Alfonso en su soledad como empresario lee una historia de romance entre un duque y su princesa pero entre las intrigas y el romance se enamora de un personaje secundario, el Príncipe Anthony, quien reprime sus sentimientos para que el hombre que ama y su hermana sean felices, pero todo cambia cuando Alfonso reencarna en el duque y en la primera oportunidad expresa sus sentimientos por el príncipe.
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Capítulo 7: El Impulso del Sueño
Fernando contempló detenidamente el rostro del príncipe. Tenía los labios levemente entreabiertos, la mirada temblorosa de preocupación y las mejillas teñidas de un hermoso rubor escarlata.
En la mente de Fernando, las barreras de la realidad comenzaron a desdibujarse. La potente dosis de extracto de adormidera que el médico le había suministrado estaba empezando a generar un efecto de pesadez y ensoñación en su cerebro, combinándose con el shock emocional de haber muerto en una caída corporativa y haber despertado en los brazos de su novela favorita.
Todo el escenario poseía la cualidad etérea de un sueño febril.
Él está aquí... —pensó Fernando, sintiendo un nudo en la garganta—. El hombre al que lloré en mi otra vida, el príncipe que se quedó solo al final de la historia... está sosteniendo mi mano.
El dolor reprimido por la traición de su ex novio en la tierra, sumado al anhelo romántico por Anthony que había guardado durante semanas de lectura, estalló en su interior. Razonó con la lógica difusa de la sedación: si esto era una alucinación previa a la muerte definitiva, o un sueño maravilloso fruto de la contusión, no pensaba perder la oportunidad de darle a Anthony el amor que el destino le había negado en el libro.
Sin decir una sola palabra, Fernando levantó su brazo izquierdo. La mano grande y musculosa del duque se movió con una velocidad y precisión sorprendentes.
Sujetó con firmeza la solapa de terciopelo azul de la casaca del príncipe.
—¿Fer... nando? —alcanzó a pronunciar Anthony, desconcertado por el gesto repentino.
Fernando tiró de él hacia abajo con un impulso seco, decidido e irresistible.
Anthony, cuya complexión era notablemente más delgada, fina y ligera que la del enorme duque, no pudo ofrecer ninguna resistencia. Perdió el equilibrio y cayó hacia adelante, apoyando torpemente las palmas de las manos sobre el pecho ancho de Fernando.
Antes de que el príncipe pudiera articular una protesta o entender lo que sucedía, Fernando ergu略 el cuello y presionó sus labios directamente contra los de Anthony.
El contacto inicial fue una sacudida eléctrica que congeló el tiempo en la alcoba ducal.
Los ojos dorados del príncipe se abrieron de par en par, petrificados por un shock absoluto. Su aliento se atascó en su garganta mientras sentía el calor intenso, firme y ligeramente áspero de los labios del duque sobre los suyos. Durante dos largos segundos, Anthony permaneció completamente rígido, incapaz de procesar que su mejor amigo —el hombre al que había amado en silencio durante años— lo estaba besando.
Sin embargo, Fernando no se detuvo. Moviendo la cabeza con una lentitud apasionada, profundizó la presión, rozando sus labios con un dominio suave pero hambriento.
Un gemido ahogado y dulce se escapó de la garganta de Anthony.
Lejos de intentar apartarse o luchar, los párpados del príncipe temblaron y se cerraron lentamente. Una ola de calor le recorrió desde el vientre hasta el rostro. Sus dedos, que antes descansaban tensos sobre el pecho de Fernando, se cerraron con desesperación sobre la tela de la túnica del duque. Torpemente, con la inexperiencia de quien jamás ha sido tocado de esa manera, Anthony empezó a responder al beso, abriendo ligeramente los labios para corresponder la entrega devoradora de Fernando.