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Mi Amor Verdadero

Mi Amor Verdadero

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:846
Nilai: 5
nombre de autor: Estefany Zárraga

A sus 23 años, Alejandro Rodríguez es la personificación del poder sin límites. Frío, implacable y dotado de una mente calculadora que convierte la ambición en destino, no hay negocio ni objetivo personal que se le resista. Él lo tiene todo, excepto lo único que el dinero no puede comprar: el sentimiento. desde la muerte de su hermano por culpa de una mujer lo ha convencido de que el amor es debilidad, condenándolo a vivir en una opulenta soledad, un rey en un trono sin corazón.
Con 21 años, Azul Estrella Luna García ha vivido toda su vida con doloroso pasado el maltrato que vivió con su madre y el abandono de su padre y abandonada en una un orfanato a los cuatro años a forzado su vida con impulso graduándose de diseño gráfico y administración de empresas
¿Podrá Alejandro derribar su muro del cinismo y volver a creer en el amor Azul dejara sus miedos para darle una oportunidad a la felicidad

NovelToon tiene autorización de Estefany Zárraga para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Las piezas del rompecabezas roto

-La oficina de Alejandro, usualmente un santuario de orden y frialdad, se sentía esa tarde extrañamente pequeña. El silencio entre ambos no era de paz, sino de una tregua armada. Azul trabajaba en una nueva propuesta de identidad visual, pero su mente, traicionera, la transportaba constantemente a los fragmentos de una vida que apenas recordaba, pero que la definía por completo.

El dibujo en la arena: El tesoro de Azul

Mientras ajustaba los trazos de un boceto, Azul cerró los ojos un instante. El sonido del aire acondicionado central se transformó en su mente en el murmullo del viento sobre un campo de trigo. Recordó un domingo, meses antes de que su mundo se fracturara.

Su padre, un hombre de ojos cansados pero sonrisa eterna, la cargaba en hombros. No tenían juguetes caros, pero él tenía una imaginación inagotable.

—Mira allá arriba, mi Estrellita —le decía él, señalando las nubes—. ¿Ves esa que parece un pincel? Eso significa que hoy el cielo te pertenece. Puedes pintar en él lo que quieras.

Él la bajó al suelo y, con una rama seca, dibujó en la tierra un corazón con una estrella dentro.

—Este es nuestro código secreto, Azul. Siempre que veas una estrella cerca de la luna, sabrás que papá te está cuidando, sin importar qué tan lejos estemos. El amor no es lo que nos damos cuando estamos juntos, sino la fuerza que nos mantiene en pie cuando estamos solos.

Fue la última lección de esperanza que recibió antes de que la oscuridad de su madre y el vacío del orfanato se tragaran su infancia. Ese recuerdo era el combustible de su impulso; la razón por la que se había graduado con honores. No lo hacía por el dinero, sino para demostrarle a ese recuerdo de su padre que su Estrellita seguía brillando, a pesar de todo.

La biblioteca de los sueños: El refugio de Alejandro

Al otro lado del escritorio, Alejandro fingía leer un contrato, pero su mirada estaba clavada en el vacío. La presencia de Azul, tan vibrante y a la vez tan herida, actuaba como una llave maestra en las puertas que él había sellado con candados de hierro.

Se vio a sí mismo a los quince años, escondido en la inmensa biblioteca de la mansión familiar. Su hermano mayor, Alexander, estaba rodeado de libros de arquitectura y poesía, preparándose para su tercer año de universidad. Alexander era el sol de la familia, el heredero que todos amaban porque su poder no venía del miedo, sino de la empatía.

—¿Otra vez planeando cómo conquistar el mercado, Alex? —le dijo Alexander con una risa suave, desordenándole el cabello—. Eres demasiado joven para tener el corazón tan lleno de números y tan vacío de sueños.

—Los sueños no construyen edificios, Alexander. El capital sí —respondió el joven Alejandro, tratando de sonar tan duro como su padre.

Alexander suspiró y se sentó a su lado, mostrándole un plano que estaba diseñando.

—Este edificio no es solo concreto, hermano. Es un espacio para que la gente sea feliz. Si construyes muros solo para protegerte, terminarás viviendo en una tumba de lujo. Prométeme que, si algún día te pierdes en tu propia ambición, buscarás a alguien que te recuerde cómo reír. El amor es el único negocio donde, cuanto más pierdes, más ganas.

Alejandro recordó la calidez de la mano de su hermano sobre su hombro. Semanas después, Alexander conocería a esa mujer, y esa calidez se transformaría en el frío mármol de una tumba. Alexander había muerto creyendo en la felicidad, y Alejandro había decidido, en ese mismo funeral, que él nunca sería tan "débil" como para morir por alguien más.

El encuentro de dos vacíos

El sonido de un lápiz rompiéndose sacó a Alejandro de sus pensamientos. Azul estaba mirando fijamente su dibujo, con los ojos empañados. Él se levantó, movido por un impulso que no supo frenar, y se acercó a su mesa.

—¿Por qué dibujas estrellas siempre cerca de la luna? —preguntó Alejandro. Su voz no tenía la dureza de un jefe, sino la curiosidad de un hombre que empieza a dudar de sus propias verdades.

Azul se sobresaltó, pero no ocultó el dibujo.

—Es un código —respondió ella en un susurro—. Un recordatorio de que, aunque el mundo sea oscuro, siempre hay algo que nos cuida. Mi padre me lo enseñó antes de... antes de que todo se arruinara.

Alejandro sintió una presión extraña en el pecho. Por un segundo, quiso contarle sobre Alexander, sobre la biblioteca y sobre la promesa que no pudo cumplir. Vio en Azul no a una empleada, sino a una compañera de naufragio.

—Mi hermano Alexander también tenía sus códigos —confesó Alejandro, sorprendiéndose a sí mismo—. Él creía que los edificios debían tener alma. Yo pasé los últimos diez años asegurándome de que solo tuvieran rentabilidad.

Azul lo miró a los ojos. Por primera vez, vio al niño de quince años que extrañaba a su hermano, no al magnate implacable de veintitrés.

—Quizás —dijo Azul suavemente—, usted no odia el amor, señor Rodríguez. Quizás solo odia el hecho de que su hermano no está aquí para ver que usted también tiene un alma, aunque la tenga escondida bajo siete llaves.

Alejandro se tensó. La verdad dolía más que cualquier insulto. Estuvo a punto de decir algo, de acercarse, de romper definitivamente el muro de cinismo, pero el miedo —ese viejo amigo— volvió a tomar el control.

—Vuelve al trabajo, García —dijo, recuperando su máscara de hielo—. Los recuerdos no pagan las facturas de Singapur.

Él regresó a su silla, pero Azul notó que sus manos temblaban ligeramente al tomar la pluma. El muro no se había caído, pero hoy, una piedra más se había desprendido de la base. En el silencio de la oficina, los fantasmas de un padre amoroso y un hermano soñador parecían observar, esperando el momento en que el orgullo finalmente cediera ante la necesidad de volver a sentir.

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𝐄𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐞 𝐋𝐮𝐧𝐚𝐫
que les parece la novela les gusta poco a poco voy a ir subiendo los capítulos
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