Ella solo quería olvidar aquella noche.
Él jamás dejó de buscarla.
Dos gemelos, un secreto guardado durante cinco años y un reencuentro que no estaba en los planes de nadie.
El amor, el pasado y la verdad chocarán cuando el destino decida intervenir.
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୨୧Un ramen୨୧
Ariana salió del edificio junto a Taehyun.
La noche ya había caído por completo y la ciudad seguía despierta: luces, autos, risas ajenas. Eran casi las nueve y el ruido la ponía más nerviosa de lo que quería admitir.
Caminaba con el bolso apretado contra el pecho cuando una duda le escapó sin pensarlo.
—¿Pero… tú no tienes que seguir trabajando? —preguntó, mirándolo de reojo—. ¿No eras repartidor?
Taehyun se quedó en silencio un segundo.
Había olvidado por completo su propia mentira.
—Ah… sí, hoy era la última —respondió rápido, girándose hacia Yonghoon—. Oye, joven amigo, ¿puedes cuidar mis cosas?
Yonghoon lo miró con cara de pocos amigos.
—Ni en sueños.
Taehyun se inclinó y le susurró algo al oído.
—Te daré un aumento.
—Y diez días de vacaciones.
—…Trato hecho.
Yonghoon suspiró resignado mientras agarraba las cosas. Ariana observaba la escena con el ceño fruncido. No entendía cómo alguien “común” hablaba así con el secretario de su jefe.
—Veo que sabes mandar —comentó ella, jugando nerviosa con la correa de su bolso—. Es el secretario del jefe, ¿no?
—Supongo —respondió él, sonriendo.
Ella lo miró de nuevo.
Demasiado guapo. Demasiado tranquilo.
—Entonces… ¿también eres repartidor? —preguntó con timidez.
Las miradas se cruzaron. Ariana bajó los ojos enseguida y soltó una pequeña risa nerviosa.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó él, tocándose la mejilla.
—No, no… es solo que es raro —admitió—. Un chico como tú… ¿dejaste el trabajo o tienes dos?
—¿Dos… trabajos? —no entendía nada.
Ariana dudó, tragó saliva y soltó la bomba:
—¿Usted trabaja como acompañante… verdad?
Taehyun se quedó completamente quieto.
Ah.
Así que ella pensaba eso.
bueno es lógico ella y el no se conocieron de la mejor manera.
—Bueno… —dijo, señalando hacia adelante—. Ya estamos aquí.
El restaurante era claramente lujoso. Elegante. Nada barato. Ariana se detuvo en seco.
—No creo que puedas pagarlo —preguntó en voz baja, nerviosa.
—No pasa nada —dijo él, tomando su mano—. Vamos.
Apenas entraron, un hombre elegante se acercó con gesto serio.
—Disculpen, deben retirarse.
Ariana se aferró al brazo de Taehyun.
—Señor Jake, vámonos… —susurró.
Taehyun alzó una ceja.
—¿Quién se cree? —dijo con calma—. Este restaurante es mío.
El hombre se burló.
—¿Suyo? Por favor, gente pobre no entra aquí.
Ariana tiró de Taehyun y salieron rápido.
Afuera, el aire frío los golpeó.
Ella seguía sosteniéndole la mano sin darse cuenta.
—Por aquí cerca hay un lugar sencillo de ramen —dijo tímida—. Es… lindo.
Mientras caminaban, Ariana se notaba tensa.
—Oye —dijo de pronto—. Si no quieres, no me tomes la mano. Sé que te doy asco…
Entró en pánico de inmediato.
—Perdón, señor, no nos conocemos y yo hago esto, seguro lo incomodo…
—No —la interrumpió—. Ya es un logro que hayas aceptado estar aquí conmigo.
Apretó suavemente su mano.
Ariana sintió que el corazón se le aceleraba.
Es guapo… demasiado.
Y si no quiere a los niños…
No importa. Los niños igual querrán conocerlo.
Llegaron al pequeño local de ramen.
—Aquí venía cuando era adolescente —murmuró—. Incluso cuando estaba en mis primeros días de embarazo.
—¡Ariana! —exclamó la dueña—. ¡No puedo creerlo!
Le puso dos tazones de fideos frente a ellos.
—Hola, señora Heejin —saludó Ariana con timidez—. Extrañaba sus fideos.
—Me puse tan triste cuando te fuiste a Londres —dijo la mujer, mirando a Taehyun—. ¿Es tu novio?
Ariana se puso roja.
—No… es un amigo.
—¿Y tus bebés? —preguntó Heejin—. Deben ser hermosos.
Taehyun bajó la mirada.
No preguntó nada. No quiso incomodar.
—Bueno… —dijo Ariana, tensa—. Ya estamos aquí después de cinco años.
Ah… ¿usted es Jake, verdad?
—Sí… Jake —pensó rápido—. Jake Kim.
—Yo soy Ariana Lee —respondió—. Mi papá es coreano y mi mamá australiana.
—Con razón te ves distinta —dijo él—. Tus ojos azules son muy bonitos.
—Gracias… tengo 23. ¿Y tú?
—25 —respondió—. Parezco más grande por el peinado.
Ariana lo observó en silencio.
No entendía cómo alguien así había terminado siendo… eso.
—¿Desde cuándo estás en ese rubro? —preguntó con cuidado.
Taehyun miró al cielo.
—Prácticamente… estaba destinado.
Ella se congeló.
—¿Cómo que destinado?
—Desde que nací estuve en ese foco.
—¡¿QUÉ?! —Ariana se levantó de golpe.
Cuando él se acercó, ella tomó su rostro con ambas manos.
—¿Por qué dejaste que tu vida fuera así? —susurró—. Si hubieras estudiado, si te hubieras cuidado…
Se dio cuenta de lo cerca que estaba.
De lo lindo que era.
Se aclaró la garganta y se apartó justo cuando su teléfono sonó.
—Creo que… esta cita llega a su fin —dijo nerviosa, dándole un papel—. Aquí está mi número.
—¿Quieres otra cita? —preguntó él, sorprendido.
Ella respiró hondo.
—Debemos conocernos. Seré directa… —su voz tembló—. Tengo dos gemelos.
El mundo de Taehyun se inclinó.
Había bebido.
Había fumado demasiado.
Y esa palabra…lo atravesó. más el exceso de trabajo .
—¿Ge… me… los…?
Sus piernas fallaron.
Cayó inconsciente.
—¡Señor Jake! —gritó Ariana, arrodillándose junto a él—. ¡No, no, por favor!
Mientras lo sostenía, Taehyun, entre la oscuridad, solo pensó una cosa:
Gemelos…
Y no supo por qué esa palabra le rompía el pecho.