Giovanna es obligada a casarse con un hombre que detesta. Ese hecho desencadena una serie de eventos qué la llevan a descubrir verdades qué habían permanecido enterradas.
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Capítulo 9
Después de consumar el matrimonio, Teodoro cae en un sueño profundo. Giovanna se encierra en el cuarto de baño. Se mete a la regadera y cae de rodillas sobre el frío piso de mármol. Llora amargamente.
Ojalá el agua se llevará su pena y pudiera limpiar su alma. Se levanta convencida de que debe ser fuerte para soportar la situación y con la esperanza de en algún momento encontrar la manera de terminar con este matrimonio.
Frente al enorme espejo empañado, logra vislumbrar las marcas qué ha dejado el horrible acto. Limpia con una toalla y confirma los daños en su cuerpo.
Hay marcas claras en los lugares donde los dedos de Teodoro hicieron presión. Moretones incipientes en donde clavó sus dientes, marcas rojas donde golpeó con la palma una y otra vez.
Su marido ha resultado ser un hombre salvaje y desconsiderado. En el piso de la alcoba están los restos de lo que fue su vestido de novia. Tiene miedo de recostarse junto a ese animal y que despierte para continuar con sus depravados actos.
Con mucho cuidado se desliza debajo de la sábana, permanece lo más lejos posible de Teodoro. Cansada, se deja vencer por el sueño.
Despierta al sentir una mano deslizarse por debajo de su pijama. Cierra los ojos con fuerza e intenta controlar su respiración. Quizá si no se mueve él crea que sigue dormida y la deje en paz.
Estaba muy equivocada al pensar que eso podría detener al hombre. Lo siente restregarse en su trasero, le resulta repugnante y se levanta apresurada. Corre al baño y vomita.
- Espero que no estés enferma, está noche tenemos un compromiso y debes acompañarme.
- No creo poder asistir.
- Creo que no me has entendido, no te estoy preguntando, es una orden.
- Eres tú quien no me está entendiendo- se despoja de la pijama y muestra los estragos qué dejó en su cuerpo- ¿Crees que algún vestido cubra esto? Mucho menos el tipo de ropa que te gusta que use.
- No me importa lo que tengas que hacer para cubrirlo, paso por ti a las 8. Desde ya te digo que no me gusta esperar- advierte antes de salir.
La impotencia y el coraje se apoderan de ella. De un manotazo tira todo lo que se encuentra sobre el lavabo.
Aborrece ser tratada como un objeto. Ese hombre vive de apariencias y ahora ella se ha convertido en la novedad.
Se ducha, el armario está repleto de ropa nueva. Elige algo que cubre sus moretones, más tarde se preocupara por cubrirlos.
Súplica no toparse ni con Teodoro, ni con Fabián. El primero ya se ha marchado, pero el segundo se encuentra desayunando plácidamente en el comedor.
- Buenos días, no esperaba verte levantada tan temprano.
- Tampoco esperaba verte aquí.
- Acostúmbrate, pasaré una larga temporada. Después de todo, es la casa de mi madre.
- Creo que tomaré el desayuno en mi habitación.
Fabián la toma fuerte por el brazo y ella hace una mueca de dolor. Él lo nota y levanta la manga de su blusa, un moretón queda a la vista.
- ¡Infeliz! ¿Qué más te hizo? ¿Por eso usas esa blusa de cuello alto? Responde, Giovanna.
- Por favor, déjame. Quiero volver a mi habitación.
Fabián desiste y ella sube corriendo la gran escalinata. No sabe cómo hará para soportar la vida que le espera y ruega por qué el hijastro de Teodoro se marche pronto.
Alguien llama a la puerta, temerosa decide ignorar el llamado.
- Señora, soy Martina.
Giovanna decide abrir la puerta.
- ¿Martina?
- Sí, soy parte de la servidumbre.
Es una chica muy joven, quizá un par de años mayor que ella.
- Me percaté de que no tomó su desayuno- prosigue- y vine a preguntarle si gusta que lo traiga a su habitación.
- Sí, Martina, por favor. Eres muy amable.
- Únicamente hago mi trabajo, señora.
- Llámame Giovanna, por favor.
- No puedo, sí el señor me escucha va a llamarme la atención. Enseguida subo con su desayuno.
Al parecer todos le temen a Teodoro. Martina regresa con una charola qué contiene fruta, café, huevos y pan.
- Muchas gracias, Martina.
- Para servirle, señora. Sí requiere algo puede usar el intercomunicador- señala el aparato que se encuentra fijo en la pared y que ella había pasado por alto.
La chica se retira y ella se dispone a tomar el desayuno. Había olvidado que es domingo, mañana debe asistir a la Universidad.
¿Quién tiene una cena de negocios en domingo? Se pregunta. El día anterior no probó bocado y hasta ahora se da cuenta de lo hambrienta qué estaba. Devora todo cuanto hay en la charola.
Decide llevar la charola a la cocina y hacer un recorrido por la mansión. El lugar es enorme; hay cuadros y esculturas costosas en cada habitación.
Llega al jardín, no hace falta decir que es espectacular. Llama su atención una estructura completamente realizada en cristal. Camina hasta ahí, abre la puerta y se encuentra con una fantástica piscina cubierta.
Su sorpresa es aún mayor cuando reconoce al hombre que nada de un extremo al otro. Decide salir antes de ser vista.
- ¿Conociendo tu nuevo hogar?
Demasiado tarde, él ha notado su presencia.
- No quise molestarte, ya me iba.
- No me molestas. Además, debemos aprender a convivir ahora que viviremos en la misma casa.
- ¿De verdad vas a quedarte?
- Sí, tengo asuntos pendientes con tu marido.
- En ese caso te pido que mantengamos la distancia. No puede enterarse de lo nuestro.
- Qué lastima qué no podemos revivir esos momentos.
- Fabián, por favor.
- No me puedes prohibir los recuerdos. Aunque ahí éramos Giancarlo y Francesca, quizá podamos seguir el juego de roles.
- Deja ya ese tema.
- Estoy bromeando. Comprendo que no puede ni debe enterarse. Cómo te dije, es un hombre de cuidado y lo que menos deseo es ponerte en riesgo.
- Te dejo, tengo cosas que hacer.
Giovanna se aleja, le causa demasiado estrés la convivencia con Fabián. Prefiere mantenerse alejada. Se queda en la habitación el resto del día, Martina le lleva sus alimentos ahí y después de llamarla para que recoja la charola comienza a prepararse para la cena.
Busca su cosmetiquera en el armario, ahí tiene un maquillaje qué utiliza únicamente en las pasarelas. Cubre bastante bien y confía en que sea útil para disimular las marcas de su cuello.
Ha elegido un vestido negro de manga larga con transparencias. Mientras se maquilla, encuentra el gotero qué su madre le dio un día antes de la boda. Decide guardarlo en su bolso con la intención de usarlo más tarde.
Teodoro ingresa intempestivamente a la recámara. Ella reacciona sobresaltada.
- No era mi intención asustarte. Veo que ya casi estás lista.
- Así es. Algunos toques finales y nos iremos cuando tú lo dispongas.
- Me daré una ducha antes, toma tu tiempo.
Se acerca con la intención de besar su cuello y ella lo evade.
- Se correrá el maquillaje y deberé volver a empezar.
- Cierto, qué descuidado soy. Puedo esperar a que regresemos para disfrutar de tu cuerpo.
Y cómo no podía irse así nada más, aprieta uno de sus senos. Ella disimula un gesto de disgusto ante su acción.
Teodoro no tarda demasiado en estar listo. Bajan tomados de la mano la escalinata y al llegar abajo se encuentran con Fabián.
- Veo que los flamantes esposos saldrán a cenar.
- Así es, Fabián. Volveremos tarde.
- Despreocúpate, no es como que vaya a esperarlos despierto. Son adultos, bueno, tú eres adulto, tu esposa quizá aún sea menor de edad.
- Eso sería un delito y soy un hombre que sigue las normas.
- Porque nadie se ha encargado de demostrar lo contrario, pero eso puede cambiar muy pronto.
- No entiendo a qué te refieres. Te pido que mientras vivas en mi casa te abstengas de meterte en problemas.
- Es más mi casa que tuya. Fue mi padre quien la compró para mi madre. Qué vivas en ella no te convierte en el dueño. Es parte de mi herencia y muy pronto podré reclamarla.
- ¿Acaso vas a ser padre y no estoy enterado?
- Me parece que ese tema me concierne únicamente a mí. Pásenla bien.
- Vamos preciosa. Por cierto, Fabián, no quiero verte cerca de mi mujer. Conozco tu reputación de mujeriego, así que grábate en la cabeza que Giovanna me pertenece.
Dicho esto, la toma por la cintura y la besa descaradamente. Baja ambas manos por su espalda y las posa en su trasero dando una fuerte palmada. Ella se siente asqueada y limpia su boca con el dorso de su mano.
- Qué quisquillosa resultaste- afirma mientras le da un lengüetazo en la mejilla- Buenas noches, querido hijastro.
La pareja abandona la mansión ante la atenta mirada de Fabián.