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El capitán que perdió el control por mí

El capitán que perdió el control por mí

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Aventura de una noche / Amor-odio / Completas
Popularitas:73.4k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Valentina Mendoza está acostumbrada a mantener todo bajo control. Como controladora aérea, sabe que un solo error puede convertir el cielo en un desastre. Pero su vida se sale de rumbo cuando Sebastián del Fuego reaparece frente a ella.
Él fue su rival en el bachillerato. Ahora es un capitán arrogante, irresistible y heredero de una de las aerolíneas más poderosas del país. Sebastián siempre ha vivido siguiendo reglas estrictas, hasta que una noche con Valentina destruye todos sus límites.
Cuando un embarazo inesperado vuelve a unirlos, Valentina se niega a convertirse en una carga o en una pieza más dentro de los negocios de dos familias enfrentadas. Tiene problemas más urgentes: un padre que solo piensa en sus intereses, una media hermana dispuesta a destruirla y el secreto detrás del accidente que dejó a su madre sin despertar durante diez años.
Valentina quiere justicia. Sebastián solo quiere permanecer a su lado, aunque para hacerlo tenga que enfrentarse a su familia, renunciar a la vida que habían planeado para él y demostrarle que esta vez no piensa abandonarla.
Entre amenazas, secretos y traiciones, ambos descubrirán que incluso el piloto más disciplinado puede perder el control cuando se enamora de la única mujer que nunca pudo olvidar.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 35

...Val....

Camila trajo refuerzos.

Era jueves, dos de la tarde, y yo estaba en la base de la torre de control revisando los horarios de la semana cuando escuché los gritos.

—¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está esa descarada?!

Una mujer que no conocía entró por la puerta principal como un huracán. Cuarenta y tantos años, pelo negro, ojos hinchados de llorar, vestido caro arrugado como si se lo hubiera puesto con prisa. Detrás de ella, Camila caminaba con la cabeza baja y expresión de víctima que yo le conocía de memoria.

—¡Valentina Mendoza! —gritó la mujer, mirándome—. ¡Tú eres la que se acuesta con mi esposo!

Me quedé helada.

—¿Disculpe?

—¡No te hagas la inocente! ¡Vi las fotos! ¡Cenando con MI esposo!

Paty se levantó de su estación. Jorge dejó lo que estaba haciendo. Tres compañeros más se asomaron desde la sala de descanso.

La mujer se acercó a mí con los ojos desorbitados.

—Soy Marcela Rivas de Heredia. La esposa de Octavio Heredia. ¿Te suena? ¿El hombre con el que te fotografiaron?

Octavio Heredia. El notario. Mi reunión en La Perla. Alguien le mostró las fotos a su esposa y le hizo creer que yo tenía algo con su marido.

Miré a Camila. Camila estaba detrás de la mujer, con la cara de "yo no hice nada" que le permitía esconder cualquier maniobra.

—Señora —dije, con toda la calma que pude reunir—, su esposo y yo tuvimos una reunión profesional sobre un asunto legal. No hay nada entre nosotros.

—¡Mentirosa! ¡Tu hermana me enseñó los mensajes!

—¿Qué mensajes?

—¡Mensajes donde mi esposo te dice cosas! ¡Cosas que no le dice a una clienta!

Camila fabricó mensajes. Camila editó capturas de pantalla para que pareciera que Heredia y yo teníamos algo. Y se las mostró a la esposa.

—Señora, esos mensajes son falsos. Puedo mostrarle mi teléfono ahora mismo y—

No terminé.

Marcela Rivas sacó un vaso térmico de su bolsa — el tipo de vaso que llevas al gimnasio, con tapa deportiva— y antes de que yo pudiera moverme, me lo lanzó.

El agua estaba caliente. No hirviendo, pero sí lo suficientemente caliente para quemar. Vi el líquido venir hacia mi cara en cámara lenta.

Y entonces algo se interpuso.

Seb apareció de la nada. Un segundo no estaba ahí y al siguiente estaba frente a mí, con la espalda hacia la mujer, cubriéndome con su cuerpo. El agua le cayó en el brazo derecho, en el antebrazo y parte de la mano.

El sonido que hizo — un siseo entre dientes, seco, controlado— me cortó la respiración.

—¡Seb!

Se volteó hacia la mujer. Tenía el antebrazo rojo, brillante, y la mandíbula tan apretada que le temblaban los músculos de la cara.

—Señora —dijo, y su voz era hielo—, le sugiero que baje ese vaso antes de que la cosa se ponga fea.

Marcela Rivas retrocedió un paso. Miró a Seb. Miró el brazo quemado. Miró a Camila, que tenía la boca abierta.

—Él... él se metió... yo no quería...

—Seguridad —dijo Paty por el radio—. Necesitamos seguridad en la base de la torre. Ahora.

Todo pasó rápido después. Seguridad llegó. Escoltaron a Marcela Rivas afuera. Camila intentó irse con ella pero Paty la detuvo en la puerta.

—Tú no te vas a ningún lado —le dijo Paty.

—¡Yo no hice nada! ¡Solo la acompañé porque estaba preocupada!

—Tú le mostraste las fotos y los mensajes falsos —dije, acercándome—. Tú la trajiste aquí para que me hiciera una escena. Tú manipulaste a esa mujer para que hiciera tu trabajo sucio.

—¡Eso no es cierto!

—Es exactamente cierto, Camila. Porque tú no te ensucias las manos. Nunca lo has hecho. Siempre usas a alguien más: a papá, a Luciano, a la esposa de un notario. Lo único que sabes hacer es poner a la gente en contra mía y después pararte ahí con cara de inocente.

Camila se puso roja. Los labios le temblaron.

—Siempre te crees mejor que yo —susurró—. Siempre.

—No me creo mejor. Solo me niego a ser peor.

Seguridad se la llevó. Paty cerró la puerta. Y yo me quedé de pie en medio de la sala con el corazón en la garganta y la rabia quemándome por dentro.

Pero Seb.

Lo miré. Estaba sentado en una silla, con el brazo derecho extendido sobre la mesa. La piel del antebrazo estaba roja e hinchada. Dos ampollas se estaban formando en la parte interior, donde la piel era más delgada.

Me arrodillé frente a él. Le agarré el brazo con cuidado.

—Necesitas agua fría. Y una pomada para quemaduras.

—Estoy bien.

—No estás bien. Tienes ampollas.

Paty trajo el botiquín. Puse el brazo de Seb bajo el chorro de agua fría del lavabo durante diez minutos — el protocolo para quemaduras de primer grado que aprendí en el curso de primeros auxilios del aeropuerto. Después le sequé la piel con gasas y le apliqué pomada con las manos lo más suave que pude.

Mis manos temblaban. Las dos.

—Val —dijo Seb, mirándome.

—¿Por qué te metiste? —pregunté, sin levantar la vista. Sentí los ojos arder. Los apreté.

—Porque iba a caerte en la cara.

—Pudiste haberte quemado peor.

—Y a ti te hubiera caído en los ojos. —Pausa—. Prefiero mil veces que me duela a mí.

Levanté la cara. Lo miré. Tenía los ojos tranquilos, sin drama, como si lo que acababa de hacer — ponerse entre un vaso de agua caliente y yo— fuera algo normal. Algo que cualquiera haría.

Pero no cualquiera lo haría. Nadie en mi vida lo había hecho.

Se me escapó una lágrima. Solo una. La limpié con el dorso de la mano antes de que cayera.

—Porque si te lastiman a ti —dijo Seb, bajando la voz—, a mí me duele más.

—Eso es cursi.

—Eso es la verdad.

Le vendé el brazo. Lo acompañé a la enfermería del aeropuerto donde le dieron una pomada mejor y le dijeron que las ampollas sanarían en una semana. Salimos al estacionamiento.

—Seb —dije.

—¿Sí?

—Luciano está detrás de esto. Camila no se mueve sola. Alguien le fabrica los mensajes falsos, alguien le da las fotos, alguien le dice qué hacer.

—Lo sé.

—¿Qué vas a hacer?

No contestó. Se subió a la camioneta. Arrancó. Pero no tomó el camino hacia su departamento. Tomó el camino hacia la zona financiera.

Veinte minutos después, estacionó frente al edificio de Grupo Reyes. El edificio de Luciano.

—Espérame aquí —dijo.

—Seb, no—

Ya se había bajado.

Lo vi entrar al edificio. Esperé cinco minutos. Diez. A los doce minutos, Seb salió caminando rápido, con la mano derecha — la que no estaba vendada— cerrada en un puño. Los nudillos le brillaban rojos.

Se subió al auto. Arrancó sin decir una palabra.

—¿Le pegaste? —pregunté.

—Una vez.

—¿Dónde?

—En la boca. Para que deje de dar órdenes.

No dije nada. No lo aprobé. No lo condené. Solo miré sus nudillos rojos y su mandíbula apretada y sentí algo caliente y peligroso expandirse en mi pecho.

Me estaba enamorando de este hombre. Y eso me aterrorizaba más que las ampollas, que los mensajes falsos, que los golpes de mi padre.

Porque enamorarse significaba que tenía algo que perder.

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1
Fresia Queupil
tengo una duda sobre las edades dé Valentina y camila en un relató Val tiene 27 años y camila cuándo empujó a Elena tenía 18 años y an pasado 10 años🤭🤭🤭
Fresia Queupil
pero cuando terminan los misterios.
Fresia Queupil
mucha espera no otro hombre no soportaría ya tendría otra relación 😭😭
Mirta
me encantó un relato revelador y profundo
Equipo Motorola
felicitaciones escritora 👏👏👏
Linsol
ya quisiera un Seb para miiii☺️☺️☺️☺️☺️☺️
Maris Benitez
Excelente 👏👏👏 me encantó, tienes un hermoso Don Autora, continúa escribiendo 💪💜💜 y gracias por compartir, muchas bendiciones para ti y tu familia,(*Dios te bendiga,te proteja y defienda siempre 🙏*)❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Maris Benitez
Hermoso capítulo ❤️❤️😍😍 Doña Carmen encontrándose con su hija Elena, después de 10 años 🥲🥲🥲💪💪💪💪
Maris Benitez
Imaginé esa acción desesperada con el arma, apuntándole, por más que realmente estaba descargada pero Valentina no lo sabía y los abogados tampoco, creo que se le pueden agregar años de preso
Maris Benitez
Humm 🤔🤔 será capaz de querer matarla Fernando,con lo s abogados presentes, Humm, todo es posible
Maris Benitez
Hermoso encuentro entre padre e hija 😍😍😍😍😍❤️❤️❤️
Maris Benitez
Que nervios 😲, que emoción 🥲 yendo a conocer a su padre biológico 😬😬la reconocerá? si es tan parecida a su mamá creo que si
Maris Benitez
Hermoso capítulo ❤️😍 el dije de un avión 🛬y la propuesta de matrimonio 💍🧎💘 con un anillo 😃😃
Maris Benitez
Hermoso y milagroso Elena volviendo y diciendo sus primeras palabras 💪💪💪🙃🙃🙃😍😍😍😍😍
Maris Benitez
Jajaja jajajaja 😂😂😂 ya el perro 🐕 tiene nombre, ahora falta el perro 💪💪💪
Maris Benitez
Camila loca psicópata asesina 😤😡🤬 esperando que ahora quede presa y pague por todo el daño, desde que tiró por las escaleras a Elena 💪💪💪💪
Maris Benitez
💞💞💞😍😍😍😍😍😍 hermoso capítulo 🙂🙂🫠🫠🙃🙃Paz, armonía y proyectos a futuro
Maris Benitez
Elena está despertando que emoción 🥲🥲💪💪💪💪💪💪y luego Valentina va a buscar a su verdadero padre, ojalá y esté vivo 💪💪💪💪💪
Maris Benitez
Ahora que la sacaron de la empresa, está más peligrosa que nunca Camila y parece que sigue habiendo más secretos por descubrir de Fernando 😲🤔🤔🤔hummm
Maris Benitez
Una niña 😍😍 Valentina, como su mamá y su abuela paterna 💞💞💞💞💞
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