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Reencarné Para Destruirte

Reencarné Para Destruirte

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Venganza
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Nancy Hurtado

Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.

NovelToon tiene autorización de Nancy Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No volveré a ser tu víctima

Capítulo 4

No volveré a ser tu víctima

No dormí esa noche. El mensaje anónimo seguía apareciendo en mi cabeza, y eso significaba que debía ser mucho más cuidadosa.

A la mañana siguiente llegó otro mensaje.

"Si quieres saber quién soy, ven sola al estacionamiento después de clases".

Borré la notificación. Definitivamente, no iba a ir. No porque tuviera miedo, sino porque había aprendido que las personas que exigían encuentros a solas rara vez tenían buenas intenciones.

Guardé una captura y continué con mi día.

Rodrigo apareció antes de mi primera clase.

—Tenemos que hablar.

—No.

Intenté evadirlo, pero se paró frente a mí y me cerró el paso.

—Victoria.

—No.

—¿Estás molesta por ayer?

—No.

—Entonces...

—Simplemente ya no me interesas.

Su expresión cambió.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste.

En mi primera vida había pasado meses intentando conseguir su aprobación. Ahora él no podía soportar que yo ni siquiera quisiera mirarlo.

—¿Es por Adrián?

Sonreí.

—¿Estás celoso?

—No.

—Entonces no tienes de qué preocuparte.

Me fui a la cafetería. Sofía, una compañera de

clases, se sentó frente a mí.

—¿Qué hiciste para que Rodrigo pareciera a punto de explotar?

—Nada.

—¿Es cierto que le diste una bofetada ayer?

—Sí, eso sí lo hice.

Sofía soltó una carcajada.

—Me caes bien.

Sonreí. En mi primera vida nunca llegamos a ser amigas. Siempre estuve dedicada a Rodrigo y creía las mentiras de Lucía, así que nunca tuve otras amistades ni una vida propia.

Tal vez, en esta segunda oportunidad, no solo podía cambiar mi destino. También podría aprender a vivir.

—Victoria.

La voz de la profesora Carla Márquez me hizo levantar la cabeza.

—¿Sí?

—Quiero hablar contigo después de clase.

Asentí.

Al terminar, me esperó en el aula.

—He revisado tu trabajo.

—¿Hay algún problema?

—Todo lo contrario.

Me entregó las hojas.

—Tienes una capacidad de análisis extraordinaria.

—Gracias.

Ella me observó durante unos segundos.

—Parece que has cambiado.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—¿Por qué lo dice?

—Antes dudabas demasiado de tus propias decisiones.

Sonrió.

—Ahora pareces segura.

—Quizá estoy aprendiendo.

—Eso es bueno.

Guardé los papeles.

Entonces mi teléfono vibró.

Otro mensaje.

"No confíes en las personas que creen conocerte".

Fruncí el ceño.

La profesora miró mi expresión.

—¿Todo bien?

—Sí.

Guardé el teléfono, pero al salir del aula tuve una sensación extraña.

La profesora Carla Márquez me observaba desde la puerta, no como una profesora observando a una estudiante, sino como alguien que intentaba recordar algo.

Me detuve unos segundos en el pasillo.

Ella no apartó la mirada.

—Profesora.

—¿Sí?

—¿Nos conocemos de antes?

Una sombra cruzó su rostro. Fue tan rápida que podría haberla imaginado.

—No que yo recuerde —respondió ella con una sonrisa.

—Claro.

Seguí caminando, pero aquella respuesta se quedó conmigo.

No que yo recuerde.

Era una frase demasiado extraña.

Esa noche fui a la antigua casa de mi abuela.

No sabía exactamente qué buscaba. Solo sabía que mi herencia no era únicamente dinero.

En mi primera vida había pensado que todo se reducía a una fortuna. Ahora comenzaba a sospechar que había algo más. Algo que alguien estaba desesperado por mantener oculto.

Encendí una lámpara y empecé a revisar los muebles, los cajones y los archivadores que nadie había tocado desde su muerte.

Pasé horas revisando documentos, hasta que encontré un sobre manila escondido entre varios libros antiguos.

Lo abrí y encontré fotografías.

Fotografías de vigilancia.

Reconocí a varios miembros de mi familia.

Mi padre.

Rodrigo.

Lucía.

Y una mujer que aparecía una y otra vez.

Mariana García.

La amante de mi padre durante años, ahora su esposa, y la madre de Lucía.

Había fotografías de ella entrando a restaurantes con mi padre, hablando con Rodrigo y, en una de ellas, reuniéndose con Lucía y Rodrigo.

No sabía qué significaban, pero sabía que mi abuela había querido conservarlas.

En el reverso de una fotografía había una fecha y, debajo, una frase escrita con la letra de mi abuela:

"No confíes en quien está más cerca de ti".

Un frío me recorrió la espalda.

Volví a mirar las fotografías. No había una sola casualidad. Mi abuela había estado siguiendo a esas personas, había reunido pruebas.

Y lo había hecho mucho antes de que yo comprendiera que mi familia estaba llena de secretos.

Entonces escuché un ruido afuera.

Me quedé inmóvil.

Un automóvil acababa de detenerse frente a la casa. Apagué la lámpara y me acerqué lentamente a la ventana.

Era un vehículo oscuro que permanecía estacionado al otro lado de la calle.

No podía distinguir al conductor.

Retrocedí.

Mi teléfono vibró.

"No mires por la ventana".

Sentí que el cuerpo se me enfriaba.

Otro mensaje apareció.

"Ya te están mirando".

Miré nuevamente las fotografías. Mi abuela había dejado aquello por una razón y estaba empezando a comprender que la historia de mi primera vida había comenzado mucho antes de mi propia muerte.

Quizá alguien había estado preparando mi caída desde mucho antes de que yo supiera que existía un peligro.

Guardé las fotografías dentro de mi bolso.

Esta vez no iba a esperar a que el pasado volviera a encontrarme.

Yo iba a encontrarlo primero.

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