Él apostó que podía conquistarla.
Ella decidió demostrarle que no sería tan fácil.
Isabella no buscaba enamorarse. Sebastián solo quería ganar una apuesta.
Pero entre miradas, provocaciones y besos que empezaron como parte de un juego, algo inesperado comenzó a crecer entre ellos.
Porque cuando el corazón entra en juego, ya no existen apuestas seguras. ❤️🔥
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UN POCO DE CELOS
Isabella llegó a la universidad al día siguiente intentando convencerse de que la noche anterior no había significado nada.
Solo había sido un momento.
Una caída.
Una mirada.
Nada más.
Pero cada vez que recordaba la mano de Sebastián en su cintura, sentía que el corazón volvía a acelerarse.
—Buenos días —dijo Valeria.
—Buenos días.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
Valeria la observó.
—Mentira.
—¿Por qué?
—Porque tienes cara de haber pasado toda la noche pensando en alguien.
Isabella dejó su bolso sobre la silla.
—No empecemos.
—Entonces sí pensaste en él.
—Valeria...
—Está bien. No diré nada.
Isabella respiró aliviada.
—Gracias.
—Pero quiero saber si te besó.
Isabella abrió los ojos.
—¡No!
Valeria soltó una carcajada.
—Entonces sí pasó algo.
—Casi.
La sonrisa de Valeria desapareció.
—¿Casi?
Isabella bajó la voz.
—Estábamos bajo la lluvia y...
—¿Y?
—Me sostuvo porque resbalé.
—Eso es todo.
—Sí.
Valeria la miró.
—Isabella, tú no estás acostumbrada a que alguien te guste.
—No me gusta.
—Claro.
Antes de que pudiera continuar, alguien llamó a Isabella.
—¿Isabella?
Ambas se giraron.
Un joven se acercó.
—Hola, soy Daniel. Estamos en la misma clase.
—Sí, te recuerdo.
—Quería preguntarte si ya terminaste el trabajo de literatura.
—Todavía no.
—¿Quieres hacerlo conmigo? Podemos reunirnos después de clases.
Isabella sonrió.
—Sí, claro.
—Perfecto.
Daniel se despidió y se marchó.
Valeria observó a Isabella.
—Interesante.
—¿Qué?
—Nada.
—Dilo.
—Nada.
Pero antes de que Isabella pudiera insistir, una voz apareció detrás de ellas.
—¿Qué es tan interesante?
Sebastián.
Isabella se giró.
—Nada.
—¿Seguro?
—Sí.
Sebastián miró hacia donde Daniel se había marchado.
—¿Quién era?
Isabella arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Curiosidad.
—Un compañero.
—Ah.
Su respuesta fue demasiado corta.
Isabella lo notó.
—¿Te pasa algo?
—No.
—Estás raro.
—Estoy perfectamente.
Sebastián sonrió, pero no parecía sincero.
—Nos vemos luego.
Se alejó.
Valeria miró a Isabella.
—Está celoso.
—No.
—Sí.
—No tiene razones para estarlo.
—Precisamente.
---
Durante el resto de la mañana, Sebastián intentó concentrarse en sus clases.
No pudo.
La imagen de Isabella hablando con Daniel volvía una y otra vez.
No tenía derecho a sentirse así.
Ella no era su novia.
Ni siquiera eran algo.
Era una chica a la que había conocido hacía pocos días.
Una chica que, en teoría, formaba parte de una apuesta.
Pero la idea de verla con otro chico le molestaba más de lo que quería admitir.
---
Al terminar las clases, Isabella se encontró con Daniel en la biblioteca.
Apenas habían comenzado a trabajar cuando alguien apareció frente a la mesa.
—¿Interrumpo?
Isabella levantó la mirada.
Sebastián.
—Un poco —respondió ella.
Daniel lo miró.
—¿Tú eres...?
—Sebastián.
—Daniel.
Los dos se estrecharon la mano.
Pero la tensión fue evidente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Isabella.
—Vine a buscarte.
—¿Para qué?
Sebastián dudó.
—Quería invitarte a salir.
Daniel bajó la mirada hacia sus apuntes.
Isabella se quedó sorprendida.
—¿A salir?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Ahora.
Ella soltó una pequeña risa.
—No puedo.
Sebastián la miró.
—¿Por qué?
—Tengo que terminar esto.
—Podemos hacerlo después.
—No.
Sebastián guardó silencio.
—Está bien.
Se giró para marcharse.
Pero antes de hacerlo, miró a Isabella.
—Cuando termines, escríbeme.
Ella asintió.
—Está bien.
Sebastián se fue.
Daniel sonrió.
—Parece que le gustas.
Isabella bajó la mirada.
—No sé.
—Yo creo que sí.
Ella no respondió.
Porque, en el fondo, empezaba a pensar lo mismo.
---
Esa noche, Isabella estaba en su habitación cuando recibió un mensaje.
Sebastián: ¿Terminaste?
Ella sonrió antes de responder.
Isabella: Sí.
La respuesta llegó inmediatamente.
Sebastián: Entonces te toca cumplir.
Isabella: ¿Qué tengo que cumplir?
Sebastián: Salir conmigo.
Isabella mordió ligeramente su labio.
Isabella: ¿Eso era una invitación o una orden?
Pasaron unos segundos.
Sebastián: Una invitación.
Isabella sonrió.
Isabella: Entonces... acepto.
Sebastián leyó el mensaje varias veces.
Sonrió.
Pero esta vez no pensó en la apuesta.
Pensó solamente en ella.
Y eso comenzaba a convertirse en un problema.