cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
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Peor que tu
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En mi habitación, lista para dormir, sentí que tocaron la puerta. Di el visto bueno y era mi madre; la miré de reojo –aún sentía mi cara adolorida al recordar su golpe.
–¿Podemos hablar?–
Asentí y nos sentamos juntas en el sillón cerca de la ventana.
–Perdóname, hija. Estuve mal al golpearte y sé que no es fácil para ti todo esto. No pensé en tus sentimientos, pero… Héctor es bueno, muy bueno. Te ama muchísimo aunque no lo creas.–
Suspiré levemente. Aún no conocía a mi padre, pero Mateo y Lucas me habían contado que siempre hablaba de mí y que estaba muy arrepentido. Solo asentí a las palabras de mi madre; si ella lo perdonaba, era por algo.
–Está bien, pero sabes que no confiaré fácilmente en él…–
–Lo sé, cariño…– Toma mi mano. –Con que lo intentes me conformo. Verás que es una gran persona.– Me acarició la mejilla. –En serio, perdóname, mi vida.– Besó mi mejilla.
–Sí, mamá. Pero si la vieja se mete con nosotras, sabes que no me contendré.–
–Ella ya no puede hacernos nada, y tu padre no te dirá nada si le contestas.– Me guiñó el ojo; yo sonreí. –Mañana tienes escuela: puedes ir en moto o con los chicos.– Asentí. –Y por favor, nada de peleas. ¿Está bien?–
–No sé de qué hablas, madre…– Apreté los labios.
–Te conozco muy bien, señorita. Debes controlar ese temperamento; aún no pueden saber de nosotros hasta la reunión. Prométeme que te comportarás.– Cruzó los brazos.
–Sí, mamá…– Rodé los ojos.
–Tu uniforme está en el armario, ya te lo preparé. Descansa, amor.–
–Descansa, madre…–
La saludé en las escaleras y vi a Héctor. –“Buenas noches, Héctor.”– Dije. Él sonrió feliz. –“Buenas noches, Alex.”– Contestó, tomando la mano de Ester.
–“Es un gran avance…”– Le susurró mi madre. Él asintió contento.
–“Duerme bien, pulgosa!”– Gritó Max desde su habitación.
–“Buenas noches, chicos… Sueña con Luc y Fernanda, querido Max!”– Grité. Escuché cómo se quejó y cerré la puerta al compás de los demás que saludaban: –“Buenas noches, chicos!”– y unas risas.
Me tiré a la cama y dormí como tronco. Mi vida comenzaba mañana, y sí que sería agitada e intrigante.
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Me levanté con toda la energía que siempre tengo, me sequé el cabello, me maquillé un poco y me vestí.
–“Falda…”– Balbuceé. –“Espero que me quede bien.”–
Ya tenía todo puesto; suspiré al ver que la falda me ajustaba perfectamente –mis piernas y caderas eran voluminosas para mi cuerpo, y eso se notaba con esta minifalda.
–“Alex… Algo llegó para ti…”–
Abrí los ojos de par en par y salí corriendo: mi hermosa bebe estaba en la entrada. Sonreía feliz; no dudé en subirme y abrazarla.
–“Pensé que sería más chica… Te pierdes en ella, hermana.”– Dijo Mateo. Solo reí –estaba más que contenta.
–“Gracias, Héctor.”– Sonreí. Él solo asintió feliz. –“Pensé que también sería chica.”– Susurré a mi madre, quien negó.
–“Querido, deberás aprender mucho de ella; no es nada como yo.”– Dice burlona.
–“A mí no me agradecen…”– Dijo un hombre de cabello plateado, mayor, con un rostro hermoso –era un dios a simple vista.
“Santa Luna… Es un dios lóbulo!”
Abrí los ojos al verlo. –“Disimula, hermana.”– Susurró Mateo burlón al verme tiesa. Este hombre me dejó sin palabras de lo bello que era.
–“Gracias… ¿Fede?”– Le tendí la mano. Él asintió como todo galán.
–“Un placer. Es una hermosa moto; pensé que era una broma de tu padre, pero veo que no.”–
–Te presento a Federico Lidfor, mi gamma y mano derecha, hija. Estará a tu disposición mientras encuentres al tuyo, y te ayudará con todo lo que quieras saber, junto a Sebastián.– Dice Héctor.
“Uy… Ya quiero que nos inspeccione todo, grrr.”
Solté una risa al escuchar a Nayla. Fede levantó la ceja. –Será divertido, Federico… ¿Tienes esposa?–
–“Alex…”– Mi madre ya me regañaba.
Federico sonrió. –Tiene tu carácter, Héctor; es un peligro esta niña.– Dijo burlón en su oído. –Aún no te contaré nada, es muy pronto, pero tengo una hija de tres años.–
Sonreí ladina. Héctor estaba celoso por nuestras miradas cómplices; me llevó lejos de él. –“Mira la moto, Alex… Mira la moto.”–
–“Eres aburrido, Héctor.”– Balbuceé.
–“¿Irás al colegio en ella?”– Preguntó Sebastián. Claro que asentí.
–“Los seguiré. ¿Max irá conmigo?”– Pregunté.
–“Ni en sueños.”–
Mateo levantó la mano emocionado. Nos alistamos y subimos.
–“Alex… Tu falda.”– Me regañó Max al ver que era corta cuando subí.
Me ajusté la falda hasta las piernas y subí, solo para que no molestara. Mateo subió feliz.
–“Mejor préndete.”– Dijo Max asustándolo.
Nos saludaron y apenas Mateo se puso el casco, arrancé siguiendo el auto de Sebastián. Mientras Mateo me decía que me guiara, tomé la delantera.
–“Por la Diosa…”– Soltó Héctor nervioso al ver cómo manejaba.
–“Eso que no la viste en las carreras.”– Dice César orgulloso. Héctor miró a Ester, quien asentía. Federico reía burlón: –“Es peor que tú.”– Agregó.
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