Sabía que acercarme a Leonel era un error.
Encantador y carismático, pero también arrogante e irreverente. Un boxeador con una carrera prometedora, pero con una reputación aún más peligrosa. Sus ataques de ira son legendarios, sus excesos, incontrolables. No debería quererlo. No debería desearlo. Porque bajo su sonrisa de ángel se esconde un demonio capaz de destrozar a cualquiera en cuestión de minutos. Y sé que, si me quedo a su lado, terminaré rota.
Pero también sé que no puedo –no quiero– alejarme de él.
Leonel va a destruirme… Y, aun así, estoy dispuesta a arder en su infierno.
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Capítulo 6 | Leonel
Estoy eufórico. Está mirándome. Está mirándome fijamente y está sonriéndome. No puedo creer que esté aquí. No puedo creer que realmente haya venido.
No había querido abordarla en el campus por miedo a que se sintiera acosada por mí, pero moría por acercarme y saludarla. No creía que fuera a venir. No después de lo que había ocurrido en nuestra cita. No después de ni siquiera dirigirnos la palabra durante toda la semana. Es entonces cuando me doy cuenta. Ella no es bonita. No es para nada una chica bonita...
Lucia Hale es hermosa.
No tiene una belleza convencional. No es el tipo de mujer que la sociedad cataloga como “hermosa”, sin embargo lo es. Sus ojos no son verdes, azules o grises; son un par de bonitos ojos castaños, expresivos y alegres. Su cabello es un alboroto encantador, su cuerpo no es esbelto ni alto, pero es curveado y sinuoso, sin lucir vulgar. Su piel morena resalta la blancura de su sonrisa y, aquí, arriba del ring de boxeo, me doy cuenta de que es la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida. Hay algo en ella que hace que la habitación se ilumine con su presencia. Hay algo en ella que me hace querer hacer las más grandes estupideces, sólo para que me note.
— ¡EN ÉSTA ESQUINA, AQUÍ VIENE, SEÑORAS Y SEÑORES...! , ¡EL IMPARABLE, INCONTENIBLE, EL PODEROSO...! , ¡ROB, MURDER, SONCLAAAAAAAIR! —grita el animador, pero no me muevo. No estoy listo para apartar mi mirada de la pequeña morena entre las gradas.
— ¡Trae aquí tu trasero, Alvarez! —me grita el entrenador y le sonrío una vez más antes de girarme sobre mis talones e ir a mi esquina.
—Deja que te golpeé —me instruye mientras rocía aceite en mis hombros—. Regálale un round.
—No —digo, tajante.
—Sólo hazlo, Leonel.
—Ésta noche quiero impresionar —mi voz suena ronca a mis oídos. Intento buscarla entre la gente, pero es imposible ahora.
—Vas a llevar tu trasero ahí, vas a regalar un round y después impresionas a cuanta niña idiota desees impresionar —espera el entrenador.
La ira recorre mi cuerpo, pero aprieto la mandíbula. No es momento para dejarse llevar por el coraje. No es momento para perder el control. —De acuerdo —digo a regañadientes y me pongo el protector de la boca.
El entrenador asiente y el animador nos llama al ring. El réferi nos mira a ambos competidores y nos hace una pequeña inclinación de cabeza. Nosotros la imitamos y Rob pone sus guantes delante de mí. Yo golpeo sus puños y me retrocedo para ponerme en guardia. La campana suena y siento la adrenalina bombeando a través de mi torrente sanguíneo. Rob ataca primero. Es lento pero fuerte. Amortiguo su golpe cubriéndome con mis antebrazos y él vuelve a atacar, golpeando su puño en mi mejilla.
Una descarga de ira recorre mi cuerpo y golpeo con todas mis fuerzas. Un gancho directo en su estómago. Escucho el jadeo de mi adversario y observo cómo retrocede un par de pasos. Atesto otro golpe en su mandíbula, ésta vez con menos fuerza y él se abalanza hacia adelante.
Lo espero con una serie de golpes en el rostro y el árbitro nos separa. Regreso a mi esquina por unos segundos y no miro a nadie más que a mi contrincante. La gente ha desaparecido, el rugido del público y la expectativa de la competencia se reduce a nada cuando estoy aquí arriba.
Rob se abalanza sobre mí y recuerdo la indicación que me dio el entrenador. Bajo un poco la guardia y le permito golpearme tanto como quiera. Atesta un golpe particularmente doloroso en mi costado izquierdo y me quedo sin aliento. Me encorvo y me golpea en el pómulo con brutalidad.
La campana del primer round suena y regreso a mi lugar. Escupo el protector de mis dientes y enjuago mi boca con un poco de agua antes de tomar un trago corto.
El entrenador me mira y pregunta—: ¿Todo está en orden?
—Es el único. No voy a regalarle más —miro fijamente al entrenador y él asiente.
—Acábalo. —me guiña un ojo y sonrío.
Me duele el pómulo. Sé que va a hincharse y quizás se me hará un moretón, pero no me importa. Voy a ganar ésta jodida pelea y después, voy a besarla. Tengo que besarla.
La campana suena y me incorporo de golpe. Me acerco al centro del ring y la campana vuelve a sonar. Sin perder el tiempo, me abalanzo sobre Rob, atestando un golpe tras otro.
Nos separan varias veces, pero yo continúo mi ataque implacable. Atesto un gancho en el estómago de Rob, una vez más y él cae al suelo. Encorvado. Con una mano en el estómago.
Intenta ponerse de pie, pero no puede. Entonces, comienza el conteo.Yo bajo la guardia y lo miro. Intenta incorporarse pero está débil.
— ¡Cinco!... —grita la gente.
Rob intenta incorporarse una vez más, pero cae sobre su cara.
— ¡Cuatro!...
Toma un par de inspiraciones profundas.
— ¡Tres!...
Apoya un pie sobre el suelo y se impulsa hacia arriba.
— ¡Dos!...
Cae al suelo una vez más, golpeándose el rostro con fuerza.
— ¡Uno!...
La gente ruge. La gente corea. La gente grita enardecida.
— ¡DOS ROUNDS!, ¡DOS JODIDOS ROUNDS, SEÑORAS Y SEÑORES!, ¡LEONEL ALVAREEEEEEEEEEEZ! —grita el animador y yo sonrío cuando el árbitro toma mi brazo y lo alza.
Estoy eufórico. Estoy lleno de adrenalina. Quiero gritar con la gente, quiero bailar, quiero subirme a las cuerdas del cuadrilátero y actuar como un hombre de las cavernas.
Bajo del ring y un puñado de chicas con caras familiares me aborda. Una de ellas abraza mi torso desnudo y sudoroso mientras otro par se engancLucia en mis brazos. No puedo evitar ponerme a reír cuando una de ellas deposita un beso en mi mejilla.
—No hagas eso —me quejo, pero no dejo de sonreír.
— ¡Quiero que me folles! —grita alguien a lo lejos y río aún más. Si hay algo que amo más que ganar una pelea, es la atención de las chicas al final. Pero, ésta vez, no quiero recibir atenciones de nadie. No quiero recibir atenciones de nadie que no sea ella.
La busco entre la gente pero no la veo. ¿Dónde demonios está?... Mi mirada viaja por toda la estancia y entonces, la veo. Está hablando con la chica rubia con la que siempre anda. Está sonriendo y le ruego al cielo que esté sonriendo por mí.
La rubia me mira y le hace una seña en mi dirección. Entonces, se gira para mirarme. Sus ojos castaños se iluminan en cuanto se encuentran nuestras miradas y sonrío. Ella me sonríe de vuelta y me suelto del abrazo de una de las chicas. Le hago una seña con el dedo para que se acerque y se muerde el labio inferior. No puedo dejar de pensar en qué se sentirá morder ese labio. No puedo dejar de imaginar sus labios en los míos.
Su amiga le dice algo al oído y ella sonríe aún más. Niega con la cabeza y me señala para después hacerme una seña para que me acerque... Sé lo que quiere decir su gesto: “Tú, ven aquí.”
Una sonrisa cargada de incredulidad se desliza por mis labios. No puedo creer que no vaya a acercarse. No puedo creer que vaya a hacer que yo la busque. No puedo creer que esté caminando en éste jodido momento hacia ella. ¿Qué está mal conmigo?
Hago mi camino hacia ella, ignorando a cualquier otra persona en mi camino. No me importan los gritos, ni las chicas que se atraviesan en mi camino. Quiero llegar a ella.
Me detengo justo frente a ella. La punta de mis zapatillas de box tocan la punta de sus botas y mi sonrisa se ha desvanecido por completo. Tiene que alzar la cabeza para mirarme y sus ojos se ven imposiblemente preciosos.
—Hola —mi voz es un susurro ronco. Mi corazón late a una velocidad impresionante y no quiero apartar mi vista de ella. Me siento torpe. Me siento tímido. Siento que luzco como un idiota adolescente que nunca ha hablado con una mujer en su vida.
—Hola —susurra Lucia y me sonríe.
Mi corazón da un vuelco y trago duro. —No puedo creer que estés aquí —susurro, sonriendo como estúpido.
—No puedo creer que le hayas sacado la mierda en dos rounds —sus cejas se alzan con su gesto impresionado y mi sonrisa se ensancha.
—Soy bastante impresionante, lo sé —bromeo y ella golpea su pequeño puño en mi hombro.
— ¡Oye!, ¡Eso duele!, ¿Acaban de golpearme ahí arriba y tú vas a golpearme aquí abajo? —bromeo pero su expresión decae. El horror pinta sus facciones.
— ¡Oh, Dios mío!, ¡Lo siento!, ¡Lo siento!, ¡No pensé que...! , ¡Dios mío!, ¿Te hice daño? —sus manos se alzan para acariciar el punto donde me golpeo, pero se detiene en el acto.
Me quedo observándola unos segundos, con fascinación. Realmente está preocupada. Cree que me ha hecho daño. —Sólo bromeaba, Lucia —susurro y tomo su barbilla entre mis dedos para que me mire.
— ¿N-No te hice daño? —susurra y no puedo evitar acercarme un poco hacia ella.
— ¿Luzco como si me hubieses hecho daño? —pregunto reprimiendo una sonrisa.
Ella hace una mueca. —En realidad tu pómulo se está hinchado y tu costado está tiñéndose con un moretón —observa.
Yo hago un gesto desdeñoso con la mano y digo—: Gajes del oficio. ¿Te gustó la pelea?
Lo piensa unos segundos antes de hablar—: No soy fanática de ver cómo dos hombres se golpean, sin contar que estaba muy nerviosa por ti..., pero debo admitir que fue algo impresionante.
Mi ceño se frunce pero no dejo de sonreír—: ¿Nerviosa por mí?
— ¡Oh, sí, cariño!, ¡estaba tan pálida que parecía que vomitaría! —exclama la rubia—. Ni siquiera quería ver cuando te golpeaban.
Una punzada de ternura golpea mi pecho y la miro. — ¿De verdad? —pregunto en voz baja.
Noto cómo se ruboriza y desvía la mirada. —No quería que te hirieran demasiado —masculla.
— ¿Te gustaría ir a algún lado ahora mismo?, no sé... ir a tomar algo, ir a cenar...
—He venido con Cleo —se disculpa señalando a su amiga.
—Oh, puedo arreglar eso. Puedo decirle a Colton que nos acompañe. Así vamos los cuatro —sugiero. Mi cabeza me grita que no deje que se vaya aún. No estoy listo para dejarla ir aún.
Ambas se miran y parece como si se hablaran sin decir una palabra. Lucia me mira y asiente con una sonrisa tímida—: De acuerdo. Ir a tomar algo estaría bien.
No puedo evitar sonreír como estúpido. Reprimo mis ganas de abrazarla y señalo hacia atrás. —Iré a cambiarme y ahora vuelvo, ¿está bien?, no tardaré demasiado.
Ambas asienten y corro en dirección al túnel que va a los camerinos.
— ¿Nueva conquista? —se burla Colton cuando nos topamos en el corredor que da al vestidor.
Yo no puedo evitar sonreír. —No —admito. No es una nueva conquista—. Pero es preciosa.
Colton me mira como si me hubiese vuelto loco pero no me importa. — ¿Te sientes bien? —su ceño se frunce pero no deja de sonreír.
— ¡Fabuloso! —Exclamo—, por cierto..., ésta noche tienes una cita doble conmigo y la amiga de Lucia.
— ¿Quién demonios es Lucia? —pregunta Colton, siguiéndome.
—La chica con la que hablaba. La invité a tomar algo, vino con su amiga y, bueno, ahora tú serás un buen amigo y distraerás a su amiga —me alejo trotando hasta las duchas.
— ¡¿Ahora sí somos amigos?! —grita Colton a mis espaldas.
— ¡Siempre lo hemos sido, hermano! —Sonrío a la nada—, ¡Siempre lo hemos sido!, te veo en diez minutos, no demores mucho.
— ¡Jódete, Alvarez!, me deberás un favor muy grande —es lo último que escucho antes de entrar al vestidor.