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No Eras Parte De La Venganza

No Eras Parte De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Ellos se conocen desde que tenían diez años. Antes eran amigos. Competían por todo, se molestaban y discutían, pero podían pasar una tarde entera juntos sin problema. Hasta que un accidente, una peluca y un rumor cambiaron todo. Ella creyó que él había contado su secreto más vergonzoso. Él nunca tuvo la oportunidad de explicarse. Así que ella decidió vengarse. Él terminó con una pierna rota. Y desde entonces, se declararon la guerra. Han pasado años y siguen igual. Se insultan, compiten, se provocan y aprovechan cualquier oportunidad para demostrar quién es mejor. Lo curioso es que ninguno parece tomárselo demasiado en serio… al menos hasta que sus madres, mejores amigas desde siempre, tienen la brillante idea de que deberían salir juntos. Una cita. Solo una. Para complacerlas. El problema es que sus madres parecen tener otros planes. Y quizás pasar tanto tiempo con la persona que más detestas no sea tan terrible cuando descubres que, debajo de todas esas peleas, todavía queda algo de aquellos dos niños que alguna vez se llevaban bien. Aunque claro… Primero tendrán que sobrevivir a las citas sin matarse. O sin cometer algún error que los haga verse cara a cara para siempre…..

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peor lugar para una cita

Lo primero que pensé cuando Knox estacionó frente al lugar fue que aquello tenía que ser una broma.

Miré el edificio.

Después miré a Knox.

Después volví a mirar el edificio.

—No.

Él ni siquiera se molestó en fingir sorpresa.

—¿Qué?

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Esta es tu idea de una cita?

—Es un lugar.

—Eso no responde mi pregunta.

Knox se bajó del auto y cerró la puerta.

—Baja.

—No.

Se apoyó en el techo del auto y me miró desde el otro lado.

—Blair.

—Knox.

—Ya estamos aquí.

—Eso no significa que tenga que entrar.

—Nuestras madres están esperando que tengamos una cita.

—No creo que hayan especificado que tenía que sobrevivir a ella.

Él soltó una pequeña risa.

—Qué dramática.

—Hay un hombre intentando entrar mientras discute con el guardia.

Knox miró hacia la entrada.

—Lo conozco.

Lo miré horrorizada.

—Eso empeora todo.

—Vamos.

Entré únicamente porque no pensaba darle el gusto de decir que había conseguido hacerme abandonar una cita a los diez minutos.

El interior era exactamente como esperaba.

Oscuro.

Ruidoso.

Lleno de gente.

La música era tan fuerte que prácticamente obligaba a gritar para mantener una conversación.

Y, aparentemente, Knox conocía a la mitad de las personas del lugar.

Apenas avanzamos unos metros, alguien lo saludó.

Luego otro.

Y otro.

—¿Vienes seguido? —pregunté.

—A veces.

—Claro.

—¿Qué significa ese “claro”?

—Nada.

—Tu “nada” siempre significa algo.

—Entonces deja de preguntarme.

Seguimos caminando.

Un grupo de chicas pasó junto a nosotros.

Dos de ellas miraron a Knox.

Una sonrió.

La otra directamente se giró para volver a mirarlo después de haber pasado.

No me sorprendió.

Knox tenía esa clase de aspecto que hacía que las personas lo notaran.

No era asunto mío.

No sentí celos.

Ni siquiera me molestó.

Me molestaba el lugar.

Eso era diferente.

Muy diferente.

—Podrías al menos avisarme si planeabas traerme a una fiesta —dije.

—No es una fiesta.

Miré alrededor.

—Hay gente bailando encima de una mesa.

—Eso ocurre.

—Un hombre acaba de derramar su bebida sobre otro.

—También ocurre.

—Tu definición de normalidad necesita atención profesional.

—Y tú necesitas relajarte.

—No me digas que me relaje.

—¿Por qué?

—Porque me irrita.

—Entonces definitivamente voy a seguir diciéndolo.

Lo miré con desprecio.

Él sonrió como si acabara de ganar una discusión.

Eso era exactamente lo que odiaba de Knox.

No necesitaba levantar la voz.

No necesitaba esforzarse.

Podía decir una frase con esa calma insoportable y conseguir que yo quisiera lanzarle algo.

Nos sentamos en una mesa apartada.

Bueno.

Más o menos apartada.

Uno de sus amigos estaba a unas mesas de distancia y no tardó ni un minuto en acercarse.

—¿Esta es la famosa cita?

Lo miré.

Después miré a Knox.

—¿Famosa?

—No —respondió Knox.

—Sí —dije al mismo tiempo.

Su amigo soltó una carcajada.

—Esto va mejor de lo que esperaba.

—No está yendo bien —aclaré.

—Todavía —añadió Knox.

Le lancé una mirada.

—No empieces.

Su amigo se fue riendo.

Tomé el menú.

—¿Qué clase de comida tienen?

—La que quieras.

—Eso no es una respuesta.

—Hamburguesas, papas, pizza…

—Bien.

—¿Vas a elegir?

—Estoy leyendo.

—Llevas tres minutos mirando la misma página.

—Porque estoy intentando entender qué es la mitad de esto.

Knox estiró la mano y señaló una parte.

—Eso es una hamburguesa.

—Ya sé lo que es una hamburguesa.

—No parecía.

—¿Quieres dejar de hablar?

—No.

—Qué sorpresa.

Pedí una hamburguesa.

Él pidió lo mismo.

No porque coincidiéramos.

Simplemente porque ninguno tenía ganas de discutir con el camarero.

Cuando nos quedamos solos, una de las chicas de antes volvió a pasar cerca de nuestra mesa.

Esta vez miró directamente a Knox.

Él la vio.

Ella sonrió.

Knox respondió con una pequeña sonrisa antes de volver a mirar el menú.

Yo seguí con el mío.

No me interesaba.

En absoluto.

—¿Qué? —preguntó.

Levanté la vista.

—¿Qué?

—Estás haciendo esa cara.

—¿Qué cara?

—La que haces cuando estás a punto de decir algo desagradable.

—Tengo muchas caras desagradables cuando estoy contigo.

—Esa es verdad.

—Entonces no preguntes.

Knox apoyó el menú sobre la mesa.

—Pensé que ibas a comentar lo de antes.

—¿Lo de qué?

—La chica.

—Ah.

Volví a mirar el menú.

—No me interesa.

—No pregunté si te interesaba.

—Pero esperabas que dijera algo.

—Quizá.

—Pues esperaste en vano.

—Qué decepción.

—Supéralo.

Me miró durante un par de segundos.

—No estás celosa.

Cerré el menú.

—No.

—Bien.

—No porque confíe en ti.

Su sonrisa desapareció apenas.

—Nunca dije eso.

—Lo sé.

Me incliné ligeramente hacia adelante.

—Si una chica quiere acercarse a ti, adelante. Si quiere sonreírte, adelante. Si quiere invitarte a bailar, también. Me da exactamente igual.

—Qué generosa.

—No es generosidad.

—¿Entonces?

—Simplemente no me interesa con quién coqueteas.

Knox se quedó callado.

Yo también.

Por una vez, ninguno tuvo nada que agregar.

Hasta que apareció nuestro pedido.

Comimos en silencio durante unos minutos.

Bueno, intentamos hacerlo.

Porque estar sentada frente a Knox durante más de treinta segundos sin discutir parecía una tarea imposible.

—¿Siempre comes así? —preguntó de repente.

Levanté la mirada.

—¿Así cómo?

—Quitando los tomates.

Miré mi plato.

—No me gustan.

—Los odiabas cuando teníamos diez años.

—Sigo odiándolos.

—También odiabas las cebollas.

—Las sigo odiando.

—Y el pepino.

—¿Por qué sabes todo eso?

—Porque pasé media infancia compitiendo contigo.

—Y diez años intentando evitarte.

—Eso también.

No sonó nostálgico.

Ni siquiera hubo una sonrisa.

Solo fue un dato.

Y eso me gustó más.

Porque no quería que de repente empezáramos a recordar nuestra infancia como si hubiéramos sido grandes amigos.

No lo éramos.

Habíamos sido niños que se conocían.

Después había ocurrido aquello.

Y después yo había roto su pierna.

Y desde entonces nos habíamos convertido en dos personas que encontraban nuevas formas de molestarse cada vez que se cruzaban.

No había nada bonito que rescatar de eso.

O al menos eso pensaba.

—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunté.

Knox levantó la mirada.

—Porque vengo con mis amigos.

—Eso ya lo sé.

—Entonces no preguntes.

—Te estoy preguntando por qué elegiste este lugar para nuestra primera cita.

—Porque era fácil.

—Qué romántico.

—No intentaba ser romántico.

—Se nota.

—Además, tú aceptaste.

—Acepté una cita. No acepté venir a un lugar donde probablemente termine con alguien derramándome una bebida encima.

Knox miró hacia atrás.

—Demasiado tarde.

Seguí su mirada.

Un chico acababa de tropezar con una silla.

La silla chocó contra otra.

La otra golpeó nuestra mesa.

Mi vaso se inclinó.

Lo sujeté justo antes de que cayera.

Miré a Knox.

—No digas nada.

Él levantó ambas manos.

—No iba a decir nada.

—Tu cara dice otra cosa.

—Mi cara no habla.

—La conozco demasiado bien.

—Eso es preocupante.

—Para mí.

Tomé otro sorbo de mi bebida.

La cita seguía siendo un desastre.

No había química.

No había romanticismo.

No había nada que pudiera hacerme cambiar de opinión sobre Knox.

Y mucho menos sobre aquellos diez años.

Solo había una mesa incómoda, música demasiado fuerte y un hombre al que llevaba una década intentando no soportar.

Definitivamente no había nada más.

Y esperaba que siguiera así.

Porque si nuestras madres pensaban que una cena podía arreglar diez años de problemas, iban a llevarse una decepción enorme.

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Paula Giaccaglia
cómo se llama el bebé?
Iskka Amira
Excelente me encanta mucho esta historia, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 🫂
Paula Giaccaglia
Nooooooo escritora, ésto es MUY imposible!!! cómo puede ser que ninguno se haya dado cuenta que tuvo sexo!!! y sí tuvieron conciencia de vestirse!!!! sí al menos hubiesen estado desnudos en la cama era un poquito más creíble 🤭
Iskka Amira
es muy buena la novela, reciba mis felicitaciones, por casualidad ellos pertenecen a algo místico ya que se le quedó impreso el nombre de la PATRONA. 🤭

Vale la pena leerla, no nos vayas a dejar en el abandono
Sole Amado
jajajajaja esta buenísima aaaa me reee engancho espero los próximos capítulos ansiosa
Paula Giaccaglia
los dos tienen 20 años? mmmmmm 😱
Paula Giaccaglia
ésta escritora me encanta, una pena que vaya a saber cuándo siguen los próximos capítulos 😭
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