—¡Qué fastidio de historia! ¿Por qué dejarían morir al villano de esa forma? —fueron mis últimas palabras antes de tragar un puñado de palomitas… y atragantarme con una de ellas.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sala, sino en el cuerpo del antagonista de esa misma historia. Un personaje destinado a morir antes incluso que el villano.
Ahora tengo una sola misión: sobrevivir.
Y si para lograrlo debo cambiar el destino, enamorar al villano no suena tan mala idea…
NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
AVISPA REINA
Volver a la escuela era, en sí, más una prueba que una rutina. Una prueba de que podía estar en el mismo lugar que los protagonistas sin perder la cabeza… o la vida.
Los primeros días eran agotadores. Mi cuerpo se había acostumbrado a estar en casa, donde cada movimiento era vigilado, y ahora tenía que fingir normalidad en medio de personas que creía conocer por haber leído su historia.
Un día —el menos esperado, sinceramente— Viviana se acercó a nuestra mesa como si estuviera en un escenario y todos los reflectores la siguieran.
Con una sonrisa ensayada, dijo delante de todos:
—Ustedes dos deberían venir a comer con nosotros hoy.
La gente alrededor se quedó expectante, como si esperaran ver un milagro o un desastre.
Yo traté de contener la risa… pero cuando Rafael respondió, la perdí por completo.
—No gracias, estamos muy ocupados con nuestro proyecto —dijo con una seriedad impecable.
Los demás lo miraron como si acabara de anunciar que tenía un segundo cerebro.
{Necesito vacaciones, me agotan las tareas y me aburren estas clases} pensé, intentando convertirlo en una canción solo para entretenerme.
—Nicolás —dijo de repente Rafael, mirándome como si supiera exactamente en qué nube estaba metido.
—¿Qué sucede? —respondí rápido, casi sobresaltado.
—¿Vienes a mi casa hoy? Para lo del trabajo.
—Sí, me encantaría —contesté, quizá demasiado entusiasmado.
{En realidad haría lo que fuese por estar lo más lejos de casa hoy. Si bien recuerdo, mamá y papá dijeron algo sobre un compromiso hace unos días, pero no recuerdo que eso haya sucedido…}
Me quedé callado un momento, y murmurando, añadí:
—Tal vez porque el verdadero Nicolás ya no está…
—¿Entonces vas o no? —insistió Rafael, frunciendo apenas el ceño.
—¡Que sí voy! —dije, haciendo un leve puchero sin querer.
{No me perdería la oportunidad de conocer a Sara y Dante Collins. De todos los personajes, ellos son los que más me interesan: la hermosa Sara, letal, capaz de cortar a alguien solo con una mirada; y Dante… Dante capaz de romper lo que sea con sus puños. ¡Ah!}
Pero a pesar de mi entusiasmo interno, no bajaba la guardia. Especialmente con ambos protagonistas en el mismo salón que yo.
Viviana aún estaba cerca, fingiendo que hablaba con sus amigas, pero claramente escuchando.
—¿A su casa? —preguntó con voz dulce pero ojos afilados—. Wow, eso es… rápido.
Rafael la ignoró por completo.
—Tú traes las hojas del proyecto —me recordó.
—Sí, las tengo en mi mochila —respondí mientras me acomodaba el cabello por nervios.
Los amigos de Viviana cuchicheaban, lanzando miradas raras hacia nosotros.
—Oye, Rafael —dijo uno de ellos, risitas ocultas—, no sabía que ahora recogías… mascotas viejas.
Yo apreté los puños bajo la mesa. No quería causar problemas, pero mis pensamientos eran menos prudentes.
Qué ganas de meterle el folder por la boca…
Rafael se giró lentamente hacia él.
Su mirada fue lo suficientemente fría como para borrar sonrisas.
—Cuida lo que dices —advirtió con voz grave.
El chico tragó saliva, encogiéndose en su asiento.
Viviana suspiró dramáticamente.
—No te enojes, Rafa… solo bromean.
—No estoy bromeando y no me llames por mi nombre no somos amigos —respondió él sin dejar de observar al idiota del comentario.
Yo parpadeé, sorprendido.
Un murmullo incómodo se esparció entre los estudiantes.
—Bueno —continuó Rafael, como si nada hubiera pasado—, te veo a la salida.
—Sí —respondí, aún procesando el mini terremoto social que acababa de ocurrir.
Mientras Rafael caminaba de regreso a su asiento, no dejé de mirarle, para que ignorarlo, Rafael era todo mi deseo carnal.
{Pensar que podría conocerlo ya de por si es un milagro, ¿Será que me pueda quedar en su casa hoy?, no quiero ir a casa, mamá dijo que tenía que estar pero me preocupa lo del supuesto compromiso}
—¿Qué hago?
Mi corazón dio un saltito ridículo.
Suspiré, intentando calmarme.
Aún faltaban horas para la salida, y el ambiente estaba espeso.
De reojo vi a Viviana observándome, como si intentara descifrar algo.
Sus ojos tenían ese brillo calculador que sabía muy bien lo que provocaba en los demás.
Ella sonrió… pero no hacia mí.
Sino hacia la historia que estaba a punto de escribir con sus propias manos.
Y yo… yo tenía que sobrevivir dentro de ella.