueno, chicos... supongo que este es el momento.
El aula quedó en silencio.
—Han pasado varios años juntos. Algunos de ustedes continuarán estudiando en el mismo lugar y otros tomarán caminos diferentes. Pero quiero que recuerden algo: las calificaciones son importantes, pero no son lo único que define lo que pueden llegar a ser.
Lucía escuchaba atentamente cada palabra.
—Confíen en ustedes mismos —continuó Tomás—. Y no tengan miedo de equivocarse. Los errores también forman parte del aprendizaje.
Al terminar, todos aplaudieron. Lucía sintió un pequeño nudo en la garganta. Había llegado el momento de despedirse de aquella etapa que había marcado tanto su infancia.
Después de las palabras del profesor, los estudiantes salieron al patio. Marta, Esther, Leticia, Luis y Roberto se reunieron con ellas para la foto final.
—Tenemos que tomarnos una foto —dijo Esther emocionada—. Todos juntos.
—Sí —respondió Leticia.
Todos se juntaron frente a la pizarra. Lucía sonrió mientras Carla intentaba organizar al grupo como siempre.
—Rufino, ponte ahí.
—¿Por qué siempre me mandas a mí? —dijo Rufino riendo.
—Porque eres el segundo de la clase. Tienes que dar ejemplo.
Todos rieron.
Rufino miró a Lucía con su sonrisa competitiva de siempre.
—El próximo año seré el primero.
—Eso ya lo veremos —respondió Lucía.
—Acepto el desafío.
—Aceptado.
Lucía sonrió. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía dejar atrás todas las preocupaciones y disfrutar del momento, de sus amigos, de aquella despedida.
Más tarde, cuando regresó a casa, encontró a su abuela esperándola en la puerta con los ojos brillosos.
—¿Cómo te fue?
Lucía dejó su mochila y la abrazó fuerte.
—Terminamos.
—Estoy orgullosa de ti —dijo su abuela—. Muy orgullosa.
—Yo también estoy orgullosa de ti —respondió su abuela con voz suave.
Aquella noche, mientras guardaba algunos de sus libros, encontró un cuaderno viejo. Lo abrió. Entre sus páginas había pequeños apuntes de los últimos meses, dibujos y frases.
Y por primera vez, escribió algo que nunca antes había querido admitir ni siquiera para sí misma.
«Creo que me gusta alguien.»
Lucía observó la frase durante unos segundos con el corazón acelerado. Después cerró rápidamente el cuaderno. No escribió su nombre. No hacía falta. Ella sabía perfectamente de quién estaba hablando.
Durante las vacaciones, Lucía intentó disfrutar de su tiempo libre. Pasaba días con su abuela, hablaba con Carla y Sofía y poco a poco comenzó a pensar menos en el instituto. Pensó que con el tiempo también pensaría menos en Javier.
Pero una tarde, mientras conversaba con su tío Carlos en la sala, escuchó algo que hizo que levantara la mirada de golpe.
—Por cierto —comentó Carlos distraído—. Javier probablemente se irá de la ciudad pronto. Su familia tiene unos asuntos.
Lucía fingió tranquilidad, aunque sintió un vacío en el pecho.
—¿Ah, sí? —preguntó intentando sonar casual.
—Sí. Su familia tiene algunos asuntos y parece que regresará a otra ciudad. Aún no es seguro, pero es lo más probable.
Lucía guardó silencio. No preguntó nada más. No quería que Carlos sospechara que le importaba.
Pero aquella noche, mientras estaba acostada en su habitación mirando el techo, comprendió algo que le dolió.
Tal vez aquella era la última vez que escucharía hablar de Javier. Tal vez aquel pequeño sentimiento que había guardado en secreto tendría que quedarse exactamente donde había comenzado: en silencio.
Lo que Lucía todavía no sabía era que algunas personas pueden alejarse de nuestra vida sin desaparecer realmente de nuestra historia. Y que aunque Javier se fuera, su nombre volvería a aparecer mucho antes de lo que ella imaginaba.
aunque no sé cómo, por la distancia