En la Venezuela colonial del siglo XVIII, la sangre determina el destino, pero el amor desafía todas las convenciones. Don Beltrán Linares es el origen de un legado dividido: por un lado, sus hijos legítimos, criollos de piel blanca que heredan su nombre y fortuna; por el otro, sus hijos bastardos, mestizos y de raza negra, condenados a la marginalidad.
Esta frágil barrera social comienza a resquebrajarse cuando Álvaro Linares, el heredero legítimo de deslumbrante belleza rubia y ojos verdes, conoce a Marina Ribas, una joven mantuana prometida en matrimonio por conveniencia a León Fernández, un hacendado mayor. Al instante, nace entre ellos un amor apasionado y prohibido que desafía los arreglos familiares y pone en riesgo el honor de ambos.
Mientras este romance florece en secreto, los medios hermanos de Álvaro luchan por forjar su propio destino en un mundo hostil:
Tomer Linares, otro de los hijos de Beltrán, se enfrenta a la tragedia cuando Joaquina Ribas la mujer que ama, es raptada por indígenas de la selva, obligándolo a una desesperada búsqueda.
Tadeo, un esclavo liberto, encuentra un amor inesperado y puro con una mujer aborigen, una unión que también deberá superar los prejuicios de la época.
Maya, una esclava que ha ganado su libertad, entabla una relación compleja con un indio cristianizado, navegando entre dos mundos sin pertenecer del todo a ninguno.
"Color de mi raza" es una saga familiar épica que entrelaza estos destinos, explorando el conflicto entre el deber y el deseo, la pureza de sangre y la identidad, en una época donde el amor era el acto de rebelión más peligroso.
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Corazones entrelazados
Impaciente lucía el joven Álvaro, quien vestía un traje azul celeste, este estaba bajo un samán, frente a las ruinas de lo que fue una Iglesia, a escasos metros estaba su caballo, emocionado vio llegar a Marina, en un carruaje, suspiro, y mostró una gran sonrisa, esta lucía un vestido color ámbar con encajes blancos, se apresuró a ir a su encuentro, al estar uno frente al otro se abrazaron.
—Estaba impaciente; gracias por venir, mi amor, la extrañe tanto señorita — Fueron las románticas palabras de aquel chico, quien le acaricio sus mejillas.
— ! Que hermosas palabras, es muy romántico y me gusta mucho que sea así ¡ — Reveló esta y el joven asintió. El carruaje partió, deteniéndose a unos metros de allí, a esperarla.
— ¿Cómo se encuentra esta mañana? — Preguntó, el mirándola de arriba abajo, con deleite.
— ! Muy bien, mi adorado, feliz… ¡ — La chica no terminó la oración, cuando este la beso apasionadamente, la chica le correspondió, luego fueron tomados de la mano hasta el interior de aquella capilla, ambos se sentaron bajo un lecho de grama y hierbas, hasta rosas se podían observar alrededor, hasta unos conejitos saltando por el lugar, Álvaro, estaba lleno de deseos, también lo estaba Marina, se sentaron en la grama, luego esta se acostó en la misma, este se acostó de lado y comenzó a besarla, la chica le correspondió, el joven besaba su cuello, mientras sus inquietas manos acariciaban su torso hasta llegar a sus senos, la chica lo permitió, sintiendo deleitada un placer único, ambos se sumergieron en la lujuria y el deseo, besándose, acariciándose, amándose.
— Álvaro, No creo…Que — Decía la jovencita, entre la cordura y la locura del amor, mirándolo con ternura y deleite.
— ¿Que, mi amor, que? — Decía Álvaro sediento de deseo, su rostro mostraba también esa ternura que solo se muestra cuando se está enamorado.
— Apropiado…No nos hemos casado — Dejó escapar esta, al sentir la mano viril dentro de sus bragas.
— Nos casaremos…La deseo, Marina… ¿Y usted no me desea? — Preguntaba sin dejar de besarle su cuello.
— Si, lo deseo…Mucho — Fue la última palabra de negación, luego ya no más arrepentimiento. Ambos se entregaron a la más ardiente pasión entre dos adolescentes deseosos por la pasión que sentían el uno por el otro. La pareja formada por el cochero y Xiomara, vieron pasar un carruaje en sentido contrario, en el interior del mismo iba muy curioso el señorito Miguel Ángel, quien vio un caballo bajo el árbol y pensó:
«Ese caballo es de… El tal Álvaro, y aquella esclava la recuerdo es la que le hace compañía a la señorita Marina, es muy probable que la señorita Marina esté allí» Pensó con el ceño fruncido.
Espero hasta que vio que los enamorados salieron de las ruinas y se despedían de manera amorosa. De pie aquella pareja se miraba con picardía, se tomaron de las manos, este beso el dorso de la misma y dijo:
— La amo muchísimo, no olvide eso, Marina — La chica le mostró una sonrisa y asintió.
—También lo amo muchísimo—dijo la chica.
Álvaro subió a su caballo, mirando de vez en cuando hacia la chica.
Mientras está regresaba al carruaje. De regreso a casa no habían recorrido casi nada, cuando sintieron que el carruaje se detuvo. La mantuana y la esclava se miraron extrañadas.
— ¿Qué pasa, porque nos detenemos? — Preguntó la esclava Xiomara, asomándose por la ventanilla, y vio que el lado donde iba su ama se detuvo el otro carruaje y del mismo se asomó el joven Ordóñez.
— ! Buen día señorita, Marina, disculpe que la aborde de esta manera; pero en vista que está tan cerca a mi casa, me gustaría invitarle un té ¡ — Marina, se mostró extrañada y respondió de forma odiosa:
— Voy con prisa, señor Ordóñez, disculpe — Este hizo una reverencia con su sombrero, la chica no le quitaba la vista de encima.
— Iré entonces a invitar al señor León Fernández, su prometido — Amenazó el chico.
Marina, no dijo nada continuó mirándolo de manera impasible…
— El y mi padre, son muy buenos amigos — Agregó el chico. La chica asintió y dijo:
— Bueno, haga lo que le plazca; señor, seguiré mi camino, por favor, si es tan amable, me puede dar paso — Pidió mostrándole una leve sonrisa.
Continuaron su camino, desde su carruaje el joven miraba malicioso.
— Hace unas horas el señor Ordóñez, pasó y se quedó viendo hacia la capilla — Informó Xiomara. Ambas chicas se miraron entre sí, Marina asintió, diciendo:
— Ah, ya entiendo — La señorita, se mostró pensativa.
«A lo mejor me vio con mi amado y adorado Álvaro, y querrá chantajearme, idiota » __ Pensó.
La joven sacó su violín y comenzó a tocar, sin que pareciese que aquel incidente le afectara, comenzó a tocar el instrumento, la melodía se extendió, entre estas, relajando a Marina, Xiomara, se mostró relajada igual que esta, con esa agradable melodía, que llegó hasta los oídos del cochero quien mostró una sonrisa.
Mientras tanto el hermanastro de Álvaro, Tadeo admiró la hermosa laguna que se extendía por varios kilómetros. Este solo vestía un pantalón color mostaza hasta las rodillas, en el interior de la misma observaba los peces en su hábitat, en el lecho se observaba helechos formando abundante flora, natural, paredes rocosas en la ladera de la misma, los peces eran abundantes.
«Que lindo lugar, y forma parte de nuestra propiedad» Pensaba el hombre persiguiendo al pez más grande.
«Este será el desayuno » Pensó Y con esa motivación, lo arponeo con la lanza, ya con el pescado en su mano se dispuso salir, al hacerlo vio de pie totalmente desnuda a Támara, se mostró gratamente sorprendido.
— ! Buenos días¡ — Dijo la mujer con voz seductora.
Al salir dejo el pescado sobre una roca y fue a abrazar a la mujer, tomándola por el talle, la acerco hasta él dándole un beso apasionado, la mujer lo abrazo por su costado, luego de aquel beso.
—Buenos días, Tamara, está muy hermosa esta mañana — Afirmó el corpulento mulato.
Ambos entraron a la laguna, la mujer lo miraba deseosa y este la miraba de igual manera, el hombre continúo besándola. La pareja estaba muy excitada, y allí dentro de esas aguas tranquilas la pareja consumó la pasión que los atraía. Desde lejos eran observados por una india y un indio, tan jóvenes como Támara, los mismos vestían sencillo ropaje hecho con hilos sacados de la palma del moriche. Al rato la pareja regresó a la casa con la pesca para el desayuno.
— Ya casi esta la yuca que monte en el fogón, y es de nuestra tierra — Narro Vicente emocionado.
— También aguacate — Exclamó la madre riendo.
— Yo me encargo del pescado — Decía Tadeo, montando un sartén donde vertió manteca, luego le echo sal a las enormes presas.
«Que suerte tener, después de lo vivido, encontrar un hombre bueno, que me quiere» Pensaba Tamara fregando los corotos.
— Después del desayuno, nos vamos a la parcela, tenemos que aprovechar estas tierras — Dijo Vicente, en eso se incorporaba a la mesa Maya.
— ! Buen día familia ¡ — Dijo la recién llegada.
— ¿Buenas, piensa salir hija? — Preguntó la madre.
— Sí madre, pero primero desayunare, ¿hizo café? — La madre asintió, y de inmediato le sirvió un pocillo hecho de arcilla con el humeante líquido.
— ¿Tiene cita con algún enamorado? — Preguntó Vicente y todos se echaron a reír.
— Tengo una cita con Ximena, el padre de ella murió — Comentó Maya.
Todos guardaron silencio.
— Según que lo mataron los blancos criollos — Decía Zoe, casi en susurro.
— Eso no es nuevo, los blancos al igual que los españoles hacen lo que les da la gana — Exclamó Vicente sin dejar de comer.
— Nosotros iremos en la noche — Prometió Tadeo, mirando a su hermano quien asintió.
— Lo que provoca es hacerles lo mismo a esos miserables—Fueron las palabras de Vicente, malhumorado, apretando sus puños.
— No todos los blancos criollos son malos, pero si la mayoría— Dijo Tadeo con preocupación.
— ! Iré con usted, hija ¡ Javier, era un buen hombre — Repuso la madre.
— Claro que sí .mamá — Dijo relajada. Terminaron el desayuno en silencio.
«No puedo contar lo que vamos hacer… Esos blancos tienen que recibir un poco de su propio caldo» Pensaba Maya llena de odio, afectada por lo sucedido con aquel esclavo anciano.
Luego del desayuno las mujeres salieron a caballo.
Entre tanto en lo alto de una ladera, la misma rodeada de frondosos árboles de variados tamaños y de vegetación tupida, los hermanos Linares: Job, Tomer y Álvaro. Estos vestían trajes gris plomo, turbantes en sus cabezas y sombreros negros como sus botas. Fumaban tabaco mientras esperaban impacientes.
— Allá vienen — Señaló Álvaro.
En efecto miraron acercarse a un grupo, formado por Ximena y sus hermanos, Maggie, Igor y Maya, este grupo también vestían trajes gris plomo, incluso las mujeres vestían como hombres. Maya al ver a Álvaro, sintió su penetrante mirar, esta sostuvo la mirada, y vio que este la saludo, con una reverencia. Este mostró una leve sonrisa.
«Dios, con tan solo verlo me siento tan emocionada» Pensó Maya.
— ! Solo los asustamos ¡ — Propuso Tomer, mirando alternativamente a los presentes.
— ! Tienen que morir ¡ — Gritó Ximena, llorando de la rabia, los presentes se miraron entre sí.
— ! Los asesinos de su padre tienen que sentir el mismo terror que sintió el señor Javier¡, ¿entiende Ximena? — Ximena asintió.
El grupo a caballo galopó hasta el cementerio y desde lejos observaban que el cuarteto de muchachos liderado por Hermes Ribas, su primo, el señorito Miguel Ángel Ortuñez y Jonás; del interior de un carruaje bajaron lo que parecía un cuerpo embojotado en mantas blancas.
«Parece un cuerpo humano» Pensó Maya—Esos miserables, son capaces de todo.
—Son unos asesinos, no merecen vivir— Susurro Ximena, como si leyera sus pensamientos.
— Es verdad, pero antes de morir tienen que sufrir el terror que vivió su padre, no olvide eso, por favor, Ximena. — Le recordó Maya.
— Dispare, Ximena — Pidió Job, confiando que la chica no haría ninguna locura.
El joven hombre vio como la mujer tenía en la mira la cabeza del rubio Hermes Ribas; pero de acuerdo al plan solo le rozó la oreja.
El grupo de chicos oyeron el disparo ensordecedor, que hizo además de asustarlos, levantar aves que huyeron de la cercanía, Hermes, llevó su mano izquierda y vio que sangraba manchando su fino traje color azul.
— !Fue un disparo ¡— Señaló Miguel Ángel mirando a todos lados; aterrado.
—Me hirieron—Grito el rubio, con los ojos grandes por el temor.
Asher, sacó dos armas se acercó disparando al lugar a escasos metros estaban ocultos Job, Ximena y Maya. Uno de los disparos alcanzó a Maya, quien aguanto, para no gritar y delatar la misión.
En ese instante Tomer efectuó un disparo alcanzando el pie derecho de Jonás, rompiendo sus gruesas botas. El muchacho dio un salto.
— Casi me vuelan el pie — Gritó Jonás, mirando en todas direcciones.
En ese preciso instante sonó otro disparo, que le voló el sombrero a Asher. Quien miro a todos lados, corriendo al interior del carruaje, su primo Hermes, corrió tras él, por su parte Miguel Ángel y Jonás, montaron a sus caballos y galoparon con intención de abandonar a aquel lugar. El grupo formado por Tomer, Jacinto e Igor, cabalgaban detrás de estos, que cuando se dieron cuenta que estos lo seguían, venían detrás del carruaje, y pasaron delante, la idea del grupo de Tomer, era causar miedo, así, que se mantenían tras ellos con distancia de algunos metros, dejando que escaparan. Luego de aquella acción vengativa, los jinetes se reunieron bajo unos árboles, todos bajaron de los caballos. Álvaro, Igor y Jacinto, se reían recordando lo chistoso que se veían aquellos muchachos aterrados, por el pánico de ser perseguidos como presas.
— Vieron como salto, el tal Jonás — Decía Jacinto y estos se carcajeaban de la risa. La venganza les dio consuelo.
— ¿Esta herida, Maya? — Preguntó Álvaro, mirando que la misma sangraba por su brazo derecho, se acercó y la reviso y estaba en lo correcto la joven mujer tenía una herida y se veía profunda, rasgó su camisa y le cubrió la herida con la misma.
— Vamos la llevaré para que la revise un médico — Propuso, subiendo a la chica a su caballo y luego subiendo el.
— Vamos a la casa, allá está mi padre, quien es médico —Propuso Igor. Los dos caballos se dirigieron a la casa de este, Álvaro, llevaba a la chica sobre su caballo está lucía pálida y somnolienta. El rubio,emprendió un galope veloz, angustiado por la chica.
« Por Dios,¿ cómo sucedió esto?, Maya, está herida, debo llegar, pronto para que la atiendan » Pensó el rubio preocupado.