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El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

El Precio De Las Oportunidades: Ecos Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance de oficina / CEO
Popularitas:454
Nilai: 5
nombre de autor: SakuDiHina

Aurelia creía haber dejado atrás los secretos de su pasado.

Hasta que vuelve a encontrarse con Franco.

Lo que nace entre ellos los lleva a descubrir documentos ocultos, acusaciones manipuladas y una verdad que alguien lleva años intentando enterrar.

Una nueva pista los obliga a regresar al lugar donde todo comenzó.

Y allí comprenden que nada era como les contaron.

Ahora Aurelia y Franco deberán descubrir quién manipuló los acontecimientos que cambiaron sus vidas y cuánto están dispuestos a arriesgar para conocer la verdad.

Porque amar puede ser una elección.
Perdonar, otra.
Pero descubrir la verdad...
puede tener un precio demasiado alto.

NovelToon tiene autorización de SakuDiHina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — La primera grieta

La noticia llegó a primera hora de la mañana, antes de que Aurelia hubiera terminado de revisar el informe que había dejado pendiente la noche anterior.

Walter entró en su despacho sin llamar.

—Tenemos un problema.

Aurelia levantó la vista.

—¿Qué clase de problema?

—Una filtración. Alguien entregó información de una operación que todavía no había sido comunicada al exterior.

Aurelia dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—¿Qué información?

—Condiciones de una operación y una proyección de resultados. Ya circulan en manos de dos competidores.

Franco convocó al equipo media hora después. La reunión fue breve, pero la tensión se sentía incluso antes de que cerraran la puerta.

—No vamos a buscar un culpable para tranquilizar al consejo —dijo Franco—. Primero vamos a saber cómo salió la información.

Uno de los directivos señaló el área de Aurelia.

—La mayoría de esos documentos pasaron por allí.

Aurelia sostuvo la mirada.

—Pasaron por mi área porque somos responsables de analizarlos. Eso no significa que hayan salido desde mi equipo.

Walter abrió un registro.

—Solo cuatro personas tuvieron acceso a la carpeta principal.

Aurelia revisó la pantalla.

—¿La carpeta principal o una copia?

Walter se detuvo.

—La principal.

—Entonces busquemos también las copias. Si alguien descargó el archivo, la trazabilidad puede haber cambiado.

Franco asintió.

—Hazlo.

—Quiero acceso directo a los registros —añadió Aurelia—. Sin filtros. Si voy a responder por mi área, necesito ver toda la información.

—Lo tendrás.

La revisión se prolongó hasta después del mediodía. No encontraron una descarga desde el ordenador de Aurelia, pero Walter localizó una transferencia de pequeño importe hacia una empresa que aparecía en un archivo histórico.

—Esto no corresponde a la operación —dijo.

—¿De cuándo es? —preguntó Aurelia.

—De hace años.

Franco se acercó.

—¿Qué tiene que ver con la filtración?

—Todavía nada —respondió Aurelia—. Pero el nombre de la sociedad me resulta familiar.

Antes de que pudieran continuar, Ana apareció en el pasillo con Víctor.

—¿Ya encontraron a quien lo hizo? —preguntó Ana.

Walter respondió:

—Todavía no.

Ana miró a Víctor.

—Siempre termina pasando lo mismo cuando Aurelia está cerca de estos documentos.

Andrew, que acababa de llegar, la oyó.

—Eso no demuestra nada.

Víctor lo miró con molestia.

—¿Ahora también vas a defenderla?

—No estoy defendiendo a nadie. Estoy pidiendo una prueba.

La discusión se cortó cuando Franco salió del despacho.

Hasta ese momento, Aurelia no había sido acusada formalmente de la filtración. Lo que existía era una sospecha nacida del hecho de que los documentos habían pasado por su área y de la insinuación de Ana. Aurelia entendió que esa diferencia era importante: no necesitaba demostrar una inocencia abstracta, sino permitir que los registros establecieran quién había accedido y qué había hecho cada persona.

—Aquí no se va a condenar a nadie por rumores. Quien tenga información, que la entregue. Quien no la tenga, que no invente.

Ana se retiró con Víctor. Aurelia observó la escena desde lejos.

Esa noche, cuando por fin estaba sola, recibió un mensaje de un número desconocido.

Solo había una fecha.

Aurelia la comparó con la carpeta que había encontrado días atrás en los archivos de FranLia.

Era la misma.

Franco llamó casi inmediatamente después de que ella le mostrara el mensaje.

—Voy a avisar a seguridad.

—Todavía no.

—Aurelia, alguien está utilizando una fecha vinculada a los archivos de Blackwood.

—Precisamente. Si llamamos a seguridad sin saber quién espera esa reacción, quizá le demos lo que quiere.

Franco guardó silencio.

—¿Qué propones?

—Documentarlo, aislarlo y seguir el rastro.

—No tienes que hacerlo sola.

—Tampoco quiero que decidas por mí.

Franco asintió.

—Entonces lo hacemos juntos. Pero esta vez con una regla.

—¿Cuál?

—Si aparece un riesgo real, ninguno de los dos lo oculta.

La revisión de accesos reveló otro detalle. Uno de los archivos había sido abierto desde una terminal externa pocos minutos después de que Aurelia lo consultara dentro de FranLia. No podían saber todavía si se trataba de una sincronización automática o de una copia manual.

—No quiero que interpretemos esto demasiado rápido —dijo Aurelia.

Walter asintió.

—Voy a comparar las horas con el sistema de respaldo.

Franco observó a ambos.

—Y nadie modifica nada hasta que tengamos una copia forense.

—Bien —respondió Aurelia—. Si alguien esperaba que entráramos en pánico, no va a conseguirlo.

Cuando Walter se marchó, Franco se quedó un momento.

—¿Estás bien?

—Estoy alerta.

—No es lo mismo.

Aurelia lo miró.

—No. Pero es mejor que tener miedo sin saber por qué.

Franco quiso decir algo, pero ella levantó una mano.

—No me prometas que todo estará bien.

—¿Qué quieres que te prometa?

—Que si aparece algo que pueda ponerme en peligro, me lo dirás aunque pienses que la información me hará tomar una mala decisión.

Franco respondió sin dudar.

—Eso sí puedo prometerlo.

Aquella conversación convirtió la desconfianza en una regla concreta. No se trataba de confiar ciegamente, sino de no ocultarse aquello que pudiera cambiar las decisiones.

Al final del día, Walter confirmó que la terminal externa había accedido a más de un documento.

—No es un accidente —dijo.

Aurelia miró la lista.

—Entonces alguien está buscando algo específico.

Franco preguntó:

—¿Qué tienen en común?

Aurelia señaló una referencia histórica que aparecía al pie de cada archivo.

—Blackwood.

Aurelia aceptó.

La filtración había comenzado como un problema de FranLia. Al terminar la jornada, ya era evidente que alguien estaba intentando unirla con una historia mucho más antigua.

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Betty Manzur
asta aquí llegó no le veo nada interesante todo es Ana y Ana y quien es ana
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