Cada persona tiene una misión en la vida, y el verdadero sentido de vivir es proteger y dar esperanza a otros.
Está es la historia de rios:
En medio de una guerra devastadora, Rios queda gravemente herido mientras el enemigo se retira prometiendo volver. Al borde de la muerte, su cuerpo entra en un profundo coma y los médicos lo dan por muerto.
Pero dentro de su mente, Rios despierta en un extraño lugar... ¿que pasará con ríos sobrevivirá?
Un Reto que le pone la vida... ¿Está vez como saldrá de esta situación?
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El despertar
El sonido constante de las máquinas llenaba la habitación.
Bip… bip… bip…
El ambiente en la UCI era tenso.
Los médicos observaban atentos cada movimiento.
Ana estaba de pie junto a la camilla, con los ojos rojos de tanto llorar.
Ryan permanecía a su lado, en silencio, con los brazos cruzados, intentando mantenerse firme.
De repente…
El monitor cambió.
Bip… bip… BIP…
—Doctor… —dijo una enfermera—. Su actividad cerebral está aumentando.
El médico frunció el ceño.
—¿Cómo es posible…?
Ríos… se movió.
Un leve movimiento en sus dedos.
Ana lo notó de inmediato.
—¡Ríos…!
Se acercó más.
Su respiración se aceleró.
—¡RÍOS! ¡¿Me escuchas?!
Ryan dio un paso adelante.
—Vamos… despierta…
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces…
Los ojos de Ríos se abrieron.
Pero…
Algo no estaba bien.
Sus ojos… no eran los mismos.
Una leve luz brillaba en ellos.
Fría.
Profunda.
Vacía.
Ríos inhaló bruscamente.
—¡Aaah…!
Su cuerpo se tensó.
Las máquinas comenzaron a sonar con más intensidad.
—¡Sujétenlo! —gritó el médico.
Pero antes de que alguien pudiera reaccionar…
Ríos se incorporó de golpe.
Arrancó los cables de su cuerpo.
El tubo de respiración cayó al suelo.
Ana retrocedió, sorprendida.
—Ríos… ¿qué haces…?
Ríos no respondió.
Su respiración era agitada.
Miraba a su alrededor… como si no reconociera nada.
—¿Dónde… estoy…? —murmuró.
Su voz era diferente.
Más grave.
Más fría.
Ryan frunció el ceño.
—Oye… ¿estás bien?
Ríos giró lentamente la cabeza hacia él.
Sus ojos brillaron ligeramente.
Por un segundo…
Ryan sintió algo extraño.
Como si una presión invisible lo aplastara.
—Tú… —dijo Ríos, observándolo fijamente.
Ryan dio un paso atrás, confundido.
—¿Qué te pasa…?
Ríos llevó su mano a la cabeza.
—Yo…
Su respiración se volvió irregular.
—Yo… estaba…
Imágenes cruzaron su mente.
La luz.
La mujer.
La voz.
—Esto… es solo el comienzo.
Ríos apretó los dientes.
—¡Cállate…!
Ana se asustó.
—¿Ríos…?
—¡Dije que te calles! —gritó, llevándose la mano a la cabeza.
El ambiente se volvió pesado.
Las luces parpadearon levemente.
Los monitores fallaron por un segundo.
El médico retrocedió.
—¿Qué… está pasando aquí?
Ryan miró a Ríos con preocupación.
—Hermano… tranquilízate…
Pero Ríos no escuchaba.
Su cuerpo empezó a emitir una leve energía.
Invisible… pero presente.
El aire a su alrededor vibraba.
—No… no… no… —murmuraba.
Ana dio un paso hacia él.
—Ríos… mírame…
Silencio.
Poco a poco…
La respiración de Ríos comenzó a calmarse.
La energía desapareció.
Sus ojos volvieron a la normalidad.
Parpadeó.
Confundido.
—Ana… —dijo en voz baja.
Ana abrió los ojos con sorpresa.
—¡Ríos!
Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.
—¡Idiota…! ¡Pensé que ibas a morir! —dijo entre lágrimas.
Ríos se quedó quieto.
Sintiendo el abrazo.
Algo en su interior… cambió.
Cerró los ojos lentamente.
—Lo siento…
Ryan soltó un suspiro.
—Nos hiciste pasar un infierno…
Pero luego sonrió levemente.
—Bienvenido de vuelta.
Ríos levantó la mirada.
—Ryan…
Todo parecía… normal.
Pero no lo era.
Ríos lo sabía.
Podía sentirlo.
Dentro de él.
Esa presencia.
Esa voz.
Ese poder.
Miró su mano.
La apretó lentamente.
—Esto… no ha terminado…
Nadie lo escuchó.
Pero algo dentro de él respondió.
Un leve susurro.
—Claro que no.
Ríos abrió los ojos con intensidad.
Pero no dijo nada.
Solo miró al frente.
Serio.
Pensativo.
Diferente.
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Afuera…
El cielo estaba oscuro.
Nubes comenzaban a reunirse.
Como si algo… se estuviera preparando.